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Ciencia

Hallan tres nuevas especies de gusanos comehuesos en aguas españolas

Tres nuevas especies de gusanos comehuesos amplían la biodiversidad conocida en aguas españolas y revelan sorprendentes adaptaciones al fondo marino.

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nuevas especies de gusanos comehuesos

Resumen

  • España suma tres nuevas especies de gusanos comehuesos
  • Viven desde aguas someras hasta más de 1.200 metros de profundidad
  • No tienen boca ni intestino y dependen de bacterias para alimentarse

Tres nuevas especies de gusanos comehuesos han sido descritas en aguas de la península ibérica. Se llaman Osedax emmae, Osedax teoi y Osedax martini y viven desde zonas relativamente someras del Mediterráneo hasta fondos situados a más de 1.200 metros de profundidad, pasando por el Cantábrico y el golfo de Cádiz. El hallazgo amplía de golpe una familia de animales marinos que, pese a su nombre poco tranquilizador, desempeña una función bastante más discreta: reciclar la materia orgánica atrapada en huesos de vertebrados que terminan en el fondo del mar.

Su anatomía es todavía más extraña que su dieta. Los Osedax no tienen boca, intestino ni ano. En lugar de masticar o digerir el hueso como cabría imaginar, introducen en él una estructura ramificada parecida a unas raíces y viven asociados a bacterias capaces de aprovechar los compuestos orgánicos conservados en los restos óseos. Una alianza microscópica que convierte un pedazo de hueso hundido, aparentemente inerte, en un pequeño ecosistema.

Tres especies nuevas para la ciencia alrededor de España

El estudio ha sido desarrollado por investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales y del Instituto Español de Oceanografía, ambos pertenecientes al CSIC, y publicado en el Zoological Journal of the Linnean Society. Antes de este trabajo se habían descrito formalmente 34 especies de Osedax repartidas por los océanos del planeta. El género, de hecho, es relativamente nuevo para la ciencia: fue identificado a comienzos de este siglo.

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Para encontrarlos, los investigadores recurrieron a un experimento tan sencillo sobre el papel como peculiar en la práctica. Depositaron huesos de vaca y cerdo en el fondo marino mediante estructuras conocidas como landers. Los cebos permanecieron allí durante meses, repartidos por distintos puntos alrededor de la Península, y posteriormente fueron recuperados durante campañas oceanográficas realizadas entre 2022 y 2024. Entre los lugares estudiados figuraban el área marina protegida de El Cachucho, en el Cantábrico; el golfo de Cádiz y aguas próximas a Mazarrón, en Murcia.

La estrategia funcionó. Los huesos habían sido colonizados por estos animales, lo que permitió obtener ejemplares y comparar su anatomía, su ADN y también las comunidades bacterianas que viven asociadas a ellos. No bastaba con que un gusano pareciera diferente bajo el microscopio: el trabajo combinó morfología y análisis molecular para determinar si realmente se encontraba ante especies distintas.

Cómo puede un animal comer huesos sin tener boca

La palabra «comehuesos» invita a imaginar una especie de pequeño depredador submarino royendo esqueletos. La realidad es más sofisticada. Los Osedax pertenecen a los anélidos y están especializados en colonizar huesos de vertebrados hundidos. Parte de su cuerpo queda expuesta al agua mientras unas raíces penetran en el hueso. Allí entran en escena las bacterias simbióticas, esenciales para explotar los nutrientes presentes en esa materia orgánica.

Una digestión delegada a las bacterias

Esa dependencia explica una de sus características más chocantes: pueden prescindir del aparato digestivo habitual. Las bacterias realizan una parte fundamental del trabajo metabólico, mientras el gusano ofrece un entorno donde esos microorganismos pueden vivir.

Los investigadores analizaron precisamente ese microbioma y encontraron comunidades dominadas por distintos grupos bacterianos. Aunque existen diferencias entre ejemplares y especies, el estudio no encontró una comunidad microbiana exclusiva y perfectamente diferenciada para cada uno de los tres nuevos Osedax. La relación entre gusano, bacterias y ambiente parece bastante más flexible de lo que sugeriría una asociación extremadamente especializada.

