España
10.000 profesores rodean Educación en Madrid y mantienen la huelga
Unas 10.000 personas se concentran ante Educación en Madrid en la segunda jornada de huelga docente, con salarios, ratios y horarios en disputa.
Por Barcex - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, Wikimedia Commons
Resumen
- Unas 10.000 personas protestan ante la Consejería de Educación de Madrid
- La huelga reclama mejores salarios, menos ratios y menos horas lectivas
- Los sindicatos y la Comunidad discrepan ampliamente sobre el seguimiento
Miles de docentes han vuelto a llevar este jueves el conflicto de la enseñanza pública madrileña hasta la puerta del Gobierno regional. Unas 10.000 personas, según la Delegación del Gobierno, se han concentrado ante la Consejería de Educación durante la segunda jornada de la huelga indefinida iniciada el 14 de octubre. Silbatos, cacerolas, camisetas verdes y una protesta que terminó extendiéndose por uno de los ejes más transitados del centro de Madrid.
El núcleo del conflicto apenas ha cambiado desde que comenzaron los paros: los profesores reclaman menos alumnos por aula, mejoras salariales, una reducción de las horas lectivas y más recursos para la educación pública. A la huelga están llamados alrededor de 65.000 docentes de enseñanzas no universitarias que trabajan con más de 666.000 alumnos en la Comunidad de Madrid.
Diez mil personas frente a la Consejería de Educación
La protesta ha comenzado al mediodía ante la sede de la Consejería de Educación. Durante algunos momentos, la concentración ha ocupado cerca de medio kilómetro de la calle Alcalá, prácticamente hasta la Puerta del Sol. La imagen era bastante inequívoca: profesores vestidos de verde, ruido de silbatos y cacerolas, pancartas y un amplio despliegue policial frente al edificio autonómico.
La movilización no terminó allí. Parte de los asistentes avanzó posteriormente hacia Cibeles y otros grupos continuaron por Recoletos y el entorno de la Castellana, provocando cortes de tráfico al ocupar la calzada. La protesta dejó de ser durante unas horas un asunto encerrado entre pupitres y despachos para instalarse, literalmente, en el centro de Madrid.
Entre las consignas aparecieron algunas ya habituales en las movilizaciones educativas y otras bastante gráficas. Una de ellas resumía el malestar por el tamaño de las clases: «con estos ratios no entramos ni en el patio». Detrás de la ironía está una de las grandes reclamaciones del profesorado: reducir el número de estudiantes por aula para disponer de más tiempo y atención individual para cada alumno.
Una huelga y tres cifras distintas de seguimiento
El alcance real del paro vuelve a abrir una guerra de porcentajes. Los sindicatos convocantes sitúan el seguimiento en el 72 %, mientras que la Consejería de Educación rebaja la participación al 32,2 % en colegios e institutos y sostiene que la actividad se desarrolla con normalidad. CSIF, que mantiene una convocatoria paralela, calcula por su parte un 45 %, equivalente según sus estimaciones a cerca de 31.000 docentes.
No es una diferencia pequeña ni una cuestión puramente estadística. Cada porcentaje dibuja una fotografía política distinta de la misma jornada. El Ejecutivo madrileño sostiene que la participación ha disminuido respecto al primer día; los convocantes consideran que el movimiento conserva respaldo suficiente para mantener la presión. Sin una metodología común de recuento, el baile de cifras se ha convertido también en parte del conflicto.
Salarios, ratios y horas lectivas en el centro de la protesta
Las demandas van bastante más allá de una subida de sueldo. Los convocantes plantean una mejora salarial de 600 euros mensuales, reducir las ratios, disminuir la carga burocrática y rebajar el número de horas lectivas. Entre sus objetivos figura situarlas en 17 semanales en Secundaria y 22 en Primaria, de modo que los docentes dispongan de más tiempo para preparar clases, corregir, coordinarse y atender individualmente al alumnado.
