Cultura
Muere Antonio Grimau a los 82 años, figura del espectáculo argentino
Muere Antonio Grimau a los 82 años. El actor deja más de seis décadas de carrera en teatro, cine y televisión y una trayectoria inolvidable.
Imagen: Antonio Grimau / Instagram.
Resumen
- Antonio Grimau ha muerto a los 82 años tras más de seis décadas de carrera
- La Asociación Argentina de Actores confirmó el fallecimiento del intérprete
- No se ha comunicado oficialmente la causa de la muerte del actor argentino
El actor argentino Antonio Grimau ha muerto a los 82 años este martes 20 de octubre de 2026, tras una carrera de más de seis décadas que lo convirtió en uno de los rostros más reconocibles del teatro, el cine y la televisión de su país. La Asociación Argentina de Actores y Actrices confirmó su fallecimiento y recordó una trayectoria estrechamente ligada a la historia reciente del espectáculo argentino.
Por el momento, no se ha comunicado oficialmente la causa de la muerte. Sí había trascendido que Grimau atravesaba un problema de salud y que aproximadamente una semana antes había tenido que apartarse de un nuevo proyecto teatral, Votemos, en el que iba a trabajar junto a Andrea del Boca. Su fallecimiento ha provocado numerosas despedidas entre actores, productores y compañeros con los que compartió escenario durante décadas.
Una carrera de más de seis décadas entre teatro y televisión
Antonio Grimau nació el 10 de marzo de 1944 en Remedios de Escalada, en la provincia de Buenos Aires. Su verdadero nombre era Antonio Rebolini y tenía apenas 16 años cuando respondió a una convocatoria para incorporarse a un elenco teatral en el teatro Charles Chaplin, en el barrio porteño de Almagro. Aquel anuncio, casi una casualidad, acabó señalando el rumbo de toda su vida.
El escenario se convirtió pronto en su territorio natural. Grimau trabajó con Juan Carlos Gené, una de las referencias decisivas de su formación, y desde 1970 formó parte de la Asociación Argentina de Actores y Actrices. Fue construyendo una carrera paciente, larga y poco amiga de los atajos: teatro, televisión, cine y otra vez teatro.
También su apellido artístico arrastraba una historia particular. Antonio Rebolini adoptó Grimau como nombre profesional, inspirado en Julián Grimau, el dirigente comunista español ejecutado durante la dictadura franquista en 1963. Con ese apellido sería conocido después por varias generaciones de espectadores.
De galán de telenovela a actor de carácter
La televisión multiplicó su popularidad y convirtió a Grimau en uno de los galanes clásicos de la ficción argentina. Su carrera recorrió distintas épocas del medio, desde la telenovela de audiencias masivas hasta producciones dramáticas y series de factura más contemporánea.
Participó en títulos como Rolando Rivas, taxista, Dos a quererse, Trampa para un soñador, Más allá del horizonte, Por siempre mujercitas, Poliladron, Verdad consecuencia, Ricos y famosos, Soy gitano, Padre Coraje, Sin código, Mujeres asesinas, Vidas robadas, Valientes y Herederos de una venganza, entre muchas otras ficciones.
La etiqueta de galán, cómoda para la industria pero a veces estrecha para un intérprete, nunca llegó a encerrarlo del todo. Con el paso de los años fue asumiendo personajes de mayor densidad dramática y papeles que le permitieron alejarse del molde televisivo que le había dado tanta popularidad.
El Sandro adulto que le dio uno de sus grandes reconocimientos
Uno de los trabajos más celebrados de su madurez llegó en 2018 con Sandro de América. Grimau interpretó a Roberto Sánchez durante su etapa adulta en la miniserie dirigida por Adrián Caetano, reconstruyendo los últimos años de uno de los grandes símbolos de la música popular argentina.
Por aquella interpretación recibió el Martín Fierro como actor protagonista de unitario o serie. El premio tuvo algo de reconocimiento tardío a una carrera que llevaba décadas delante de las cámaras y que todavía seguía buscando registros nuevos, cuando habría resultado bastante más sencillo acomodarse en la nostalgia.
En el cine también acumuló una filmografía extensa, con trabajos en películas como La Mary, Rolando Rivas, taxista, El amor infiel, Los orilleros, Una mariposa en la noche, Caballos salvajes, Secretos compartidos y Angélica.
