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Cultura

Muere Tom Skerritt, estrella de ‘Alien’, ‘Top Gun’ y ‘Picket Fences’

Tom Skerritt, actor de ‘Alien’, ‘Top Gun’ y ‘Picket Fences’, muere a los 93 años tras una carrera de más de seis décadas en cine y televisión.

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Tom Skerritt

Imagen: Gage Skidmore / CC BY-SA 2.0.

Resumen

  • Tom Skerritt muere a los 93 años tras más de seis décadas de carrera
  • Fue el capitán Dallas en ‘Alien’ y Viper en la mítica ‘Top Gun’
  • Ganó un Emmy por ‘Picket Fences’ y dejó una extensa carrera en televisión

Tom Skerritt, uno de esos actores cuyo rostro pertenece a varias generaciones de espectadores aunque no siempre necesitaran recordar su nombre, ha muerto a los 93 años. El intérprete estadounidense, conocido por el capitán Dallas de Alien, el comandante Viper de Top Gun y el sheriff Jimmy Brock de Picket Fences, falleció el miércoles 21 de octubre por causas naturales, según confirmó su familia.

Se va un secundario de lujo —aunque llamarlo secundario se queda corto— que trabajó durante más de seis décadas y aprendió a hacer algo bastante difícil en Hollywood: entrar en una película, ocupar el espacio justo y conseguir que el espectador lo recordara. Skerritt podía ser autoridad sin levantar la voz, un capitán de nave espacial, un instructor de pilotos o un padre de familia, y casi siempre parecía estar allí desde antes de que empezara la historia.

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De ‘MASH’ al Nostromo de ‘Alien’

Nacido en Detroit, Skerritt pasó cuatro años en la Fuerza Aérea estadounidense y estudió en Wayne State University antes de trasladarse a California. En UCLA se interesó por el cine después de quedar fascinado por Ciudadano Kane. La interpretación, en principio, no era exactamente el destino que había imaginado para sí mismo: quería acercarse a la dirección y a la escritura. Pero la cámara tenía otros planes.

Su debut cinematográfico llegó en 1962 con War Hunt, una modesta película sobre la guerra de Corea que terminó reuniendo, casi por accidente, varios nombres llamados a dejar huella: Robert Redford, Sydney Pollack y Francis Ford Coppola coincidieron allí con Skerritt en algunos de sus primeros pasos profesionales. Años después, Redford volvería a cruzarse decisivamente en su carrera al dirigirlo en El río de la vida.

Antes había llegado Robert Altman. Skerritt apareció como Duke Forrest en MASH (1970), una de las películas que empezaron a darle visibilidad y que convirtió la guerra en una comedia negra, incómoda y feroz. También trabajó con Altman en Thieves Like Us y tuvo una breve aparición en Harold and Maude. Poco a poco, aquel actor de mandíbula reconocible y presencia seca empezó a convertirse en uno de los rostros fiables del cine estadounidense de los setenta.

El capitán Dallas, condenado en los pasillos de ‘Alien’

En 1979 llegó el capitán Arthur Dallas de Alien. Ridley Scott encerró a su reparto en la Nostromo y transformó una nave industrial, húmeda y oscura en uno de los escenarios más inquietantes de la ciencia ficción. Skerritt era su comandante: aparentemente el hombre destinado a conducir la historia, hasta que la criatura diseñada por H. R. Giger empezó a cambiar las reglas.

Su secuencia recorriendo los conductos de ventilación con un lanzallamas sigue siendo una de las imágenes más tensas de la película. Y había algo más que interesó particularmente al actor: Alien comenzaba jugando con la convención del protagonista masculino y terminaba colocando a Ripley, interpretada por Sigourney Weaver, en el centro absoluto del relato. Skerritt valoró precisamente esa inversión de expectativas.

Dallas no necesitó sobrevivir para quedarse. Le bastaron la Nostromo, unas luces intermitentes y un radar indicando que algo se estaba acercando demasiado deprisa. Cuatro décadas después, aquella escena continúa funcionando porque la película sabe que el miedo no necesita demasiadas explicaciones.

Viper, el hombre que imponía respeto en ‘Top Gun’

Siete años después, otra película convertiría a Skerritt en parte de la cultura popular. En Top Gun (1986) interpretó al comandante Mike “Viper” Metcalf, instructor de la escuela de combate aéreo de la Marina estadounidense a la que llegan Maverick y Goose.

