Estilo
El zueco conquista otoño e invierno y se afianza como calzado del año
El zueco rompe su viejo calendario y entra en otoño e invierno con piel, ante, borreguito y diseños que mezclan moda, comodidad y tradición.
Resumen
- El zueco deja de ser estacional y gana terreno en otoño e invierno
- El auge llega con piel, ante, borreguito y versiones más cerradas
- Pasarelas y marcas consolidan una tendencia que va más allá del verano
El zueco ha dejado de ser ese zapato que aparecía con los primeros días templados y desaparecía discretamente cuando tocaba sacar el abrigo. La moda de 2026 está estirando su calendario: piel, ante, suelas gruesas, modelos cerrados y versiones forradas permiten llevarlo también durante el otoño y el invierno. Lo que hasta hace poco parecía un capricho estacional se está convirtiendo en calzado para todo el año.
Y no es solo una ocurrencia de pasarela. Firmas de lujo y marcas asociadas históricamente al confort han coincidido en recuperar una silueta que reúne dos obsesiones muy contemporáneas: comodidad y diseño. Chloé empujó el regreso de la estética bohemia, mientras Miu Miu, Hermès, Bottega Veneta, Simone Rocha o Zimmermann han explorado distintas versiones del zueco. Birkenstock, por su parte, sigue ampliando el peso de sus modelos cerrados. El viejo zapato de trabajo ha terminado instalado entre el vaquero, el traje y el armario de invierno. Curioso viaje.
El zueco ya no pertenece únicamente al verano
Durante años resultaba fácil colocar el zueco en una casilla. Primavera, verano, vestidos ligeros, lino, algún vaquero y poco más. Esa frontera se ha desdibujado. Los diseños actuales conservan la facilidad de un zapato que entra y sale del pie casi sin ceremonia, pero incorporan materiales y construcciones más abrigadas que funcionan cuando baja la temperatura.
Hay modelos de piel y ante, otros con pala más alta, suelas contundentes o interiores de borreguito. El resultado está bastante lejos del zueco de madera que uno podría imaginar junto a un delantal rural. Incluso la propia palabra se ha ensanchado: bajo la etiqueta de clog conviven modelos con base anatómica, mules cerrados, plataformas y diseños que rozan el mocasín o la zapatilla de descanso.
Ese cambio explica buena parte de su éxito. Un zueco cerrado con calcetines gruesos puede acompañar un pantalón de lana o unos vaqueros en octubre sin parecer que alguien ha olvidado consultar el calendario. En verano, el mismo concepto se aligera. Una silueta, varias estaciones.
La tendencia encaja, además, con una transformación más amplia del armario. La comodidad ya no necesita pedir disculpas. Las zapatillas deportivas demostraron hace años que un calzado funcional podía entrar en oficinas, restaurantes y colecciones de lujo; el zueco está recorriendo una carretera parecida, aunque con bastante más madera —literal o metafórica— a sus espaldas.
De herramienta de trabajo a objeto de moda
Su historia ayuda a entender por qué soporta tantas metamorfosis. Los antepasados del zueco estuvieron ligados durante siglos al trabajo rural y fabril: calzado resistente, barato y pensado antes para proteger el pie que para conquistar escaparates. La función llegó primero. La moda se presentó bastante después.
A mediados del siglo XX empezó a cambiar la mirada. El zueco salió progresivamente del terreno estrictamente laboral y entró en la cultura popular. El modelo Pescura de Scholl, nacido en 1956, acabaría asociado a esa nueva vida estética; actrices y modelos ayudaron a borrar la imagen puramente utilitaria del zapato y a convertirlo en objeto de estilo.
Los años sesenta añadieron un ingrediente decisivo. La juventud occidental estaba desmontando códigos de vestimenta al mismo ritmo que discutía costumbres, sexualidad, autoridad y formas de vida. Twiggy, Jean Shrimpton o Audrey Hepburn aparecieron vinculadas a este tipo de calzado. Cuando llegaron los setenta, el terreno estaba abonado para su explosión bohemia.
