Síguenos

Mundo

Obama vuelve contra Trump y acelera la carrera demócrata hacia 2028

Obama vuelve a movilizar al voto demócrata contra Trump mientras Newsom, Harris, Buttigieg, Shapiro y otros nombres empiezan a mirar hacia 2028

Publicado

el

Obama en 2026

Imagen: The White House, dominio público.

Resumen

  • Obama vuelve a movilizar a los demócratas contra Trump en las legislativas
  • Newsom, Harris, Buttigieg y Shapiro ganan peso en la carrera hacia 2028
  • Las elecciones del 3 de noviembre serán la primera criba para esos aspirantes

Barack Obama ha vuelto a ocupar un lugar central en la política estadounidense. A pocos días de las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre, el expresidente recorre estados decisivos para movilizar al electorado demócrata y convertir el desgaste de Donald Trump en votos. Casi una década después de abandonar la Casa Blanca, sigue siendo uno de los pocos dirigentes del partido capaces de llenar un mitin, atraer atención nacional y hablar a distintas familias de la izquierda estadounidense.

Pero hay otra historia desarrollándose debajo de esa campaña. Los demócratas saben que Obama puede ayudarles en 2026, pero no resolverles 2028. Gavin Newsom, Josh Shapiro, Pete Buttigieg, Kamala Harris, Alexandria Ocasio-Cortez, Andy Beshear, Wes Moore y JB Pritzker están entre los dirigentes que acumulan visibilidad, apoyos y movimientos compatibles con una futura carrera presidencial. Jon Ossoff también aparece en las quinielas, aunque él ha rechazado por ahora la idea de competir por la Casa Blanca.

Obama no puede volver a ser elegido presidente después de haber ganado dos elecciones. Su papel es otro: ayudar a los demócratas a recuperar poder en el Congreso y ofrecer al partido un puente mientras emerge una nueva generación. La paradoja resulta difícil de ignorar. Una formación que busca renovarse continúa recurriendo a su líder más reconocible de hace dos décadas.

Canal oficial
El Folio en WhatsApp
Recibe las noticias más importantes, alertas y última hora.

Obama vuelve a ser el gran movilizador demócrata

El expresidente ha intensificado su participación durante la recta final de las legislativas. En Ohio respaldó al candidato al Senado Sherrod Brown y a la aspirante a gobernadora Amy Acton. En Míchigan hizo campaña junto a Abdul El-Sayed, representante del sector progresista, y después viajó a Georgia para apoyar al senador Jon Ossoff y a Keisha Lance Bottoms.

No se trata simplemente de prestar una fotografía conocida. Obama está siendo utilizado allí donde los demócratas necesitan aumentar la participación de su propia base, especialmente entre votantes afroamericanos, jóvenes y electores que anteriormente apoyaron al partido pero muestran menos entusiasmo ante esta convocatoria.

En Atlanta endureció el tono. Presentó las elecciones como una oportunidad para responder a dos años que describió con cuatro conceptos: caos, crueldad, corrupción e incompetencia. También ha cargado contra la gestión económica de Trump, el coste de la vida, los precios de la gasolina y las decisiones internacionales de su Administración.

La estrategia tiene lógica. Obama conserva algo que escasea actualmente dentro del Partido Demócrata: autoridad nacional sin ocupar ningún cargo. Joe Biden mantiene un perfil mucho más discreto y Kamala Harris sigue condicionada políticamente por su derrota presidencial de 2024. Bill Clinton conserva notoriedad, pero pertenece a una generación todavía más alejada del nuevo ciclo político.

Obama, en cambio, todavía puede intervenir en una campaña entre moderados y progresistas sin identificarse completamente con ninguno de los dos sectores. Su capacidad para hablar a distintas facciones sigue siendo uno de los activos más útiles del partido.

El duelo con Trump devuelve a Obama al centro de la campaña

Donald Trump también ha contribuido a convertir a su predecesor en protagonista. Ambos han intercambiado ataques durante la campaña, reproduciendo una rivalidad política que lleva más de una década acompañando a Estados Unidos.

Obama se burló de la ostentosa remodelación de la Casa Blanca impulsada por Trump y utilizó el asunto para contrastarla con las dificultades económicas de numerosas familias. Trump respondió llamándolo “estúpido”. Detrás del intercambio personal existe una batalla bastante más seria: movilizar a dos electorados que conocen perfectamente a ambos políticos.

Para los demócratas, Obama permite plantear un contraste reconocible entre dos presidencias y dos estilos políticos. Trump, por su parte, conserva una extraordinaria capacidad para convertir cualquier ataque contra él en combustible para su propia base electoral.

