España
Muere Xosé Manuel Beiras, figura histórica del nacionalismo gallego
Xosé Manuel Beiras, histórico líder del nacionalismo gallego, muere a los 90 años tras una vida ligada al BNG, Anova y la política de Galicia.
Foto: Barcelona En Comú, CC BY-SA 2.0.
Muere Xosé Manuel Beiras, figura histórica del nacionalismo gallego
Resumen
- Xosé Manuel Beiras muere a los 90 años en su casa de Brión
- Fue líder del BNG, jefe de la oposición y fundador de Anova
- Su figura marcó más de medio siglo de política y nacionalismo gallego
Xosé Manuel Beiras, una de las figuras decisivas del nacionalismo gallego contemporáneo, ha muerto a los 90 años. El histórico dirigente político, economista, profesor universitario y fundador de Anova falleció durante la madrugada de este jueves en su casa de A Reboraina, en Brión, en la provincia de A Coruña.
Con Beiras desaparece uno de los grandes protagonistas de la política gallega surgida en las últimas décadas del franquismo y consolidada con la autonomía. Fue durante años el rostro más reconocible del BNG, convirtió una formación inicialmente minoritaria en la segunda fuerza de Galicia y protagonizó algunos de los debates parlamentarios más recordados frente a Manuel Fraga. Después, ya septuagenario, volvió a sacudir el tablero político gallego impulsando una nueva izquierda nacionalista.
Una figura que atravesó más de medio siglo de política gallega
Nacido en Santiago de Compostela en 1936, Xosé Manuel Beiras Torrado pertenecía a una generación para la que política, cultura e identidad gallega estaban inevitablemente mezcladas. Su trayectoria comenzó mucho antes de que existiera el actual sistema autonómico y atravesó dictadura, Transición, consolidación democrática y varias mutaciones de la izquierda gallega.
Participó en 1963 en la fundación del Partido Socialista Galego (PSG), una organización creada todavía durante la dictadura franquista que intentaba combinar socialismo, democracia y defensa de la personalidad política de Galicia. Aquella militancia terminaría marcando prácticamente toda su vida pública.
Beiras no fue, sin embargo, el político profesional clásico. Licenciado en Derecho y economista, desarrolló una larga carrera académica en la Universidad de Santiago de Compostela y escribió sobre la estructura económica gallega. Su obra O atraso económico de Galicia terminó convirtiéndose en una referencia del pensamiento económico y político galleguista.
Profesor, ensayista, economista, polemista. Y político, aunque habitó siempre esa frontera incómoda entre el intelectual y el dirigente de partido, una mezcla que explicaba tanto buena parte de su magnetismo público como algunos de sus choques internos.
Del único diputado del BNG a liderar la oposición
Su entrada en el Parlamento de Galicia llegó en 1985, como único diputado electo del Bloque Nacionalista Galego. El contraste con lo que ocurriría doce años después explica mejor que cualquier discurso el tamaño de su influencia sobre el crecimiento electoral del nacionalismo.
Bajo su liderazgo, el BNG pasó de una posición casi testimonial a disputar el espacio central de la oposición gallega. El momento culminante llegó en las elecciones autonómicas de 1997, cuando el Bloque obtuvo cerca de 400.000 votos y 18 diputados, superó al PSdeG-PSOE y se convirtió en la segunda fuerza política de Galicia.
Beiras pasó así a ejercer como jefe de la oposición frente a Manuel Fraga. Aquellos años dejaron una estampa política difícil de reproducir: de un lado, Fraga, antiguo ministro de Franco, fundador de Alianza Popular y presidente de la Xunta con mayorías absolutas; del otro, Beiras, nacionalista de izquierdas, intelectual, imprevisible y dueño de una oratoria capaz de pasar de una referencia histórica a una explosión de indignación en pocos segundos.
Los duelos con Manuel Fraga
Su relación parlamentaria con Fraga fue áspera, teatral y, con el paso de los años, también extrañamente respetuosa. Beiras convirtió el Parlamento gallego en uno de sus grandes escenarios, con enfrentamientos que ayudaron a definir una época política en Galicia.
Quedan episodios incorporados a la pequeña mitología política gallega: discursos encendidos, expulsiones de la Cámara, enfrentamientos verbales y aquella protesta en la que golpeó con un zapato su escaño contra una reforma electoral del PP, una escena que evocaba deliberadamente el célebre gesto de Nikita Jrushchov en Naciones Unidas.
Era una forma de hacer política difícil de confundir con otra. A veces brillante, a veces excesiva. Nunca gris. Su vehemencia parlamentaria formaba parte de un personaje político que podía irritar a sus adversarios y, al mismo tiempo, retener una considerable capacidad para atraer atención pública.
