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Tesla presenta el Roadster volador con tecnología de SpaceX en Texas

Tesla presenta en Texas su nuevo Roadster, un deportivo eléctrico con propulsores de SpaceX que se eleva y acelera de 0 a 97 km/h en 0,81 segundos.

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El Tesla volador

Fuente de la imagen: Tesla

Resumen

  • Tesla muestra un Roadster capaz de elevarse con propulsores de SpaceX
  • El deportivo acelera de 0 a 97 km/h en 0,81 segundos en la demostración
  • La producción está prevista para 2028 y el precio final sigue sin anunciarse

Tesla ha presentado la nueva generación del Roadster, el deportivo eléctrico que lleva casi una década prometiendo, y esta vez la compañía no se limitó a colocar un prototipo bajo los focos. El coche se elevó del suelo, realizó maniobras aéreas y regresó a tierra mediante un sistema de propulsores desarrollado con tecnología procedente de SpaceX. En otra demostración aceleró de 0 a 60 millas por hora, unos 97 km/h, en apenas 0,81 segundos.

Conviene afinar el concepto porque la palabra «volar» hace mucho trabajo por sí sola. El Roadster mostrado por Tesla no funciona como un avión ni como uno de los futuros taxis aéreos de despegue vertical: emplea propulsores y soluciones aerodinámicas para abandonar temporalmente el suelo y ejecutar maniobras controladas. La versión más radical, denominada Rocket, sí aparece concebida alrededor de un sistema completo de vuelo. La frontera entre automóvil y artefacto aeroespacial, a estas alturas, empieza a ponerse bastante borrosa.

El Tesla Roadster vuela con tecnología de SpaceX

La presentación tuvo lugar en las instalaciones de pruebas de SpaceX en McGregor, Texas, un escenario bastante menos casual de lo que parece. Tesla mostró al Roadster avanzando por una estructura curva hasta quedar boca abajo gracias a un sistema de succión situado bajo el vehículo. Después abandonó la rampa, giró en el aire y volvió a apoyarse sobre sus ruedas.

En otra de las demostraciones, el deportivo utilizó sus propulsores para pasar por encima de otros vehículos. No se trata de esconder una pequeña nave espacial dentro del maletero: la tecnología emplea un sistema de gas a alta presión inspirado en soluciones desarrolladas en el ámbito aeroespacial, combinado con aerodinámica activa y un dispositivo de succión bajo la carrocería.

Ese sistema de succión es otra de las piezas llamativas del proyecto. Puede generar una enorme carga hacia el suelo y permitir que el coche mantenga la adherencia en situaciones imposibles para un automóvil tradicional. Es decir, Tesla no ha utilizado la tecnología de SpaceX únicamente para lograr un salto espectacular ante las cámaras; pretende que propulsión, aerodinámica y control del vehículo trabajen como una sola arquitectura.

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De 0 a 97 km/h en solo 0,81 segundos

El otro número destinado a perseguir al Roadster allá donde vaya es el de su aceleración. Durante la presentación, Tesla enseñó una prueba en la que el deportivo pasó de 0 a 60 mph en 0,81 segundos, aproximadamente de 0 a 97 km/h.

La precisión importa. No es exactamente una medición de 0 a 100 km/h, aunque la diferencia sea pequeña, y tampoco equivale todavía a un registro independiente de un automóvil de producción. Lo demostrado por Tesla es una aceleración de 0 a 60 mph en 0,81 segundos utilizando un prototipo dotado de su nuevo sistema de propulsión.

La receta combina la fuerza inmediata de los motores eléctricos con propulsores capaces de añadir empuje. El sistema no se plantea únicamente para salir disparado en línea recta: también puede intervenir en la frenada, la estabilidad y determinadas maniobras. El deportivo eléctrico tradicional empieza a quedarse corto como definición.

Performance, Thrust y Rocket: los tres Roadster

Tesla ha estructurado la nueva familia alrededor de tres configuraciones. El Roadster Performance será el modelo más cercano a un deportivo convencional dentro de una gama que tiene poco de convencional: incorpora dos plazas, aerodinámica activa y el sistema de succión desarrollado para aumentar la carga contra el asfalto.

Un escalón por encima aparece el Roadster Thrust, también biplaza, que añade un sistema completo de propulsores destinado a mejorar la aceleración. Y en el extremo queda el Rocket, configurado como monoplaza y planteado directamente alrededor de capacidades de vuelo.

La propia estrategia comercial deja clara la diferencia. El Rocket se reserva para una disponibilidad mucho más restringida y su configuración sacrifica incluso el segundo asiento en favor del sistema de vuelo. No parece, en definitiva, el coche que uno compra para acercarse tranquilamente al supermercado un sábado por la mañana.

La mezcla tiene bastante lógica dentro del universo empresarial de Elon Musk. El Roadster funciona como escaparate de Tesla, pero también como demostración pública de lo que puede ocurrir cuando tecnologías procedentes de SpaceX aterrizan —literalmente, esta vez— en un automóvil.