También hay reivindicaciones relacionadas con la educación especial, las infraestructuras y la financiación de los centros públicos. Las organizaciones convocantes insisten en que el problema no puede reducirse a las condiciones laborales de los profesores: unas aulas saturadas, un orientador desbordado o la falta de personal terminan afectando directamente a los estudiantes y a sus familias.
Madrid defiende las mejoras que ya están en marcha
La Comunidad de Madrid contrapone a estas reclamaciones los acuerdos que ya se encuentran en desarrollo. El Ejecutivo regional ha comenzado a negociar una carrera profesional horizontal docente que podría traducirse en incrementos salariales de hasta 350 euros mensuales y pretende culminar esa negociación antes de que termine 2026.
El Gobierno autonómico también remite al acuerdo sectorial vigente y a la reducción progresiva de la jornada lectiva comprometida para los próximos cursos. Desde la Consejería se considera que una parte de las nuevas demandas sindicales rebasa los compromisos previamente negociados. Los sindicatos responden justamente lo contrario: las medidas existentes, sostienen, llegan tarde o resultan insuficientes para corregir los problemas acumulados.
Ahí está buena parte del atasco. Los profesores exigen acelerar y ampliar las mejoras; la Administración reivindica lo que ya ha acordado y pide margen para desarrollarlo. Entre ambos discursos quedan los centros, donde cada jornada de huelga obliga a reorganizar clases, profesores disponibles y servicios mínimos.
La protesta llega tras una primera jornada muy tensa
La segunda jornada no partía de cero. El miércoles, primer día de la huelga indefinida, una multitudinaria manifestación recorrió el centro de Madrid. La Delegación del Gobierno cifró aquella movilización en alrededor de 25.000 asistentes, mientras sindicatos y Ejecutivo autonómico volvieron a ofrecer porcentajes muy diferentes sobre el seguimiento del paro.
Aquel primer día quedó además marcado por los incidentes registrados en la Universidad Complutense. La actuación policial añadió tensión a una protesta educativa que ya llegaba cargada de meses de negociaciones, movilizaciones y advertencias sindicales. El conflicto, lejos de enfriarse, desembocó en una segunda jornada con miles de personas nuevamente en la calle.
Una huelga sin fecha fijada para terminar
El detalle más relevante está precisamente en el apellido del paro: indefinido. No se trata de una convocatoria diseñada para agotarse después de dos o tres jornadas simbólicas. Los sindicatos pretenden mantener la presión hasta que exista una negociación que consideren suficiente sobre salarios, ratios, jornada lectiva y financiación.
CSIF ha reclamado también una negociación inmediata y ha planteado que el dinero descontado de las nóminas de quienes secunden la huelga revierta en los propios centros educativos. El sindicato estima esas detracciones en cerca de tres millones de euros diarios, una cifra procedente de sus propios cálculos y no de la Administración autonómica.
Los siguientes días medirán algo bastante menos vistoso que una gran manifestación, pero más decisivo: cuánto tiempo puede mantenerse el seguimiento y hasta dónde está dispuesta a moverse la Consejería. Una huelga indefinida se juega también ahí, lejos de los silbatos, cuando el calendario empieza a pesar.
La educación madrileña mantiene abierto el conflicto
La segunda jornada deja una imagen difícil de rebajar a una simple discusión de porcentajes. Diez mil personas ante Educación, según la Delegación del Gobierno, muestran una movilización relevante; que el seguimiento efectivo sea del 72 %, del 45 % o del 32,2 % depende de quién realice el recuento. Lo indiscutible es que el paro continúa y el acuerdo todavía no aparece.
El profesorado reclama aulas menos saturadas, más tiempo fuera de clase para preparar el trabajo, mejores salarios y recursos suficientes. El Gobierno madrileño responde con los acuerdos ya firmados y las mejoras que tiene en negociación. Dos calendarios y posiciones todavía alejadas. Mientras esa distancia siga ahí, la camiseta verde seguirá teniendo motivos para salir del aula y ocupar la calle.
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