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España

Detenido en Palma un técnico de cajeros acusado de robar 146.000 euros

La Policía detuvo en Palma a un técnico de mantenimiento acusado de sustraer más de 146.000 euros de cajeros automáticos durante sus intervenciones.

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Técnico de cajeros

Resumen

  • Un técnico de cajeros fue detenido en Palma por un agujero de 146.000 euros
  • Los descuadres se remontaban a mayo de 2025 y afectaban a varios terminales
  • Las cámaras y los partes de mantenimiento permitieron estrechar el cerco

La Policía Nacional ha detenido en Palma a un técnico de mantenimiento de cajeros automáticos al que atribuye la sustracción de más de 146.000 euros de distintos terminales mientras realizaba su trabajo. El dinero habría ido desapareciendo poco a poco, entre mayo de 2025 y septiembre de 2026, hasta que los descuadres detectados por la entidad bancaria terminaron dibujando un patrón difícil de explicar como un simple error contable.

El hombre está investigado como presunto autor de un delito continuado de hurto. Según las pesquisas, tenía acceso legítimo al interior de las máquinas por su condición de técnico y habría aprovechado precisamente esas intervenciones para retirar billetes de los cajetines. Después los ocultaba, presuntamente, en los bolsillos o en las propias cajas de herramientas y terminaba el trabajo con normalidad. Una rutina laboral, al menos en apariencia.

Los descuadres que encendieron las alarmas

La investigación comenzó después de que el responsable de seguridad operativa y gestión de efectivo de una entidad bancaria denunciara ante la Policía varias diferencias entre el dinero que debía haber en los cajeros y el efectivo realmente contabilizado. Aquellos descuadres de efectivo dejaron de parecer incidencias aisladas cuando empezaron a repetirse.

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No se trataba de unos euros extraviados en una operación ni de un fallo puntual. Entre mayo de 2025 y septiembre de 2026, el perjuicio económico acumulado superó los 146.000 euros. La propia entidad abrió entonces una investigación interna y empezó a revisar quién podía haber accedido físicamente a las máquinas afectadas.

Uno de los primeros indicios apareció en una oficina del distrito Oeste de Palma. Allí, dos cajeros habían registrado unos 10.000 euros de descuadre en apenas tres meses. El dato acotaba bastante el terreno: los terminales no se habían vaciado de golpe, sino que el efectivo faltaba tras distintas intervenciones.

El mismo técnico aparecía una y otra vez

El caso pasó al Grupo de Delincuencia Económica y Delitos Tecnológicos de la Policía Nacional. Los investigadores cruzaron las fechas de los descuadres con los trabajos de mantenimiento realizados en los cajeros.

La coincidencia resultó decisiva. Un mismo técnico había trabajado en las máquinas en fechas próximas a aquellas en las que aparecían las diferencias de efectivo. Los agentes ampliaron entonces las comprobaciones a otros cajeros de Palma donde también se habían registrado pérdidas relevantes y volvieron a encontrar al mismo trabajador vinculado a las intervenciones técnicas.

La sospecha dejaba de ser una casualidad estadística. Había acceso, fechas coincidentes y un patrón repetido en distintos terminales. Faltaba, eso sí, comprobar qué sucedía realmente durante aquellos trabajos.

Las cámaras mostraron cómo desaparecían los billetes

Las grabaciones de seguridad instaladas en los cajeros proporcionaron ese siguiente paso. Según la investigación, las imágenes permitieron observar al sospechoso retirando billetes de distinta cuantía de los cajetines mientras realizaba las labores de mantenimiento.

El procedimiento era aparentemente sencillo. Accedía al interior del terminal como parte de su trabajo, extraía dinero y lo escondía en sus bolsillos o en la caja de herramientas. Después acababa la intervención y abandonaba la oficina. Ninguna escena aparatosa, ninguna máquina forzada, ninguna alarma espectacular. Precisamente ahí estaba la ventaja: su presencia junto al efectivo era completamente normal.

El caso ilustra una de las vulnerabilidades más antiguas de cualquier sistema de seguridad: no siempre el problema intenta entrar desde fuera. A veces dispone de acceso autorizado, herramientas y una orden de trabajo perfectamente normal.

La detención en una oficina del centro de Palma

Con los elementos recopilados durante la investigación, la Policía Nacional desplegó el miércoles 14 de octubre un dispositivo para localizar al sospechoso.

Los agentes lo encontraron sobre las 11.00 horas, mientras realizaba precisamente labores de mantenimiento en una entidad bancaria situada en la zona centro de Palma. Fue detenido y trasladado a dependencias policiales. La información conocida no identifica al trabajador ni a la entidad bancaria afectada.

Tampoco se ha precisado públicamente cuánto dinero habría sido recuperado. La cifra de más de 146.000 euros corresponde al perjuicio económico calculado tras revisar los descuadres acumulados durante aproximadamente 16 meses.

Hurto continuado, no un golpe aislado

Aunque coloquialmente resulte natural hablar de un robo a cajeros, la calificación comunicada en la investigación es la de delito continuado de hurto. El matiz importa: la hipótesis policial no describe el asalto clásico a un cajero mediante fuerza o violencia, sino sucesivas sustracciones de efectivo aprovechando el acceso que proporcionaba el propio empleo.

También cambia la escala del caso. No se investiga una única desaparición de 146.000 euros, sino una sucesión de episodios que habría terminado sumando esa cantidad. Eso ayuda a entender por qué el agujero pudo crecer durante meses antes de que las coincidencias comenzaran a resultar demasiado evidentes.

El método, de hecho, dependía más de la discreción que de la sofisticación. Nada de complejos ataques informáticos ni dispositivos capaces de engañar al software bancario. Según la investigación, bastaba con tener acceso físico al efectivo, retirar parte de los billetes y evitar que cada falta aislada pareciera lo bastante grande como para señalar inmediatamente a una persona concreta.

Un rastro de 146.000 euros que terminó señalando al mantenimiento

Lo que acabó estrechando el cerco no fue una gran sustracción, sino la suma de pequeñas señales: cajeros con dinero de menos, fechas repetidas, partes de trabajo y cámaras de seguridad. El efectivo desaparecía y el mismo técnico aparecía vinculado a varias de las intervenciones bajo sospecha.

La investigación sitúa así el supuesto origen de un perjuicio superior a 146.000 euros en quien debía garantizar precisamente que los cajeros funcionaran correctamente. Una paradoja bastante menos cinematográfica que hacer volar un terminal por los aires, pero mucho más difícil de detectar a primera vista: entrar por la puerta, abrir la máquina con permiso, terminar el trabajo y marcharse con la caja de herramientas algo más pesada.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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