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Cultura

Muere Eva Marie Saint a los 102 años, la inolvidable musa de Hitchcock

Eva Marie Saint, ganadora del Oscar por La ley del silencio y estrella de Hitchcock, muere a los 102 años tras más de siete décadas de carrera.

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Eva Marie Saint con Cary Grant

Foto: Metro-Goldwyn-Mayer, dominio público, vía Wikimedia Commons.

Resumen

  • Eva Marie Saint muere a los 102 años en su casa de Los Ángeles
  • Ganó un Oscar por La ley del silencio y brilló junto a Marlon Brando
  • Hitchcock la convirtió en un icono con Con la muerte en los talones

Eva Marie Saint ha muerto a los 102 años en su casa de Los Ángeles. La actriz estadounidense, ganadora del Oscar por La ley del silencio y convertida en uno de los rostros esenciales de Alfred Hitchcock gracias a Con la muerte en los talones, falleció el martes 6 de octubre. Su representante familiar, Jeff Sanderson, confirmó la muerte; las informaciones difundidas tras el fallecimiento apuntan a causas naturales.

Se marcha una de las últimas grandes intérpretes que mantenían un vínculo directo con el Hollywood de los años cincuenta. Saint trabajó con Marlon Brando, Cary Grant, Paul Newman, Elizabeth Taylor y Warren Beatty, atravesó cine, teatro y televisión durante una carrera de más de siete décadas y logró algo bastante menos frecuente que la fama: que dos personajes separados por apenas cinco años quedaran instalados para siempre en la memoria del cine.

Un debut en Hollywood que terminó directamente en el Oscar

Eva Marie Saint llegó al cine de una manera difícilmente mejorable. Su primera película fue On the Waterfront —La ley del silencio en España—, el drama dirigido por Elia Kazan y protagonizado por Marlon Brando en 1954. Interpretaba a Edie Doyle, hermana de un trabajador portuario asesinado y contrapunto moral de Terry Malloy, el estibador atrapado entre el miedo, la corrupción sindical y su propia conciencia.

Aquella interpretación, contenida donde otros habrían buscado el melodrama, le dio el Oscar a mejor actriz de reparto. La película obtuvo ocho estatuillas de doce nominaciones, entre ellas las de mejor película, director y actor para Brando. Saint, literalmente, había necesitado una sola película para entrar en la primera división de Hollywood.

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No era exactamente una recién llegada a la interpretación. Había pasado por la radio, el teatro y, sobre todo, aquella televisión estadounidense emitida en directo que no permitía segundas tomas ni demasiadas contemplaciones. También se formó en el Actors Studio, donde trabajó con Lee Strasberg y fue moldeando una interpretación menos aparatosa, basada en pequeños gestos y silencios. Algo que la cámara agradecía especialmente.

La ceremonia de 1955 tuvo además una pequeña historia de cine

Cuando recogió el Oscar en marzo de 1955, Saint estaba embarazada. Frank Sinatra le entregó la estatuilla y la actriz bromeó con que quizá tendría al bebé allí mismo. Su hijo Darrell nació apenas dos días después. La anécdota quedó como una de esas estampas de un Hollywood que podía ser solemne hasta el exceso y, de repente, completamente doméstico.

Hitchcock cambió su imagen con Con la muerte en los talones

Cinco años después llegó el otro personaje inseparable de su nombre. Alfred Hitchcock la eligió para interpretar a Eve Kendall en North by Northwest —Con la muerte en los talones—, junto a Cary Grant. Era 1959 y Saint aparecía muy lejos de la joven vulnerable de La ley del silencio: elegante, ambigua, sofisticada y con suficiente misterio para que el espectador nunca estuviera completamente seguro de qué escondía.

Hitchcock intervino incluso en la construcción visual del personaje y en su vestuario. El resultado fue una de las figuras femeninas más reconocibles de su filmografía. Eve Kendall seduce al personaje de Grant en un tren, juega con identidades y lealtades y termina ocupando el centro emocional de una película llena de espionaje, persecuciones y uno de los Monte Rushmore más famosos —y menos discretos— de la historia del cine.

Saint estuvo cerca, sin embargo, de rechazar el papel. Su marido, el director y productor televisivo Jeffrey Hayden, la animó a releer el guion y reconsiderarlo. Acertó. Con la muerte en los talones terminó convertida en un clásico y Eve Kendall en el personaje con el que varias generaciones identificaron inmediatamente a la actriz.

Una estrella que nunca quiso vivir como una estrella

Su filmografía tiene una peculiaridad. Saint podía trabajar con casi cualquier director y, aun así, rechazó producciones importantes y mantuvo una carrera bastante más selectiva de lo habitual para una actriz que había ganado el Oscar nada más llegar al cine.

