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Rusia asegura haber derribado 604 drones ucranianos, 417 hacia Moscú

Rusia asegura haber interceptado 604 drones ucranianos, 417 en dirección a Moscú, durante una ofensiva nocturna que alteró el tráfico aéreo.

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Soldado bajo drones ucranianos

By Lycksele-Nord - Own work, CC BY-SA 4.0, Wikimedia Commons

Resumen

  • Rusia afirma haber derribado 604 drones ucranianos en una sola noche
  • 417 aparatos se dirigían hacia la región de Moscú, según sus autoridades
  • El ataque provocó cierres temporales en varios aeropuertos rusos

Rusia asegura haber interceptado y destruido 604 drones ucranianos de largo alcance durante la noche del 12 al 13 de octubre, en una de las mayores oleadas de ataques aéreos registradas en territorio ruso durante los últimos meses. El principal foco estuvo en Moscú: según el alcalde de la capital, Serguéi Sobianin, 417 aparatos volaron en dirección a la región moscovita durante unas diez horas y media.

La magnitud obliga, eso sí, a colocar un asterisco figurado junto a las cifras. Los datos proceden del Ministerio de Defensa ruso y de autoridades regionales y no han podido ser verificados de forma independiente. Moscú sostiene que la mayor parte de los drones fueron neutralizados antes de alcanzar sus objetivos y que 65 fueron destruidos ya en los accesos a la capital.

El ataque se extendió mucho más allá del cinturón de Moscú. Las defensas rusas actuaron sobre 15 regiones y el mar de Azov, según el parte militar, mientras varios aeropuertos suspendieron temporalmente sus operaciones. Hasta primeras horas de este martes no se habían comunicado víctimas mortales ni daños relevantes en refinerías u otras grandes instalaciones energéticas.

Moscú concentra buena parte de una oleada de 604 drones

La ofensiva comenzó durante la tarde del lunes 12 de octubre y se prolongó hasta la mañana del martes. El Ministerio de Defensa ruso aseguró que sus sistemas antiaéreos interceptaron 604 aparatos de ala fija entre las 20:00 y las 08:00, hora de Moscú.

Sobianin situó en 417 el número de drones que avanzaron hacia la región de Moscú entre las 20:30 y las 07:00. Según su versión, la mayoría fue neutralizada a considerable distancia de la capital y otros 65 aparatos fueron abatidos durante la aproximación.

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No significa que 417 drones alcanzaran Moscú ni que todos llegaran a sobrevolar la ciudad. El dato describe los aparatos que, según las autoridades rusas, seguían una trayectoria hacia la región metropolitana. Es una diferencia importante: en una guerra de cifras, trayectorias y partes militares, una palabra mal colocada puede convertir cientos de kilómetros de distancia en una imagen bastante distinta.

La oleada, en cualquier caso, vuelve a mostrar hasta qué punto los drones de largo alcance se han instalado en la guerra como una herramienta capaz de trasladar el frente muy lejos de las trincheras ucranianas.

Los aeropuertos de Moscú suspenden temporalmente sus vuelos

El ataque tuvo consecuencias inmediatas sobre la aviación civil. Las autoridades rusas impusieron restricciones temporales en varios aeropuertos para evitar que aviones comerciales coincidieran en el espacio aéreo con drones o con la actividad de los sistemas antiaéreos.

Entre las instalaciones afectadas estuvieron Domodédovo, Vnúkovo y Zhukovski, mientras las informaciones difundidas durante la madrugada también señalaron restricciones en Sheremétievo. Otros aeropuertos regionales rusos adoptaron medidas semejantes.

Este tipo de interrupciones se ha convertido en uno de los efectos más visibles de las campañas de drones sobre territorio ruso. Incluso cuando los aparatos son interceptados antes de alcanzar un objetivo militar o industrial, la defensa aérea obliga a cerrar corredores, modificar rutas y mantener temporalmente aeronaves en tierra. La guerra entra así por las pantallas de salidas y llegadas.

Kaluga registra daños en una escuela y dos viviendas

Uno de los pocos balances materiales confirmados por las autoridades locales llegó desde Kaluga, situada unos 180 kilómetros al suroeste de Moscú y en una de las rutas posibles hacia la capital.

El gobernador regional, Vladislav Shapsha, aseguró que las defensas derribaron 73 drones durante la noche. En el distrito de Mosalski resultaron dañados el edificio de una escuela, dos viviendas particulares y un automóvil. No se comunicaron víctimas.

Kaluga ha sufrido repetidos ataques durante las últimas semanas. Su posición geográfica, entre Ucrania y el área metropolitana de Moscú, la convierte en un corredor especialmente expuesto tanto al paso de drones como a las operaciones de interceptación.