Detrás de esa rareza biológica hay una función ecológica importante. Los esqueletos de peces y mamíferos marinos que llegan al fondo todavía conservan grasas, proteínas y otros compuestos orgánicos. Los gusanos y sus bacterias ayudan a degradarlos y devuelven parte de esos nutrientes al ecosistema. Son, en cierto modo, los operarios de una planta de reciclaje que nadie ve. Trabajan en silencio, sin mandíbula y a cientos de metros de profundidad.

Del Cantábrico a más de 1.200 metros frente a Mazarrón

Las tres especies presentan diferencias llamativas y, sobre todo, ocupan escenarios muy distintos. Osedax emmae fue localizada en El Cachucho, frente a la costa cantábrica. Los ejemplares estudiados procedían de huesos situados alrededor de los 500 metros de profundidad. Esta especie presenta una característica que sorprendió a los investigadores: carece de las pequeñas ramificaciones de los palpos que se consideraban típicas del grupo evolutivo al que pertenece. También muestra una característica mancha de tonos dorados o anaranjados.

Mucho más abajo aparece Osedax teoi. Los ejemplares se encontraron frente a Mazarrón, a 1.231 metros de profundidad. Su cuerpo mide apenas unos milímetros y presenta una pequeña mancha verde cerca de la base de los palpos, un color señalado como una característica hasta ahora desconocida entre las especies descritas del género. Sus raíces también presentan tonos verdosos.

Los nombres tampoco salieron de un catálogo de latín solemne. O. teoi fue bautizado por Teo Taboada Riesgo, hijo menor de Sergi Taboada y Ana Riesgo; O. martini, por su hermano Martín. O. emmae homenajea a Emma Sanz Ríos, sobrina y ahijada de los investigadores Pilar Ríos y Javier Cristobo. La taxonomía también tiene estas pequeñas historias familiares.

Osedax martini conecta el Mediterráneo y el Atlántico

La tercera especie ofrece quizá una de las pistas biogeográficas más interesantes. Osedax martini aparece tanto en el Mediterráneo como en el golfo de Cádiz. Ha sido localizada en aguas de Blanes y Mazarrón, pero también en el Atlántico, a profundidades que van desde unos 50 metros hasta más de 700.

Los análisis genéticos no muestran una separación clara entre los ejemplares mediterráneos y los encontrados en Cádiz, pese a los cientos de kilómetros de distancia y al fuerte contraste de profundidad. Una posible explicación está en la circulación de aguas profundas e intermedias entre el Mediterráneo y el Atlántico, combinada con la capacidad de dispersión de las larvas.

Una misma especie con dos formas diferentes

Hay otro detalle poco habitual: O. martini presenta dos morfologías diferentes. Según los investigadores, es el primer caso conocido dentro del género en el que una misma especie de Osedax muestra dos formas corporales diferenciadas sin que esa divergencia se corresponda con una separación genética equivalente.

También O. emmae ha dado una sorpresa genética. Entre 11 individuos analizados aparecieron nueve haplotipos diferentes, es decir, una diversidad genética extraordinariamente alta dentro de una misma población. El dato resulta especialmente llamativo en animales cuya supervivencia depende de encontrar un recurso tan irregular como un hueso depositado en el lecho marino.

El fondo español todavía guarda especies por descubrir

El descubrimiento no significa que de repente hayan aparecido tres gusanos desconocidos en los mares españoles. Probablemente llevaban allí muchísimo tiempo. Lo que ha cambiado es nuestra capacidad para encontrarlos, compararlos y demostrar que constituyen especies distintas.

Eso importa porque el Cantábrico, el Mediterráneo y el golfo de Cádiz están lejos de ser territorios vírgenes para la ciencia. Son mares estudiados durante décadas y, aun así, siguen apareciendo organismos nuevos cuando las campañas bajan hasta hábitats poco accesibles o se diseñan experimentos específicos para atraerlos.

Los Osedax son un buen recordatorio de hasta qué punto el fondo marino funciona con reglas que apenas vemos desde la superficie. Un hueso cae, queda enterrado en la oscuridad y comienza otra historia: llegan bacterias, gusanos diminutos perforan su estructura, la materia vuelve a circular. Mientras arriba el mar parece el mismo de siempre, debajo quedan todavía bastantes nombres por escribir.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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