Más de 370 km/h y más de 480 kilómetros de autonomía

Tesla también ha anunciado una velocidad máxima superior a las 230 millas por hora, algo más de 370 km/h, junto con una autonomía superior a 300 millas, alrededor de 480 kilómetros por carga.

Son cifras vinculadas todavía a las especificaciones anunciadas por la compañía y no a un Roadster de producción sometido a pruebas independientes. Elon Musk ha llevado incluso las expectativas más lejos al hablar de velocidades extraordinarias para las configuraciones más extremas. Ese territorio pertenece, por el momento, a la ambición técnica, no a una ficha de homologación que pueda encontrarse en un concesionario.

Las nuevas cifras rebajan algunas promesas de 2017

La autonomía anunciada es, de hecho, bastante más modesta que la que Tesla manejaba cuando presentó el concepto de segunda generación en 2017. Entonces hablaba de unas 620 millas, cerca de 1.000 kilómetros, y situaba las primeras entregas alrededor de 2020.

Ninguna de aquellas dos previsiones terminó materializándose. El Roadster se convirtió durante años en uno de los proyectos más aplazados de Tesla, desplazado mientras la empresa concentraba recursos en modelos de volumen, nuevas fábricas, el Cybertruck, la conducción autónoma y la robótica.

Ese historial aconseja separar lo demostrado de lo anunciado. Tesla ha enseñado un prototipo que existe, acelera de manera brutal, circula boca abajo y puede realizar maniobras aéreas. Las cifras finales de autonomía, velocidad y prestaciones tendrán que medirse cuando exista el vehículo definitivo.

La producción del nuevo Roadster está prevista para 2028

El regreso del Roadster tampoco será inmediato. Musk sitúa el comienzo de la producción en 2028, más de diez años después de la presentación del primer prototipo de esta segunda generación.

El retraso forma casi parte de la biografía del coche. Tesla reveló aquel Roadster en noviembre de 2017 y comenzó a aceptar reservas, pero el calendario fue moviéndose una y otra vez. La presentación de Texas cambia al menos una cosa importante: el proyecto ya no consiste únicamente en renders, declaraciones y fechas aplazadas. Hay un prototipo funcional realizando las maniobras que la compañía llevaba años anticipando.

Tampoco existe todavía un precio final confirmado para el vehículo de producción. Las cantidades solicitadas para reservar determinadas versiones funcionan como depósitos y no deben confundirse con la tarifa definitiva del automóvil. Tesla manejó años atrás precios de referencia elevados para el Roadster, pero la configuración presentada en 2026 es suficientemente distinta como para que aquellas cifras hayan envejecido mal.

El calendario de 2028 será, por tanto, tan importante como las cifras de aceleración. Convertir una demostración tecnológica en un vehículo repetible, homologable y fabricable en serie es otra historia. Mucho menos vistosa, bastante más difícil.

Un escaparate tecnológico más que un coche para las masas

Hay algo simbólico en que Tesla haya escogido precisamente el Roadster para una de sus demostraciones técnicas más extravagantes. El primer automóvil producido por la compañía fue también un Roadster, lanzado en 2008 sobre una base relacionada con el Lotus Elise. Aquel modelo ayudó a desmontar una idea muy extendida entonces: que un eléctrico podía ser eficiente, sí, pero difícilmente rápido, deseable y divertido.

Casi dos décadas después, ese argumento necesita actualizarse. Los coches eléctricos de altas prestaciones ya forman parte del mercado, los fabricantes tradicionales ofrecen deportivos con aceleraciones fulminantes y la industria china ha elevado la competencia tecnológica a un ritmo que habría parecido ciencia ficción en los primeros años de Tesla.

Por eso este Roadster necesita algo más. No basta con ser rápido. Tiene que hacer cosas que ningún otro automóvil haga, aunque algunas parezcan salidas de una reunión nocturna entre ingenieros a los que nadie recordó explicarles dónde acaba exactamente un coche.

Su importancia comercial probablemente será limitada. Es, ante todo, un halo car: un modelo creado para enseñar hasta dónde puede llegar una marca cuando coste, practicidad y volumen dejan de ser las prioridades. Más laboratorio rodante que automóvil familiar, más escaparate de ingeniería que producto pensado para llenar aparcamientos.

En ese terreno, la presentación cumple su cometido. Tesla ha pasado de prometer un deportivo con tecnología de SpaceX a enseñar uno que se eleva, gira en el aire y aterriza. Falta la parte menos cinematográfica: homologarlo, fabricar unidades idénticas de manera fiable y entregarlas a sus propietarios.

Hasta 2028 habrá margen para comprobar cuánto del prototipo sobrevive en el modelo definitivo. Después de años de retrasos, al menos el nuevo Roadster ya no es únicamente una sucesión de promesas: ha rodado, se ha puesto boca abajo y ha abandonado el suelo. Para un automóvil, incluso en tiempos de Tesla, no es precisamente una presentación corriente.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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