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Amazon planea 12 reactores nucleares para centros de datos en Indiana

Amazon estudia levantar en Indiana 12 reactores Xe-100, con 960 MW de potencia, para reforzar el suministro eléctrico de sus centros de datos.

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4 reactores nucleares

Resumen

  • Amazon estudia 12 reactores Xe-100 en Indiana con 960 MW de potencia
  • El proyecto sigue sujeto a estudios, permisos y una decisión final de inversión
  • La nuclear busca sostener el crecimiento eléctrico de los centros de datos

Amazon quiere llevar la energía nuclear hasta el corazón físico de la inteligencia artificial. La compañía ha acordado apoyar el desarrollo de un proyecto en Indiana que contempla 12 pequeños reactores nucleares, capaces de sumar 960 megavatios de potencia eléctrica. La instalación serviría a la red regional y, mediante un contrato de suministro a largo plazo, ayudaría a cubrir el enorme consumo de los centros de datos de Amazon Web Services.

Hay, eso sí, una precisión importante antes de imaginar doce reactores conectados mañana por la mañana. El proyecto todavía está en fase de desarrollo y estudio de viabilidad. American Electric Power, AEP, y X-energy han firmado el acuerdo para evaluar su construcción, mientras Amazon aporta financiación para esta etapa. Solo si supera ese proceso y llega una decisión final de inversión comenzará el camino hacia la central. Es decir: doce reactores proyectados, no doce reactores terminados ni con fecha de encendido.

La diferencia parece pequeña, pero no lo es. La industria nuclear mide sus calendarios en años y sus permisos en montañas de documentación. Aun así, el movimiento tiene bastante significado. La compañía que convirtió la nube informática en un negocio gigantesco está buscando algo extraordinariamente terrenal para mantenerla funcionando: electricidad disponible las 24 horas.

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Un proyecto nuclear de 960 MW que todavía debe superar varios filtros

La instalación se estudia para el antiguo emplazamiento de la central de carbón Breed Generating Station, en el condado de Sullivan, Indiana. Allí se desplegarían doce unidades Xe-100, desarrolladas por X-energy, con una potencia eléctrica individual de 80 MW. Agrupadas en conjuntos de cuatro reactores, alcanzarían los 960 MW.

Amazon financiará parte del desarrollo inicial y pretende convertirse en comprador de la electricidad mediante un acuerdo de largo plazo. Ese contrato estaría diseñado para cubrir los costes de la instalación y de su operación durante su vigencia, una cuestión especialmente sensible porque las eléctricas estadounidenses no quieren que la carrera de los centros de datos termine trasladando alegremente la factura a los consumidores domésticos.

También hay una curiosa simetría industrial. Un terreno asociado durante décadas al carbón podría terminar acogiendo reactores nucleares destinados, en parte, a alimentar servidores y cargas vinculadas a la inteligencia artificial. Del carbón al silicio pasando por el uranio, todo en unas cuantas hectáreas de Indiana. La economía digital tiene estas cosas: cuanto más virtual parece, más infraestructura física exige.

Qué es el reactor Xe-100 elegido para el proyecto

El Xe-100 no es simplemente una central nuclear tradicional reducida a escala. Es un reactor modular pequeño, conocido por las siglas inglesas SMR, y utiliza una arquitectura de alta temperatura refrigerada por gas. Cada unidad está diseñada para producir 80 MW eléctricos o hasta 200 MW de energía térmica para determinados procesos industriales. Su vida útil de diseño alcanza los 60 años.

Los SMR persiguen una idea bastante sencilla sobre el papel: fabricar una parte mayor de la central de forma estandarizada, repetir módulos y reducir la complejidad que convirtió muchas grandes obras nucleares en proyectos caros y eternos. La industria espera que esa repetición permita acortar plazos y controlar mejor los costes. Es una promesa tecnológica razonable; aún falta demostrarla comercialmente a gran escala.

El propio Xe-100 todavía no tiene una flota comercial funcionando. Su proyecto de referencia en Estados Unidos está previsto en las instalaciones de Dow en Seadrift, Texas, donde cuatro reactores atraviesan el proceso regulatorio estadounidense. La Comisión Reguladora Nuclear completó en mayo de 2026 la evaluación ambiental de aquella propuesta, mientras continúa el examen de seguridad.

Del carbón al átomo en Sullivan County

Elegir una antigua central de carbón tampoco es casualidad. Estos emplazamientos suelen disponer de conexiones eléctricas, terrenos industriales e infraestructuras que pueden simplificar el desarrollo de nueva generación. En Sullivan County, además, AEP ya conoce el territorio y mantiene una presencia energética relevante. Reutilizar parte de esa infraestructura puede evitar empezar desde cero, que en una obra nuclear es casi una pequeña victoria.

