Economía
Las grandes empresas europeas encaran otro trimestre de beneficios
Las cotizadas europeas mantienen el pulso: energía y tecnología empujan los beneficios, mientras el inmobiliario sufre el alto coste del dinero.
Resumen
- Los beneficios del STOXX 600 podrían crecer alrededor de un 21% interanual
- Energía y tecnología lideran el avance, mientras el inmobiliario retrocede
- Sin energía, el crecimiento previsto de los beneficios baja hasta el 9,7%
Las grandes compañías europeas llegan a la temporada de resultados del tercer trimestre con una expectativa poco habitual para una economía rodeada de tipos altos, tensiones geopolíticas y costes energéticos imprevisibles: sus beneficios podrían crecer alrededor de un 21% interanual. De cumplirse las previsiones, sería uno de los mejores trimestres de los últimos años para las empresas que forman el STOXX 600.
El dato tiene truco, aunque no pequeño. Buena parte del empuje procede de la energía y las materias primas, dos sectores beneficiados por el encarecimiento de los combustibles y las alteraciones en el suministro internacional. Al quitar la energía de la fotografía, el crecimiento previsto de los beneficios baja hasta aproximadamente el 9,7%. Sigue siendo sólido, pero la postal cambia bastante.
Europa gana dinero pese a un escenario económico incómodo
La temporada de resultados llega en un momento extraño. El coste de financiación continúa elevado en buena parte de las economías desarrolladas, los mercados de deuda atraviesan episodios de tensión y el petróleo ha vuelto a convertirse en una variable política casi diaria. Sobre el papel, no parece el escenario más cómodo para disparar beneficios empresariales.
Y, sin embargo, las previsiones apuntan a que las grandes cotizadas europeas habrían mantenido buena parte del impulso registrado durante el segundo trimestre, cuando el crecimiento de las ganancias alcanzó el 23,9%. El 21% estimado para el tercer trimestre supondría una ligera moderación, no un frenazo.
También las ventas ofrecen una lectura favorable. Los ingresos conjuntos de las compañías del STOXX 600 podrían crecer aproximadamente un 10,6% respecto al año anterior, un ritmo superior al observado durante buena parte de los últimos ejercicios.
Detrás aparece un factor bastante terrenal: muchas empresas están consiguiendo trasladar el aumento de sus costes a los precios sin destruir completamente la demanda. Eso sostiene facturación y márgenes. No es magia empresarial. Alguien, al final de la cadena, está pagando la factura.
La energía convierte el trimestre en una anomalía estadística
El auténtico motor de las cifras está en las compañías energéticas. Las previsiones apuntan a que sus beneficios podrían dispararse cerca de un 115,9% interanual durante el tercer trimestre.
El aumento se explica por el repunte de los precios de los hidrocarburos y por las perturbaciones de oferta asociadas a los conflictos internacionales y a los ataques contra infraestructuras energéticas rusas. El petróleo Brent subió con fuerza durante septiembre y los márgenes de refino del diésel alcanzaron niveles extraordinariamente elevados.
Eso multiplica los ingresos de petroleras y refinadoras y, de paso, distorsiona la comparación con otros sectores. Sin energía, el crecimiento de los beneficios europeos sigue siendo apreciable, pero pasa del espectacular 21% a ese 9,7% mucho más terrenal.
Tecnología también gana peso
La fotografía europea tampoco depende exclusivamente de petróleo y gas. El sector tecnológico ha ganado protagonismo conforme las inversiones ligadas a inteligencia artificial, centros de datos y semiconductores siguen creciendo.
A comienzos de octubre, las estimaciones para el beneficio tecnológico europeo apuntaban a un avance cercano al 23,8%, muy por encima del 13,1% que los analistas contemplaban en julio.
El mercado vigilará especialmente los resultados de ASML, una de las compañías más valiosas de Europa y pieza esencial de la industria mundial de fabricación de chips. También Ericsson figura entre las empresas que ayudarán a medir hasta qué punto la inversión tecnológica permanece resistente.
El consumo aguanta mejor de lo esperado
Uno de los elementos más interesantes del trimestre está fuera de las grandes cifras agregadas. La demanda europea no se ha desplomado como temían algunos inversores meses atrás.
La actividad empresarial de la eurozona alcanzó en septiembre su mayor ritmo de crecimiento en más de tres años y medio. El índice compuesto PMI subió hasta 53,1 puntos, claramente por encima del nivel de 50 que separa expansión y contracción. España volvió a situarse entre las economías con mejor comportamiento.
Ese colchón de consumo y actividad permite que muchas compañías mantengan precios elevados sin sufrir una caída equivalente de ventas. El fenómeno tiene límites, evidentemente. Una familia puede soportar determinados incrementos de precios durante unos meses; otra cosa es convertirlos en paisaje permanente.
