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Economía

El aceite de oliva baja en Mercadona y Carrefour: preocupa al campo

El AOVE de marca propia ronda los 4,35-4,78 euros por litro. La cosecha prevista presiona el precio en origen y preocupa al olivar tradicional.

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Cliente de supermercado compara aceite de oliva

Resumen

  • El AOVE de marca propia ronda entre 4,35 y 4,78 euros por litro
  • En origen, el virgen extra se mueve alrededor de 3,3 euros por kilo
  • La gran cosecha prevista mejora la oferta, pero aprieta al olivar tradicional

El precio del aceite de oliva virgen extra vuelve a bajar en los supermercados españoles y la botella de marca propia de un litro se mueve ya, en las principales cadenas, alrededor de los 4,50 euros. La alegría en la cesta de la compra tiene, sin embargo, otra cara: el AOVE en origen ronda los 3,3 euros por kilo, un nivel que vuelve a estrechar —y mucho— las cuentas de numerosos productores, especialmente en el olivar tradicional.

Detrás de este abaratamiento no hay un misterio comercial. España arranca la campaña 2026/2027 con una cosecha estimada de 1.602.596 toneladas de aceite, un 23% más que en la anterior. Hay más oferta en perspectiva, las cotizaciones en las almazaras llevan meses retrocediendo y las cadenas empiezan a trasladar esa realidad al lineal. El consumidor recupera precios que parecían casi desterrados después de los años del aceite a ocho, nueve y hasta diez euros; para el agricultor, en cambio, la película empieza a parecerse demasiado a una vieja conocida.

El AOVE de marca propia vuelve a acercarse a los cuatro euros

La comparación de las referencias equivalentes —aceite de oliva virgen extra de marca propia en botella de un litro— permite ver hasta dónde ha llegado el descenso. Los precios online pueden cambiar ligeramente según la tienda, el código postal o una promoción puntual, pero la fotografía del mercado a comienzos de octubre es bastante nítida.

En Mercadona, el AOVE Hacendado de un litro ha bajado a 4,35 euros, después de permanecer en 4,45 euros durante buena parte de septiembre. En Carrefour, la referencia Carrefour Extra aparece en torno a 4,34 euros. Consum vende su botella propia de un litro por 4,45 euros; Dia mantiene La Almazara del Olivar en 4,70 euros y Alcampo muestra su AOVE de marca propia a 4,78 euros.

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La distancia entre cadenas, por tanto, ya no es enorme. Entre la referencia más barata y la más cara de estas cinco enseñas hay menos de medio euro por litro. Y los formatos grandes vuelven a introducir otro escalón: Mercadona, por ejemplo, ha reducido su garrafa de tres litros de virgen extra a 12,15 euros, unos 4,05 euros por litro. El ahorro vuelve a estar, como antes de la gran crisis del aceite, en comprar volumen y no una colección de botellas pequeñas.

No todas las etiquetas son comparables, conviene recordarlo. Un aceite de oliva suave, un virgen, un virgen extra y un AOVE de cosecha temprana pueden convivir en la misma estantería y parecer primos hermanos, pero no son el mismo producto. Comparar únicamente el número grande de la etiqueta sin mirar categoría y formato sirve para fabricar gangas imaginarias.

Por qué está bajando el precio del aceite de oliva

El movimiento empieza bastante antes de la caja del supermercado. Durante la campaña pasada, el precio del virgen extra en origen fue perdiendo altura: desde niveles cercanos a cinco euros por kilo en noviembre de 2025 pasó a rondar los 3,4 euros en septiembre de 2026. En la primera semana de octubre, el AOVE en origen se mueve alrededor de 3,3 euros por kilo, con ligeras oscilaciones según calidad, zona y operación.

Eso no significa que una botella que cuesta 4,35 euros deje un euro limpio a quien la vende. Ni de lejos. El aceite sale de la almazara a granel y todavía quedan por pagar envasado, botella, transporte, almacenamiento y distribución. Tampoco un kilo de aceite equivale exactamente a un litro. La distancia entre precio en origen y precio en tienda no puede leerse simplemente como margen del supermercado.

La nueva cosecha pesa sobre las cotizaciones

Lo que sí hace el mercado es adelantarse. Cuando las previsiones apuntan a abundancia, los compradores tienen menos incentivo para asegurarse mercancía pagando precios elevados; cuando una sequía amenaza con dejar las bodegas medio vacías sucede lo contrario. Es economía bastante terrenal, aunque a veces parezca que una botella de aceite cotiza como un metal precioso.

El Ministerio de Agricultura calcula para la campaña que acaba de comenzar una producción de 1,60 millones de toneladas, considerada media-alta y un 23% superior a la precedente. La primavera dejó temperaturas suaves y lluvias suficientes en buena parte de las zonas productoras, favoreciendo floración y cuajado. Ese volumen ofrece seguridad de abastecimiento y, al mismo tiempo, mete presión bajista en el mercado.

