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El voto latino gana peso en la batalla por el Senado de Estados Unidos

El voto latino gana peso en las elecciones al Senado de EE.UU., con Texas, Ohio, Alaska y Kansas entre las carreras más disputadas del país.

Publicado

el

Senado de EE.UU.

Imagen: U.S. House of Representatives / Office of the Speaker, dominio público.

Resumen

  • El Senado renueva 35 escaños con la mayoría republicana en juego
  • Texas y Ohio concentran dos de las carreras más ajustadas
  • El voto latino gana peso entre inmigración y coste de vida

El control del Senado de Estados Unidos se juega el próximo 3 de noviembre en un puñado de estados donde diferencias de apenas unos puntos pueden modificar el equilibrio político de Washington. Los republicanos defienden su mayoría mientras los demócratas buscan recuperar terreno en unas elecciones en las que se renuevan 35 de los 100 escaños de la Cámara Alta.

En ese mapa cada vez más ajustado, el voto latino se ha convertido en una pieza importante, sobre todo en Texas, aunque su movilización también forma parte de la batalla electoral en Ohio, Alaska, Kansas y otros estados. La inmigración sigue pesando, pero no está sola: el coste de la vida, la vivienda, los salarios y la economía doméstica condicionan igualmente el voto de millones de ciudadanos hispanos.

Los análisis electorales sitúan entre siete y nueve carreras en una zona de incertidumbre antes de la votación. La consecuencia es sencilla: estados que hace unos años parecían relativamente previsibles han obligado a ambos partidos a invertir tiempo, dinero y capital político hasta el último tramo de campaña.

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Casi 39 millones de latinos pueden votar en estas elecciones

Cerca de 39 millones de ciudadanos latinos están habilitados para votar en estos comicios de medio mandato. Su peso electoral ha crecido de forma sostenida durante las últimas décadas y la movilización previa a las urnas está siendo especialmente intensa en 2026.

Más de 5,2 millones de hispanos habían emitido ya su voto anticipado a pocos días de las elecciones, frente a unos 2,9 millones en el mismo momento de las legislativas de 2022. El aumento supera el 80 %, una señal especialmente relevante en unas carreras donde algunas diferencias podrían terminar midiéndose en decenas de miles de papeletas.

Eso no convierte a los latinos en un bloque homogéneo. Ni mucho menos. Los republicanos consiguieron avanzar entre estos votantes en las presidenciales de 2024 y el comportamiento electoral cambia considerablemente según el estado, la edad, el origen familiar y la situación económica. Considerar el electorado hispano como una única categoría ideológica sirve cada vez menos para explicar lo que ocurre.

El coste de vida aparece entre sus principales preocupaciones, mientras las políticas migratorias de la Administración de Donald Trump han vuelto a colocar las deportaciones, las redadas y el papel del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas en el centro del debate político.

Texas convierte el voto latino en una cuestión nacional

Texas concentra buena parte de las miradas. El demócrata James Talarico intenta derrotar al republicano Ken Paxton en una carrera que se ha convertido en uno de los grandes campos de batalla por el Senado. Las encuestas han mostrado márgenes estrechos e incluso pequeñas ventajas para Talarico en la recta final.

El candidato demócrata ha buscado conectar con los votantes latinos mediante mensajes en español y referencias a sus propios orígenes familiares, mientras Paxton ha defendido posiciones más duras sobre inmigración y seguridad fronteriza. La disputa resulta particularmente significativa en un estado que Donald Trump ganó por más de 13 puntos en las presidenciales de 2024.

La posibilidad de una derrota republicana ha llevado al propio Trump a implicarse en la campaña texana con mítines y mensajes públicos contra Talarico. Para los republicanos, perder Texas tendría una dimensión que iría bastante más allá de un escaño: sería un golpe en uno de sus bastiones políticos más importantes.

Inmigración y bolsillo marcan la campaña en Texas

La inmigración ocupa una parte central de la campaña, aunque reducir el comportamiento de los votantes latinos a la frontera sería engañoso. Las preocupaciones por los precios, los salarios y la economía familiar compiten directamente con la política migratoria entre los asuntos que más influyen en la decisión electoral.

También existe una diferencia entre apoyar controles fronterizos y respaldar todas las medidas de la Administración. Parte del electorado hispano combina posiciones relativamente estrictas sobre seguridad con críticas a las redadas migratorias o con el apoyo a vías legales para personas que llevan años residiendo en Estados Unidos.

Ahí está una de las dificultades para ambos partidos. Los demócratas no pueden asumir que estos electores regresarán automáticamente a sus filas y los republicanos tampoco pueden dar por consolidado el avance logrado en anteriores elecciones. Texas se ha convertido en el ejemplo más visible de esa competencia por el voto latino.

