España
El PP rechaza el minuto de silencio por Maricarmen en Senado y Madrid
El rechazo institucional al homenaje a Maricarmen abre otra batalla política tras el desahucio que convirtió su caso en símbolo de la vivienda.
Por Zarateman - Trabajo propio, CC0, Wikimedia Commons
Resumen
- Senado, Asamblea y Ayuntamiento rechazan el minuto de silencio por Maricarmen
- PSOE y Más Madrid homenajearon a la mujer fuera de las instituciones
- Su desahucio y muerte han reavivado el conflicto político por la vivienda
El Senado, la Asamblea de Madrid y el Ayuntamiento de la capital han rechazado este jueves celebrar un minuto de silencio por Maricarmen Abascal, la mujer de 87 años fallecida el miércoles después de haber sido desahuciada el 23 de septiembre de la vivienda madrileña en la que había residido durante más de siete décadas. Las tres instituciones están controladas por el Partido Popular, aunque las razones esgrimidas para no celebrar el homenaje han sido distintas.
La decisión ha trasladado a las instituciones una polémica que ya recorría la calle. En la Asamblea y el Ayuntamiento, representantes del PSOE y Más Madrid acabaron homenajeando a Maricarmen por su cuenta. En el Senado, su presidente, Pedro Rollán, sostuvo que el minuto de silencio solicitado por los socialistas no tenía encaje en las normas parlamentarias, aunque expresó la solidaridad de la Cámara con la familia y con quienes sufren la crisis de la vivienda.
El Senado alega las normas y el Congreso sí prevé homenajearla
La primera negativa llegó en la Diputación Permanente del Senado. El portavoz socialista, Juan Espadas, planteó guardar un minuto de silencio para sumarse al duelo provocado por la muerte de Maricarmen, convertida en pocas semanas en uno de los rostros más reconocibles del conflicto por la vivienda en España.
Pedro Rollán rechazó la petición argumentando que las normas de la Cámara no contemplaban ese homenaje en esas circunstancias. El presidente del Senado sí quiso dejar constancia en acta de las condolencias a la familia de Maricarmen y de su solidaridad con las personas afectadas por los problemas de acceso a una vivienda.
La situación será distinta en el Congreso. La Diputación Permanente de la Cámara Baja, convocada para el viernes 16 de octubre, tiene previsto guardar un minuto de silencio en memoria de Maricarmen.
Es una diferencia pequeña en el calendario y enorme en términos políticos. Un minuto no cambia una ley de vivienda, ni baja un alquiler, ni devuelve una casa perdida. Pero las instituciones viven también de símbolos, y este se ha convertido en terreno de combate político.
PP y Vox rechazan el homenaje en la Asamblea de Madrid
La tensión fue bastante más visible en la Asamblea de Madrid. Más Madrid y el PSOE habían solicitado que el pleno comenzara con un minuto de silencio, pero PP y Vox rechazaron la propuesta. Los diputados de ambos grupos de izquierda salieron entonces al atrio exterior de la Cámara regional para guardar allí el homenaje antes del inicio de la sesión.
El portavoz del PP en la Asamblea, Carlos Díaz-Pache, explicó que su grupo lamentaba la muerte, pero no quería participar en lo que considera una “utilización política” del fallecimiento. Vox llevó el argumento mucho más lejos y responsabilizó al Gobierno de Pedro Sánchez de la muerte de Maricarmen.
Ayuso y Bergerot elevan el choque político
El pleno terminó convirtiendo el caso en una refriega abierta. La portavoz de Más Madrid, Manuela Bergerot, afirmó que tras la muerte de Maricarmen “en las calles de Madrid no va a haber paz”, unas palabras que Isabel Díaz Ayuso interpretó como una posible amenaza. La presidenta madrileña acusó después a la oposición de comportarse como “políticos buitres” al utilizar el fallecimiento.
Ahí el minuto de silencio ya había quedado lejos. La muerte de una mujer de 87 años se había convertido, otra vez, en munición parlamentaria. Cada bloque señala al contrario y cada frase sube medio grado la temperatura.
El Ayuntamiento tampoco acepta el minuto de silencio
La escena se repitió pocas horas después en el Ayuntamiento de Madrid. El PP tampoco aceptó la petición de celebrar oficialmente un minuto de silencio. La vicealcaldesa, Inma Sanz, justificó la decisión por la voluntad de evitar la “instrumentalización” del fallecimiento.
Los concejales del PSOE y Más Madrid realizaron entonces un homenaje en el exterior y aprovecharon posteriormente parte de su turno de intervención en el pleno municipal para guardar silencio dentro del propio salón.
La portavoz socialista, Reyes Maroto, reprochó con dureza al Gobierno municipal su negativa. El alcalde, José Luis Martínez-Almeida, respondió acusando al Ejecutivo central de haber permitido el desahucio y después tratar de apropiarse políticamente de la memoria de Maricarmen. El resultado fue un pleno áspero, con la vivienda como telón de fondo y una fallecida en medio de un intercambio de responsabilidades que ya rebasa ampliamente el ámbito municipal.
Maricarmen vivió 71 años en la misma vivienda
La dimensión política del caso se entiende mejor mirando hacia atrás. Maricarmen Abascal fue desahuciada el 23 de septiembre de una vivienda de la calle Alcalde Sáinz de Baranda, en el distrito de Retiro, donde había vivido durante aproximadamente 71 años.
El contrato de alquiler procedía de su familia y el inmueble había cambiado de propietario. Tras años de conflicto judicial y varios intentos de lanzamiento, el desahucio terminó ejecutándose. Maricarmen salió de su casa asistida por sanitarios y fue trasladada al hospital Gregorio Marañón. La imagen de una mujer de 87 años abandonando en camilla la vivienda de prácticamente toda su vida terminó funcionando como una cerilla en un terreno que llevaba demasiado tiempo seco.
La mujer pagaba alrededor de 500 euros mensuales bajo su antiguo régimen de alquiler, mientras la propiedad llegó a plantear una renta de 2.650 euros. Su caso había provocado varias movilizaciones antes incluso del lanzamiento definitivo y, después del desahucio, alimentó protestas mucho mayores y la acampada instalada en la Puerta del Sol.
Murió antes de poder regresar a su casa
Tras el desalojo se abrió una negociación para permitir que Maricarmen regresara al inmueble. Hubo finalmente un acuerdo para recuperar la vivienda bajo unas nuevas condiciones, pero la mujer permanecía hospitalizada y murió el 7 de octubre, antes de poder volver.
Su fallecimiento volvió a sacar a cientos de personas a las calles y consolidó una imagen que probablemente sobrevivirá a toda la bronca partidista: la de una anciana convertida, casi a su pesar, en símbolo de la crisis de la vivienda.
Las protestas habían pasado para entonces del caso concreto de Maricarmen a reivindicaciones mucho más amplias sobre alquileres, vivienda pública, fondos inmobiliarios y desahucios. Su historia dejó de ser únicamente la disputa entre una inquilina y el propietario de un piso. Se convirtió en una cuestión política nacional.
El PP sí participa en homenajes fuera de Madrid
La posición de los populares tampoco ha sido idéntica en todas las instituciones. En Les Corts Valencianes, los representantes del PP sí participaron en el minuto de silencio solicitado por los socialistas, mientras Vox se apartó del homenaje.
Algo similar ocurrió en la Comisión de Vivienda, Juventud y Ordenación del Territorio del Parlamento andaluz, donde los diputados populares secundaron un silencio en memoria de Maricarmen solicitado por Por Andalucía.
En Aragón, en cambio, PP y Vox rechazaron una iniciativa semejante al considerarla partidista y los grupos de izquierda utilizaron sus propios turnos de palabra para guardar silencio. No existe, por tanto, una posición institucional uniforme: hay decisiones diferentes según la Cámara, su reglamento y el contexto político.
Ese matiz importa. Presentar todos los rechazos como una sola decisión nacional del PP sería simplificar lo sucedido. Senado, Asamblea y Ayuntamiento de Madrid dijeron no, mientras dirigentes populares de otras comunidades sí participaron en actos equivalentes.
Un minuto de silencio atrapado en la batalla por la vivienda
La paradoja resulta difícil de esquivar. Los partidos aseguran querer impedir que la muerte de Maricarmen sea utilizada políticamente mientras mantienen una discusión feroz, precisamente política, alrededor de su memoria. La cuestión de fondo —cómo una mujer de 87 años terminó desalojada de la casa en la que llevaba siete décadas— queda por momentos enterrada bajo acusaciones cruzadas.
El rechazo de los homenajes en Madrid tampoco borra lo ocurrido fuera de los parlamentos. Las concentraciones, las velas, la acampada de Sol y las movilizaciones posteriores al desahucio habían convertido a Maricarmen en un símbolo antes de que los grupos políticos empezaran a discutir quién tenía derecho a recordarla y de qué manera.
Un minuto dura sesenta segundos. Esta vez ha bastado bastante menos para demostrar hasta qué punto la crisis de la vivienda ha entrado en el centro de la batalla política española. Y ahí seguirá cuando termine el silencio.
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