Síguenos

Mundo

Machado liga la paz de Colombia a unas elecciones libres en Venezuela

María Corina Machado sostiene que la paz de Colombia depende de la democracia venezolana y reclama elecciones y cooperación contra grupos armados.

Publicado

el

Corina Machado en 2022

Imagen: Carlos Díaz / Flickr / CC BY 2.0.

Resumen

  • Machado liga la paz de Colombia con una Venezuela democrática
  • Propone cooperación militar contra grupos armados en la frontera
  • También reclama elecciones y reactivar la integración energética

María Corina Machado ha ligado de forma directa el futuro de la paz en Colombia con el desenlace político de Venezuela. La líder opositora venezolana sostiene que no habrá una paz duradera en el país vecino mientras Venezuela no recupere una democracia plena y descarta que el Ejecutivo encabezado por Delcy Rodríguez pueda convertirse en un socio fiable de Bogotá frente a los grupos armados ilegales que operan alrededor de la extensa frontera común.

La dirigente plantea una relación bastante más profunda que la simple cooperación diplomática: elecciones presidenciales en Venezuela, fuerzas armadas coordinadas contra organizaciones ilegales, recuperación de intercambios energéticos y comerciales y unas instituciones capaces de ofrecer garantías dentro y fuera del país. Colombia, viene a decir Machado, no puede separar del todo sus problemas de seguridad de lo que ocurre al otro lado de sus más de 2.200 kilómetros de frontera.

Canal oficial
El Folio en WhatsApp
Recibe las noticias más importantes, alertas y última hora.

Machado vincula la seguridad de Colombia con Venezuela

La afirmación más contundente llegó al abordar la presencia de organizaciones armadas colombianas en territorio venezolano. Machado rechazó que pueda existir una cooperación eficaz con el actual Gobierno de Delcy Rodríguez para combatir estructuras como el Ejército de Liberación Nacional, el ELN, y otros grupos que utilizan las regiones fronterizas para desplazarse, refugiarse o desarrollar actividades ilegales.

Su planteamiento va más allá de un cambio de nombres en la cúspide del poder. Machado defiende una transformación institucional con elecciones competitivas, instituciones independientes y unas fuerzas de seguridad sometidas al poder civil y constitucional. Ahí está el centro de su mensaje a Colombia: la estabilidad venezolana, a su juicio, no es solo un asunto interno de Caracas.

Una frontera convertida durante años en terreno gris

La frontera entre los dos países es una sucesión de pasos legales, trochas clandestinas, selva, ríos y localidades donde las relaciones familiares y económicas llevan décadas ignorando la raya del mapa. Cuando el Estado retrocede, ese terreno lo ocupan otros. Narcotráfico, contrabando, minería ilegal y extorsión han encontrado allí un paisaje especialmente propicio.

Machado sostiene que militares venezolanos han sido obligados a convivir territorialmente con el ELN y promete que una futura fuerza armada reorganizada actuaría de forma coordinada con Colombia. Se trata de acusaciones formuladas por la dirigente opositora, que enmarca esa supuesta tolerancia hacia grupos irregulares dentro de los problemas de seguridad acumulados durante años en la zona fronteriza.

La cuestión es especialmente sensible porque ambos países necesitan mecanismos estables para intercambiar información y controlar un territorio difícil de vigilar. La posición de Machado es nítida: considera que esa colaboración tendrá límites mientras persista la actual estructura política venezolana y que democracia y seguridad fronteriza forman parte, en realidad, del mismo problema.

Una propuesta militar para combatir al ELN

Machado dibuja otra relación bilateral. Su propuesta consiste en disponer de una Fuerza Armada venezolana que, según sus palabras, esté al servicio de la República y de la Constitución y pueda trabajar con el Ejército colombiano para contener a los grupos ilegales.

Es una idea de gran alcance. Implicaría pasar de décadas de recelos, acusaciones cruzadas y etapas de ruptura diplomática a una cooperación permanente de seguridad entre Colombia y Venezuela, algo especialmente relevante para los departamentos y estados situados a ambos lados de una frontera donde las organizaciones armadas conocen cada camino, cada río y cada hueco institucional.

No es un asunto teórico. La movilidad de los grupos ilegales entre zonas rurales y corredores fronterizos condiciona desde hace años las operaciones de seguridad colombianas. La frontera funciona muchas veces como una cremallera rota: se cierra sobre el papel, pero quedan suficientes huecos para que sigan pasando hombres, mercancías y dinero.