El teatro, el lugar al que Antonio Grimau siempre regresaba
Pese a la enorme visibilidad que le proporcionó la televisión, el teatro ocupó el centro de su vida profesional. Su repertorio fue amplio y atravesó comedia, drama, clásicos y textos contemporáneos, con una continuidad poco habitual incluso entre intérpretes de su generación.
Trabajó en montajes como Los invertidos, Cristales rotos, El acompañamiento, El reñidero, El precio, Yepeto, La mandrágora, Príncipe azul, La gata sobre el tejado de zinc caliente, Hamlet, Danza macabra y Rotos de amor. También formó parte del musical Hello, Dolly!.
En 2026 seguía subiendo al escenario. Participó en Vamo’ los pibes, junto a Osvaldo Laport, Raúl Lavié y Osvaldo Santoro, en el Multiteatro de Buenos Aires. No era una aparición testimonial ni una vuelta ceremonial. Grimau continuaba trabajando con la rutina de quien todavía consideraba que el siguiente personaje podía ser importante.
Ese mismo año protagonizó junto a Betiana Blum El diario de Adán y Eva, basada en los textos de Mark Twain, en el Teatro Regina. Meses antes había recibido también el Premio Shakespeare de la Fundación Romeo por su aportación al teatro, al cine y a las artes.
En 2005, la Asociación Argentina de Actores y Actrices y el Senado argentino ya le habían concedido el Premio Podestá a la Trayectoria Honorable, otro reconocimiento a una carrera que no dependió de un único éxito, sino de una presencia sostenida durante décadas.
Una vida atravesada por pérdidas personales
La biografía de Grimau tuvo también zonas bastante más duras que las luces de los platós. Durante su juventud sufrió varias pérdidas familiares y tuvo que comenzar a trabajar muy pronto, mucho antes de que la interpretación pudiera convertirse en una profesión estable.
Pasó por empleos ajenos al mundo artístico, entre ellos trabajos en fábricas, antes de encontrar en el teatro un espacio propio. Con los años habló en distintas ocasiones de esa relación casi íntima con la actuación: no solamente como oficio, sino como una forma de atravesar momentos difíciles.
En 2010 sufrió una de las pérdidas más dolorosas de su vida con la muerte de su hijo Lucas. Grimau evocaría después aquel golpe y el papel que tuvo el escenario para seguir adelante. El teatro, en su caso, dejó de ser una frase bonita para entrevistas y se convirtió literalmente en refugio.
Sus últimos meses todavía estaban llenos de proyectos
La muerte de Antonio Grimau sorprende también por el momento profesional en el que llega. A sus 82 años, el actor seguía vinculado activamente a nuevos proyectos, ensayos y funciones, lejos de una retirada formal o de una vida dedicada únicamente a recordar éxitos pasados.
Durante 2026 había estrenado varias producciones y recibido nuevos reconocimientos. Solo en los últimos días apareció una señal más preocupante: se había apartado de una obra por motivos de salud. Hasta el momento, ni su familia ni una institución médica han difundido un diagnóstico o una causa concreta del fallecimiento.
Las despedidas de compañeros del espectáculo han puesto el acento en su profesionalidad, su trato personal y una relación con el escenario que parecía no agotarse. Grimau pertenecía a una generación para la que actuar era una forma de vida, no una etapa profesional que terminaba cuando dejaban de llegar determinados papeles.
Una figura que atravesó varias generaciones de espectadores
Antonio Grimau deja una trayectoria de más de 60 años entre teatro, cine y televisión. Desde aquel adolescente que respondió a un anuncio para actores hasta el intérprete veterano que seguía estrenando obras pasados los 80, su carrera recorrió buena parte de la historia moderna del espectáculo argentino.
Para una generación será siempre uno de los grandes galanes de las telenovelas; para otra, el actor de Sandro de América; para el público teatral, un intérprete que acumuló clásicos, comedias y dramas sin abandonar nunca el escenario durante demasiado tiempo.
Hay artistas cuya carrera acaba mucho antes de su biografía. Con Grimau ocurrió casi lo contrario. A los 82 años seguía buscando personajes, ensayando, estrenando y volviendo al camerino. Seis décadas después de aquel primer teatro, el oficio todavía seguía esperándolo al otro lado del telón.
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