España
Bea Talegón: del PSOE, ERC y Junts a la órbita de la derecha radical
Bea Talegón pasó del PSOE al soberanismo catalán y a espacios mediáticos muy distintos, en una trayectoria política llena de giros y rupturas.
Foto: CandidaturaPérezTapias PSOE, CC BY-SA 2.0.
Resumen
- Bea Talegón comenzó su carrera política dentro del PSOE
- Después se acercó a ERC, Junts y al soberanismo catalán
- Su evolución mediática alimenta el debate sobre su giro ideológico
La trayectoria política de Bea Talegón tiene algo de mapa dibujado y borrado varias veces. Fue militante del PSOE, dirigente internacional de las juventudes socialistas y una de las voces jóvenes que reclamaban recuperar la izquierda; después buscó nuevas confluencias, participó en un congreso de UPyD, hizo campaña junto a ERC y terminó vinculada electoralmente a Junts. En los últimos años, su presencia mediática y algunas de sus posiciones públicas han alimentado las críticas de quienes la sitúan cada vez más cerca de ambientes asociados a la derecha radical y al discurso conspirativo.
Conviene, sin embargo, colocar cada pieza en su sitio. Talegón no ha pasado sucesivamente por la militancia de PSOE, IU, UPyD, ERC y Junts, como podría sugerir una lectura apresurada de su biografía. Su relación con esas siglas ha sido muy distinta en cada momento: militancia, plataformas compartidas, participación en actos, apoyo electoral o inclusión en candidaturas. La diferencia no es pequeña. Y explica mejor una evolución política que, vista desde 2026, resulta cuando menos sinuosa.
Del PSOE al discurso que la convirtió en una figura nacional
Beatriz Talegón entró en las Juventudes Socialistas a comienzos de los años 2000 y se afilió después al PSOE. Trabajó vinculada al grupo socialista en el Parlamento Europeo, fue concejala en Cabanillas del Campo y llegó a ocupar la secretaría general de la Unión Internacional de Juventudes Socialistas. No era una militante periférica ni una tertuliana buscando hueco: estaba dentro del engranaje socialista.
Su gran momento público llegó en 2013, durante una reunión de la Internacional Socialista en Cascais, Portugal. Allí criticó que dirigentes que pretendían hablar en nombre de trabajadores y jóvenes celebrasen sus reuniones entre hoteles de cinco estrellas y coches de lujo. El discurso corrió como la pólvora. Era sencillo, visual y demoledor: hablar de revolución desde una moqueta demasiado gruesa siempre tiene sus dificultades.
Aquella intervención construyó su personaje político: una socialista incómoda con el aparato, crítica con una socialdemocracia que consideraba acomodada y alejada de sus propias bases. En 2014 entró en el Comité Federal del PSOE, pero el matrimonio duró poco. En julio de 2015 abandonó el partido argumentando que ya no lo consideraba verdaderamente socialista ni de izquierdas.
Una búsqueda frenética de otra izquierda
Su salida del PSOE no significó entonces un desplazamiento hacia la derecha. Al contrario. Talegón se presentó como una dirigente interesada en reconstruir un espacio político a la izquierda del socialismo tradicional.
Participó en iniciativas junto a nombres como Baltasar Garzón, Gaspar Llamazares y Cristina Almeida. En otoño de 2015 impulsó Somos Izquierda y estuvo en el nacimiento de la plataforma electoral La Izquierda, concebida para intentar reunir distintas sensibilidades progresistas ante las elecciones generales. La aventura duró muy poco: Talegón rompió con el proyecto apenas unos días después, entre fuertes discrepancias sobre la estrategia de confluencia.
Ese episodio explica también por qué resulta incorrecto afirmar sin matices que Talegón militó en Izquierda Unida. Compartió espacios políticos y actos con dirigentes procedentes de IU, especialmente Llamazares, y participó en iniciativas que pretendían atraer a sectores de esa organización, pero su biografía política no equivale a una afiliación sucesiva a todas las siglas con las que mantuvo contactos.
De UPyD a ERC en cuestión de meses
La parte más llamativa llegó en 2017. Talegón participó en enero en un congreso de UPyD, donde elogió la necesidad de que existiera un espacio político como el que pretendía representar el partido fundado por Rosa Díez. Meses más tarde, el paisaje era casi el inverso: acabó haciendo campaña por ERC en las elecciones catalanas del 21 de diciembre.
No fue un detalle anecdótico. En un acto de los republicanos explicó que quería una Esquerra Republicana para el conjunto de España y se convirtió progresivamente en una voz favorable al derecho a decidir y a las posiciones del soberanismo catalán.
Es difícil encontrar un contraste político más limpio: de intervenir ante un partido nacido precisamente con una fuerte oposición al nacionalismo periférico a respaldar, en el mismo año, a una formación independentista catalana. Talegón convirtió la heterodoxia en una constante, aunque ella defendió esos movimientos como parte de una evolución coherente en defensa de derechos políticos y libertades.
El salto a Junts y la candidatura europea de 2019
Su aproximación al independentismo culminó en las elecciones europeas de 2019. Junts per Catalunya contó con Talegón como candidata y llegó a situarla provisionalmente entre los primeros puestos cuando la Junta Electoral Central excluyó inicialmente de la lista a Carles Puigdemont, Toni Comín y Clara Ponsatí.
La candidatura quedó registrada bajo la denominación Lliures per Europa (Junts). Finalmente, los recursos permitieron restituir a los dirigentes independentistas en la papeleta y Talegón no se convirtió en eurodiputada, pero el episodio consolidó definitivamente su identificación pública con el espacio de Puigdemont.
Para quien recordara a la joven dirigente socialista de Cascais, el cambio era considerable. La crítica a los privilegios de la Internacional Socialista había terminado, seis años después, en una candidatura encabezada políticamente por uno de los principales dirigentes del independentismo catalán.
De la militancia partidista a la batalla cultural mediática
Después de aquella etapa, el peso de Talegón se ha desplazado cada vez más del partido político tradicional al ecosistema mediático y las redes sociales. En 2026 aparece de forma habitual en Horizonte, el programa de Cuatro, uno de los espacios donde ha desarrollado buena parte de su presencia pública reciente.
Ahí se encuentra el origen de buena parte de la controversia actual. Sus posiciones sobre la pandemia, las vacunas, la guerra de Ucrania, el independentismo, las políticas de identidad o determinados relatos difundidos en internet han generado acusaciones de acercamiento a espacios ideológicos que antes estaban extraordinariamente lejos de aquella dirigente juvenil socialista.
Pero hay una frontera que el rigor obliga a mantener. Calificar a Talegón como miembro de la ultraderecha es una interpretación política, no una afiliación acreditada a un partido de extrema derecha. Su recorrido documentado sí permite hablar de un desplazamiento muy considerable, de alianzas cambiantes y de una creciente presencia en entornos mediáticos donde conviven discursos conservadores, antisistema y contrarios al consenso político tradicional.
La paradoja no es menor. En abril de 2026, Talegón todavía publicaba una columna titulada Vox juega con fuego, mientras otros medios y comentaristas la situaban a ella misma dentro de un espacio ideológico cada vez más próximo a la derecha radical. Esa contradicción refleja bastante bien el personaje: resulta difícil encerrarla limpiamente en una sigla.
Una biografía política que atraviesa casi todo el tablero
El recorrido de Bea Talegón sirve también para entender una característica de la política española de la última década: las fronteras ideológicas se han vuelto bastante menos estables de lo que parecía. El eje izquierda-derecha sigue existiendo, claro, pero alrededor han crecido otros —independentismo, soberanismo, globalización, pandemia, identidad, guerra, desconfianza institucional— capaces de fabricar alianzas impensables unos años antes.
Talegón comenzó su vida pública organizada en el socialismo español, quiso después reconstruir una izquierda alternativa, se cruzó con dirigentes vinculados a IU, habló ante UPyD, apoyó electoralmente a ERC y terminó en una candidatura de Junts. Esa secuencia está documentada. Lo discutible empieza cuando se intenta colocar automáticamente cada estación bajo una única etiqueta ideológica.
Lo indiscutible es el tamaño del viaje. De la joven dirigente que reprochaba a la Internacional Socialista sus hoteles de lujo a una figura habitual de las guerras culturales contemporáneas han pasado poco más de trece años. PSOE, izquierda alternativa, UPyD, ERC y Junts aparecen en distintas páginas de esa historia, junto a un ecosistema mediático mucho más heterodoxo.
Más que una simple colección de cambios de camiseta, la biografía de Talegón retrata una política construida alrededor de sucesivas rupturas. Algunas fueron ideológicas; otras, personales o estratégicas. Y ahí está precisamente lo que vuelve llamativo su recorrido: pocas figuras públicas españolas han atravesado, en tan poco tiempo, tantos territorios políticos que parecían incompatibles entre sí.
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