Después de La ley del silencio protagonizó películas como A Hatful of Rain, Raintree County, Exodus, All Fall Down, 36 Hours, The Russians Are Coming, the Russians Are Coming y Grand Prix. Compartió pantalla con Paul Newman, Montgomery Clift, Elizabeth Taylor, Richard Burton y Warren Beatty. Entre los directores estuvieron Otto Preminger, John Frankenheimer y Vincente Minnelli.

Nunca pareció demasiado interesada en alimentar el personaje externo de «estrella de Hollywood». Su familia pesó en las decisiones profesionales, incluso durante los años en los que los grandes estudios podían convertir una carrera en una cadena de películas firmadas casi por inercia.

Ese control sobre su trabajo explica también sus largos desplazamientos entre cine y televisión. No desapareció; sencillamente, escogía.

De la televisión en directo al Emmy y Superman Returns

La televisión estuvo presente prácticamente desde el principio y volvió a cobrar fuerza a partir de los años setenta y ochenta. Saint apareció en Moonlighting como la madre del personaje de Cybill Shepherd y posteriormente ganó un Emmy por People Like Us.

Todavía aparecería ante nuevas generaciones en películas como Because of Winn-Dixie y Superman Returns, estrenada en 2006, donde interpretó a Martha Kent, la madre adoptiva de Superman. Su carrera llegó incluso al mundo de la animación con la voz de Katara anciana en The Legend of Korra. Una actriz nacida cuando el cine sonoro todavía estaba dando sus primeros pasos terminó trabajando para públicos que veían historias en plataformas digitales: pocas trayectorias permiten medir de forma tan gráfica lo que dura un siglo.

De Nueva Jersey al Actors Studio

Eva Marie Saint nació el 4 de julio de 1924 en Nueva Jersey y creció en el estado de Nueva York. Antes de imaginar una vida entre platós había pensado en convertirse en profesora, siguiendo los pasos de su madre. Estudió en Bowling Green State University, en Ohio, y allí el teatro fue cambiando el rumbo.

Tras graduarse se trasladó al área de Nueva York y comenzó una etapa de pequeños empleos interpretativos en radio y televisión. El salto llegó primero con The Trip to Bountiful, de Horton Foote, en televisión y Broadway, y después con Kazan. Para entonces había aprendido precisamente lo que luego caracterizaría sus mejores trabajos: hacer mucho sin aparentar esfuerzo.

Con Marlon Brando, por ejemplo, la química surgió durante una improvisación preparada por Kazan para decidir el reparto de La ley del silencio. Aquella prueba acabó abriendo la puerta a uno de los debuts cinematográficos más celebrados del Hollywood de posguerra.

Saint se casó en 1951 con Jeffrey Hayden. Permanecieron juntos 65 años, hasta la muerte de él en 2016, y tuvieron dos hijos, Darrell y Laurette. A la actriz le sobreviven también nietos y bisnietos.

La duración de aquel matrimonio no es un detalle menor dentro de su biografía profesional. Saint explicó muchas veces que no estaba dispuesta a sacrificar por completo la vida familiar a cambio de acumular películas. En la maquinaria del Hollywood clásico —que rara vez se distinguía por preguntar a sus estrellas si les venía bien el horario— era una postura bastante menos convencional de lo que parece vista desde 2026.

Tampoco se convirtió en una figura encerrada en la nostalgia. Siguió apareciendo públicamente durante décadas y regresó a los Oscar en 2018, más de sesenta años después de haber recibido allí su propia estatuilla.

El rostro sereno de una época que desaparece

La muerte de Eva Marie Saint reduce todavía más el pequeño grupo de intérpretes que podían hablar del Hollywood clásico desde la experiencia personal y no desde los archivos. Había trabajado frente a Brando cuando el llamado Método estaba cambiando la interpretación estadounidense; con Hitchcock cuando el director construía algunas de las imágenes más reconocibles del suspense moderno; con Newman, Grant, Taylor o Clift cuando esos nombres todavía estaban rodando las películas que después se llamarían clásicos.

Pero Eva Marie Saint fue algo más que la acompañante de grandes actores y directores. Edie Doyle y Eve Kendall bastan para demostrarlo: una era frágil sin resultar débil; la otra, seductora sin quedar reducida al decorado del protagonista masculino. Entre ambas había una actriz capaz de cambiar de temperatura casi sin levantar la voz.

Ha muerto a los 102 años, después de haber atravesado prácticamente toda la historia moderna de la pantalla estadounidense. Quedan el Oscar, el Emmy, los grandes títulos y aquella mezcla suya de elegancia y contención. Y queda, sobre todo, un plano de un tren con Cary Grant, otro junto a Marlon Brando y una evidencia bastante sencilla: hay actores que pertenecen a una época y otros que terminan definiéndola.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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