Las elecciones del 3 de noviembre renovarán los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 puestos del Senado, además de numerosas gobernaciones y cargos estatales. El resultado determinará hasta qué punto Trump puede mantener su agenda durante la segunda mitad de su mandato.

También servirá para medir algo que trasciende el Congreso: qué tipo de candidato demócrata puede competir con el trumpismo cuando Estados Unidos vuelva a elegir presidente en 2028.

La carrera demócrata de 2028 ya se mueve entre bastidores

Oficialmente, casi nadie está compitiendo. Políticamente, la competición ya ha comenzado. Los posibles aspirantes viajan por estados importantes, apoyan a candidatos locales, recaudan dinero, crean organizaciones políticas y construyen relaciones con dirigentes que podrían resultar decisivas dentro de dos años.

Es la tradicional primaria invisible estadounidense. Todavía no hay papeletas presidenciales ni una sucesión de debates entre aspirantes, pero sí movimientos que serán muy útiles si alguno decide anunciar formalmente una candidatura tras las legislativas.

El escenario está particularmente abierto porque los demócratas carecen de un sucesor evidente. La derrota de Harris en 2024 eliminó la continuidad automática que habría proporcionado una presidenta demócrata y dejó al partido discutiendo sobre qué debe cambiar para recuperar la Casa Blanca.

Una parte considera necesario recuperar a votantes de clase trabajadora que se desplazaron hacia Trump. Otra sostiene que el problema fue precisamente no defender con suficiente claridad políticas económicas y sociales más ambiciosas. Entre ambos sectores aparece una amplia colección de gobernadores, senadores y antiguos miembros de la Administración Biden tratando de demostrar que ellos sí conocen la combinación ganadora.

Newsom, Shapiro y Buttigieg buscan espacio propio

Gavin Newsom aparece inevitablemente en cualquier conversación sobre 2028. El gobernador de California ha construido durante años un perfil nacional basado en la confrontación directa con Trump y se ha convertido en uno de los demócratas más activos fuera de su propio estado.

Su principal fortaleza es también uno de sus problemas. California proporciona recursos, visibilidad y una enorme plataforma política, pero los republicanos utilizan habitualmente el estado como ejemplo de las políticas liberales que quieren combatir. Una candidatura de Newsom tendría que demostrar que su atractivo puede viajar mucho más allá de California.

Josh Shapiro, gobernador de Pensilvania, ofrece un perfil diferente. Gobierna uno de los territorios fundamentales para cualquier elección presidencial y puede presentar como argumento su capacidad para competir entre votantes moderados y de clase trabajadora. El rendimiento demócrata en Pensilvania durante estas legislativas será observado como una prueba de su modelo político.

Luego está Pete Buttigieg. El exsecretario de Transporte de Biden ya compitió en las primarias presidenciales de 2020 y se ha convertido en uno de los sustitutos electorales más activos del partido. Ha recorrido buena parte del país respaldando candidatos y construyendo una red política nacional.

Su ventaja es conocida: capacidad de comunicación, experiencia nacional y facilidad para debatir incluso en espacios mediáticos conservadores. El reto será demostrar que ese perfil puede transformarse en una coalición electoral suficientemente amplia para ganar unas primarias y después unas elecciones presidenciales.

Harris, Ocasio-Cortez y los gobernadores amplían el tablero

Kamala Harris continúa siendo imposible de descartar. Fue vicepresidenta, candidata presidencial en 2024 y dispone de una red política y financiera que cualquier rival necesitaría meses para construir. También carga con el hecho más incómodo: ya perdió unas elecciones presidenciales frente a Trump.

Harris ha mantenido abierta la posibilidad de volver a intentarlo y participa activamente en la campaña de las legislativas. Su decisión condicionará buena parte del tablero porque una segunda candidatura alteraría inmediatamente el reparto de apoyos, donantes y cuadros del partido.

En el ala progresista aparece Alexandria Ocasio-Cortez. La congresista neoyorquina posee una de las mayores capacidades de movilización de la izquierda estadounidense y ha incrementado su actividad política fuera de Nueva York. Su respaldo al candidato al Senado por Míchigan Abdul El-Sayed funciona también como una prueba para comprobar hasta dónde puede viajar el proyecto progresista.

El auge de figuras situadas a la izquierda del aparato tradicional ha reabierto una discusión que los demócratas llevan años arrastrando: si para recuperar la Presidencia necesitan acercarse al centro o presentar una agenda económica más agresiva que movilice a jóvenes y trabajadores desencantados.

