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Cultura

Charlie Sheen: Lorre relata su caótica salida de Dos hombres y medio

Chuck Lorre reconstruye en sus memorias la salida de Charlie Sheen de Dos hombres y medio y el fallido intento de fichar a Hugh Grant como relevo.

Publicado

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Charlie Sheen

Por DeanoJD - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, Wikimedia Commons

Resumen

  • Lorre relata el deterioro de Sheen en sus últimos días en la serie
  • Su última escena con Melanie Lynskey encendió todas las alarmas
  • Hugh Grant estuvo cerca de sustituirlo antes de la llegada de Kutcher

Charlie Sheen vuelve al centro de la conversación por uno de los capítulos más turbulentos de su carrera: su salida de Dos hombres y medio. Quince años después de aquella implosión televisiva, Chuck Lorre ha reconstruido los últimos días del actor en la comedia en Sitcom, sus nuevas memorias, publicadas este 13 de octubre. El retrato es bastante menos divertido que la serie que ambos convirtieron en un fenómeno mundial.

Lorre sostiene que el equipo llegó a trabajar en un ambiente de ansiedad constante, preocupado no solo por el futuro de la producción, sino por la propia seguridad de Sheen y de quienes estaban a su alrededor. El momento límite, según su relato, llegó durante la última escena que el actor grabó junto a Melanie Lynskey: asegura que Sheen apenas podía recordar el diálogo y necesitaba apoyarse en el mobiliario para mantenerse en pie. Lynskey, cuenta el productor, estaba aterrada.

La escena que hizo saltar todas las alarmas

A principios de 2011, Dos hombres y medio seguía siendo una de las grandes máquinas de audiencia de la televisión estadounidense. Charlie Sheen era además uno de los intérpretes mejor pagados del medio. Sobre el papel, el negocio funcionaba. Fuera de cámara, cada jornada parecía más difícil de sostener.

Lorre recuerda una sucesión de ausencias, problemas personales y episodios relacionados con el consumo de sustancias que fueron deteriorando el rodaje durante la octava temporada. Lo que inicialmente podía despacharse como el comportamiento excéntrico de una estrella terminó convirtiéndose, según el creador de la serie, en una preocupación física real.

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Un plató instalado en la incertidumbre

En entrevistas concedidas con motivo de la publicación de sus memorias, Lorre ha descrito aquella etapa como oscura y aterradora. Su temor, explica, era que Sheen pudiera hacerse daño o que alguien de su entorno terminara herido. Ya no se discutía únicamente si el protagonista llegaría a tiempo o sería capaz de rodar una escena; el problema había cambiado de tamaño.

La situación explotó durante una secuencia con Melanie Lynskey, que interpretaba a Rose. Según Lorre, Sheen no lograba recordar sus frases y tenía dificultades para mantenerse erguido. Aquella grabación terminó convirtiéndose en su última aparición regular en la serie.

Cuando continuar dejó de parecer razonable

Lorre asegura que fue entonces cuando consideró imposible seguir trabajando con normalidad y se interrumpió la producción. La octava temporada quedó reducida y el conflicto saltó rápidamente del plató a los medios.

Sheen emprendió después una campaña pública contra Lorre, con entrevistas, declaraciones extravagantes y ataques personales que transformaron una crisis laboral en uno de los espectáculos mediáticos más ruidosos del Hollywood de comienzos de la década pasada. Las expresiones “winning” y “tiger blood” acabaron formando parte del vocabulario pop del momento. Había algo de circo, sí, pero debajo estaba el deterioro evidente de una relación profesional que había producido cientos de millones de dólares.

Lorre ha querido desmontar también una versión repetida durante años: sostiene que él no despidió personalmente a Charlie Sheen y que un guionista y productor no tenía capacidad unilateral para expulsar al protagonista de una producción de semejante tamaño. La relación contractual de Sheen con la serie terminó finalmente en 2011.

Hugh Grant estuvo a punto de sustituir a Charlie Sheen

Hay otro dato de las memorias que ha devuelto la historia a primera línea: Hugh Grant estuvo muy cerca de incorporarse a Dos hombres y medio como sustituto de Sheen.

Lorre y su colaborador Lee Aronsohn llegaron a reunirse varias veces con el actor británico y escribieron escenas específicamente pensadas para mostrarle cómo sería su personaje. CBS y Warner Bros. estaban dispuestas, según el productor, a pagarle 750.000 dólares por episodio y ofrecerle una semana laboral de cuatro días. Grant llegó a mostrarse dispuesto a aceptar.

Cuando llegó el momento de firmar, todo se evaporó. Lorre afirma que recibió una llamada del representante del actor comunicando que Grant había decidido abandonar el proyecto. No hubo una larga negociación posterior ni una segunda oportunidad. Simplemente, se cayó.

El episodio tiene algo muy de Hollywood: una de las comedias más rentables de la televisión podía desaparecer porque un actor británico decidió que aquello no era para él.

Ashton Kutcher apareció cuando la serie parecía terminada

Después de la negativa de Hugh Grant, Lorre llegó a pensar que Dos hombres y medio había terminado. Fue entonces cuando el entonces presidente de CBS, Les Moonves, planteó el nombre de Ashton Kutcher.

Lorre tenía dudas. Kutcher le parecía demasiado joven para asumir el hueco dejado por Sheen frente a Jon Cryer. Aun así, aceptó reunirse con él y cambió de opinión. El antiguo protagonista de Aquellos maravillosos 70 entró finalmente en la serie como Walden Schmidt, un multimillonario de internet que compraba la casa de Charlie Harper en Malibú.

La sustitución modificó por completo la dinámica de la comedia, pero funcionó lo suficiente como para mantenerla cuatro temporadas más. Kutcher participó hasta el final de la producción, emitido en 2015. Lo que parecía un cadáver televisivo todavía tenía bastante cuerda.

Lorre y Sheen terminaron reconciliándose

La historia, con el tiempo, perdió parte de su veneno. Chuck Lorre y Charlie Sheen volvieron a hablar años después y finalmente trabajaron juntos otra vez.

Sheen apareció interpretando una versión exagerada de sí mismo en Bookie, la serie creada por Lorre y Nick Bakay. El productor ha explicado que, antes de llamarlo, se preguntó seriamente si ambos podían volver a compartir un proyecto después de cómo había terminado su relación. Lo hicieron.

El encuentro fue muy distinto del caos de 2011. Lorre ha descrito a Sheen durante aquella colaboración como alguien situado en otro momento de su vida, muy lejos de la espiral que había acompañado sus últimos meses en Dos hombres y medio. El actor ha hablado durante los últimos años abiertamente sobre sus adicciones y su proceso de recuperación.

Ese detalle cambia bastante la lectura de la vieja pelea. No borra lo ocurrido ni convierte aquellos meses en una anécdota simpática, pero introduce algo que Hollywood no siempre concede a sus protagonistas: distancia.

El episodio que convirtió una sitcom en historia de Hollywood

La publicación de Sitcom ha devuelto a Charlie Sheen a un terreno que parecía ya excavado hasta el último centímetro. Y, sin embargo, quedan detalles. El miedo dentro del plató, la última escena con Melanie Lynskey y el posible fichaje de Hugh Grant reconstruyen una crisis mucho más compleja que aquella sucesión de titulares estridentes de 2011.

Dos hombres y medio sobrevivió. Charlie Sheen también. Y Chuck Lorre terminó trabajando otra vez con él.

Quizá sea la parte más llamativa de toda la historia: detrás del ruido, los insultos y una de las rupturas profesionales más públicas de la televisión estadounidense, el tiempo terminó sentándolos de nuevo en el mismo plató.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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