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Historia

Rusia desentierra un tesoro medieval único con plata y monedas raras

Un tesoro medieval hallado en Rusia reúne más de dos kilos de plata, monedas excepcionales, joyas y piezas ligadas a siglos de comercio y poder

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Rusia desentierra un tesoro medieval único con plata y monedas raras

Resumen

  • El tesoro supera los dos kilos de plata y reúne piezas de los siglos X al XIV
  • Entre los hallazgos hay monedas suecas rarísimas y un dirham árabe
  • El conjunto revela siglos de comercio entre Carelia, Rus y Escandinavia

Un hallazgo arqueológico poco común ha sacado a la luz en el noroeste de Rusia más de dos kilos de plata medieval, con joyas, monedas y piezas excepcionales que abarcan varios siglos. El tesoro apareció en Tiversky Gorodok, un antiguo asentamiento fortificado de la región de Leningrado, durante unas excavaciones de emergencia. Según la evaluación preliminar de los investigadores, es el depósito de este periodo más rico conocido en el noroeste ruso.

La colección reúne objetos fechados entre los siglos X y XIV y contiene una sorpresa detrás de otra: un dirham árabe de comienzos del siglo X, dos rarísimos bracteatos suecos, medallones de plata, cadenas, un anillo, una fíbula, adornos de tradición carelia y una pieza con dos aves que los especialistas estudian por su posible relación con los cuervos de Odín. No es simplemente mucha plata enterrada. Es una pequeña cápsula de las rutas comerciales, las élites y las mezclas culturales de la Europa medieval.

Un tesoro escondido entre las piedras de una fortificación medieval

El descubrimiento se produjo en Tiversky Gorodok, junto al río Vuoksi, en el istmo de Carelia. El enclave lleva más de un siglo llamando la atención de los arqueólogos, pero esta vez la excavación no había comenzado buscando un tesoro.

Los investigadores acudieron para realizar trabajos arqueológicos de salvamento después de que unas obras hubieran dañado parte del yacimiento. Durante la intervención, al retirar cuidadosamente el relleno de piedra de una antigua estructura defensiva, comenzaron a aparecer objetos metálicos concentrados en un espacio reducido. Era el tercer día de trabajo. Debajo de aquellas piedras había algo bastante menos corriente que los restos habituales de una fortificación: una acumulación intacta de objetos de plata de enorme calidad.

Parte del conjunto fue extraída incluso en bloque, con tierra incluida, para poder excavarla después en laboratorio sin perder información sobre la posición de cada objeto. Esa precaución importa. En arqueología, una joya aislada es valiosa; una joya conservada exactamente donde fue depositada puede contar mucho más sobre su contexto.

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Más de dos kilos de plata y objetos fabricados durante siglos

El escondite supera los dos kilogramos de peso y contiene piezas muy diferentes entre sí. Los arqueólogos han identificado grandes medallones redondos decorados mediante granulación y filigrana, una voluminosa pieza ornamental para el cuello, colgantes realizados con monedas, cadenas de fino hilo de plata, un anillo, una fíbula en forma de herradura y un adorno para la cabeza de tipo carelio. También se conservó una pieza de cuero asociada al tocado.

Esa variedad es uno de los aspectos que hacen singular el hallazgo. No parece un simple depósito de metal destinado a ser fundido ni un puñado de monedas escondidas a toda prisa. Hay objetos de prestigio, piezas de procedencias distintas y elementos cuya antigüedad se separa por varios siglos.

Los especialistas consideran que buena parte de estas joyas no se fabricaron necesariamente en el lugar donde terminaron enterradas. Algunas apuntan hacia la antigua Rus, otras hacia Escandinavia y otras reflejan tradiciones locales de Carelia. El tesoro funciona así como un mapa metálico de un territorio situado entre mundos.

Dos monedas suecas de una rareza extraordinaria

Entre las piezas que más han sorprendido aparecen tres monedas. La más antigua sería, según la identificación preliminar, un dirham árabe fechado entre los años 907 y 912. Su presencia no significa que el tesoro fuese enterrado entonces: una moneda podía conservarse durante generaciones, utilizarse como objeto de prestigio o integrarse posteriormente en una colección familiar.

Las otras dos son aún más llamativas. Se trata de grandes bracteatos de tipo Uppsala, monedas acuñadas únicamente por una cara en Suecia entre finales del siglo XI y la primera mitad del XII.

Stanislav Belsky, responsable de la expedición y arqueólogo de la Kunstkamera de San Petersburgo, ha explicado que hasta este hallazgo únicamente se conocían otros dos ejemplares comparables, conservados en Uppsala. Con las nuevas piezas rusas, serían cuatro ejemplares conocidos de este tipo concreto. Ahí el hallazgo deja de ser solamente vistoso y entra en terreno verdaderamente excepcional.