Ohio y Carolina del Norte amplían el campo de batalla

Ohio ofrece otra carrera especialmente sensible. El demócrata Sherrod Brown intenta regresar al Senado frente al republicano Jon Husted, en una contienda donde la inmigración se ha mezclado con problemas económicos y debates propios del estado.

Brown ha dedicado parte de su campaña a defender el estatus de protección temporal para la comunidad haitiana y ha criticado determinadas actuaciones del ICE. Husted, por el contrario, mantiene una posición más dura en materia de seguridad e inmigración.

La población latina de Ohio tiene un peso proporcional menor que la de Texas, pero una carrera muy ajustada cambia las cuentas. Cuando los márgenes son reducidos, ningún grupo electoral con capacidad de movilización resulta irrelevante. El objetivo de los demócratas pasa precisamente por sumar apoyos entre latinos, independientes y antiguos votantes republicanos descontentos.

Carolina del Norte completa otro frente delicado para el Partido Republicano. El exgobernador demócrata Roy Cooper ha aparecido por delante del republicano Michael Whatley en los sondeos, en un estado marcado también por una intensa discusión sobre inmigración.

La campaña se desarrolla después de miles de detenciones de inmigrantes indocumentados y de una mayor colaboración entre las autoridades locales y las agencias federales. El estado representa uno de los escaños republicanos que los demócratas consideran más accesibles para construir una mayoría.

Alaska y Kansas complican el mapa republicano

La batalla se extiende incluso a territorios poco habituales en las quinielas demócratas. En Alaska, los latinos representan aproximadamente el 6,5 % de los electores registrados y la demócrata Mary Peltola ha llegado a la recta final con opciones reales frente al senador republicano Dan Sullivan.

Peltola posee además un perfil electoral capaz de atraer apoyos más allá de la base tradicional de su partido. Una victoria demócrata en Alaska tendría una notable repercusión nacional precisamente porque se trata de un estado donde los republicanos parten habitualmente con ventaja.

Kansas plantea una situación igualmente llamativa. El republicano Roger Marshall busca la reelección frente al demócrata Adam Hamilton, en una contienda donde las encuestas han llegado a mostrar prácticamente un empate.

Marshall ha moderado parte de su discurso migratorio durante la campaña, mientras Hamilton aspira a conseguir algo que ningún candidato demócrata logra en Kansas desde 1932: ganar un escaño del estado en el Senado de Estados Unidos.

Los votantes latinos representan alrededor del 9,4 % del electorado de Kansas. No son suficientes para determinar por sí solos el resultado, pero pueden resultar importantes dentro de una coalición más amplia cuando la diferencia entre candidatos es mínima.

Los demócratas necesitan abrir varios caminos hacia la mayoría

La aritmética del Senado obliga a mirar todas estas carreras de forma conjunta. Se renuevan 35 escaños, de los cuales 22 están actualmente en manos republicanas y 13 pertenecen a los demócratas. El partido que alcance 51 puestos tendrá el control de la Cámara Alta.

Por eso Texas importa tanto, pero también Ohio, Carolina del Norte, Alaska o Kansas. Los demócratas necesitan conquistar varios escaños republicanos sin perder los que defienden, mientras el Partido Republicano intenta evitar que el malestar económico y el desgaste político de la Casa Blanca ensanchen todavía más el mapa competitivo.

También existen otras carreras relevantes, como las de Iowa, Maine o Michigan. Un vuelco en cualquiera de ellas puede modificar las combinaciones necesarias para alcanzar la mayoría del Senado y, con ella, la capacidad de aprobar leyes, confirmar cargos y sostener la agenda presidencial durante los dos últimos años del mandato de Trump.

Una mayoría que puede decidirse por márgenes mínimos

El cambio de fondo no consiste simplemente en determinar si los latinos votarán más a demócratas o republicanos. La transformación está en que ningún partido puede seguir considerando ese electorado como una reserva automática de votos. Las prioridades económicas, la inmigración y las diferencias generacionales están fragmentando antiguas lealtades.

Texas será probablemente el gran escaparate por su tamaño y por su historia política. Ohio medirá la capacidad demócrata para recuperar terreno en un estado que se desplazó hacia los republicanos, mientras Alaska y Kansas mostrarán hasta dónde llega realmente la expansión del mapa competitivo.

Con decenas de carreras abiertas y una mayoría estrecha en Washington, unos pocos miles de papeletas pueden terminar teniendo consecuencias nacionales. El voto latino no decidirá por sí solo el Senado, pero en varios de los estados donde se juega el control de la Cámara Alta puede aportar precisamente el margen que separe una mayoría republicana de una demócrata.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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