Los setenta hicieron del zueco un icono
Entonces sí: plataforma, madera, pantalones acampanados, tejidos naturales, vestidos vaporosos y una estética artesanal que parecía fabricada para el zueco. La moda bohemia lo convirtió en uno de sus emblemas y algunas casas de lujo comenzaron a apropiarse de un objeto que originalmente no tenía ninguna pretensión aristocrática.
Los museos conservan hoy zuecos de comienzos de aquella década y diseños de Gucci de los años setenta. Es una bonita ironía de la moda: un zapato nacido para trabajar acababa entrando en vitrinas y colecciones de firmas italianas donde el precio, desde luego, ya no tenía demasiado de campesino.
Desde entonces no ha desaparecido realmente. Se ha escondido, que es distinto. En los noventa regresó con líneas más sencillas y un aire unisex que encajaba bien con el grunge. Después llegaron interpretaciones más recargadas y sofisticadas. En 2010, Chanel volvió a elevarlo sobre la pasarela con plataformas decoradas mientras Alexa Chung ayudaba a convertirlo otra vez en objeto de deseo.
La moda tiene memoria corta para algunas cosas y memoria de elefante para otras. Con el zueco pertenece claramente al segundo grupo: desaparece de la primera fila durante un tiempo, cambia de materiales, pierde unos centímetros de plataforma y vuelve con otra identidad estética.
Chloé reabrió una puerta que otras firmas atravesaron
El regreso reciente empezó a hacerse especialmente visible en 2024, cuando Chemena Kamali debutó al frente de Chloé recuperando códigos profundamente vinculados a la casa y a los años setenta. Volantes, movimiento, pantalones acampanados, transparencias y zuecos de madera devolvieron el boho al centro de la conversación.
No fue un detalle perdido al final del estilismo. Los zuecos se convirtieron en una de las imágenes reconocibles de aquel giro y empezaron a multiplicarse dentro y fuera de la pasarela. Hermès, Ulla Johnson, Miu Miu y otras firmas presentaron interpretaciones más contenidas, bajas o minimalistas. Para la primavera de 2026, el zueco ya figuraba entre las tendencias relevantes de calzado después de aparecer también en colecciones de Bottega Veneta, Simone Rocha y Zimmermann.
Ahí aparece la diferencia respecto a otros regresos nostálgicos. No existe un único zueco de moda. Conviven la plataforma descaradamente setentera y el modelo casi plano; la madera y la goma; el lujo de cuatro cifras y versiones funcionales concebidas para caminar durante horas.
Esa elasticidad estética es probablemente su mejor seguro de vida. No obliga a vestir boho para llevarlo. Puede aparecer bajo un pantalón sastre, con denim recto, una falda midi o calcetines visibles. Cuanto menos se empeña el conjunto en parecer salido de 1974, más contemporáneo resulta.
Birkenstock y el negocio de convertir el confort en deseo
Hay otro indicador menos poético que una pasarela, pero bastante revelador: las cuentas. Birkenstock comunicó que sus ingresos del primer trimestre fiscal de 2026 alcanzaron los 402 millones de euros y destacó una demanda especialmente fuerte de zuecos, modelos con borreguito y calzado cerrado durante la temporada navideña.
Meses después, la compañía volvió a señalar que la proporción de productos cerrados continuaba aumentando, impulsada por novedades en zuecos y zapatos. Es importante porque cuestiona precisamente la vieja estacionalidad de este tipo de marcas. Vender sandalias en julio tiene poco misterio; conseguir que la clientela siga comprando siluetas derivadas del zueco cuando llegan diciembre o enero transforma el negocio del calzado estacional.
El Boston de Birkenstock resume bastante bien esa evolución. Es cerrado por delante, abierto por detrás, sencillo hasta rozar la obstinación y fácil de combinar con calcetines. Ha pasado de objeto práctico a básico urbano sin perder su aspecto funcional. Una proeza peculiar: ponerse de moda sin parecer demasiado interesado en estar de moda.
