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España

Así están las Fuerzas Armadas en 2026: efectivos, gasto y sueldos

España afronta 2026 con unas Fuerzas Armadas en plena modernización, unos 120.000 militares, más gasto y una revisión de salarios y plantilla.

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Helicoptero de la armada española en el Sahara

Por ISAF Headquarters Public Affairs Office from Kabul, Afghanistan - 081224-RCWPIO-001, CC BY 2.0, Wikimedia Commons

Resumen

  • España cuenta con unos 120.000 militares y quiere llegar a 127.500 en 2029
  • Defensa acelera la modernización con más gasto, Eurofighter, Dragón y S-80
  • Los sueldos mejoran, pero la tropa sigue partiendo de nóminas ajustadas

El desfile del 12 de octubre dejó en Madrid la estampa que cada año se asocia con mayor facilidad al Ejército: uniformes de gala, aeronaves sobre el Paseo del Prado, blindados, banderas y unidades avanzando con precisión milimétrica. En 2026 participaron más de 4.300 efectivos, 183 vehículos y 82 aeronaves. Pero un desfile sirve para mostrar una parte del inventario, no para medir la salud de unas Fuerzas Armadas. La fotografía real aparece cuando se miran efectivos, despliegues, presupuesto, renovación de material y nóminas.

Y esa fotografía tiene claroscuros. España dispone de unas Fuerzas Armadas profesionales de alrededor de 120.000 hombres y mujeres, mantiene miles de militares desplegados fuera del país y está ejecutando uno de los mayores ciclos de modernización de las últimas décadas. Al mismo tiempo, necesita más personal, conserva sistemas que se acercan al final de su vida útil y está incorporando lentamente algunos equipos llamados a definir el Ejército de los próximos veinte años. Defensa pretende llegar a 127.500 militares en servicio activo en 2029, unos 7.500 más que el punto de partida del actual proceso de crecimiento.

Unas Fuerzas Armadas de unos 120.000 militares

La primera cifra importante no está en los carros de combate, sino dentro de ellos. El Ministerio de Defensa sitúa en torno a 120.000 el número de integrantes de las Fuerzas Armadas y ha reconocido la necesidad de aumentar la plantilla. El objetivo fijado en el planeamiento militar es alcanzar los 127.500 efectivos en 2029.

España se encuentra, por tanto, todavía lejos del techo legal de entre 130.000 y 140.000 militares profesionales en servicio activo que contempla la Ley de la carrera militar. No significa que haya que alcanzar necesariamente ese máximo, pero ayuda a entender el tamaño relativamente contenido del modelo español. La misma ley establece un máximo de 50.000 oficiales y suboficiales dentro de esa plantilla global.

Para acelerar el crecimiento, Defensa ha lanzado en 2026 una oferta especialmente amplia: 11.913 plazas nuevas, de las que 9.050 corresponden al acceso a tropa y marinería y 2.863 al ingreso en centros de formación de oficiales y suboficiales. La convocatoria casi duplica las plazas ofrecidas en 2017.

Hay otro dato revelador. La normativa permite que la plantilla de tropa y marinería alcance un máximo de 79.000 efectivos a finales de 2026. Son precisamente soldados, cabos y marineros los que sostienen buena parte de la actividad cotidiana de las unidades y donde cualquier déficit se nota con rapidez: guardias, maniobras, mantenimiento, despliegues y servicios que sobre el papel parecen pequeños pero, sumados, llenan el calendario.

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El tamaño de las Fuerzas Armadas españolas se entiende mejor al compararlo con su nivel de actividad. Durante 2026 España participa en 17 misiones en el exterior, con una media cercana a 3.000 militares desplegados simultáneamente en cuatro continentes. Hay presencia española en el flanco oriental de la OTAN, Líbano, Irak, operaciones navales, vigilancia aérea y misiones europeas en África, entre otros escenarios.

Solo durante 2025 pasaron por contingentes internacionales 21.696 militares españoles, consecuencia del sistema de rotaciones. Es decir, los 3.000 desplegados en un momento determinado son apenas la fotografía de un día; detrás hay decenas de miles de profesionales entrando y saliendo de operaciones, preparación previa y posteriores periodos de recuperación y mantenimiento.

Ese ritmo explica una parte del problema estructural. Tener 120.000 efectivos no equivale a disponer de 120.000 militares operativos para cualquier misión: existen centros de enseñanza, mandos, logística, mantenimiento, sanidad, administración, unidades de apoyo y personal en distintas fases de preparación. El músculo operativo siempre es menor que la cifra escrita en una estadística.