No significa que el aceite vaya a seguir cayendo indefinidamente. El rendimiento real de la aceituna, las lluvias de otoño, las exportaciones, el consumo, las existencias almacenadas y los costes energéticos pueden modificar el escenario. El aceite se recoge en el campo, pero su precio se decide entre cosechas, bodegas, contratos y expectativas.

El consumidor respira mientras el productor hace números

Aquí aparece la paradoja. Después de varios años en los que una botella de aceite se convirtió casi en artículo de lujo doméstico, una bajada del precio beneficia a las familias. El consumo había sufrido con los máximos y volver a la zona de cuatro euros facilita que el virgen extra recupere espacio en las cocinas.

En el campo, la misma cifra se observa desde el lado contrario del cristal. Las organizaciones agrarias llevan meses avisando de que determinadas explotaciones tradicionales tienen costes muy superiores a los de un olivar intensivo o superintensivo. Algunas estimaciones sitúan alrededor de cinco euros por kilo el umbral de rentabilidad de parte del olivar tradicional, aunque no existe un coste único para toda España.

Una finca mecanizada en llano y un olivar de montaña recogido con mucha mano de obra viven realidades económicas radicalmente distintas. Por eso, hablar de un único precio rentable puede resultar engañoso. La estructura productiva española es enorme, diversa y bastante más compleja que una simple media nacional.

El olivar tradicional es el que soporta peor la caída

Ese matiz importa. España puede producir mucho aceite a precios competitivos gracias al regadío, la mecanización y las nuevas plantaciones de alta densidad, pero buena parte del paisaje olivarero sigue formado por pequeñas explotaciones, secanos, pendientes y árboles centenarios. Ahí recoger un kilo de aceituna cuesta más.

A la caída del precio en origen se suma otro golpe: combustible, fertilizantes y mano de obra se han encarecido. El resultado es extraño a primera vista. Puede haber una cosecha abundante, supermercados más baratos y, al mismo tiempo, agricultores diciendo que no les salen las cuentas. No hay contradicción; simplemente abundancia no equivale automáticamente a rentabilidad.

Y tampoco conviene añorar sin matices los precios disparados de hace tres años. Aquellos ocho o nueve euros en el supermercado tampoco eran un paraíso para el agricultor: destruyeron consumo, animaron al comprador a sustituir el aceite de oliva por otros aceites y tensionaron toda la cadena. El equilibrio saludable está en otro sitio, entre un precio asumible para la familia y uno suficiente para que producir aceitunas no se convierta en una afición subvencionada.

Agricultura estudia retirar aceite si sobra demasiado

La magnitud de la próxima cosecha ha resucitado una herramienta que hasta hace poco sonaba casi teórica. La normativa permite activar un mecanismo de retirada temporal de aceite del mercado cuando la suma de existencias y producción supera determinados umbrales. El objetivo es evitar que una acumulación excepcional de oferta provoque un desplome brusco de las cotizaciones.

En términos sencillos: si entra muchísimo aceite de golpe y existe riesgo de que el exceso de oferta hunda los precios, parte puede quedar temporalmente fuera del mercado. La medida serviría para amortiguar una caída capaz de dejar a miles de explotaciones vendiendo por debajo de sus costes.

Pero tampoco hay barra libre regulatoria. Limitar artificialmente la cantidad disponible puede terminar elevando el precio para el consumidor y reduciendo la presión competitiva. De ahí que cualquier intervención deba calibrarse con cuidado: proteger la viabilidad del olivar sin reconstruir, por la puerta de atrás, aquellos precios del lineal que vaciaron bolsillos y cambiaron hábitos de compra.

El aceite barato regresa, pero el equilibrio sigue lejos

El giro del mercado ya se nota. Mercadona, Carrefour y Consum están alrededor de 4,35-4,45 euros por litro en sus AOVE de marca propia, mientras Dia y Alcampo permanecen algo por encima. Son cifras considerablemente más bajas que las que el consumidor se acostumbró a ver durante la crisis de producción de los últimos años.

Todo apunta a que la cosecha abundante seguirá actuando como freno para los precios, siempre que el aforo se confirme y no aparezcan problemas climáticos importantes. Pero el margen para nuevas bajadas no depende solo de cuánto aceite haya. Importan también las exportaciones, el ritmo de ventas, las existencias, las decisiones de los supermercados y una eventual intervención del mercado.

El gran cambio, quizá, es otro. Hace no tanto el problema nacional era encontrar aceite a un precio razonable. En octubre de 2026, la inquietud empieza a desplazarse hacia el campo: hasta dónde puede bajar sin hacer inviable producirlo. Entre ambos extremos está el precio que el sector lleva décadas buscando. Y, como suele ocurrir con el aceite, conseguir el punto exacto es bastante más difícil que echar un chorrito.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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