El misterioso medallón que podría representar a los cuervos de Odín

Una de las piezas ha añadido al descubrimiento un elemento casi novelesco, aunque todavía debe manejarse con prudencia. Es un medallón de plata decorado con dos aves enfrentadas y un elemento central que podría interpretarse como una lanza.

Los investigadores estudian la posibilidad de que las aves representen a Huginn y Muninn, los dos cuervos asociados al dios nórdico Odín, y de que el objeto situado entre ellos sea una evocación de Gungnir, su lanza. Por ahora es una hipótesis iconográfica, no una identificación cerrada.

El detalle resulta especialmente interesante porque el conjunto también contiene piezas con simbología cristiana. Paganismo escandinavo y cristianismo aparecen así a pocos centímetros de distancia, aunque quizá separados por décadas o incluso siglos en su fabricación.

No sería extraño. Los objetos valiosos viajaban, se heredaban, cambiaban de propietario y sobrevivían a las personas. Un tesoro medieval rara vez pertenece a un solo instante; puede parecerse más a un álbum familiar acumulado durante generaciones.

Quién pudo poseer semejante colección

La identidad del propietario sigue siendo una de las grandes incógnitas. La calidad de los materiales y determinados adornos sugieren, según los arqueólogos, que no pertenecían a una persona corriente.

Algunos grandes medallones han sido interpretados como elementos de una indumentaria ceremonial relacionada con un rango elevado. Belsky considera posible que el dueño fuese alguien situado en los escalones superiores de la jerarquía regional, quizá vinculado a las élites principescas que controlaban o protegían aquella zona fronteriza.

Tiversky Gorodok ocupaba una posición delicada. El territorio estaba conectado con las tierras de Nóvgorod, Carelia y el espacio escandinavo; por allí circulaban personas, mercancías, plata y también ejércitos.

Las fuentes históricas sitúan además un ataque sueco en 1411 contra el asentamiento. Los investigadores manejan la posibilidad de que el tesoro fuese ocultado en torno a aquel episodio o en algún momento anterior de inestabilidad. De momento no existe una fecha definitiva para el enterramiento. La moneda más antigua, por supuesto, solo establece que determinadas piezas ya circulaban muchos siglos antes.

Un yacimiento que ya había entregado otro tesoro

Hay un detalle que vuelve todavía más intrigante a Tiversky Gorodok: no es el primer tesoro descubierto allí.

En 1890 apareció otro conjunto con joyas, plata, lingotes y monedas orientales. Más de un siglo después, el nuevo depósito obliga a mirar de nuevo el papel de este asentamiento. Puede que no fuera únicamente una fortificación periférica. La concentración de riqueza apunta también hacia un posible centro de poder local, una residencia de élite o un enclave especialmente relevante dentro de las comunicaciones de la región.

El nuevo descubrimiento no resuelve esas cuestiones, pero les da bastante más peso. Encontrar dos concentraciones importantes de riqueza en un mismo enclave medieval difícilmente es un detalle decorativo en el margen de la historia.

La importancia de que el conjunto haya llegado prácticamente intacto

Hay tesoros espectaculares que pierden buena parte de su valor científico antes de que un arqueólogo pueda estudiarlos. Una excavación clandestina, una pieza vendida por separado, una moneda que termina en una colección privada… basta poco para romper el contexto.

Aquí ha ocurrido lo contrario. Los especialistas han podido documentar el depósito como un conjunto arqueológico, conservando relaciones entre piezas, materiales y posición dentro del terreno. Esa circunstancia permite estudiar no solo qué había, sino cómo fue colocado y qué objetos estaban asociados entre sí.

Todavía queda trabajo. Algunas piezas continúan en proceso de limpieza, conservación y análisis, y los investigadores no han presentado de forma definitiva todo lo recuperado. También deberán precisar cronologías, técnicas de fabricación y posibles talleres de origen.

Plata medieval para reconstruir un territorio entre dos mundos

El verdadero valor del tesoro de Tiversky Gorodok probablemente no estará en calcular cuánto pesan sus dos kilos de plata ni en imaginar cuánto costaría hoy semejante colección. Eso sería reducirlo bastante.

Lo interesante está en otra parte: objetos árabes, suecos, carelios y de tradición de la antigua Rus aparecen reunidos en un mismo escondite, como restos materiales de una frontera mucho más permeable de lo que sugieren los mapas modernos. Comercio, alianzas, herencias, guerra, religión y prestigio dejaron allí sus pequeñas huellas de metal.

Y permanece una escena imposible de reconstruir del todo. Alguien reunió aquellas piezas, las envolvió, buscó un lugar entre las piedras y las escondió convencido de que algún día regresaría a recogerlas. No volvió. Más de seis siglos después, ese gesto privado acaba convertido en uno de los hallazgos medievales más importantes del noroeste de Rusia.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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