Los beneficios empresariales muestran, por ahora, que una parte considerable del tejido corporativo europeo ha conseguido navegar ese equilibrio entre costes, precios y demanda.
No todos ganan: el inmobiliario se hunde
El contraste más llamativo aparece en el sector inmobiliario. Frente al salto de energía o tecnología, las compañías europeas del ladrillo podrían registrar una caída de beneficios cercana al 71,5% respecto al mismo periodo del año anterior.
Los tipos de interés elevados castigan especialmente a un negocio que vive del crédito, del coste de financiación y de las valoraciones de los activos. Un edificio puede seguir exactamente donde estaba; su precio financiero, no.
La divergencia entre sectores explica por qué conviene manejar con cuidado el dato agregado del STOXX 600. Hablar de un crecimiento del 21% no significa que Europa empresarial esté viviendo una fiesta homogénea. Hay ganadores muy claros, sectores resistentes y otros atrapados bajo una losa de financiación cara.
Automoción y telecomunicaciones enseñan otra cara del mercado
La automoción ha empezado a mostrar señales algo más favorables. Daimler Truck comunicó un aumento del 26% en sus ventas de vehículos durante el tercer trimestre, apoyado en la recuperación de Norteamérica y Europa.
En telecomunicaciones ocurre casi lo contrario. El sector sufrió una fuerte corrección bursátil después de que SpaceX ampliara su apuesta por las comunicaciones móviles vía satélite, aumentando la presión competitiva sobre operadores tradicionales como Deutsche Telekom, Orange, Telefónica o Vodafone.
Los beneficios corporativos pueden crecer mientras el mercado castiga determinadas acciones. Son cosas distintas. La Bolsa no paga solamente lo ganado ayer: intenta poner precio a lo que una empresa será capaz de ganar mañana.
Unos beneficios sólidos no eliminan los riesgos
El buen trimestre previsto llega mientras los mercados europeos siguen pendientes de los tipos de interés, la inflación y el precio de la energía.
La actividad económica ha mejorado, pero también han reaparecido presiones inflacionistas. En septiembre, la inflación de la eurozona subió hasta el 3,8%, mientras las expectativas de nuevas subidas de tipos por parte del Banco Central Europeo volvieron a ganar peso.
Para las empresas, esa combinación tiene doble filo. Una economía más activa facilita vender. Unos tipos altos encarecen la deuda, reducen inversiones y terminan presionando al consumidor.
El mercado de bonos ya ha dado algunos avisos. Las rentabilidades a largo plazo han subido con fuerza en Estados Unidos y Europa, obligando a los inversores a replantearse cuánto están dispuestos a pagar por cada euro de beneficio empresarial.
Dicho de otra manera: ganar más dinero no garantiza que una acción suba. Si el mercado esperaba todavía más, o si el coste del dinero aumenta demasiado, unas buenas cuentas pueden terminar recibidas con un encogimiento de hombros.
El cuarto trimestre apunta todavía más arriba
Las previsiones para finales de año son incluso más contundentes. A comienzos de octubre, los analistas calculaban que los beneficios del STOXX 600 podrían crecer alrededor de un 35,1% interanual durante el cuarto trimestre.
La cifra deberá tomarse con cierta prudencia. Las estimaciones cambian rápidamente cuando el petróleo se mueve, las divisas oscilan o una gran compañía revisa sus previsiones. Hace apenas una semana, por ejemplo, el crecimiento esperado para el tercer trimestre se situaba en el 19,4%; posteriormente fue elevado hasta el 21%.
Eso revela algo importante: el tono de las próximas presentaciones de resultados será casi tan relevante como los números publicados. Los inversores escucharán especialmente las previsiones para 2027, los costes salariales, la demanda del consumidor y la capacidad de mantener márgenes.
Europa llega fuerte, pero con beneficios a dos velocidades
Las grandes empresas europeas afrontan el tercer trimestre con unas cuentas bastante mejores de lo que sugeriría el ruido económico que las rodea. Un crecimiento esperado del 21% en los beneficios y del 10,6% en los ingresos dibuja un sector corporativo resistente, capaz todavía de vender más y proteger márgenes.
La cifra, eso sí, esconde una Europa empresarial profundamente desigual. Energía y tecnología tiran con fuerza, mientras el inmobiliario acusa de lleno el coste del dinero. Entre ambos extremos queda buena parte de la economía real: consumo que aguanta, empresas que suben precios, mercados que siguen premiando el crecimiento… y unos inversores que saben que el siguiente trimestre siempre empieza a descontarse antes de terminar el anterior.
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