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Midterms de EE. UU. 2026: qué se vota y por qué no existen en España
El 3 de noviembre, Estados Unidos renueva la Cámara de Representantes y parte del Senado. El resultado marcará los dos últimos años de Trump.
Foto: Foghe / Wikimedia Commons (obra propia, licencia CC BY-SA 4.0).
Resumen
- El 3 de noviembre se eligen 435 representantes y 35 senadores
- Las midterms pueden cambiar el Congreso sin destituir a Trump
- En España no hay elecciones nacionales equivalentes a mitad de legislatura
Las midterms, conocidas en español como elecciones de medio mandato, son los comicios que Estados Unidos celebra a mitad del periodo presidencial para renovar la totalidad de la Cámara de Representantes y aproximadamente un tercio del Senado. Se convocan cada cuatro años, dos después de las elecciones presidenciales, y permiten a los estadounidenses modificar el equilibrio de poder en Washington sin cambiar al presidente. Las próximas se celebran el martes 3 de noviembre de 2026, con el futuro del Congreso y buena parte de la agenda política de Donald Trump en juego.
Su origen se remonta a la Constitución estadounidense de 1787, que estableció mandatos de distinta duración para el presidente, los representantes y los senadores. Las primeras elecciones intermedias tuvieron lugar entre 1790 y 1791, durante la presidencia de George Washington. España funciona de otra manera: las elecciones generales renuevan sus cámaras parlamentarias para un periodo ordinario de cuatro años, aunque pueden adelantarse, y no existe una votación nacional equivalente que deba celebrarse obligatoriamente a mitad de legislatura.
La diferencia es importante. En Estados Unidos, el presidente puede permanecer en la Casa Blanca mientras la oposición controla una o ambas cámaras del Congreso. De hecho, ocurre con frecuencia. El sistema está diseñado para que el poder ejecutivo y el legislativo tengan legitimidades propias y puedan controlarse mutuamente, aunque eso complique la gobernabilidad.
Las elecciones de 2026 llegan precisamente en uno de esos momentos decisivos. Los republicanos afrontan la defensa de sus mayorías parlamentarias y los demócratas buscan recuperar capacidad legislativa y de fiscalización. No se elige al presidente, pero sí a quienes podrán facilitar, negociar o bloquear muchas de sus decisiones durante los dos años siguientes.
Qué se vota en las midterms del 3 de noviembre de 2026
En las elecciones de medio mandato de 2026 se renovarán los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 de los 100 puestos del Senado. También se celebrarán elecciones a gobernador en 36 estados y tres territorios, además de numerosas votaciones para parlamentos estatales, autoridades locales y otras instituciones.
El Congreso estadounidense está dividido en dos cámaras con sistemas electorales diferentes.
La Cámara de Representantes se renueva completamente cada dos años. Sus miembros representan distritos electorales distribuidos entre los estados según su población. Esto significa que todos los representantes deben volver a someterse al voto popular en cada ciclo electoral, tanto en años presidenciales como en los intermedios.
El Senado, en cambio, está compuesto por 100 miembros, dos por cada estado, independientemente de su población. Sus mandatos duran seis años y están organizados de forma escalonada para que aproximadamente un tercio de los escaños se someta a elección cada dos años.
En 2026 corresponden 33 elecciones senatoriales ordinarias, a las que se añaden dos extraordinarias en Florida y Ohio, convocadas para cubrir el tiempo restante de mandatos que quedaron vacantes. Por eso se disputan 35 escaños, una cifra ligeramente superior al tercio habitual.
Los ciudadanos no votan una lista nacional única para el Congreso. Eligen a sus representantes y, cuando corresponde, a sus senadores dentro de su estado. Los procedimientos electorales pueden variar según la legislación estatal.
Y aquí aparece una peculiaridad: el resultado nacional en votos no determina directamente quién obtiene la mayoría parlamentaria. Importa dónde se ganan los escaños. Una formación puede concentrar muchos sufragios en determinados territorios sin conseguir una ventaja equivalente en representantes.
El origen de las midterms: una decisión tomada en 1787
Las elecciones de medio mandato no surgieron como una fórmula moderna para medir la popularidad de un presidente. Son consecuencia directa del modelo institucional acordado por los fundadores de Estados Unidos a finales del siglo XVIII.
Durante la Convención Constitucional de Filadelfia de 1787, los delegados debatieron cómo organizar una república que evitara una concentración excesiva del poder. Había que combinar representación popular, estabilidad institucional y autonomía de los estados.
El resultado fue un sistema con tres ritmos electorales diferentes: cuatro años para la presidencia, dos para la Cámara de Representantes y seis para el Senado.
La duración de los mandatos respondía a una lógica política. Los representantes, elegidos con mayor frecuencia, debían mantener una relación estrecha con la opinión de los ciudadanos. El Senado, con periodos más largos y renovaciones parciales, tenía que aportar continuidad y moderación frente a cambios políticos repentinos.
James Madison, uno de los principales arquitectos de la Constitución, defendía que la Cámara de Representantes mantuviera una dependencia inmediata de la voluntad popular. Las elecciones frecuentes permitían renovar esa relación sin someter permanentemente todas las instituciones a una misma votación.
El primer ciclo electoral de medio mandato se desarrolló entre 1790 y 1791, durante el primer mandato de George Washington. Entonces no existía todavía un día electoral uniforme para todo el país y los partidos políticos modernos aún estaban en formación.
También había diferencias democráticas fundamentales respecto al presente. Inicialmente, los senadores eran elegidos por las legislaturas de los estados, no directamente por los ciudadanos. La Decimoséptima Enmienda, ratificada en 1913, introdujo su elección popular, aplicada por primera vez en las elecciones senatoriales ordinarias de 1914.
Por qué las elecciones se celebran un martes de noviembre
La fecha tampoco es casual. Durante buena parte del siglo XIX, Estados Unidos careció de un calendario electoral federal completamente unificado.
En 1845 se estableció una fecha común para las elecciones presidenciales. Posteriormente, una ley de 1872 fijó para las elecciones a la Cámara de Representantes el martes siguiente al primer lunes de noviembre, una disposición aplicada por primera vez en las elecciones legislativas de 1876.
La elección del martes y del mes de noviembre estuvo vinculada a las condiciones de una sociedad predominantemente agrícola, al calendario de cosechas, los desplazamientos y las costumbres religiosas de la época.
El criterio se mantiene. Las elecciones federales ordinarias se celebran el martes posterior al primer lunes de noviembre de los años pares. En 2026 corresponde al día 3 de noviembre.
La tradición, sin embargo, no implica que todos los ciudadanos tengan que votar presencialmente esa jornada. Muchos estados permiten el voto anticipado y el voto por correo conforme a sus propias normas.
Por qué las midterms pueden cambiar el poder sin cambiar al presidente
Una de las características fundamentales del sistema estadounidense es la separación entre el poder ejecutivo y el legislativo.
El presidente obtiene un mandato de cuatro años mediante un procedimiento electoral propio. El Congreso, por su parte, dispone de legitimidad democrática independiente. Ninguna de sus cámaras necesita mantener una mayoría favorable al presidente para que este continúe gobernando.
Cuando ambos poderes están controlados por partidos distintos se habla de gobierno dividido.
La situación puede tener consecuencias muy importantes. El Congreso participa en la aprobación de leyes, presupuestos y decisiones fiscales. También ejerce funciones de supervisión sobre la Administración.
La Cámara de Representantes puede abrir investigaciones parlamentarias y promover procedimientos de acusación constitucional contra altos cargos. El Senado tiene competencias específicas, como confirmar numerosos nombramientos presidenciales y votar en los juicios políticos.
Un presidente que pierda el respaldo parlamentario puede encontrarse con dificultades para aprobar reformas fiscales, modificar políticas públicas o impulsar determinadas prioridades legislativas.
Eso no significa que quede automáticamente incapacitado para actuar. Conserva sus competencias constitucionales, incluida la dirección del poder ejecutivo y las facultades presidenciales que no dependen de una nueva ley del Congreso.
Perder el Congreso no equivale a perder la presidencia. Tampoco permite a la oposición destituir al presidente mediante una simple moción de censura.
La destitución presidencial exige un procedimiento constitucional específico: una acusación aprobada por la Cámara de Representantes y una condena en el Senado respaldada por dos tercios de los senadores presentes. No basta con que la oposición considere que el Gobierno ha perdido apoyo político.
Por qué el partido del presidente suele perder las midterms
Las elecciones intermedias tienen fama de resultar incómodas para quien ocupa la Casa Blanca. No es una superstición electoral, aunque los resultados históricos ayudan a entenderla.
Entre 1938 y 2022, el partido del presidente perdió escaños en la Cámara de Representantes en 20 de las 22 elecciones de medio mandato celebradas durante ese periodo.
Las excepciones fueron 1998, cuando los demócratas de Bill Clinton ganaron cuatro escaños, y 2002, cuando los republicanos de George W. Bush consiguieron ocho adicionales en un contexto profundamente condicionado por los atentados del 11 de septiembre de 2001.
El fenómeno tiene varias explicaciones. Los votantes suelen aprovechar estas elecciones para expresar su satisfacción o descontento con la Administración. También influyen el desgaste de gobernar, las expectativas incumplidas y la capacidad de movilización de la oposición.
La participación electoral suele ser inferior a la de las elecciones presidenciales, lo que aumenta la importancia de conseguir que los propios simpatizantes acudan a votar.
Los resultados pueden resultar especialmente llamativos. En 2010, durante la primera presidencia de Barack Obama, los demócratas sufrieron una fuerte derrota en la Cámara de Representantes. En 2018, durante el primer mandato de Trump, los republicanos perdieron su mayoría en esa cámara.
Son antecedentes políticos, no reglas matemáticas. Cada elección depende de sus candidatos, del contexto económico y de los estados donde se disputa la mayoría.
Las diferencias con España: dos formas de organizar el poder
La principal diferencia entre ambos países no está en el calendario, sino en la naturaleza de sus sistemas políticos.
Estados Unidos es una república presidencialista. España es una monarquía parlamentaria. La relación entre el Gobierno y el Parlamento funciona de manera distinta en cada modelo.
En España, los ciudadanos eligen a los diputados del Congreso, que posteriormente votan la investidura del presidente del Gobierno. La continuidad de este depende de la confianza parlamentaria y puede verse interrumpida mediante una moción de censura constructiva, que debe incluir un candidato alternativo.
En Estados Unidos, el presidente no necesita la investidura del Congreso y su mandato no termina porque los legisladores cambien de mayoría.
La duración de las legislaturas también es diferente.
El Congreso de los Diputados español tiene 350 escaños, elegidos normalmente cada cuatro años mediante un sistema proporcional organizado por circunscripciones provinciales. La Cámara de Representantes estadounidense cuenta con 435 miembros, elegidos cada dos años en distritos uninominales mediante sistemas predominantemente mayoritarios.
En el Senado español, 208 senadores son elegidos directamente en las elecciones generales, mientras que los demás son designados por los parlamentos autonómicos. Los senadores de elección directa tienen mandatos ordinarios de cuatro años. Los de designación autonómica siguen las reglas de sus respectivas comunidades.
En Estados Unidos, los 100 senadores son elegidos por los votantes de sus estados para mandatos ordinarios de seis años, con renovaciones escalonadas.
Hay otra diferencia práctica. En España, el presidente del Gobierno puede proponer la disolución anticipada de las Cortes Generales, dentro de los límites constitucionales. También existen circunstancias parlamentarias que pueden provocar nuevas elecciones antes de completar los cuatro años.
El presidente estadounidense no dispone de una facultad equivalente para disolver el Congreso y convocar elecciones generales anticipadas.
España sí celebra elecciones autonómicas, municipales y europeas que pueden interpretarse políticamente como pruebas del respaldo al Gobierno central. Pero esas votaciones no equivalen jurídicamente a unas midterms: no están concebidas para renovar una parte fija del Parlamento nacional a mitad de mandato.
La comparación revela dos modelos de estabilidad. En España, el Gobierno depende directamente de la confianza del Congreso, aunque puede haber elecciones anticipadas. En Estados Unidos, el calendario presidencial permanece fijo y los equilibrios legislativos pueden modificarse a mitad de mandato sin alterar quién ocupa la Casa Blanca.
Las elecciones de 2026 decidirán cuánto margen tendrá Trump hasta 2029
Las midterms del 3 de noviembre de 2026 determinarán la composición del 120.º Congreso de Estados Unidos, que comenzará su mandato el 3 de enero de 2027.
Los republicanos llegan a las elecciones con el control de ambas cámaras, aunque con una mayoría ajustada en la Cámara de Representantes. Los demócratas aspiran a recuperar al menos una de ellas y, de ese modo, aumentar su capacidad para condicionar las decisiones de la Administración Trump.
Si los republicanos conservan ambas mayorías, el presidente dispondrá de un escenario parlamentario más favorable para desarrollar sus políticas, aunque eso no garantiza la aprobación de cualquier iniciativa. En el Senado existen procedimientos que exigen apoyos superiores a la mayoría simple.
Si los demócratas recuperan la Cámara de Representantes, podrán influir decisivamente en la tramitación de leyes y presupuestos e impulsar investigaciones sobre el Ejecutivo. El control del Senado tendría otras consecuencias, especialmente en materia de nombramientos y confirmaciones.
Los resultados de las elecciones estatales también influirán en cuestiones como la educación, los impuestos, la legislación electoral y la configuración futura de los distritos electorales.
Lo que no cambiará el 3 de noviembre es la titularidad de la presidencia. Trump seguirá teniendo un mandato previsto hasta enero de 2029, con independencia de qué partido gane la mayoría en el Congreso.
Ahí reside el sentido político de las elecciones de medio mandato: permitir que los ciudadanos vuelvan a intervenir en el reparto del poder durante una presidencia, sin necesidad de repetir las elecciones presidenciales.
Los estadounidenses no votan para elegir otro presidente, sino para decidir quién tendrá capacidad para apoyarlo, fiscalizarlo o frenar sus proyectos. Una diferencia que, vista desde España, explica buena parte de la política estadounidense y también sus frecuentes bloqueos institucionales.
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