El salto del gasto: del 1,4% al entorno del 2% del PIB

La transformación más visible de los últimos años está en el dinero. España pasó de dedicar aproximadamente el 1,4% del PIB a seguridad y defensa en 2024 a plantear un gasto equivalente al 2% en 2025, mediante una inversión adicional de 10.471 millones de euros. El volumen total anunciado para ese ejercicio ascendía a 33.123 millones.

Ese aumento no significa que 33.123 millones aparezcan simplemente bajo una única partida denominada Ministerio de Defensa. La contabilidad utilizada para calcular el esfuerzo militar incluye diferentes programas y conceptos admitidos dentro del marco de seguridad y defensa. De ahí que comparar únicamente el presupuesto tradicional del ministerio con el porcentaje del PIB pueda producir cifras aparentemente contradictorias.

Hay otra peculiaridad en 2026: España continúa funcionando con los Presupuestos Generales del Estado de 2023 prorrogados, mientras determinadas inversiones se articulan mediante transferencias, créditos y programas específicos. El Gobierno autorizó en junio de 2026 otros 1.399 millones de euros hacia Industria para actuaciones vinculadas al Plan Industrial y Tecnológico de Seguridad y Defensa.

El dinero, en cualquier caso, ha empezado a traducirse en contratos. El plan de modernización sumó 31 nuevos programas especiales, y para el periodo 2025-2032 se habían aprobado proyectos de modernización por más de 14.400 millones de euros. No todo llegará mañana por la mañana. Un submarino, una fragata o un caza necesitan años desde que se firma el cheque hasta que una tripulación puede utilizarlos de manera plenamente operativa.

Tierra: el Dragón empieza a llegar después de años de espera

El Ejército de Tierra ilustra muy bien esa situación intermedia. Conserva material perfectamente utilizable y capacidades pesadas importantes, pero necesita sustituir vehículos antiguos y adaptar sus brigadas a un tipo de guerra donde mandan los drones, la información en tiempo real, la protección electrónica y la capacidad de detectar antes de ser detectado.

El VCR 8×8 Dragón es probablemente el símbolo más evidente. En enero de 2026 se entregaron 40 unidades al Ejército, después de un programa que había acumulado retrasos y había llegado a provocar públicamente la preocupación del Ministerio de Defensa. La primera fase contempla 348 vehículos, dentro de una planificación histórica mucho mayor.

El Dragón debe ir sustituyendo plataformas veteranas y proporcionar más protección, movilidad y potencia de combate. Pero 40 vehículos no transforman por sí solos todo un Ejército. La modernización terrestre también pasa por los Leopard 2E, los vehículos Pizarro, futuros vehículos de apoyo de cadenas, nuevas comunicaciones, artillería, defensa antiaérea, munición y sistemas no tripulados. Una brigada moderna no es un catálogo de blindados: funciona o fracasa como sistema completo.

Y ahí está uno de los retos españoles. Comprar el equipo luce mucho; mantenerlo durante treinta años, disponer de munición suficiente, repuestos, mecánicos formados y horas de entrenamiento sale bastante menos en televisión. También cuesta dinero. Mucho.

Aire y mar: Eurofighter, F-18 y los nuevos submarinos S-80

En el Ejército del Aire y del Espacio, España está renovando progresivamente su aviación de combate mediante nuevos Eurofighter, destinados entre otras funciones a sustituir a los F-18 que han servido durante décadas. En 2026 las unidades de Canarias ya preparaban la incorporación de los nuevos aparatos y Defensa reclamaba a la industria que las entregas del programa Halcón cumplieran prestaciones y plazos.

No es un detalle menor. El caza sigue siendo una de las capacidades militares más caras de mantener: horas de vuelo, motores, radares, armamento, simuladores y formación de pilotos. España está mejorando esa capacidad, aunque durante unos años seguirá existiendo una convivencia inevitable entre plataformas veteranas y nuevas.

En la Armada ocurre algo parecido, quizá de forma todavía más gráfica. El S-81 Isaac Peral, primer submarino de la clase S-80, ya está plenamente operativo. Su hermano, el S-82 Narciso Monturiol, comenzó las pruebas de mar en 2026 y tiene prevista su entrega a finales de año; los S-83 y S-84 continúan avanzando en construcción. En agosto, S-81 y S-82 navegaron juntos por primera vez frente a Cartagena.

El programa devuelve a España una capacidad submarina diseñada y construida en el país, aunque la transición ha sido larga. El S-81 y el S-82 recibirán además su sistema de propulsión independiente del aire durante futuras grandes revisiones; los S-83 y S-84 lo incorporarán de origen.

A ello se suma la renovación de las fragatas y el resto de programas navales. La conclusión se repite: en 2026 España no tiene unas Fuerzas Armadas congeladas en el pasado, pero tampoco ha terminado su modernización. Está justo en mitad de un proceso de renovación profundo.

Cuánto cobra un militar español en 2026

La otra cara del desfile es bastante menos vistosa: la nómina. Y aquí conviene separar sueldo base de salario real, porque decir que un soldado cobra únicamente su sueldo base lleva a cifras engañosas. Los militares perciben sueldo, pagas extraordinarias y distintos complementos por empleo, puesto, dedicación, destino, residencia, antigüedad o determinadas circunstancias del servicio.

En 2026, un soldado o marinero temporal encuadrado en el subgrupo C2 tiene un sueldo base de 749,58 euros mensuales en las mensualidades ordinarias, más dos pagas extraordinarias y complementos. En términos habituales, su remuneración se sitúa alrededor de 1.200 euros mensuales en 14 pagas, aunque el importe efectivo puede aumentar según destino y funciones. Para personal permanente C1, el sueldo base ronda los 900,63 euros y la remuneración habitual se mueve alrededor de 1.400 euros mensuales en 14 pagas antes de incorporar determinados complementos individuales.

El salto entre empleos es considerable. Las referencias retributivas de 2026 sitúan a un sargento alrededor de 24.982 euros brutos anuales, un teniente en unos 30.432, un capitán cerca de 33.991, un coronel en aproximadamente 42.105 y un general de Ejército, almirante general o general del Aire cerca de 59.883 euros anuales, antes de que la situación personal y determinados complementos modifiquen la nómina concreta.

En 2025 se revisó de manera específica el complemento general del personal militar. Para un soldado o marinero quedó establecido en 382,48 euros mensuales, frente a cantidades progresivamente superiores conforme aumenta el empleo: 522,34 euros para un sargento, 596,09 para un teniente y 1.160,44 euros para un coronel, por citar algunos ejemplos.

A esa mejora se ha sumado la actualización general del empleo público. Las retribuciones aumentaron un 2,5% en 2025 y en 2026 se aplica un 1,5% fijo, con otro 0,5% condicionado a que el IPC anual alcance al menos el 1,5%; esa parte, si se activa, se abonaría en el primer trimestre de 2027 con efectos desde enero de 2026.

No son salarios extraordinarios cuando se ponen al lado de la disponibilidad que exige la profesión. Una misión exterior, una navegación prolongada, unas maniobras de varias semanas o una guardia no caben limpiamente dentro de un horario de oficina. Ese es precisamente el motivo por el que el régimen retributivo militar incorpora tantos complementos: dos personas con el mismo empleo pueden acabar cobrando cantidades distintas.

Una novedad desde octubre: jornada general de 35 horas

Desde el 10 de octubre de 2026, la jornada ordinaria de los militares ha quedado fijada con carácter general en 35 horas semanales de trabajo efectivo de promedio anual. Para puestos de especial dedicación sigue siendo de 37,5 horas.

La cifra, naturalmente, tiene letra pequeña castrense. Las necesidades del servicio, guardias, operaciones, ejercicios, navegaciones y periodos de instrucción siguen teniendo su propio régimen. Un buque no regresa a puerto porque el reloj marque las dos de la tarde ni una unidad abandona unas maniobras porque haya completado su cómputo semanal. La norma mejora las condiciones ordinarias y la conciliación, pero no convierte la vida militar en un horario administrativo convencional.

Más capacidad, pero también más obligaciones

Después del 12-O, el estado real de las Fuerzas Armadas españolas puede resumirse sin triunfalismos ni catastrofismos. España tiene unas Fuerzas Armadas profesionales, experimentadas y muy activas internacionalmente, con unos 120.000 integrantes y una media de 3.000 militares desplegados en el exterior. Al mismo tiempo, Defensa considera necesario elevar la plantilla hasta 127.500 efectivos en 2029.

Hay más dinero que hace pocos años y existe una cartera amplia de modernización. Llegan Eurofighter, avanzan los submarinos S-80, aparecen los primeros Dragón y se invierte en ciberdefensa, comunicaciones, espacio y sistemas cada vez más digitalizados. Pero la renovación no ocurre de golpe: material nuevo y plataformas veteranas convivirán durante años, y algunos grandes programas han sufrido retrasos.

Por debajo de las cifras queda la cuestión menos vistosa y probablemente más importante: las personas. Reclutar técnicos, pilotos, mecánicos, especialistas en comunicaciones, ciberdefensa, marineros y tropa; formarlos durante años y conseguir que permanezcan en uniforme. Un sistema de armas puede comprarse. La experiencia no.

El desfile enseña la parte ceremonial y, sí, también una parte de la potencia militar. Pero el Ejército que cuenta de verdad aparece al día siguiente: 120.000 profesionales, 17 misiones internacionales, miles de millones comprometidos en modernización y una tropa cuyos salarios siguen empezando en cifras bastante terrenales. Ahí está la radiografía de las Fuerzas Armadas españolas de 2026.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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