Economía
Los precios hoteleros suben un 6,7% en septiembre, máximo en 17 meses
Los hoteles vuelven a encarecerse con fuerza: los precios suben un 6,7% en septiembre y la tarifa media alcanza 141,6 euros por habitación ocupada.
Resumen
- Los hoteles encarecieron sus precios un 6,7% en septiembre
- Las pernoctaciones crecieron solo un 1,7%, muy por debajo de las tarifas
- Marbella lideró el precio medio, con 286,6 euros por habitación ocupada
Dormir en un hotel en España volvió a salir sensiblemente más caro en septiembre. El Índice de Precios Hoteleros aumentó un 6,7% interanual, su mayor subida desde abril de 2025 y cuatro décimas más que en agosto. El sector prolonga así una escalada que lleva años modificando el presupuesto de vacaciones: el alojamiento gana peso incluso cuando el número de noches contratadas crece a un ritmo bastante más modesto.
La factura media lo retrata con bastante nitidez. Los establecimientos ingresaron 141,6 euros por cada habitación ocupada, un 7,4% más que en septiembre de 2025. El ingreso por habitación disponible, el llamado RevPAR y uno de los termómetros habituales de rentabilidad hotelera, alcanzó los 110,5 euros, un 7,7% más. El negocio mejora, sobre todo, porque cada habitación se vende más cara. No porque de repente los pasillos estén abarrotados como un vagón de metro en hora punta.
Los hoteles vuelven a subir más que la inflación
El movimiento resulta todavía más visible al compararlo con el coste general de la vida. El IPC español aumentó un 4,9% interanual en septiembre, frente al 6,7% registrado por los precios hoteleros. La diferencia es de 1,8 puntos porcentuales, aunque ambos indicadores no miden exactamente lo mismo: el IPC refleja lo que pagan los hogares por una cesta amplia de bienes y servicios, mientras que el índice hotelero observa los precios recibidos por los establecimientos de sus distintos clientes.
La tendencia tampoco nace de un mes especialmente extraño. En agosto los hoteles ya habían encarecido sus precios un 6,3%, después del 5,9% de julio, el 5,6% de junio y el 5% de mayo. Septiembre añade otra vuelta a la tuerca. La tradicional rebaja que llegaba con el final de agosto —cuando el calendario escolar devolvía algo de calma a playas y aeropuertos— cada vez se parece menos a aquella frontera nítida entre temporada alta y temporada media.
Más precio que volumen: las pernoctaciones crecen un 1,7%
La otra mitad de la fotografía está en la demanda. Los hoteles españoles superaron en septiembre los 40,1 millones de pernoctaciones, un 1,7% más que un año antes. Es crecimiento, sí, pero queda muy lejos del avance de los precios y de los ingresos por habitación. Durante los nueve primeros meses de 2026 las noches contratadas aumentaron un 1,5%.
Ese desacople importa. Una habitación puede producir más ingresos aunque el número de viajeros apenas cambie si el establecimiento consigue cobrar más por ella. Y eso es precisamente lo que reflejan los indicadores: la ocupación de las plazas ofertadas se situó en el 67%, apenas un 0,3% por encima de septiembre de 2025, mientras que el RevPAR avanzó un 7,7%. El precio está haciendo buena parte del trabajo.
No es un fenómeno aislado del último mes. En agosto la tarifa media diaria había alcanzado los 166,90 euros, un 7,3% más que un año antes, mientras las pernoctaciones solo crecían un 1,4%. La secuencia empieza a ser conocida: demanda resistente, ocupación elevada en los destinos fuertes y un sector que sigue encontrando margen para elevar tarifas.
El turismo extranjero sostiene buena parte del crecimiento
La diferencia entre el viajero nacional y el internacional vuelve a ser decisiva. En septiembre, las pernoctaciones de no residentes aumentaron un 3,2%, mientras las realizadas por residentes en España cayeron un 1,9%. En los nueve primeros meses del año, el contraste sigue presente: las noches de extranjeros avanzaron un 2,2% y las de residentes apenas un 0,1%.
El verano ampliado, de junio a septiembre, dejó alrededor de 172 millones de pernoctaciones hoteleras, un máximo para ese periodo, con el visitante extranjero aportando aproximadamente dos tercios del total. En septiembre su peso alcanzó alrededor del 70%. El mercado internacional está amortiguando, en otras palabras, una demanda doméstica bastante más plana.
