Cultura
Mario Vaquerizo reivindica el ladrillo y sus seis casas junto a Alaska
Mario Vaquerizo presume de su apuesta por el ladrillo, seis viviendas y una filosofía económica basada en la propiedad privada y el ahorro
Foto: Alberto-g-rovi, CC BY 3.0.
Resumen
- Vaquerizo defiende el ladrillo y asegura que llegó a reunir seis viviendas
- Gran Vía concentra buena parte del patrimonio inmobiliario de la pareja
- El cantante reivindica el dinero, el capitalismo y la propiedad privada
Mario Vaquerizo nunca ha hecho demasiados esfuerzos por parecer discreto, tampoco cuando habla de dinero. El cantante y televisivo ha vuelto a defender públicamente su gusto por ganar dinero, comprar viviendas y apostar por la propiedad privada, una filosofía que ha trasladado durante años a sus inversiones inmobiliarias junto a Alaska. Su patrimonio tiene el ladrillo como protagonista y un escenario muy concreto: el centro de Madrid.
Vaquerizo ha explicado que prefiere colocar buena parte del dinero obtenido con su trabajo en inmuebles antes que recurrir a fondos de inversión u otros productos financieros. Según ha contado él mismo en distintas entrevistas, llegó a reunir seis viviendas y su ambición inmobiliaria no termina ahí: buena parte de las propiedades están concentradas alrededor del edificio donde vive la pareja, en las inmediaciones de la Gran Vía madrileña.
Mario Vaquerizo defiende sin complejos la propiedad privada
La última oleada de interés alrededor de Vaquerizo no nace de una compra secreta ni de una operación millonaria recién descubierta. Viene, sobre todo, de la franqueza con la que habla de su relación con el dinero y el patrimonio.
El vocalista de Nancys Rubias se declara capitalista y partidario de la propiedad privada. Su argumento es bastante sencillo: trabaja, gana su dinero y considera legítimo emplearlo como prefiera. Una idea que ha repetido en televisión y entrevistas, a veces con esa mezcla tan suya de provocación, extravagancia y sentido práctico.
También ha reconocido que le gusta el dinero y que desconfía de cierta pose alrededor de él. Detrás de la frase llamativa hay, sin embargo, una conducta económica bastante menos exótica que su personaje: comprar inmuebles como forma de ahorro y patrimonio a largo plazo.
No estamos precisamente ante una revolución financiera. En España, confiar en el ladrillo casi podría considerarse deporte nacional. Lo singular en su caso es la escala de las compras y, sobre todo, su concentración en una de las zonas más cotizadas de Madrid.
Seis casas y un pequeño universo inmobiliario en Madrid
Vaquerizo ha asegurado públicamente que llegó a tener seis casas en el entorno de Gran Vía, aunque las informaciones sobre la titularidad concreta de cada inmueble no siempre coinciden y algunas propiedades son compartidas con Alaska o con miembros de su familia. Las estimaciones publicadas sitúan el valor conjunto de su patrimonio inmobiliario en varios millones de euros, cifras que deben entenderse como aproximaciones de mercado y no como una tasación oficial.
El centro de ese patrimonio es el edificio madrileño en el que la pareja ha ido comprando espacios durante años. Allí se encuentra la conocida Casa Rosa, su residencia habitual, convertida también en parte de la iconografía televisiva de Alaska y Mario Vaquerizo.
A ella se suma la llamada Casa Azul, utilizada como espacio para reuniones, biblioteca y celebraciones. La pareja también adquirió la antigua vivienda de la portería, que Vaquerizo transformó en vestidor. Un vestidor que ocupa una casa. Bastante Vaquerizo, en realidad.
De una primera vivienda al sueño de controlar el edificio
La relación de Mario Vaquerizo con esa zona de Madrid viene de lejos. Ha explicado que de pequeño acudía a los cines de Gran Vía y que vivir allí era uno de sus sueños. Cuando pudo comprar una vivienda junto a Alaska, aquella adquisición terminó siendo el comienzo de una estrategia casi obsesiva: incorporar nuevas propiedades dentro de la misma finca cuando aparecía la oportunidad.