Las marcas han comprendido la ventaja. Frente a un zapato muy marcado por una ocasión concreta, el zueco moderno vive en esa zona híbrida entre comodidad y estilo que permite salir a por el pan y terminar sentado en una terraza sin que el calzado chirríe con ninguna de las dos escenas.
Piel, borreguito y suelas gruesas cambian las reglas
El verdadero salto hacia el otoño-invierno está en los materiales. Un zueco abierto y ligero seguirá teniendo una vida limitada cuando el termómetro cae, pero la industria lleva tiempo corrigiendo esa debilidad. El borreguito interior, el ante grueso, la piel, las palas más cerradas y las suelas con mayor aislamiento han convertido algunos modelos en una alternativa real para los meses frescos.
No sustituyen a una bota cuando llueve con ganas, ni pretenden hacerlo. El talón abierto continúa siendo talón abierto y una tormenta no negocia tendencias. Pero entre el calor de agosto y el invierno más severo existe un enorme territorio climático donde el zueco funciona sin demasiado esfuerzo.
También ha cambiado la manera de llevarlo. El calcetín, durante décadas tratado como una pequeña infracción estética cuando aparecía junto a determinados zapatos abiertos, se integra ahora deliberadamente en el conjunto. Lana, canalé, tonos neutros, incluso colores fuertes. La combinación de zuecos con calcetines ha pasado de supuesto crimen estilístico a recurso perfectamente intencionado. La moda posee ese talento extraordinario para prohibir algo durante años y cobrar después por recuperarlo.
Firmas españolas también están jugando con la fórmula. Pablo Erroz ha trabajado versiones de piel con pala alta y borlas, acercando el zueco al mocasín, mientras Genuins ha llevado códigos propios de las botas de trekking a diseños destalonados. El resultado es un calzado híbrido, menos fácil de encerrar en las categorías tradicionales.
Un zapato antiguo para un armario cada vez menos estacional
El éxito actual del zueco dice tanto sobre el zapato como sobre la manera en que vestimos. Las antiguas divisiones del armario se han hecho más porosas. Hay prendas de verano debajo de abrigos, sandalias con calcetines, zapatillas con sastrería y tejidos técnicos mezclados con piezas clásicas. Las temporadas siguen existiendo, claro, pero ya no mandan con la disciplina de antes.
El clima, los interiores climatizados, los desplazamientos urbanos y una vida cotidiana menos formal han ido desordenando el vestuario. En ese paisaje, un calzado fácil de poner, reconocible y versátil tiene mucho terreno ganado.
Tampoco conviene exagerar: que las pasarelas lo adopten no significa que el zueco vaya a jubilar al botín ni que todas sus versiones sirvan en enero. Pero la tendencia de 2026 sí muestra algo más consistente que un simple revival. El diseño se está adaptando precisamente para superar el límite estacional que siempre lo devolvía al fondo del armario cuando terminaba el verano.
El zueco encuentra su sitio fuera de temporada
Hubo un tiempo en que este calzado protegía pies en campos y fábricas. Después fue bohemio, contracultural, grunge, sofisticado, incómodo para algunos y casi ortopédico para otros. Ha soportado suficientes etiquetas como para no inquietarse demasiado por una más. Su historia explica, en parte, esa extraordinaria capacidad para reinventarse.
Su nueva ambición es mucho menos épica: quedarse. Los zuecos de 2026 ya no dependen únicamente de vestidos estivales ni de una nostalgia setentera cuidadosamente reconstruida. Las versiones de piel, ante o borreguito y los modelos híbridos los han llevado al otoño y, en determinados climas, bastante más allá.
Quizá ahí esté la razón de que regresen una y otra vez. El zueco nunca ha sido del todo elegante ni del todo tosco, tampoco completamente práctico ni puramente ornamental. Vive en medio. Y justamente ese territorio entre moda y comodidad, incómodo para las etiquetas pero estupendo para la vida real, es donde el armario contemporáneo parece sentirse más a gusto.
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