Reino Unido y Alemania siguen siendo las dos grandes tuberías del turismo español. Los británicos concentraron el 27,2% de las noches de visitantes extranjeros en septiembre y los alemanes, el 17,4%. Después aparecen franceses, estadounidenses y neerlandeses. Una combinación de mercados con niveles de renta, calendarios vacacionales y hábitos de gasto distintos, pero con algo en común: siguen llegando.
Baleares domina la ocupación y Marbella dispara la tarifa
El mapa español mantiene sus viejas jerarquías, aunque con precios nuevos. Baleares alcanzó una ocupación del 82,6% de las plazas hoteleras en septiembre, la más elevada del país. Entre los viajeros extranjeros, el archipiélago concentró el 32,5% de las pernoctaciones, seguido de Cataluña, con el 18,4%, y Canarias, con el 17,7%.
La isla de Mallorca superó los 7,3 millones de pernoctaciones y fue la zona turística con mayor número de noches. Madrid, Barcelona y Calvià figuraron entre los puntos turísticos con más actividad. Para el mercado nacional, Andalucía, Cataluña y la Comunidad Valenciana acumularon conjuntamente casi la mitad de las noches.
Pero el dato que mejor ilustra hasta dónde puede llegar el precio está en Marbella. La localidad malagueña registró la tarifa media diaria más alta, 286,6 euros, y también el mayor ingreso por habitación disponible, 231,2 euros. Es decir, una sola habitación disponible produjo de media más de 230 euros diarios, ocupada o no. La Costa del Sol juega desde hace tiempo en una liga propia y septiembre no fue precisamente una excepción.
Cinco estrellas por encima de los 330 euros diarios
La categoría del establecimiento abre otra brecha considerable. Los hoteles de cinco estrellas facturaron una media de 332,8 euros por habitación ocupada en septiembre. Los de cuatro estrellas se situaron en 144,3 euros y los de tres, en 115,6 euros.
También cambia con fuerza la rentabilidad. El RevPAR alcanzó 257,9 euros en los hoteles de cinco estrellas, frente a 122,8 euros en los de cuatro y 92,3 euros en los de tres. Una noche de hotel no es, evidentemente, un producto homogéneo. Hablar de un único precio medio sirve para observar la tendencia general, pero esconde un abanico enorme que va desde establecimientos urbanos modestos hasta resorts donde una cama cuesta lo que hace no tantos años podía valer un fin de semana entero.
Ceuta y Madrid encabezan las mayores subidas
El encarecimiento tampoco avanza igual por toda España. Ceuta registró el mayor aumento de precios, un 13,7%, seguida de la Comunidad de Madrid, con un 10,4%. En el otro extremo quedaron Aragón, con un 2,4%, y Extremadura, con un 3,6%.
La distancia entre territorios recuerda que el precio hotelero depende de muchas piezas moviéndose a la vez: capacidad disponible, calendario de congresos y acontecimientos, vuelos internacionales, turismo de negocios, temporada de playa, festivales, grandes partidos y hasta la facilidad con la que un destino puede añadir nuevas camas. Una ciudad llena durante tres noches de feria no se comporta igual que un destino rural con oferta abundante entre semana.
También pesa la forma en que los hoteles gestionan actualmente las tarifas. El precio fijo pegado detrás de la puerta pertenece casi al museo de las vacaciones. Los sistemas de gestión de ingresos ajustan las habitaciones según reservas, fechas, ocupación prevista y demanda. Cuanto más fuerte se percibe el mercado, mayor es la capacidad de subir precios sin dejar camas vacías.
Viajar sigue tirando, pero cada noche pesa más
Los datos de septiembre describen un sector hotelero español que conserva una demanda muy resistente, especialmente gracias al turismo extranjero, pero cuyo crecimiento económico descansa cada vez más sobre la tarifa. Las pernoctaciones avanzan un 1,7%; los precios, un 6,7%; la facturación por habitación ocupada, un 7,4%; y los ingresos por habitación disponible, un 7,7%.
La diferencia no es menor. España puede continuar batiendo registros turísticos sin necesitar incrementos espectaculares de visitantes si consigue obtener más ingresos de cada estancia. Para las empresas supone mayor rentabilidad; para el viajero significa que el presupuesto necesario para dormir fuera de casa sigue creciendo con rapidez.
Y ahí está quizá el cambio más profundo. El hotel español posterior a la pandemia no solo ha recuperado al cliente perdido: ha aprendido a cobrarle más. Septiembre, que durante años funcionaba como una pequeña tregua después del agosto abrasador, confirma que aquella frontera estacional se ha vuelto bastante más borrosa. El verano se alarga. La demanda internacional aguanta. Y la habitación, discretamente, pasa otra vez por caja.
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