Síguenos

Economía

Con 28 años logró 12 pisos al convertir un edificio en cinco estudios

Juan Carlos compró un edificio por unos 40.000 euros, invirtió 130.000 en reformarlo y proyectó cinco estudios con 2.500 euros mensuales de renta.

Publicado

el

Tiene 12 pisos con 28 años

Resumen

  • Con 28 años había reunido 12 viviendas en apenas dos años
  • Invirtió 170.000 euros entre comprar y reformar un edificio de Alcoy
  • Los cinco estudios proyectaban unos 2.500 euros mensuales de alquiler

Juan Carlos Soldado tenía 28 años cuando contó que había comprado 12 viviendas en apenas dos años. Ingeniero civil de formación y vinculado profesionalmente al sector inmobiliario, había comenzado a invertir antes de la pandemia y terminó dando un salto bastante mayor: comprar un edificio completo en Alcoy para transformarlo en cinco estudios destinados al alquiler. La historia ha vuelto a circular en 2026, aunque la entrevista original se remonta a 2023.

Y aquí conviene afinar una cifra que, repetida deprisa, cambia bastante la película. El edificio no costó 170.000 euros. Según explicó el propio inversor, pagó alrededor de 40.000 euros por el inmueble y presupuestó otros 130.000 para reformarlo. Los 170.000 euros corresponden, por tanto, a la inversión conjunta de compra y obra. Su previsión era obtener alrededor de 2.500 euros mensuales por los cinco estudios.

Eso supone unos 30.000 euros de ingresos brutos anuales y, tomando únicamente esas cifras, una rentabilidad bruta cercana al 17,6% sobre los 170.000 euros invertidos. Es un porcentaje llamativo. También es bruto: todavía hay que descontar fiscalidad, mantenimiento, periodos sin inquilino, seguros, posibles gastos financieros y otros desembolsos que no aparecen detallados en la operación. El ladrillo, por mucho entusiasmo que despierte, no fabrica billetes por combustión espontánea.

Canal oficial
El Folio en WhatsApp
Recibe las noticias más importantes, alertas y última hora.

El edificio de 40.000 euros que acabó convertido en cinco estudios

La operación más vistosa de su cartera nació precisamente de un activo barato. Juan Carlos situó en torno a 40.000 euros el precio de adquisición del edificio, mientras que la rehabilitación ascendía a unos 130.000. El proyecto consistía en obtener cinco estudios independientes y alcanzar unos 2.500 euros mensuales de alquiler conjunto.

La diferencia entre precio de compra y coste de reforma ayuda a entender dónde estaba realmente la apuesta. No se trataba simplemente de encontrar un bloque extraordinariamente barato y poner un cartel de alquiler en la puerta. La mayor parte del capital debía ir a transformar físicamente el inmueble, redistribuirlo y dejarlo en condiciones de explotación.

Juan Carlos también relató que la negociación se prolongó durante meses. Había fijado de antemano cuánto podía pagar según sus cálculos y evitó elevar la oferta para cerrar el trato. Una disciplina menos fotogénica que enseñar doce llaves sobre una mesa, pero probablemente bastante más importante para entender cómo encajaban los números de la operación.

De comprar pisos pequeños a asumir una obra mucho mayor

Antes de llegar al edificio, su modelo había sido más sencillo: comprar viviendas económicas, reformarlas y ponerlas en alquiler. Una de las operaciones que explicó fue un piso adquirido por 36.500 euros, alquilado posteriormente por 400 euros mensuales. Otra vivienda le costó menos de 40.000 euros y requirió aproximadamente 10.000 euros de reforma antes de salir al mercado por unos 425 euros al mes.

Son precios que llaman la atención vistos desde Madrid, Barcelona o determinadas zonas de la costa. Pero esa era justamente parte de la estrategia: no perseguir los mercados más caros, sino buscar ciudades medianas con precios de entrada menores y suficiente demanda de alquiler para que las cuentas pudieran funcionar.

Cómo pasó de un objetivo de cinco viviendas a comprar doce

Juan Carlos había empezado con una meta bastante más modesta: cinco pisos en tres años. Según contó, terminó alcanzando doce viviendas en aproximadamente dos años. Su formación como ingeniero civil, un máster en gestión de proyectos y un MBA le daban una base técnica, pero él mismo señalaba otro ingrediente menos espectacular y bastante terrenal: disponer de ingresos estables para conseguir financiación bancaria.

La banca no concede hipotecas porque una hoja de cálculo sea bonita. Analiza solvencia, ingresos, endeudamiento, garantías y el historial financiero del solicitante. En operaciones sucesivas, además, cada inmueble nuevo modifica esa fotografía. Por eso el caso de Juan Carlos resulta difícil de convertir en una receta universal para cualquiera que tenga algunos ahorros y una tarde libre para visitar portales inmobiliarios. El acceso al crédito formaba parte esencial de la ecuación.

Su criterio declarado entonces era exigente: buscaba operaciones que pudieran alcanzar aproximadamente un 10% de rentabilidad y generar flujo de caja positivo, es decir, que los ingresos periódicos superasen los gastos asociados al activo. La expresión inglesa cash flow suele vestir mucho en este negocio; al final significa algo bastante sencillo: que después de cobrar y pagar, quede dinero.

Alcoy encajaba en su mapa de inversión

Uno de sus filtros era buscar municipios de más de 50.000 habitantes, preferentemente con hospital, universidad y una economía suficientemente diversa como para atraer a estudiantes, funcionarios y trabajadores. Alcoy reunía ese perfil. La ciudad superaba los 60.000 habitantes y ofrecía un mercado residencial muy distinto al de las grandes capitales.

La lógica es fácil de seguir. Una vivienda barata en un lugar sin demanda puede ser simplemente una vivienda barata durante muchos años. Juan Carlos buscaba precios contenidos, sí, pero acompañados de una base razonable de posibles inquilinos. En inversión inmobiliaria, el descuento de entrada sirve de poco cuando las ventanas permanecen cerradas y el buzón acumula publicidad.

El momento de compra también importa. Muchas de las operaciones descritas pertenecen a los primeros años de esta década. No es razonable trasladar automáticamente aquellos precios al mercado de 2026. Lo que parecía barato entonces puede haber desaparecido, encarecido o exigir una inversión en reforma mucho mayor.

Alcoy ya no tiene los precios de aquella operación

El mercado local ha cambiado con rapidez. En septiembre de 2026, el precio anunciado de la vivienda en venta en Alcoy alcanzaba alrededor de 1.328 euros por metro cuadrado, un 24,1% más que un año antes. En alquiler, el precio anunciado rondaba los 8,7 euros por metro cuadrado, con una subida interanual próxima al 14,8%. Son precios de oferta, no importes finales de compraventa o contratos firmados, pero permiten ver con claridad la dirección del mercado.

Ese movimiento deja una enseñanza bastante menos cómoda que el habitual relato del joven inversor que acumula viviendas: las oportunidades extraordinarias tienen fecha. Encontrar actualmente un edificio por unos 40.000 euros, rehabilitarlo y repetir exactamente los números narrados años atrás es bastante más difícil en un mercado donde el valor anunciado de compra ha crecido con fuerza.

También cambia el cálculo cuando suben el coste de las obras, la financiación o los impuestos. Una rentabilidad sobre el papel puede adelgazar deprisa cuando entra en escena la factura completa. Ese coste real de mantener una vivienda es el pequeño detalle que suele desaparecer cuando una historia inmobiliaria cabe en veinte segundos de vídeo.

Del 10% como frontera a una visión bastante más prudente

Hay un detalle especialmente interesante al revisar el caso desde 2026. El propio Juan Carlos ha matizado con el tiempo aquella obsesión inicial por rentabilidades de dos dígitos. Más recientemente ha defendido que prefiere una rentabilidad algo menor en una zona sólida antes que un porcentaje superior en un área de peor calidad, porque demanda, liquidez y potencial de revalorización también cuentan.

La evolución tiene sentido. Buscar exclusivamente la rentabilidad inicial puede empujar hacia activos muy baratos precisamente porque presentan más riesgo, peor localización, menor liquidez o mayores necesidades de rehabilitación. Un 10% teórico no siempre es mejor que un 7% más estable. Las matemáticas son estupendas; el problema llega cuando se les olvida mirar por la ventana.

El cambio resulta significativo porque desmonta parcialmente la versión simplificada de su propia historia. La estrategia que permitió crecer con rapidez en una etapa concreta no tiene por qué ser la misma que conviene aplicar años después, con otro patrimonio, otros precios y otra posición profesional.

De una cartera personal a un negocio inmobiliario mucho mayor

Juan Carlos Soldado no quedó limitado a aquellas doce viviendas. Es uno de los fundadores de Muppy, compañía nacida en 2021 y dedicada a la inversión y gestión de activos residenciales. Su trayectoria empresarial ayuda a situar el episodio de los pisos dentro de un recorrido profesional mucho más amplio en el sector inmobiliario.

En julio de 2026, Mutua Madrileña adquirió un 10% de Muppy a través de Mutua Ventures. En ese momento, la compañía gestionaba más de 150 millones de euros en activos y se marcaba como objetivo alcanzar 400 millones durante los dos años siguientes. Aquella cartera personal que llamaba la atención en una entrevista de 2023 queda, vista desde aquí, casi como el prólogo de una actividad inmobiliaria de otra escala.

Eso no resta interés a la operación de Alcoy; al contrario, la coloca en su sitio. La historia no es la de un desconocido que encontró accidentalmente doce gangas mientras navegaba por internet. Hablamos de alguien con formación técnica, actividad empresarial en el sector, acceso a financiación y experiencia específica en inversión inmobiliaria.

Una operación brillante que pertenece a un momento concreto

Los números siguen siendo potentes. Un edificio comprado por unos 40.000 euros, una reforma de aproximadamente 130.000 y cinco estudios capaces, según la previsión expuesta entonces, de ingresar 2.500 euros mensuales forman una operación que sobre el papel ofrece una rentabilidad bruta muy elevada.

Pero la información verdaderamente útil está alrededor de la cifra. Juan Carlos no pagó 170.000 euros únicamente por comprar el bloque; esa cantidad incluía la reforma. Tenía 28 años cuando relató su cartera en 2023, no necesariamente en las informaciones que han vuelto a presentar el caso años después. Y aquel mercado tampoco es el de octubre de 2026: Alcoy se ha encarecido notablemente desde entonces.

Su caso habla de financiación, reforma, selección geográfica, negociación y riesgo. También de oportunidad temporal. Doce pisos en dos años suenan a velocidad. Detrás, sin embargo, había algo menos espectacular y bastante más reconocible: capital, bancos, obras, números y una ciudad donde todavía era posible comprar ciertos inmuebles a precios que, apenas unos años después, parecen llegados de otra época.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído