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Historia

700 monedas de la fragata Mercedes llegan a Cádiz 222 años después

Las 700 monedas de la fragata Mercedes llegan a Cádiz tras 222 años. La muestra revive el naufragio, el rescate y la batalla por recuperarlas.

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la fragata Mercedes

Por Nicholas Pocock - Royal Museums Greenwich, Dominio público, Wikimedia Commons

Resumen

  • 700 monedas de la fragata Mercedes se exhiben por fin en Cádiz
  • El barco fue destruido por una escuadra británica en 1804
  • El cargamento volvió a España tras el litigio contra Odyssey

Setecientas monedas de plata de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes han alcanzado, por fin y con más de dos siglos de retraso, el destino que les reservaba su último viaje. Se exhiben en el Museo de las Cortes de Cádiz, la ciudad a la que el barco se dirigía cuando fue destruido frente al Algarve portugués el 5 de octubre de 1804.

Son 700 reales de a ocho, acuñados principalmente en Lima y Potosí, pertenecientes al enorme cargamento recuperado del pecio. La exposición Nuestra Señora de las Mercedes. Una historia en común abrió en Cádiz el 12 de septiembre de 2026 y permanecerá instalada hasta el 30 de marzo de 2027. No es solo una exhibición de monedas antiguas: tiene algo de viaje finalmente terminado. A la Mercedes le faltaba aproximadamente una jornada de navegación para alcanzar Cádiz cuando una escuadra británica se cruzó en su camino.

La historia da una vuelta bastante improbable. Aquellas monedas atravesaron el Atlántico, acabaron durante dos siglos bajo el mar, fueron extraídas por una empresa cazatesoros estadounidense, viajaron a Estados Unidos, protagonizaron una larga batalla judicial y regresaron a España. Doscientos veintidós años después, una pequeña parte del cargamento está exactamente donde debía haber desembarcado en 1804.

Las 700 monedas que nunca pudieron desembarcar en Cádiz

Nuestra Señora de las Mercedes era una fragata de guerra española construida en La Habana en 1788. Formaba parte de la Real Armada y, como otros buques de su época, cumplía misiones que enlazaban los territorios americanos con la Península. Su último cometido fue especialmente delicado: traer a España caudales acumulados en América, tanto de la Hacienda pública como de particulares.

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En agosto de 1804 salió de Montevideo junto a las fragatas Medea, Clara y Fama. El convoy transportaba aproximadamente 2,7 millones de pesos en monedas y otros 2,6 millones en pasta de plata y oro. Algo más de 710.000 pesos pertenecían a la Corona; buena parte del resto tenía propietarios particulares. No era, pues, aquel legendario “tesoro español” entendido como un cofre de película, sino una gigantesca operación económica y administrativa que cruzaba el Atlántico.

Cádiz era el final previsto del viaje. Ya casi se veía la meta.

El 5 de octubre de 1804, cerca del cabo de Santa María, frente al Algarve portugués, aparecieron cuatro fragatas de la Royal Navy: Indefatigable, Lively, Amphion y Medusa. Frente a ellas navegaban las cuatro españolas bajo el mando de José de Bustamante y Guerra. España y Gran Bretaña ni siquiera estaban formalmente en guerra. Eso no evitó que la diplomacia terminara hablando el idioma de los cañones.

Un cañonazo convirtió el viaje en una tragedia

Los británicos pretendían que la escuadra española se entregara y fuera conducida a uno de sus puertos. Londres temía que los caudales procedentes de América acabaran financiando a la Francia napoleónica, mientras que el mando español se negó a entregar los barcos y la carga.

Comenzó el combate. Un proyectil alcanzó la santabárbara de la Mercedes, el espacio donde se almacenaba la pólvora. La explosión destrozó la fragata casi de inmediato. Murieron 275 personas y el barco, junto con buena parte de su cargamento, desapareció bajo el Atlántico. Las otras tres fragatas españolas terminaron capturadas.

El episodio tuvo consecuencias que fueron mucho más allá de un naufragio. La agresión británica contra una potencia con la que no existía todavía una declaración formal de guerra quebró definitivamente las relaciones entre ambos países. El 14 de diciembre de 1804, España y Gran Bretaña entraron oficialmente en guerra. Menos de un año después llegaría Trafalgar.

Casi 600.000 monedas bajo el Atlántico

La espectacularidad de las cifras explica por qué el nombre de la Mercedes ha quedado asociado al “tesoro”, aunque los arqueólogos prefieren hablar de patrimonio cultural subacuático. La diferencia no es menor. Un tesoro se mide por su precio; un yacimiento, por todo lo que puede contar.

El conjunto recuperado está formado por alrededor de 578.000 monedas de plata y 212 de oro. Entre ellas aparecen reales de a ocho, piezas de cuatro y dos reales y monedas de ocho escudos. Fueron acuñadas principalmente en las casas de moneda de Lima y Potosí, aunque también hay ejemplares procedentes de México, Popayán y Santiago de Chile. Las fechas abarcan desde el reinado de Carlos III hasta Carlos IV, con numerosas piezas de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX.

Las monedas sirven, además, como una especie de mapa metálico de la economía hispánica. Plata extraída y acuñada a miles de kilómetros de Cádiz, rutas marítimas, impuestos, patrimonios privados, cuentas de la Corona… Todo eso cabe en un disco de plata que apenas ocupa la palma de una mano.

Y el barco llevaba bastante más. La exposición gaditana acompaña las monedas con materiales que ayudan a reconstruir aquella circulación atlántica de mercancías, entre ellos cacao, lana y medicamentos. La Mercedes era un buque de guerra, sí, pero también una pequeña cápsula de aquel mundo que se movía entre América y Europa.

Odyssey encontró el pecio y comenzó otra batalla

Durante aproximadamente dos siglos el cargamento permaneció en el fondo marino. La historia cambió en 2007, cuando la empresa estadounidense Odyssey Marine Exploration anunció el hallazgo de un enorme conjunto de monedas en una operación denominada Black Swan. Centenares de miles de piezas habían sido extraídas y trasladadas a Estados Unidos.

España sostuvo que el yacimiento correspondía a la fragata Mercedes, un buque de Estado, y acudió a los tribunales estadounidenses para recuperar los bienes. Comenzó entonces una batalla bastante menos ruidosa que la de 1804, aunque jurídicamente formidable.

El litigio se prolongó durante años. Finalmente, las resoluciones judiciales reconocieron los derechos españoles sobre los materiales y en 2012 el cargamento regresó a España. Las piezas quedaron vinculadas al Museo Nacional de Arqueología Subacuática, ARQVA, en Cartagena, donde se emprendieron trabajos de documentación, conservación e investigación.

Aquello exigió bastante más que colocar monedas en vitrinas. Después de permanecer dos siglos en el mar, había que estabilizar los metales, eliminar sales, controlar la humedad, documentar cada conjunto y catalogar las piezas. El proceso convirtió una masa de monedas rescatada del fondo en un archivo arqueológico legible. Y esa es, precisamente, la diferencia entre recuperar patrimonio y vaciar un pecio buscando objetos vendibles.

Cádiz recupera una parte de aquel viaje

La exposición del Museo de las Cortes reúne 700 monedas de plata originales del cargamento. Son reales de a ocho acuñados en Lima y Potosí, una fracción minúscula si se compara con el conjunto recuperado, pero suficiente para transmitir físicamente la dimensión de aquella carga.

La elección de Cádiz tiene una carga histórica evidente. No es simplemente otra parada de una exposición itinerante. La fragata estuvo vinculada a la ciudad y su último viaje terminaba allí. En octubre de 1804, después de atravesar el océano, las monedas estaban a unas horas de ser desembarcadas. El Atlántico decidió otra cosa.

La muestra puede visitarse en el Museo de las Cortes de Cádiz, en la calle Santa Inés, y la entrada al museo es gratuita. Su horario general es de 9.00 a 14.30 los lunes, de 9.00 a 18.00 de martes a viernes y de 9.30 a 14.00 los sábados y determinados festivos. La exposición permanecerá abierta hasta el 30 de marzo de 2027.

También se han programado visitas guiadas los domingos, con sesiones a las 11.00 y a las 12.30 horas, grupos de hasta 25 personas y reserva previa a través del Museo de las Cortes. El recorrido permite situar las monedas dentro de una historia bastante más amplia: vida a bordo, navegación atlántica, comercio, guerra, expolio y conservación del patrimonio.

Un viaje de 1804 que termina 222 años después

Hay objetos históricos que impresionan por su rareza y otros por aquello que les ocurrió. Las monedas de la Mercedes pertenecen a la segunda categoría. Salieron de América cuando Napoleón dominaba buena parte de la política europea, estuvieron a pocas horas de Cádiz, cayeron al fondo del océano entre pólvora y madera destrozada, permanecieron allí durante dos siglos y reaparecieron en pleno siglo XXI en medio de un litigio internacional.

Ahora 700 de aquellas monedas están en Cádiz. No han llegado en las sacas ni en la cubierta de la fragata que debía transportarlas, y tampoco queda ya el mundo político y económico para el que fueron acuñadas. Pero han alcanzado su destino.

Con 222 años de retraso. Que para una travesía atlántica es bastante; para la historia, quizá no tanto.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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