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Ciencia

Hallan la falla oculta que causó el terremoto de Nueva Jersey en 2024

La falla de Mountainville, hasta ahora ausente de los mapas, causó el terremoto de Nueva Jersey de 2024 y obliga a mirar de nuevo el subsuelo regional

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terremoto de Nueva Jersey en 2024

Imagen: Zeete / CC BY-SA 4.0.

Resumen

  • El seísmo de 2024 se originó en una falla que no aparecía en los mapas
  • La gran falla de Ramapo, de unos 300 kilómetros, no fue la responsable
  • Mountainville obliga a revisar el riesgo sísmico cerca de Nueva York

El terremoto que sacudió Nueva Jersey y se dejó sentir con claridad en Nueva York el 5 de abril de 2024 no se originó en la gigantesca falla de Ramapo, como pudo parecer en un primer momento. Una investigación publicada en 2026 apunta a una estructura mucho más discreta y hasta entonces ausente de los mapas geológicos: la falla de Mountainville, situada en las Highlands de Nueva Jersey y alineada con la zona donde se concentraron las réplicas.

El matiz importa. Mucho. La falla de Ramapo se extiende aproximadamente 300 kilómetros y es la gran estructura geológica de la región, pero su orientación no favorece el deslizamiento bajo el campo actual de tensiones. Los investigadores sostienen que el seísmo de magnitud 4,8 rompió otra falla, más pequeña, irregular y difícil de reconocer desde la superficie, cuyo rastro aparece unos 3,5 kilómetros al oeste del epicentro. El problema, por tanto, resulta menos cinematográfico y bastante más incómodo: no se movió la enorme cicatriz conocida desde hace décadas, sino una que prácticamente estaba escondida.

El episodio tuvo su epicentro cerca de Tewksbury Township, unos 65 kilómetros al oeste de Nueva York. Millones de personas percibieron el movimiento desde Virginia hasta Maine y el Servicio Geológico de Estados Unidos recibió más de 180.000 testimonios, una cifra extraordinaria para un terremoto de esa magnitud. Hubo daños menores y también desperfectos relevantes en algún edificio histórico de mampostería de Nueva Jersey.

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La falla de 300 kilómetros era la gran sospechosa, pero no se movió

La llamada falla de Ramapo no acaba de aparecer bajo Nueva Jersey. Tampoco es, en sentido estricto, una «grieta» recién descubierta de 300 kilómetros. Es un sistema geológico conocido desde hace décadas que atraviesa parte del noreste de Estados Unidos y que, por tamaño y proximidad al área metropolitana de Nueva York, ha concentrado buena parte de la atención sobre el riesgo sísmico regional.

Tras el terremoto de 2024 era inevitable mirarla de reojo. Una falla enorme cerca de un seísmo importante parece la candidata obvia, casi demasiado perfecta. Sin embargo, los primeros estudios del movimiento ya encontraron algo que chirriaba: la orientación del mecanismo de ruptura y buena parte de las réplicas no coincidían con Ramapo. El análisis posterior terminó dibujando otro plano de falla situado a varios kilómetros de su principal traza superficial.

La investigación va más lejos. Al combinar la posición precisa de las réplicas, cartografía de campo, modelos del relieve obtenidos con LiDAR —un sistema láser capaz de revelar pequeñas formas del terreno incluso entre vegetación— y experimentos de fricción sobre las rocas, el equipo encontró evidencias coherentes con una estructura diferente. La bautizaron Mountainville.

Mountainville, una falla que estaba a la vista sin dejarse ver

En la superficie no aparece una gran fractura limpia que uno pueda seguir con el dedo sobre el terreno. Los científicos encontraron conjuntos de pequeñas superficies de deslizamiento, fracturas antiguas y desniveles topográficos orientados de manera compatible con la geometría profunda del terremoto. Esa combinación permitió reconstruir una zona de falla previamente no cartografiada.

Ahí está una de las partes más interesantes del hallazgo. Mountainville es descrita como una falla «inmadura». El término no significa que sea reciente en términos humanos, por supuesto; la geología tiene otro reloj. Significa que sus fracturas todavía no han evolucionado hasta formar una superficie principal de deslizamiento larga, continua y perfectamente definida. Es más bien una costura áspera, hecha de roturas que se conectan de forma imperfecta.

Los ensayos realizados con muestras de roca indican, además, que esa estructura puede volverse friccionalmente inestable bajo las tensiones adecuadas. Los investigadores también plantean que alteraciones de la roca relacionadas con fluidos en profundidad pudieron intervenir en el comportamiento de la falla. No equivale a afirmar que haya un gran terremoto preparado bajo Nueva Jersey; significa algo más sobrio y científicamente relevante: estructuras pequeñas y poco visibles pueden acumular y liberar tensión aunque nunca hayan figurado entre las fallas más llamativas del mapa.

Qué ocurrió realmente en el terremoto de 2024

A las 10.23 de la mañana del 5 de abril de 2024, hora local, comenzó un terremoto de magnitud de momento 4,8 cerca de Tewksbury. No fue un gran seísmo en términos globales, pero sí un acontecimiento muy poco habitual tan cerca del área metropolitana de Nueva York.