La ruptura con el BNG y el nacimiento de Anova
La relación entre Beiras y el BNG terminó desgastándose. Las diferencias internas sobre el funcionamiento y la orientación política de la organización fueron creciendo hasta desembocar en su salida tras la asamblea de Amio de 2012.
A una edad en la que la mayoría de políticos prepara memorias y homenajes, Beiras tomó otro camino. Participó en la creación de Anova-Irmandade Nacionalista y promovió una alianza con Esquerda Unida que acabaría presentándose a las elecciones gallegas de 2012 como Alternativa Galega de Esquerda, AGE.
La coalición, encabezada por el propio Beiras y Yolanda Díaz, logró irrumpir con fuerza en el Parlamento. El resultado devolvió a Beiras a O Hórreo siete años después de haber abandonado la Cámara y confirmó que todavía conservaba capacidad para alterar el equilibrio de la izquierda gallega.
AGE anticipó el nuevo mapa de la izquierda
Aquella operación política tuvo importancia más allá de Galicia. AGE obtuvo nueve diputados en 2012 y reunió bajo una misma candidatura a sectores nacionalistas y a la izquierda federal, una fórmula que anticipó en cierta medida las posteriores alianzas surgidas alrededor de Podemos y de las llamadas mareas.
Beiras volvía a demostrar algo que había caracterizado buena parte de su carrera: una particular capacidad para conectar con generaciones mucho más jóvenes que la suya. En 2016 puso fin definitivamente a su trayectoria parlamentaria. Tenía entonces 80 años.
Economista, profesor y autor antes que político profesional
Reducir su biografía a los escaños dejaría fuera una parte sustancial del personaje. Beiras fue catedrático de Estructura Económica en la Universidad de Santiago y construyó buena parte de su pensamiento político a partir del análisis de la economía gallega.
Su interpretación del atraso económico de Galicia estudiaba cuestiones como la emigración, la estructura agraria y la dependencia económica, además del papel periférico de la comunidad dentro del desarrollo español. Esos debates, propios de otra época en algunos aspectos, influyeron profundamente en varias generaciones del nacionalismo gallego.
Incluso después de abandonar la primera línea institucional siguió interviniendo en debates políticos y culturales. Con 90 años cumplidos, todavía participó en actos ligados a la historia del PSG, aquella organización que había ayudado a levantar más de seis décadas antes. La política acababa formando casi un círculo completo.
Ana Pontón y Alfonso Rueda despiden a un referente
La noticia de su muerte provocó reacciones en todo el espectro político gallego. La portavoz nacional del BNG, Ana Pontón, destacó la huella dejada por Beiras en Galicia y en el nacionalismo gallego.
El presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, también recordó que había marcado las últimas décadas de la vida política de la comunidad y subrayó la importancia del dirigente dentro de la historia reciente del nacionalismo.
No es una coincidencia menor que dirigentes situados en posiciones políticas muy distintas reconozcan su peso histórico. Beiras fue adversario de casi todos los grandes nombres de la política gallega de su época y, al mismo tiempo, terminó convertido en uno de los personajes que permiten explicar aquella época.
Una Galicia política difícil de explicar sin Beiras
Xosé Manuel Beiras perteneció a una especie política poco abundante: la del dirigente capaz de sobrevivir a sus propias organizaciones. Estuvo en el PSG, protagonizó el crecimiento del BNG, rompió con el Bloque, fundó Anova y regresó al Parlamento encabezando una coalición distinta cuando parecía que su carrera institucional estaba terminada.
También fue contradictorio. Su vehemencia le granjeó admiradores y críticos; su individualismo chocó repetidamente con las estructuras partidarias y algunas de sus intervenciones parlamentarias caminaron por el filo entre la contundencia y el exceso. Pero incluso sus adversarios tuvieron dificultades para tratarlo como un político irrelevante.
Durante décadas discutió sobre Galicia desde una posición reconocible: la defensa de su lengua, cultura y capacidad política, junto con una economía que, a su juicio, debía dejar de ocupar una posición subordinada. Se podía estar radicalmente en desacuerdo con él —muchos lo estuvieron—, pero resultaba bastante más difícil ignorarlo.
Su muerte a los 90 años borra uno de los últimos grandes nombres de la generación que hizo política contra el franquismo, atravesó la Transición, participó en la construcción de la autonomía y siguió discutiendo sobre sus límites cuando aquel sistema llevaba décadas funcionando.
Y deja también una imagen peculiar: la de un profesor convertido en jefe de la oposición, un veterano político que regresó al Parlamento rozando los 80 y un nacionalista que pasó más de medio siglo discutiendo, casi siempre con intensidad, sobre qué debía ser Galicia.
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