Machado ve a De la Espriella como aliado de Venezuela

La dirigente también dedicó palabras al presidente colombiano, Abelardo de la Espriella, al que calificó de aliado del pueblo venezolano y de la democracia. Machado considera que una transición política en Caracas tendría un efecto inmediato en Colombia, sobre todo por la seguridad de la frontera y la presión que ejercen allí las organizaciones armadas.

El comentario tiene un contenido político evidente. Machado intenta insertar el futuro venezolano dentro de una agenda regional que une seguridad, migración, comercio y energía. Menos espacio para grupos irregulares, más control territorial y una recuperación de las relaciones económicas: ese es el horizonte que plantea.

El gasoducto Antonio Ricaurte vuelve al tablero

La líder opositora no limita su planteamiento al terreno militar. También propone recuperar plenamente el gasoducto Antonio Ricaurte, una infraestructura de unos 225 kilómetros que conecta los sistemas energéticos de ambos países y que podría recuperar protagonismo dentro de una relación económica normalizada.

Machado sostiene que Venezuela podría ampliar considerablemente su producción de hidrocarburos con inversión internacional y convertirse en proveedor de gas para Colombia. Su visión pasa por atraer capital a los sectores petrolero, gasístico, minero, agrícola y de infraestructuras mediante seguridad jurídica y reglas transparentes.

Hay aquí una mezcla muy latinoamericana de geopolítica y tuberías. La misma frontera que sirve de escondite a hombres armados puede utilizarse para mover gas, mercancías, electricidad y capital. La diferencia está en quién controla el territorio y bajo qué reglas se produce ese intercambio.

Las elecciones venezolanas siguen en el centro del debate

Machado insiste en que Venezuela necesita fijar cuanto antes una fecha para unas elecciones presidenciales. La dirigente prepara su regreso al país desde Panamá y pretende tener un papel relevante en un proceso político que considera todavía incompleto mientras no exista una convocatoria electoral con garantías.

Su posición respecto a Delcy Rodríguez es dura. No considera que el actual escenario represente por sí solo una ruptura suficiente con la estructura anterior del poder venezolano y rechaza que pueda ofrecer a Colombia la cooperación de seguridad que, según ella, necesita la región.

La cuestión electoral se convierte así en algo más que una disputa doméstica. Para Machado, unas instituciones legítimas permitirían reconstruir la relación con Colombia, atraer inversiones, facilitar el regreso de emigrantes y reducir el margen de actuación de los grupos armados. En su discurso, democracia y estabilidad regional avanzan juntas o tropiezan juntas.

Colombia y Venezuela, demasiado cerca para vivir de espaldas

Hay un elemento menos ideológico y bastante más difícil de discutir: Colombia y Venezuela comparten más de 2.200 kilómetros de frontera, relaciones comerciales históricas, familias repartidas entre ambos países y una migración venezolana que ha transformado numerosas ciudades colombianas durante la última década.

Machado recuerda que Colombia acoge a más de 2,8 millones de venezolanos y sostiene que parte de esa población regresaría si existiesen seguridad política, crecimiento económico y perspectivas de futuro en Venezuela. El impacto de una eventual estabilización no se mediría únicamente en urnas, sino también en movimientos migratorios, empleo y actividad económica a ambos lados de la frontera.

Su planteamiento convierte así la democratización venezolana en una cuestión con consecuencias sobre migración, guerrillas, narcotráfico, energía, inversión y comercio colombianos. Es una lectura ambiciosa y también discutible en algunos de sus presupuestos, pero coloca el foco en una realidad difícil de esquivar: lo que ocurre en Caracas rara vez se queda únicamente en Caracas.

Una relación bilateral que se juega mucho más que la política

La distancia entre el proyecto de Machado y la realidad sigue siendo considerable. Venezuela mantiene abierto su proceso político, las elecciones continúan siendo una exigencia central de la oposición y la dirigente pelea por tener peso en una eventual transición. Entretanto, la frontera continúa enfrentándose a problemas de seguridad y economías ilegales que no esperan a que la política encuentre una solución definitiva.

Pero el mensaje de María Corina Machado a Bogotá no deja demasiado espacio para interpretaciones: considera que la paz colombiana y la democracia venezolana forman parte de una misma ecuación. En una región donde guerrillas, migrantes, petróleo y mercancías llevan décadas cruzando la raya del mapa con bastante más facilidad que los acuerdos políticos, la estabilidad de ambos países seguirá inevitablemente conectada.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído