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Trump llama «yihadistas» a candidatos demócratas ante las midterms

Donald Trump llama «yihadistas» a sus rivales demócratas y defiende su «edad de oro» en unas elecciones que decidirán el control del Congreso.

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La gorra MAGA de Trump

Foto: Gage Skidmore / Wikimedia Commons (licencia CC BY-SA 2.0).

Resumen

  • Trump llama «yihadistas» a candidatos demócratas antes de las midterms
  • Abdul El-Sayed, candidato al Senado por Michigan, es su principal objetivo
  • El 3 de noviembre se decide el control de ambas cámaras del Congreso

Donald Trump ha endurecido sus ataques contra el Partido Demócrata a pocas horas de las elecciones legislativas de Estados Unidos del 3 de noviembre de 2026. El presidente estadounidense ha calificado estos comicios como los más importantes de la historia del país y ha acusado a sus adversarios de presentar candidatos «yihadistas» y comunistas que, según sostiene, amenazan el futuro de Estados Unidos.

En la recta final de la campaña de las midterms de 2026, Trump ha defendido su gestión económica y migratoria, asegurando que su Administración ha inaugurado una nueva «edad de oro» para Estados Unidos. Su mensaje combina la reivindicación de los logros del Gobierno con una advertencia a los votantes republicanos: una victoria demócrata podría poner en peligro las políticas impulsadas desde su regreso a la Casa Blanca.

«Hemos puesto en marcha la edad de oro y no permitiremos que nos la arrebaten», ha proclamado el mandatario. Sus declaraciones llegan mientras los republicanos intentan conservar el control del Congreso frente a unos demócratas que parten con ventaja en las previsiones para la Cámara de Representantes.

La estrategia presidencial ha adquirido un tono particularmente agresivo durante los últimos mítines. Trump no se limita a cuestionar los programas electorales de sus rivales. Los presenta como una amenaza para la seguridad nacional y utiliza términos asociados al extremismo violento, aunque no ha aportado pruebas que justifiquen sus acusaciones de yihadismo contra los candidatos señalados.

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Trump presenta las elecciones como una batalla por el futuro de Estados Unidos

El presidente estadounidense considera que los comicios del martes pueden determinar la continuidad de su proyecto político durante los dos años que restan de legislatura.

En sus intervenciones de campaña en Iowa y Kansas, Trump ha insistido en que los republicanos deben impedir que los demócratas recuperen el poder legislativo. Ha llegado a afirmar que su recorrido electoral tiene como objetivo evitar que «comunistas y yihadistas» contrarios a Estados Unidos se hagan con el control del Congreso.

El discurso forma parte de una campaña en la que el mandatario ha convertido las elecciones de mitad de mandato en un plebiscito sobre su presidencia. Aunque Trump no figura en las papeletas electorales, ha pedido a sus seguidores que voten como si él mismo fuera candidato.

Su argumento es sencillo: votar republicano significa proteger los resultados de su Gobierno, mientras que apoyar a los demócratas supondría facilitar el desmantelamiento de sus reformas.

Durante los mítines también ha defendido el endurecimiento de los controles fronterizos, las rebajas fiscales y las políticas de seguridad interior. Atribuye a su Administración importantes avances económicos y sostiene que el país atraviesa una etapa de prosperidad excepcional.

Sin embargo, esa imagen de prosperidad económica contrasta con las preocupaciones de numerosos estadounidenses por el coste de la vida, los precios energéticos y las consecuencias de la guerra con Irán.

La oposición demócrata ha aprovechado precisamente ese malestar económico para cuestionar el balance presidencial y pedir un cambio de mayoría en Washington.

Abdul El-Sayed, el candidato musulmán convertido en objetivo de Trump

Uno de los principales destinatarios de los ataques presidenciales es Abdul El-Sayed, candidato demócrata al Senado por Michigan y rival del republicano Mike Rogers.

El-Sayed es médico, epidemiólogo y antiguo responsable de salud pública de Detroit. Su candidatura tiene especial relevancia porque, de conseguir el escaño, se convertiría en el primer musulmán elegido para el Senado estadounidense.

Trump ha aprovechado su religión y sus antecedentes familiares para cuestionar su lealtad al país. En un mitin celebrado el 25 de octubre en Port Huron, Michigan, lo calificó repetidamente de «yihadista» y aseguró que su llegada al Senado supondría un peligro para la seguridad nacional.

El presidente también lo ha vinculado con los Hermanos Musulmanes, una organización islamista de la que determinadas ramas han sido designadas como terroristas por Estados Unidos.

El-Sayed ha rechazado reiteradamente cualquier vínculo con organizaciones extremistas y ha denunciado que los ataques contra su lealtad a Estados Unidos son vergonzosos.

Las acusaciones presidenciales no se han acompañado de pruebas que acrediten su pertenencia a grupos terroristas ni su defensa de la violencia religiosa.

La polémica por el detector de metales del Senado

Uno de los episodios más controvertidos se produjo durante un acto republicano en Dubuque, Iowa, el 1 de noviembre.

Trump insinuó que, si El-Sayed resultaba elegido, el Senado tendría que instalar un detector de metales especial para él.

El comentario provocó risas entre sus seguidores, pero también intensificó las críticas contra una campaña que presenta a un aspirante a un cargo público como una amenaza terrorista sin pruebas que lo respalden.

La polémica tiene una dimensión constitucional evidente. La Constitución de Estados Unidos prohíbe imponer requisitos religiosos para acceder a cargos públicos federales. Ser musulmán, cristiano, judío o ateo no determina la legitimidad de una candidatura.

El-Sayed, por su parte, ha tratado de centrar su campaña en cuestiones como la sanidad, la vivienda y las desigualdades económicas.

Su candidatura también ha provocado tensiones dentro del propio Partido Demócrata. La congresista Haley Stevens, derrotada por El-Sayed en las primarias de Michigan, ha anunciado su respaldo al republicano Mike Rogers, una decisión que ha generado un importante enfrentamiento entre dirigentes y militantes demócratas.

La carrera electoral de Michigan se ha convertido así en una de las más observadas del país, tanto por su importancia para el equilibrio del Senado como por la intensidad de los ataques personales.

Qué se decide en las elecciones de Estados Unidos del 3 de noviembre

Las elecciones de mitad de mandato, conocidas como midterms, se celebran cada dos años, coincidiendo alternativamente con las presidenciales y con el ecuador del mandato del presidente.

El martes 3 de noviembre de 2026, los estadounidenses votarán para renovar los 435 escaños de la Cámara de Representantes y elegir 35 de los 100 senadores. También están convocadas numerosas elecciones estatales y locales.

Actualmente, los republicanos controlan las dos cámaras del Congreso, una circunstancia que ha facilitado la aprobación de las iniciativas legislativas de Trump.

Una victoria demócrata en la Cámara de Representantes cambiaría considerablemente ese escenario.

La oposición podría bloquear determinadas iniciativas legislativas, intensificar las investigaciones parlamentarias sobre el Ejecutivo y aumentar el control político sobre la Administración.

Si los demócratas consiguieran también una mayoría en el Senado, el impacto sería todavía mayor, especialmente en cuestiones relacionadas con los nombramientos presidenciales y la aprobación de leyes.

Las previsiones electorales apuntan a una situación complicada para los republicanos en la Cámara de Representantes, mientras que la batalla por el Senado continúa abierta.

Los resultados dependerán de varias contiendas especialmente disputadas, entre ellas las de Michigan, Maine, Carolina del Norte, Ohio y Texas.

La «edad de oro» de Trump frente al malestar económico

La insistencia presidencial en presentar Estados Unidos como un país que vive una nueva edad dorada tiene un problema político: una parte importante del electorado no comparte ese diagnóstico económico.

Trump reivindica la fortaleza de su política fronteriza, los recortes fiscales y sus decisiones económicas como grandes éxitos de su segundo mandato.

Los demócratas, en cambio, han centrado buena parte de la campaña en el encarecimiento de los productos básicos, las dificultades de las familias para afrontar sus gastos y las consecuencias económicas de las decisiones comerciales y militares de Washington.

El precio de los combustibles y el impacto de la guerra con Irán han adquirido especial protagonismo en la recta final de la campaña.

La cuestión no es menor. Históricamente, las elecciones de mitad de mandato suelen convertirse en un examen de la gestión del presidente, incluso cuando su nombre no aparece en ninguna papeleta.

La formación que ocupa la Casa Blanca acostumbra a perder representación parlamentaria. Trump conoce esa tendencia y ha multiplicado sus apariciones públicas para movilizar a los votantes republicanos.

Su estrategia combina dos mensajes: el país está mejor que nunca bajo su dirección y todo ese progreso corre peligro si los demócratas recuperan el Congreso.

El contraste resulta llamativo. Mientras la oposición intenta situar el debate en el poder adquisitivo de los hogares, el presidente dedica una parte considerable de sus intervenciones a denunciar la supuesta presencia de extremistas entre sus adversarios políticos.

El control del Congreso marcará los dos últimos años de Trump

La votación del 3 de noviembre determinará hasta qué punto Donald Trump podrá seguir desarrollando su programa político sin enfrentarse a una mayoría parlamentaria adversa.

Si los republicanos conservan ambas cámaras, el presidente dispondrá de una situación favorable para impulsar sus prioridades legislativas hasta las elecciones presidenciales de 2028.

Si pierden la Cámara de Representantes, tendrá que negociar con los demócratas o recurrir con mayor frecuencia a las facultades ejecutivas que le permite su cargo. Una derrota en el Senado complicaría también la confirmación de sus candidatos para puestos relevantes de la Administración y la judicatura.

El mandatario ya había afirmado el 27 de octubre que aceptaría los resultados electorales si consideraba que los comicios habían sido limpios. También aseguró entonces que encontraría la manera de colaborar con los demócratas si obtenían la mayoría.

Son declaraciones que contrastan con la dureza de sus últimos discursos.

Trump afronta una prueba decisiva para la segunda mitad de su presidencia. Su campaña ha situado a los candidatos demócratas en el centro de acusaciones extraordinariamente graves, mientras reivindica una prosperidad económica que muchos votantes cuestionan.

Las urnas determinarán si ese mensaje ha servido para movilizar a sus seguidores o si el descontento económico y político termina dando a los demócratas el control de una o de las dos cámaras del Congreso.

Lo que está en juego no es la continuidad de Trump en la Casa Blanca, sino el poder real que conservará para gobernar durante los próximos dos años.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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