Sin daños confirmados en refinerías ni grandes instalaciones

La ausencia de daños conocidos en instalaciones petroleras resulta especialmente relevante. Ucrania ha convertido durante la guerra las refinerías, depósitos de combustible e infraestructuras logísticas rusas en objetivos recurrentes de sus drones de largo alcance, tratando de erosionar tanto el suministro militar como una fuente de ingresos fundamental para Moscú.

En este ataque, sin embargo, las primeras informaciones no registran impactos confirmados sobre refinerías ni sobre grandes infraestructuras energéticas. Tampoco existen por el momento datos independientes suficientes para determinar cuántos de los 604 drones citados por Rusia fueron realmente destruidos, cuántos fueron desviados mediante guerra electrónica y cuántos pudieron caer por otras causas.

Esa cautela importa. Los partes de guerra suelen mezclar información operativa, propaganda y datos imposibles de contrastar en tiempo real. 604 es la cifra comunicada por Moscú, no un recuento realizado por observadores independientes.

No es un récord, pero confirma el salto de escala

Pese a su espectacularidad, la ofensiva del 13 de octubre no representa necesariamente el mayor ataque reciente contra la región de Moscú. Las propias autoridades rusas aseguraron que el 6 de octubre unos 650 drones se dirigieron hacia el área moscovita, y han comunicado operaciones todavía mayores durante septiembre.

La sucesión sí dibuja una tendencia difícil de ignorar. Las oleadas ya no se miden únicamente en decenas de aparatos. En determinados ataques se habla de cientos de drones lanzados simultáneamente para saturar radares, obligar a consumir interceptores, buscar huecos en las defensas y mantener durante horas a los sistemas antiaéreos en máxima actividad.

Ahí está una de las transformaciones más profundas de esta guerra. Un dron es mucho más barato que un avión de combate y, en muchos casos, también que el misil empleado para derribarlo. Lanzar centenares al mismo tiempo fuerza al adversario a resolver una ecuación incómoda: qué interceptar, con qué sistema y a qué coste.

La guerra aérea se aleja cada vez más del frente

Ucrania ha desarrollado durante los últimos años una capacidad creciente para fabricar y emplear drones capaces de recorrer centenares de kilómetros. Rusia, por su parte, mantiene una enorme campaña aérea sobre ciudades e infraestructuras ucranianas mediante drones, misiles de crucero y armamento balístico.

El resultado es una guerra que hace tiempo dejó de limitarse a la línea del frente. Moscú, Kiev, instalaciones industriales situadas en la retaguardia y redes energéticas a cientos de kilómetros de las posiciones terrestres forman parte del mismo tablero.

La presión tiene también una dimensión económica. Cada ataque obliga a movilizar radares, baterías antiaéreas, unidades de guerra electrónica y servicios de emergencia. Aunque un dron no alcance su objetivo, puede haber obligado al adversario a gastar recursos considerablemente superiores a su propio precio.

El ataque llega en plena disputa por la tregua energética

La oleada coincide, además, con un momento diplomático particularmente extraño. El presidente estadounidense, Donald Trump, había anunciado una tregua sobre ataques contra infraestructuras energéticas de Rusia y Ucrania, pero el Kremlin evitó confirmar que existiera un compromiso formal en esos términos.

Kiev denunció poco después un nuevo ataque ruso contra instalaciones energéticas ucranianas. Moscú, mientras tanto, mantiene que pretende una solución de largo plazo y no una simple tregua temporal.

En ese escenario aterriza el ataque de más de 600 drones. Por ahora no hay constancia de que la ofensiva ucraniana haya alcanzado instalaciones energéticas rusas, por lo que sería precipitado presentarla como una violación de ese eventual entendimiento. El episodio demuestra, más bien, lo frágil que resulta hablar de desescalada mientras los ataques de largo alcance continúan prácticamente a diario.

Moscú vuelve a sentir una guerra que ya no queda lejos

Los 604 drones anunciados por Rusia y, sobre todo, los 417 que según Sobianin se dirigieron hacia la región de Moscú muestran una realidad cada vez más incómoda para el Kremlin: la profundidad territorial ofrece menos protección que al comienzo de la invasión.

Ucrania no dispone de la superioridad aérea convencional de Rusia, pero ha encontrado en los sistemas no tripulados una forma de llevar la presión militar hasta cientos de kilómetros detrás del frente. No siempre consigue impactos relevantes. A veces, aparentemente, ni siquiera se acerca. Pero obliga a activar defensas, cerrar aeropuertos y acostumbrar a grandes ciudades rusas al sonido de las alarmas.

La noche del 13 de octubre deja así una imagen muy concreta de la evolución del conflicto: cientos de drones sobre el mapa ruso, aeropuertos detenidos y defensas trabajando durante horas. La tecnología ha estirado el campo de batalla. Y Moscú, que durante buena parte de la guerra parecía observarlo desde muy lejos, está cada vez más dentro de él.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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