La instrumentación desplegada después permitió observar algo que en un primer momento era invisible. Durante los 74 días posteriores, una red de 26 sismómetros y técnicas avanzadas de detección localizaron alrededor de 2.000 réplicas, muchas tan pequeñas que habrían pasado inadvertidas con métodos convencionales. La nube de pequeños temblores dibujó en el subsuelo un plano inclinado hacia el este-sureste: casi una radiografía de la falla.

Los cálculos sitúan el origen del terremoto a unos pocos kilómetros de profundidad. La ruptura habría avanzado hacia abajo y afectado aproximadamente a dos kilómetros cuadrados de roca en el subsuelo. La mayor réplica alcanzó magnitud 3,7 apenas unas horas después del terremoto principal. Es una ruptura pequeña comparada con las responsables de los grandes terremotos del planeta, pero suficientemente energética para hacer vibrar una de las regiones más pobladas de Estados Unidos.

Por qué un terremoto de 4,8 pudo sentirse a tanta distancia

Aquí la costa este tiene una peculiaridad. Las rocas del este de Norteamérica son, en términos generales, más antiguas, duras y densas que las de muchas zonas sísmicamente activas del oeste estadounidense. También están menos fragmentadas por una actividad tectónica reciente y constante.

El resultado es contraintuitivo: las ondas sísmicas pierden menos energía durante el viaje y pueden propagarse mucho más lejos. Un terremoto moderado en Nueva Jersey puede así sentirse a centenares de kilómetros, mientras que un movimiento comparable en California suele apagarse antes. Es una de las razones por las que el temblor de 2024 tuvo semejante eco geográfico.

Eso explica por qué aquella mañana hubo edificios balanceándose levemente en Manhattan, teléfonos llenándose de mensajes y habitantes de varios estados preguntándose si acababa de pasar un camión enorme junto a casa. No hacía falta un terremoto gigantesco. La propia corteza terrestre hizo de buen altavoz.

Nueva York está lejos de los bordes tectónicos, pero no de los terremotos

Nueva York y Nueva Jersey se encuentran en el interior de la placa norteamericana, lejos de límites tectónicos extremadamente activos como los de California, Japón o Chile. Por eso los terremotos son mucho menos frecuentes. «Menos frecuentes», sin embargo, no significa inexistentes.

En los interiores de las placas quedan fallas antiguas, cicatrices formadas durante episodios geológicos ocurridos hace cientos de millones de años. Las tensiones que atraviesan lentamente la corteza pueden encontrar alguna de esas zonas débiles bien orientada y reactivarla. Precisamente eso convierte los terremotos intraplaca en un asunto difícil: la estructura responsable puede ser modesta, estar enterrada y no mostrar una cicatriz espectacular en superficie.

Mountainville encaja bastante bien en ese retrato. La gran falla de Ramapo estaba en todos los mapas; la estructura que aparentemente cedió, no. El nuevo estudio pone el foco sobre esas fallas pequeñas y esquivas porque podrían desempeñar un papel mayor del supuesto hasta ahora en el riesgo sísmico del noreste estadounidense.

No existe, por otra parte, ninguna predicción científica de un terremoto inminente relacionada con este descubrimiento. Identificar una falla capaz de producir un seísmo pasado permite comprender mejor el peligro sísmico, pero no proporciona un calendario para el siguiente. La tectónica, para desgracia de quienes gustan de las fechas exactas, no trabaja con agenda.

El lugar donde España ganó el Mundial está en Nueva Jersey

La historia ha ganado además un vínculo inesperado con España. El 19 de julio de 2026, la selección española conquistó su segundo Mundial al derrotar por 1-0 a Argentina en la prórroga en el estadio de Nueva York-Nueva Jersey, situado en East Rutherford, donde Ferran Torres marcó el gol del título en el minuto 106.

Ese escenario está en Nueva Jersey, el mismo estado donde se produjo el terremoto y donde se ha identificado Mountainville. Pero conviene colocar el mapa encima de la mesa antes de imaginar una enorme grieta pasando directamente bajo el césped del estadio. El estudio no sitúa la falla de Mountainville bajo East Rutherford, ni establece un peligro específico para el recinto donde España levantó la Copa del Mundo.

Tampoco demuestra que la falla de Ramapo, esos aproximadamente 300 kilómetros que atraen inevitablemente la mirada, fuera responsable del terremoto. Justamente concluye lo contrario: Ramapo era la estructura grande y conocida que estaba cerca; la ruptura de 2024 ocurrió en una falla menor, favorablemente orientada y hasta entonces sin cartografiar.

El mapa sísmico del noreste acaba de ganar una línea importante

El verdadero alcance del descubrimiento está ahí. El terremoto de Nueva Jersey ofrece una especie de recordatorio geológico: la falla más larga no tiene por qué ser la que se rompa, y una estructura modesta puede permanecer casi invisible hasta que una secuencia de miles de pequeños temblores permite reconstruirla.

Mountainville ayuda a explicar el terremoto del 5 de abril de 2024 y obliga a mirar de otra manera el subsuelo del entorno de Nueva York y Nueva Jersey. La región continúa siendo mucho menos sísmica que la costa del Pacífico estadounidense, pero sus riesgos no dependen únicamente de las grandes fallas que llevan décadas impresas en los mapas.

Ramapo, con sus 300 kilómetros, sigue ahí. Solo que aquella mañana de abril no fue la protagonista. Bajo el ruido de una de las mayores áreas urbanas del planeta, la roca cedió por una costura bastante más pequeña y casi anónima. Hasta que tembló.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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