Andy Beshear representa casi la tesis contraria. El gobernador de Kentucky ha ganado elecciones en un estado claramente republicano y utiliza esa experiencia para defender que los demócratas pueden volver a competir entre votantes rurales y conservadores sin abandonar sus posiciones básicas.

El gobernador de Maryland, Wes Moore, también acumula proyección nacional. Su perfil generacional, su experiencia militar y su capacidad para conectar con distintos sectores del electorado lo han situado entre los dirigentes observados de cara al próximo ciclo presidencial.

Y JB Pritzker, gobernador de Illinois, combina influencia política con una formidable capacidad financiera. Ha dedicado importantes recursos a apoyar candidatos demócratas y mantiene una confrontación frecuente con Trump. Si entra en la carrera, el dinero difícilmente será su principal problema.

Ossoff y otros nombres que pueden alterar la carrera

Jon Ossoff merece una categoría particular. El senador por Georgia ha ganado visibilidad nacional gracias a su capacidad para competir en uno de los estados más disputados de Estados Unidos y su reelección es una de las batallas relevantes de estas legislativas.

Su nombre aparece en conversaciones sobre 2028, aunque existe una diferencia importante respecto a otros posibles aspirantes: Ossoff ha negado querer presentarse. Ha sostenido que su intención, si es reelegido, es continuar desempeñando su mandato en el Senado.

Eso no elimina automáticamente las especulaciones. La política estadounidense tiene una larga colección de candidatos que descartaron una carrera presidencial antes de reconsiderarla. Pero conviene separar la expectativa creada alrededor de una figura emergente de una ambición presidencial reconocida.

La amplitud del tablero importa más que cualquier nombre aislado. Demócratas moderados, progresistas, gobernadores con experiencia ejecutiva y figuras procedentes de la Administración Biden empiezan a tomar posiciones. La conclusión provisional es bastante sencilla: no existe un favorito indiscutible para 2028.

Las legislativas serán la primera criba de 2028

Las elecciones de medio mandato ofrecen a todos estos dirigentes algo bastante más valioso que una encuesta presidencial realizada dos años antes de votar: resultados electorales reales.

Si Shapiro obtiene un buen resultado y los demócratas avanzan en Pensilvania, podrá argumentar que conoce la fórmula para recuperar territorios disputados. Si los candidatos respaldados por Beshear funcionan en estados conservadores, su discurso sobre la reconstrucción del voto rural ganará credibilidad. Si las apuestas progresistas de Ocasio-Cortez funcionan, la izquierda dispondrá de argumentos frente a quienes reclaman un desplazamiento hacia el centro.

Newsom podrá medir cuánto funciona su confrontación frontal con Trump fuera de California. Buttigieg, cuánto vale la enorme red de relaciones que está construyendo. Pritzker, si sus recursos y su organización se traducen en victorias. Moore, si su creciente popularidad puede convertirse en una marca política nacional.

Harris observará el resultado desde una posición peculiar. Entre los principales nombres que se manejan, es quien posee la experiencia más reciente de haber encabezado una candidatura presidencial demócrata. Esa trayectoria le proporciona una estructura política difícil de igualar, pero también la obliga a responder por la derrota de 2024.

Los resultados del 3 de noviembre no decidirán quién será el candidato demócrata de 2028. Sí pueden determinar quién entra fortalecido en la siguiente fase, quién pierde atractivo y qué argumento ideológico resulta más convincente para las bases del partido.

Obama gana tiempo mientras los demócratas buscan heredero

El regreso de Barack Obama muestra simultáneamente la ventaja y la debilidad del Partido Demócrata. Pocos dirigentes estadounidenses mantienen, tantos años después de dejar el poder, una capacidad parecida para movilizar votantes y dominar una campaña. Contar con él sigue siendo un activo extraordinario.

Tener que seguir contando con él también dice algo. La siguiente generación aparece, pero todavía carece de dueño. Newsom ofrece confrontación; Shapiro, experiencia en un estado bisagra; Buttigieg, comunicación; Harris, estructura y experiencia; Ocasio-Cortez, movilización progresista; Beshear, conexión con territorios republicanos; Moore, renovación; y Pritzker, músculo político y financiero.

Obama puede ayudar a los demócratas a contener a Donald Trump en 2026. La siguiente tarea será bastante más complicada: encontrar a alguien capaz de liderar el partido cuando Trump ya no pueda ser elegido otra vez presidente bajo las reglas constitucionales vigentes, pero el movimiento político construido alrededor de él continúe teniendo un enorme peso dentro del Partido Republicano.

Esa carrera todavía no tiene candidatos oficiales ni un favorito indiscutible. Pero los viajes, las campañas, el dinero y los apoyos indican que la batalla demócrata por 2028 ya está en marcha.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído