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Montse Mínguez pide voto útil para la izquierda en provincias pequeñas

El PSOE teme que la división de la izquierda reste escaños en provincias pequeñas y Montse Mínguez apela al voto útil ante las elecciones del 29-N.

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Montse Mínguez

Por Vox España - File:20240410 Pleno-42.jpg, CC0, Wikimedia Commons

Resumen

  • Montse Mínguez apela al voto útil en las provincias con pocos escaños
  • El PSOE teme que dividir la izquierda entregue diputados a la derecha
  • El 29-N, 27 provincias elegirán cinco diputados o menos

La portavoz del PSOE, Montse Mínguez, ha llevado al centro de la precampaña del 29-N uno de los problemas que más inquietan a los socialistas: la fragmentación del voto de izquierdas en las provincias que reparten pocos diputados. Su mensaje es inequívoco. En esas circunscripciones, el elector debería valorar si su papeleta tiene posibilidades reales de convertirse en un escaño y concentrar el voto cuando la división pueda beneficiar a la derecha.

Mínguez ha apelado abiertamente al voto útil y ha utilizado una expresión bastante menos académica para explicar el riesgo: que parte de los sufragios de la izquierda termine electoralmente “en la basura”. No estaba diciendo que esos votos carezcan de valor político, sino algo más prosaico: bajo el sistema de reparto español pueden sumar miles de papeletas y producir exactamente cero diputados. Las matemáticas electorales tienen esa costumbre poco sentimental.

El PSOE convierte el voto útil en una cuestión de escaños

La portavoz socialista hizo estas declaraciones este martes durante una entrevista en RNE. Defendió que exista una izquierda fuerte a la izquierda del PSOE, aseguró que deben respetarse las decisiones de las demás organizaciones y, a la vez, pidió a los ciudadanos que miren qué ocurre en su propia circunscripción antes de votar.

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El matiz importa. Mínguez no anunció un acuerdo para retirar candidaturas ni ordenó públicamente a Frente Amplio, Podemos u otros partidos que desaparezcan de determinadas provincias. Lo que hizo fue colocar sobre la mesa el argumento que Ferraz lleva días manejando: en los territorios con pocos diputados, repartir el voto progresista entre varias papeletas puede reducir el número de escaños del conjunto del bloque.

Y no hablamos de una esquina irrelevante del mapa electoral. Veintisiete provincias españolas reparten cinco diputados o menos en las elecciones generales del 29 de noviembre, sin contar Ceuta y Melilla. Entre todas suman 106 escaños del Congreso, algo más del 30% de la Cámara. Allí un puñado de votos puede separar al último diputado conseguido del primero perdido.

Por qué Lleida explica el mensaje de Montse Mínguez

Mínguez recurrió a un territorio que conoce bien. Es de Lleida, una circunscripción que elegirá cuatro diputados el 29-N, y señaló que allí puede ser necesaria una concentración del voto en el PSOE para disputar un escaño al PP.

La provincia sirve casi como maqueta del problema. Con cuatro escaños disponibles, una candidatura pequeña puede obtener un porcentaje de votos apreciable y seguir lejos del reparto final. En Madrid sucede lo contrario: se elegirán 38 diputados, por lo que existe mucho más margen para que distintas opciones políticas obtengan representación. El mismo porcentaje nacional puede valer bastante más, o bastante menos, dependiendo del código postal electoral.

El 3% legal no cuenta toda la historia

La ley establece que para entrar en el reparto del Congreso una candidatura debe obtener al menos el 3% de los votos válidos de la circunscripción. Después se aplica el método D’Hondt, dividiendo los votos de cada lista sucesivamente y asignando los escaños a los cocientes más altos.

Pero ese 3% es únicamente la puerta de entrada formal. En una provincia que reparte dos, tres o cuatro diputados, superar esa barrera no significa estar cerca de conseguir uno. El umbral efectivo puede ser bastante más exigente porque hay muy pocos escaños disponibles.