Conviene precisar el detalle porque se confunde con cierta frecuencia: Viper no era instructor de la Fuerza Aérea, sino un veterano aviador naval vinculado a la escuela TOPGUN. Frente al joven Tom Cruise, Skerritt representaba exactamente lo contrario de Maverick: experiencia, control y una autoridad que no necesitaba exhibirse demasiado.

El truco funcionaba porque Skerritt tenía una cualidad poco aparatosa. Muchos actores interpretan el mando endureciendo el gesto; él parecía limitarse a entrar en la habitación. Viper se convirtió en uno de los personajes esenciales de Top Gun sin competir por el centro de la pantalla con Cruise, los cazas o aquella banda sonora empeñada en no dejar a nadie sentado.

‘Picket Fences’ le dio el Emmy y un protagonista a su medida

El reconocimiento más claro de la industria, sin embargo, llegó por televisión. Entre 1992 y 1996 encabezó Picket Fences, la serie creada por David E. Kelley, como Jimmy Brock, sheriff de la ficticia Rome, en Wisconsin. El personaje tenía mucho de la especialidad de la casa: un hombre razonable obligado a conservar cierta serenidad mientras alrededor ocurrían cosas cada vez menos razonables.

Skerritt recibió dos nominaciones al Emmy por el papel y ganó en 1993 el premio al mejor actor protagonista de una serie dramática. Picket Fences se convirtió además en una de las ficciones televisivas más celebradas de su época y obtuvo 14 premios Emmy durante sus cuatro temporadas.

Fue quizá el momento en que Hollywood dejó de verlo únicamente como ese magnífico actor al que llamar cuando hacía falta un militar, un médico, un padre o un hombre con aspecto de saber exactamente dónde estaba la salida de emergencia. Jimmy Brock le permitió sostener una serie desde dentro, con humor, cansancio, autoridad y una vulnerabilidad bastante más interesante que la solemnidad.

Una carrera de más de seis décadas

Reducir la filmografía de Skerritt a tres títulos famosos sería injusto. Interpretó al marido de Shirley MacLaine en Paso decisivo (The Turning Point), película nominada a 11 Oscar; fue el marido de Sally Field en Magnolias de acero y encarnó al reverendo John Maclean en El río de la vida, dirigida por su viejo amigo Robert Redford. En Contact apareció como David Drumlin, el científico que se cruza en el camino del personaje interpretado por Jodie Foster.

También tuvo una larga vida televisiva. Pasó por Cheers, donde interpretó al empresario Evan Drake, y apareció en producciones como Brothers & Sisters y Leverage. Incluso llegó a Broadway en 2013 con una adaptación de Tiempo de matar, de John Grisham. Era uno de aquellos intérpretes capaces de desplazarse entre cine, televisión y teatro sin convertir cada cambio de formato en una declaración de principios.

Su carrera fue, más bien, una acumulación constante. Películas enormes junto a títulos modestos, protagonistas junto a personajes de pocos minutos. Más de sesenta años delante de una cámara sin necesidad de fabricar una mitología alrededor de sí mismo.

El actor que hacía creíble la autoridad

Hay actores que dejan un personaje. Skerritt deja varios, y ninguno se parece demasiado al anterior pese a compartir una cierta arquitectura: hombres adultos, competentes y creíbles, con las arrugas y el cansancio en su sitio.

Ese fue probablemente su talento más reconocible. En un Hollywood aficionado a confundir autoridad con volumen, Tom Skerritt sabía mandar hablando bajo. Por eso funcionaba en la cabina de la Nostromo, delante de los pilotos de Top Gun o caminando por las calles imposibles de Picket Fences. Parecía conocer las reglas, incluso cuando el guion estaba a punto de romperlas.

Su familia lo recordó por su humor, su curiosidad, su generosidad y su interés por la creatividad, la naturaleza y los veteranos. Le sobreviven su esposa, Julie Tokashiki, y cinco hijos.

De la Nostromo a ‘Top Gun’, un rostro que permanece

Hay una clase de intérprete que rara vez ocupa en solitario los carteles pero sostiene buena parte de las películas que terminan formando la memoria popular. Tom Skerritt pertenecía a esa estirpe. No necesitaba convertir cada aparición en una exhibición; su oficio consistía precisamente en lo contrario, en hacer que todo pareciera más sólido cuando él estaba dentro del plano.

Durante décadas fue capitán, sheriff, instructor, padre, científico, médico, reverendo. A veces sobrevivía. En Alien, desde luego, no tuvo esa suerte. Pero el cine posee sus propias maneras de burlar el calendario: basta con volver a encender la Nostromo y allí está otra vez Dallas, mirando el monitor, mientras algo se mueve en la oscuridad.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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