Su idea de futuro resulta todavía más llamativa. Vaquerizo ha hablado en varias ocasiones de hacerse con el edificio completo y transformar buena parte de él en una especie de pequeño hotel cuando llegue la jubilación, mientras él y Alaska conservarían su vivienda. De momento es un proyecto, no una operación cerrada.
La finca de Boadilla que compraron a Bibiana Fernández
El patrimonio de la pareja no termina entre asfalto, balcones y neones del centro madrileño. Alaska y Mario Vaquerizo también poseen una vivienda en Boadilla del Monte, adquirida en 2017 a Bibiana Fernández.
La propiedad cuenta con una parcela cercana a los 2.000 metros cuadrados y funciona como casa de campo y espacio de ocio. La pareja la bautizó como Casa Bibiana, manteniendo así el vínculo sentimental con su anterior propietaria. Las estimaciones difundidas sobre su valor actual superan ampliamente el precio de compra, aunque se trata igualmente de cálculos inmobiliarios y no de una valoración oficial.
Ese inmueble muestra bastante bien cómo entiende Vaquerizo sus propiedades. No habla únicamente de rentabilidad o plusvalías; las casas forman parte de su vida cotidiana, de su estética y hasta de su personaje público. Habitaciones saturadas de objetos, colecciones, libros, discos, ropa, cuadros. Patrimonio financiero y universo personal se mezclan.
Por qué Vaquerizo prefiere el ladrillo a los fondos
Su razonamiento financiero tampoco tiene demasiadas capas ocultas. Vaquerizo ha explicado que no confía especialmente en fondos de inversión y que se siente más cómodo comprando propiedades porque considera que el inmueble ofrece seguridad y permanece físicamente ahí.
Es una preferencia personal, no una regla económica universal. Una vivienda puede revalorizarse, pero también exige impuestos, mantenimiento y liquidez para afrontar gastos; tampoco ofrece la diversificación de determinados productos financieros. En el caso de Vaquerizo, sin embargo, la estrategia tiene una lógica evidente: empezó a comprar hace años en una de las zonas más cotizadas de Madrid y ha visto cómo esos activos ganaban valor con el tiempo.
Su patrimonio inmobiliario es, en buena medida, el resultado de esa combinación de compras tempranas, localizaciones privilegiadas y acumulación progresiva de propiedades.
Alaska y Mario, una economía menos improvisada de lo que parece
La estética de Alaska y Mario puede ser excesiva, pero su relación con el dinero parece bastante menos improvisada. Tras décadas de música, televisión, representación artística, publicidad y otros proyectos, la pareja ha destinado una parte de sus ingresos a construir un patrimonio tangible.
Vaquerizo lo cuenta, eso sí, a su manera. Mientras otros hablan de diversificación, rentabilidad o asignación de activos, él habla de casas. Mientras un asesor financiero enseñaría gráficos, Mario probablemente enseñaría un vestidor convertido en vivienda.
Detrás de la caricatura queda un dato relevante: la inversión inmobiliaria ha terminado convirtiéndose en uno de los pilares económicos de la pareja. Y Vaquerizo no parece interesado en disimularlo. Al contrario, reivindica que el dinero ganado trabajando pueda convertirse en una vivienda, seis o las que cada cual pueda y quiera comprar.
El ladrillo como declaración de principios
Las últimas declaraciones de Mario Vaquerizo han vuelto a colocar sus casas bajo los focos porque mezclan dos asuntos especialmente sensibles en España: dinero y vivienda. Él no intenta suavizar el discurso. Se declara partidario de la propiedad privada, reconoce que disfruta ganando dinero y defiende su derecho a invertirlo en inmuebles.
Puede resultar extravagante convertir una antigua portería en vestidor o fantasear con reunir prácticamente todo un edificio del centro de Madrid. Pero debajo del brillo, el pop y la provocación queda una estrategia bastante tradicional: trabajar, ahorrar comprando ladrillo y conservarlo durante años. Mario Vaquerizo, al menos en esto, no vende misterio. Sus paredes hablan por él.
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