Soria elegirá solo dos diputados; Ávila, Cuenca, Guadalajara, Huesca, Palencia, Segovia, Teruel y Zamora, tres; provincias como Burgos, Cáceres, León, Lugo, Ourense, Salamanca o la propia Lleida tendrán cuatro. Allí la competición es estrecha, casi cuerpo a cuerpo. Un voto puede sumar políticamente y no producir representación parlamentaria.

La izquierda llega al 29-N todavía recomponiendo sus piezas

El llamamiento de Mínguez adquiere otra dimensión por el momento en que llega. El espacio situado a la izquierda del PSOE continúa negociando su arquitectura electoral. Izquierda Unida, Comuns, Más Madrid y Movimiento Sumar han impulsado Frente Amplio y han propuesto a Ada Colau como candidata a la Presidencia del Gobierno, mientras Podemos mantiene una dinámica propia y ha alcanzado un acuerdo de colaboración electoral con ERC en Cataluña.

Las encuestas conocidas estos días reflejan precisamente el coste potencial de competir por separado. Una de las proyecciones publicadas sitúa al Frente Amplio entre cinco y siete diputados y a Podemos en dos si concurrieran separados; unidos, la horquilla estimada ascendería a entre 14 y 19 escaños. Es una estimación, no un resultado escrito de antemano, pero explica por qué cada conversación sobre candidaturas termina inevitablemente delante de una calculadora.

El problema es político además de aritmético. Pedir a una organización que no se presente en una provincia significa pedirle que renuncie a visibilidad, votos y presencia territorial. Lo que para el PSOE puede parecer una optimización del bloque, para un partido pequeño puede parecer una invitación educada a desaparecer.

Ahí está el nudo.

El PSOE quiere una izquierda fuerte, pero no en cualquier papeleta

El discurso socialista intenta cuadrar dos ideas difíciles de casar. Ferraz sostiene que necesita una izquierda alternativa fuerte para disponer de aliados después de las elecciones, pero teme que demasiadas candidaturas progresistas resten diputados antes siquiera de llegar a la negociación de investidura.

No es una contradicción nueva. El sistema electoral español premia de manera distinta la concentración territorial y la dispersión. Una fuerza puede conseguir cientos de miles de votos repartidos por el país y obtener pocos escaños, mientras otra logra transformar mejor un número similar de sufragios si los concentra en determinadas provincias. La geografía del voto, aquí, pesa tanto como el porcentaje nacional.

Los socialistas miran especialmente aquellos territorios donde en anteriores elecciones el último diputado estuvo separado del siguiente por márgenes pequeños. En paralelo, se han abierto conversaciones sobre fórmulas de cooperación también en el Senado, una Cámara cuyo sistema electoral presenta incentivos diferentes y donde una candidatura coordinada puede alterar de manera notable el reparto territorial.

El 29-N se jugará provincia a provincia

Las elecciones generales se celebrarán el 29 de noviembre de 2026 y repartirán los 350 escaños del Congreso entre 52 circunscripciones. Madrid elegirá 38 diputados, Barcelona 32 y Valencia 16; en el extremo contrario, Soria dispondrá de dos y ocho provincias peninsulares repartirán únicamente tres. Esa desigualdad de tamaños explica buena parte de la ofensiva socialista por el voto útil.

Montse Mínguez ha verbalizado, en definitiva, algo que será recurrente durante la campaña: en muchas provincias la batalla no se decidirá solo por quién consigue más votos en España, sino por quién consigue entrar en el último escaño. Para el PSOE, la dispersión de su izquierda puede convertirse en una fuga de diputados; para Frente Amplio, Podemos y las formaciones territoriales, renunciar a competir también tiene un precio.

Una elección nacional con cincuenta y dos tableros distintos

El mapa del 29-N no será un único tablero. Serán decenas, algunos enormes y otros del tamaño de un pañuelo. Y en estos últimos, unos pocos miles de papeletas pueden terminar pesando mucho más de lo que aparentan. Ese es el terreno sobre el que el PSOE intenta instalar su apelación al voto útil: menos épica, más calculadora y una pelea por cada último diputado.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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