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Naturaleza

El maullido del gato: la «i» puede indicar dolor y la «a», necesidad

Algunos maullidos con «i» se asocian al dolor y los que destacan la «a», a peticiones. El tono y la conducta permiten interpretar mejor al gato.

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La i del maullido

Resumen

  • Una «i» marcada podría indicar dolor; una «a», una petición
  • Las vocales por sí solas no permiten saber qué necesita un gato
  • Un cambio brusco de maullido o de conducta aconseja consultar al veterinario

Los gatos no maúllan siempre por el mismo motivo. Un cambio en la vocal que predomina en sus sonidos puede ofrecer pistas sobre lo que intentan comunicar. Una interpretación difundida por especialistas en comportamiento felino sostiene que los maullidos con una «i» muy marcada pueden asociarse al dolor, mientras que aquellos en los que destaca la «a» pueden expresar una necesidad, como pedir comida, atención o que alguien abra una puerta.

La explicación resulta atractiva para quienes conviven con estos animales, aunque conviene introducir un matiz importante: no existe una equivalencia científica universal entre cada vocal y una emoción concreta. La entonación, la duración del sonido y las circunstancias en las que aparece aportan más información que una letra aislada. Un gato puede emitir un maullido agudo porque reclama atención, pero también cuando experimenta malestar. Distinguir ambas situaciones exige conocer sus hábitos.

La investigación sobre la comunicación felina ha avanzado considerablemente en los últimos años. Los científicos han identificado diferencias acústicas entre las vocalizaciones que los gatos emiten en situaciones agradables y aquellas relacionadas con el estrés o la incomodidad. No se trata de traducir sus sonidos como si fueran palabras humanas, sino de reconocer patrones que pueden ayudar a comprender mejor su comportamiento.

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Qué significan las vocales «i» y «a» en los maullidos

La vocal «i» suele percibirse en sonidos especialmente agudos, próximos a un «mii» o «miau» de tono elevado. Algunas interpretaciones relacionan estas vocalizaciones con el sufrimiento o la angustia, pero también aparecen cuando los animales solicitan ayuda o atención.

Los gatitos, por ejemplo, producen llamadas agudas para atraer a su madre. En los adultos, sonidos similares pueden dirigirse a las personas con las que conviven. Por eso, un maullido agudo no demuestra por sí solo que exista dolor.

La «a», presente en muchos maullidos habituales, se relaciona frecuentemente con las peticiones de comida o atención. Un gato puede emitir un «miaaau» prolongado mientras espera comida, permanece delante de una puerta cerrada o intenta que su dueño le preste atención.

Sin embargo, tampoco significa que cualquier sonido dominado por esa vocal exprese una necesidad específica. Los gatos combinan distintas frecuencias, intensidades y movimientos de la boca para producir sus llamadas. Una misma vocalización puede adquirir significados diferentes dependiendo de la situación.

La entonación aporta más información que una vocal aislada

La fonetista Susanne Schötz, investigadora de la Universidad de Lund, en Suecia, lleva años estudiando cómo se comunican los gatos con las personas. Su trabajo ha permitido describir distintas categorías de vocalizaciones y analizar la influencia del tono y la melodía en esos sonidos.

Una investigación publicada en enero de 2024 en la revista científica Applied Animal Behaviour Science encontró que los maullidos dirigidos a los humanos cambian según el contexto. Los investigadores observaron variaciones en la duración, la frecuencia fundamental y la entonación.

Estas características pueden ofrecer pistas sobre el estado del animal. Un maullido breve, suave y habitual durante una interacción amistosa no transmite necesariamente lo mismo que una vocalización intensa y repetitiva cuando el gato está encerrado en un transportín.

Hay otro detalle interesante. Los gatos adultos utilizan el maullido especialmente para comunicarse con los seres humanos, mientras que sus interacciones con otros gatos dependen en mayor medida de otras señales vocales, corporales y olfativas.

La convivencia influye en esa comunicación. Con el tiempo, muchos propietarios aprenden a reconocer determinados sonidos de sus mascotas, aunque esa familiaridad no garantiza que interpreten correctamente todas sus llamadas.

