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Gaza: 1,4 millones afrontan grave inseguridad alimentaria en invierno
Más de 1,4 millones de personas en Gaza afrontarán inseguridad alimentaria grave hasta diciembre, entre falta de agua, alimentos y refugios.
Resumen
- Más de 1,4 millones de personas afrontarán inseguridad alimentaria grave
- La falta de agua potable y alimentos nutritivos agrava la crisis
- El invierno llega con cientos de miles de gazatíes bajo lonas y tiendas
La crisis alimentaria de Gaza vuelve a endurecerse cuando el invierno empieza a asomar. Más de 1,4 millones de personas, alrededor de dos tercios de la población de la Franja, afrontarán hasta diciembre niveles altos de inseguridad alimentaria aguda, según las últimas proyecciones internacionales recogidas por Emergency. La organización advierte de que la comida disponible sigue siendo insuficiente en cantidad y, sobre todo, en calidad nutricional.
El problema ya no puede medirse únicamente por la existencia de alimentos en los mercados. En Gaza pesan al mismo tiempo los precios, la destrucción de los medios de vida, la dependencia de la ayuda, la escasez de agua potable, las dificultades para mantener una dieta adecuada y unas condiciones de alojamiento que vuelven a deteriorarse cuando llegan la lluvia y el frío. El invierno, esta vez, no es un detalle meteorológico: es un multiplicador de la emergencia.
Más de 1,4 millones de personas en situación de crisis o peor
La cifra procede de la Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria en Fases, conocida por sus siglas IPC. Su proyección para el periodo comprendido entre julio y diciembre de 2026 calcula que más de 1,4 millones de habitantes, el 67% de la población analizada, se encontrarán en fase 3 o superior.
Conviene precisar el término. No significa que 1,4 millones de personas hayan sido declaradas en situación de hambruna. La fase 3 del IPC corresponde a una situación de crisis alimentaria y por encima aparecen niveles aún más severos. Dentro de esa población, unas 212.000 personas están proyectadas en fase 4, denominada “emergencia”. El dato, por sí solo, ya describe hasta qué punto la recuperación continúa agarrada con alfileres.
La tendencia tampoco ofrece demasiado margen. Entre mediados de abril y finales de junio eran algo más de 1,2 millones las personas clasificadas en crisis o en una situación peor. Para el segundo semestre, la previsión supera los 1,4 millones. Es decir, las mejoras registradas tras el alto el fuego de octubre de 2025 no se han consolidado.
El Programa Mundial de Alimentos sigue asistiendo cada mes a alrededor de 1,5 millones de personas mediante harina, pan, comidas preparadas, paquetes de alimentos, apoyo nutricional y ayudas económicas. Esa asistencia continúa funcionando como una red de supervivencia para buena parte de Gaza. Si disminuye, el equilibrio puede romperse con rapidez.
Comer no basta cuando faltan alimentos nutritivos
Emergency, que mantiene dos clínicas en Al Qarara y Al Mawasi, pone el foco en algo menos visible que una estantería vacía: el valor nutricional de lo que consigue llegar a las familias. Hay alimentos disponibles, sí, pero eso no implica que permitan cubrir las necesidades de niños, embarazadas, enfermos o personas debilitadas después de años de guerra y desplazamientos.
La organización ya había alertado durante 2026 de la entrada de productos de escaso interés nutricional mientras seguían faltando alimentos básicos más adecuados. Una bolsa de patatas fritas, unos dulces o una bebida azucarada aportan calorías; difícilmente sustituyen una alimentación capaz de contener la malnutrición infantil o facilitar la recuperación de un paciente.
A este escenario se suma el precio. Emergency sostiene que los alimentos y otros productos esenciales cuestan de media un 207% más que antes de la guerra. Tener comida físicamente delante y poder comprarla son dos cosas distintas. En una economía devastada, con familias que han perdido casas, trabajos, tierras y ahorros, esa diferencia se convierte en una frontera bastante real.
El agua limpia se convierte en otro riesgo para los niños
La falta de agua potable atraviesa toda la emergencia. Emergency ha llamado la atención sobre una escena doméstica aparentemente sencilla: preparar un biberón. Cuando un bebé necesita leche de fórmula, hacerlo con agua contaminada o insegura eleva de forma notable el peligro de infecciones y enfermedades gastrointestinales.
No es un problema marginal. A comienzos de octubre, alrededor del 74% de la población de Gaza dependía del reparto de agua mediante camiones. Las dos plantas desalinizadoras del sur habían reducido su producción por falta de repuestos y equipamiento, comprometiendo el abastecimiento de unas 500.000 personas en Deir al Balah y Jan Yunis.
La combinación es particularmente áspera: menos agua segura, saneamiento deteriorado, hacinamiento y un sistema sanitario bajo una presión constante. Durante el verano ya se habían detectado numerosos casos de enfermedades cutáneas, diarrea acuosa e infecciones respiratorias. Con temperaturas más bajas y refugios húmedos, el invierno añade otro frente a una población que lleva demasiado tiempo viviendo en provisionalidad.
El invierno encuentra a cientos de miles de gazatíes bajo lonas
La comida es la emergencia inmediata, pero Emergency ha lanzado también una advertencia sobre los refugios. Las primeras lluvias han encontrado a muchas familias viviendo en tiendas deterioradas, algunas utilizadas durante meses y con una protección mínima frente al agua, el viento y el frío.
La escala del problema es enorme. El 94% de la población de Gaza necesita algún tipo de asistencia relacionada con alojamiento o bienes básicos para el hogar, mientras que alrededor del 65% de los hogares continúa viviendo en tiendas o estructuras improvisadas prácticamente incapaces de aislar de la intemperie.
La lluvia tiene aquí consecuencias bastante menos románticas que contemplarla detrás de una ventana. Puede inundar una tienda, empapar colchones, contaminar zonas de saneamiento y obligar a una familia a desplazarse otra vez. Se han identificado 217 asentamientos con riesgo medio o alto de inundación, donde viven aproximadamente 235.000 personas. Otros miles permanecen en edificios dañados cuya estabilidad tampoco está garantizada.
Tiendas, lonas y materiales que no llegan al ritmo necesario
Emergency reclama que se permita y acelere la entrada de materiales para reparar tiendas y levantar refugios más sólidos antes de que se generalicen las lluvias y bajen las temperaturas. Las restricciones sobre determinados materiales y equipos, sumadas a la falta de financiación, están frenando la preparación para la estación fría.
Las existencias son limitadas frente a la dimensión de la necesidad. En septiembre, las organizaciones humanitarias disponían o tenían en proceso de adquisición unas 17.000 tiendas y soluciones de impermeabilización para aproximadamente 50.000 hogares, una capacidad muy inferior al número de personas que necesitan protección adecuada.
El precedente del invierno anterior pesa. Al menos 11 niños murieron por hipotermia durante la última temporada fría. En una vivienda convencional, unos grados menos obligan a sacar una manta. En una tienda mojada, sin calefacción segura, con ropa escasa y niños malnutridos, esos mismos grados cambian de categoría.
Un alto el fuego que no ha reconstruido la vida cotidiana
El alto el fuego anunciado en octubre de 2025 permitió mejorar el acceso humanitario y redujo algunos indicadores de malnutrición. Sería incorrecto ignorarlo. También lo sería confundir esa mejoría con una normalización de Gaza. Los avances siguen siendo extremadamente frágiles.
Los medios de subsistencia están destruidos o gravemente dañados, buena parte de la agricultura continúa inaccesible, el poder adquisitivo de los hogares es muy bajo y la asistencia internacional depende de flujos de financiación y acceso que pueden variar con facilidad.
Emergency recuerda, además, que desde el anuncio del alto el fuego se han registrado más de 1.400 muertos y miles de heridos. A finales de septiembre, el balance comunicado por las autoridades sanitarias de Gaza se situaba en 1.431 fallecidos y 5.026 heridos desde octubre de 2025, dentro de un contexto en el que han continuado los ataques y otros episodios de violencia.
La ayuda tampoco funciona como un enorme grifo que pueda abrirse de un día para otro. Hay pasos fronterizos, autorizaciones, capacidad logística, combustible, almacenes, carreteras dañadas y distribución interior. Y después está el dinero. Las organizaciones de seguridad alimentaria han advertido de reducciones en las comidas preparadas y los paquetes entregados a los hogares debido a déficits de financiación.
Gaza llega al frío con una emergencia todavía abierta
La fotografía de octubre de 2026 es menos simple que decir que Gaza tiene comida o no la tiene. Hay alimentos, pero millones de personas siguen dependiendo de ayuda; hay agua, pero buena parte debe transportarse en camiones; hay tiendas, aunque muchas están desgastadas; existe una tregua, pero la infraestructura básica y los medios de vida continúan profundamente dañados.
De aquí a diciembre, 1,4 millones de personas seguirán en crisis alimentaria o peor si se cumplen las proyecciones. Para más de 200.000, la clasificación es todavía más severa. Y mientras las lluvias empiezan a caer sobre refugios improvisados, la emergencia cambia de estación sin desaparecer.
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