España
El edil de Vivienda de Benalmádena insulta a Maricarmen y se disculpa
José Luis Bergillos, edil de Vivienda de Benalmádena, insultó a Maricarmen durante un consejo municipal y después reconoció el error y se disculpó.
Resumen
- El edil de Vivienda de Benalmádena insultó a Maricarmen
- Bergillos reconoció un grave error y presentó disculpas públicas
- La oposición reclama su cese tras las palabras pronunciadas
El concejal de Vivienda del Ayuntamiento de Benalmádena, José Luis Bergillos, del PP, ha pedido disculpas después de referirse a Maricarmen Abascal, la mujer de 87 años desahuciada en Madrid, como una «puta sinvergüenza con miles de euros en el banco» durante una reunión del Consejo Sectorial de Vivienda del municipio malagueño. El propio edil reconoció posteriormente haber cometido un «grave error».
Las palabras se pronunciaron el miércoles 7 de octubre, precisamente el día en que trascendió la muerte de Maricarmen, hospitalizada desde que fue desalojada el 23 de septiembre del piso del barrio madrileño de Retiro en el que había vivido durante más de siete décadas. Su caso había desbordado hacía tiempo el ámbito judicial y se convirtió en uno de los símbolos de las protestas por las dificultades de acceso a la vivienda en España.
El insulto se produjo durante un debate sobre vivienda
El episodio tuvo lugar durante el Consejo Sectorial de Vivienda de Benalmádena, un órgano de participación municipal que abordaba, entre otros asuntos, las nuevas ayudas locales destinadas a fomentar el alquiler residencial.
Según denunciaron IU y Podemos, la discusión derivó hacia las medidas impulsadas a raíz de la crisis política y social abierta por el desahucio de Maricarmen. Fue entonces cuando Bergillos utilizó el insulto y afirmó que la mujer tenía «miles de euros en el banco».
El portavoz municipal de IU y Podemos, Enrique Pablo Centella, abandonó la reunión tras escuchar las palabras. Consideró inadmisible lo ocurrido y reclamó el cese inmediato del responsable de Vivienda. La coordinadora provincial de IU en Málaga, Toni Morillas, también exigió al alcalde que lo aparte de sus funciones.
No se trata, por tanto, de una frase atribuida al concejal y posteriormente negada. Bergillos reconoció sus declaraciones y difundió después una disculpa pública.
Bergillos admite un «grave error» y pide disculpas
El concejal calificó sus propias palabras de «desafortunadas declaraciones» y presentó sus «sinceras disculpas». Su explicación fue que pretendía denunciar el supuesto uso partidista que, a su juicio, se está haciendo de la crisis de acceso a la vivienda.
Bergillos sostuvo que esa forma de expresarse no representa su comportamiento habitual y admitió de manera expresa que había cometido un «grave error». La rectificación llegó después de que el episodio saltara al debate político municipal y comenzaran a multiplicarse las peticiones de dimisión o cese.
La polémica resulta especialmente áspera por el contexto. Mientras en Benalmádena se pronunciaban esas palabras, España conocía la muerte de una mujer cuya imagen saliendo en camilla de su vivienda había quedado asociada a la discusión sobre alquileres, desahucios y vulnerabilidad residencial.
Quién era Maricarmen y por qué su desahucio provocó protestas
Maricarmen Abascal tenía 87 años y residía desde hacía alrededor de 70 en una vivienda de la calle Alcalde Sainz de Baranda, en el distrito madrileño de Retiro. La casa era de renta antigua y había terminado en manos de la sociedad inmobiliaria Urbagestión.
El conflicto pasó por varios intentos de desahucio y diferentes instancias judiciales. Finalmente, el lanzamiento se ejecutó el 23 de septiembre de 2026. Maricarmen abandonó el domicilio en camilla y fue trasladada en ambulancia mientras numerosas personas concentradas junto al edificio protestaban contra el desalojo.
A partir de ahí, la historia dejó de ser únicamente la de una inquilina y una propiedad. Miles de personas salieron a las calles de Madrid, hubo movilizaciones en otras ciudades y la consigna «Ni una Maricarmen más» se convirtió en una de las expresiones más reconocibles de las protestas por el acceso a la vivienda.
Maricarmen permaneció hospitalizada durante quince días. Murió el 7 de octubre, antes de poder regresar a su vivienda pese a que se había alcanzado finalmente un acuerdo que habría permitido su vuelta.
Una controversia que va mucho más allá de un insulto
La frase de Bergillos cae sobre un terreno político especialmente inflamable. El debate sobre Maricarmen no gira únicamente alrededor de las circunstancias económicas concretas de una persona, sino sobre hasta dónde debe llegar la protección pública cuando un desahucio afecta a alguien de edad avanzada y en una situación de especial vulnerabilidad.
Precisamente por eso, atribuirle una posición económica desahogada y acompañarla de un insulto grueso no es una intervención cualquiera. Bergillos dirige el área municipal de Vivienda, es decir, ocupa un cargo directamente relacionado con una de las cuestiones sociales que más tensión política está generando.
Hay otro elemento incómodo. El Consejo Sectorial donde ocurrió el episodio estaba reunido para hablar de vivienda en Benalmádena y de medidas destinadas a facilitar el alquiler. El Ayuntamiento había presentado unas bases de ayudas con subvenciones para inquilinos y estímulos para que propietarios incorporen viviendas al mercado residencial. La bronca política terminó, sin embargo, comiéndose la agenda institucional.
Las acusaciones sobre el dinero de Maricarmen
La referencia del concejal a los supuestos «miles de euros en el banco» conecta con informaciones y comentarios difundidos durante las últimas semanas para cuestionar el relato sobre la vulnerabilidad de Maricarmen.
Pero una cosa es debatir sobre su situación patrimonial y otra convertir ese debate en una sentencia improvisada. El núcleo documentado del caso permanece: tenía 87 años, llevaba décadas en aquella vivienda, atravesó varios intentos de lanzamiento, el desahucio terminó ejecutándose y salió de su casa atendida por servicios sanitarios. Después permaneció ingresada hasta su muerte.
La controversia política aparece precisamente en esa distancia. Para unos, Maricarmen simbolizaba los efectos extremos de un mercado de la vivienda cada vez más difícil de afrontar. Para otros, su caso habría sido utilizado políticamente presentando una imagen incompleta de su situación personal. Nada de ese debate, sin embargo, modifica el hecho que ha provocado la crisis en Benalmádena: el insulto fue pronunciado y posteriormente reconocido por su autor.
IU y Podemos exigen que el alcalde cese al concejal
La oposición municipal no considera suficientes las disculpas. IU y Podemos han reclamado que el alcalde de Benalmádena, Juan Antonio Lara, también del PP, cese a Bergillos como responsable de Vivienda.
Centella calificó su comportamiento de «indecente» y salió del Consejo Sectorial después del incidente. IU Málaga fue más allá y vinculó las palabras del concejal con la confrontación política alrededor de las políticas contra los desahucios.
La disculpa abre así una segunda discusión: si el reconocimiento de un error verbal basta para cerrar la controversia o si unas declaraciones de esa gravedad son compatibles con seguir dirigiendo un área municipal de Vivienda.
Por ahora, los hechos fundamentales son claros. José Luis Bergillos pronunció las palabras, las reconoció y pidió perdón. La oposición ha exigido su salida. Y todo ocurrió mientras el nombre de Maricarmen volvía al centro de la actualidad por una razón mucho más definitiva: su muerte.
Un caso de vivienda convertido también en batalla política
Maricarmen había terminado representando algo mucho mayor que su propio contrato de alquiler. Su desahucio alimentó manifestaciones, una acampada en la Puerta del Sol y una discusión nacional sobre las garantías frente a los desalojos, los precios del alquiler y la capacidad real de las administraciones para proteger a las personas vulnerables.
El episodio de Benalmádena añade otro capítulo, bastante menos edificante. En una reunión destinada, paradójicamente, a hablar de soluciones para la vivienda, el responsable municipal del área acabó recurriendo al insulto contra una mujer de 87 años cuyo desahucio había sacado a miles de personas a la calle.
Después llegaron las disculpas. Las palabras, en cambio, ya estaban dichas.
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