Cómo saber si un gato maúlla porque siente dolor

La principal dificultad es que los gatos suelen ocultar las señales de dolor, una característica que puede retrasar la identificación de algunas enfermedades.

Un maullido diferente merece atención, especialmente cuando aparece de forma repentina o se acompaña de cambios de comportamiento. No es lo mismo que un animal habitualmente hablador reclame su desayuno que escuchar vocalizaciones insistentes en un gato que apenas emitía sonidos.

Entre los indicios que pueden apuntar a un problema físico se encuentran la pérdida de apetito, la reducción de la actividad, la resistencia a saltar, la cojera, el aislamiento y las reacciones agresivas al contacto.

También importa cuándo se produce el sonido. Si un gato maúlla de forma intensa al caminar, al intentar subir a un mueble o mientras utiliza el arenero, conviene investigar qué está ocurriendo. Estas situaciones pueden revelar molestias físicas que no resultan evidentes a simple vista.

Las expresiones faciales también revelan molestias

La medicina veterinaria dispone de herramientas para valorar el dolor felino. Una de ellas es la Escala de Muecas Felinas, desarrollada a partir del estudio de determinados cambios en la expresión facial.

Este método analiza cinco elementos: la posición de las orejas, el estrechamiento de los ojos, la tensión del hocico, la orientación de los bigotes y la posición de la cabeza.

Un animal con dolor puede mantener los ojos entrecerrados, las orejas desplazadas hacia los lados y la cabeza más baja de lo habitual. Ninguno de estos signos constituye un diagnóstico por separado, pero su combinación ayuda a detectar posibles molestias.

Curiosamente, el ronroneo tampoco garantiza que un gato esté bien. Aunque suele relacionarse con situaciones agradables, también puede aparecer en animales enfermos, estresados o doloridos.

Cuándo hay que acudir al veterinario por un maullido extraño

Un cambio persistente en la forma de maullar, especialmente si va acompañado de alteraciones en el apetito, la movilidad o el comportamiento, justifica una consulta veterinaria.

La situación requiere mayor rapidez cuando aparecen síntomas importantes, como dificultad respiratoria, debilidad intensa o dolor evidente.

Hay un caso particularmente delicado: un gato que entra repetidamente en el arenero, se esfuerza por orinar y no consigue hacerlo necesita atención veterinaria inmediata. Una obstrucción urinaria puede poner en peligro su vida y afecta especialmente a los machos.

En animales mayores, un aumento de los maullidos también puede relacionarse con problemas médicos o con alteraciones asociadas al envejecimiento. No conviene atribuir automáticamente esos cambios a una costumbre adquirida.

Resulta útil observar en qué momento se produce la vocalización, cuánto dura y qué hace el animal antes y después. Grabar uno de esos episodios puede ayudar al veterinario a valorar el comportamiento cuando no se reproduce durante la consulta.

Escuchar al gato sin perder de vista su comportamiento

La idea de interpretar los maullidos a partir de sus vocales tiene una base interesante: los sonidos felinos contienen información que depende de cómo se producen y del contexto. Lo que todavía no está demostrado es que exista un diccionario universal en el que la «i» signifique dolor y la «a» represente una petición.

De hecho, una investigación publicada en 2020 sobre la interpretación humana de los maullidos comprobó que menos de la mitad de los participantes identificaba correctamente las situaciones en las que se habían grabado las vocalizaciones analizadas. Incluso para las personas acostumbradas a convivir con gatos, comprender sus sonidos no siempre resulta sencillo.

La mejor referencia sigue siendo el comportamiento habitual de cada animal. Reconocer cómo reclama comida, cómo saluda o qué sonidos produce cuando está incómodo permite detectar cambios que de otro modo podrían pasar desapercibidos.

Porque un maullido puede parecerse mucho a otro y, sin embargo, producirse por motivos completamente distintos. Escuchar la voz del gato es útil; observar lo que hace mientras maúlla resulta imprescindible.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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