Indiana atraviesa una transformación bastante más amplia. Amazon anunció en 2024 una inversión de 11.000 millones de dólares para levantar centros de datos de AWS en St. Joseph County y posteriormente añadió otros 15.000 millones destinados a nuevos campus en el norte del estado. Esa segunda expansión contempla 2,4 GW de capacidad de centros de datos. Son cifras que ayudan a entender por qué hablar de casi un gigavatio nuclear ha dejado de sonar desproporcionado.

El combustible TRISO, la pieza menos visible

El Xe-100 empleará combustible TRISO, pequeñas partículas de material nuclear encapsuladas en varias capas de carbono y carburo de silicio y agrupadas en esferas. El diseño busca retener los productos de fisión incluso a temperaturas muy elevadas y forma parte de la estrategia de seguridad del reactor.

Pero tampoco aquí existe magia industrial. Hace falta fabricar el combustible a escala suficiente. X-energy está construyendo en Oak Ridge, Tennessee, su planta comercial TRISO-X, que recibió en febrero de 2026 la licencia estadounidense correspondiente. La compañía prevé iniciar la producción comercial en 2028. Reactores, combustible, permisos y cadena de suministro tienen que avanzar al mismo ritmo; basta con que uno se retrase para que el calendario entero empiece a crujir.

La inteligencia artificial convierte la electricidad en un activo estratégico

El acuerdo de Amazon se entiende mejor mirando el consumo de los centros de datos. La demanda eléctrica mundial de estas instalaciones podría acercarse a los 950 TWh en 2030, prácticamente el doble que a mediados de esta década. El consumo asociado específicamente a infraestructuras de inteligencia artificial crecerá todavía más rápido.

Estados Unidos está en el epicentro. Los centros de datos pueden representar una parte muy relevante del crecimiento de la demanda eléctrica estadounidense hasta 2030. De repente, tener servidores, chips y clientes no basta. Hay que conseguir transformadores, líneas de alta tensión, nuevas centrales y conexiones a la red. La nube, definitivamente, no vive en el cielo.

Ese cambio explica el renovado interés de las tecnológicas por la energía nuclear. Las renovables ofrecen electricidad baja en carbono y cada vez más competitiva, pero su producción depende del viento y del sol; la nuclear aporta generación continua. Para un centro de datos que trabaja día y noche y donde una interrupción puede costar una fortuna, esa estabilidad tiene valor.

Los pequeños reactores modulares podrían empezar a desempeñar un papel más visible en el suministro eléctrico de los centros de datos estadounidenses después de 2030. Las empresas tecnológicas respaldan proyectos que suman decenas de gigavatios potenciales, aunque entre anunciar capacidad y producir el primer megavatio existe, como suele ocurrir en energía, un trecho bastante menos glamuroso.

Amazon lleva tiempo recorriéndolo. Su alianza con X-energy nació con el objetivo de impulsar más de 5 GW de nueva capacidad nuclear en Estados Unidos para 2039. El primer gran proyecto se desarrolla junto a Energy Northwest en el estado de Washington, inicialmente con cuatro Xe-100 y posibilidad de ampliarlo hasta doce. Indiana sería otra pieza importante de esa estrategia.

Los permisos y el coste decidirán si los doce reactores llegan a existir

La noticia es relevante precisamente porque Amazon está poniendo dinero y demanda eléctrica detrás de una tecnología que hasta hace poco vivía principalmente entre diseños, laboratorios y programas gubernamentales. Pero el riesgo tecnológico y financiero no ha desaparecido.

El proyecto de Indiana todavía necesita completar estudios, definir costes, pasar por el proceso regulatorio y alcanzar una decisión final de inversión. No existe una fecha pública de entrada en funcionamiento. El precedente más avanzado del Xe-100, en Texas, continúa atravesando su propia licencia, mientras X-energy sitúa las primeras entregas comerciales de sus reactores en la década de 2030.

También pesa la economía. Construir nuevos reactores nucleares ha sido históricamente caro en Estados Unidos, y los SMR pretenden corregir precisamente parte de ese problema mediante fabricación repetitiva y diseños modulares. Pero para comprobar que el modelo funciona hay que construir los primeros. La famosa ventaja de fabricar cien unidades iguales empieza, inevitablemente, fabricando la primera.

A cambio, Amazon ofrece algo que cualquier proyecto energético desea: un comprador gigantesco dispuesto a comprometer demanda durante muchos años. Ese contrato puede reducir el riesgo financiero y facilitar la movilización de capital. La compañía necesita electricidad; AEP necesita generación para una red cuya demanda crece con rapidez; X-energy necesita convertir su reactor en una tecnología comercial. Las piezas encajan. Falta comprobar cuánto cuesta unirlas.

La nube acaba en una subestación

Durante años, el lenguaje tecnológico hizo parecer que almacenar fotografías, entrenar modelos de inteligencia artificial o ejecutar aplicaciones era una actividad casi incorpórea. Servidores invisibles en una nube igualmente invisible. El nuevo proyecto de Amazon recuerda lo contrario con bastante contundencia.

La inteligencia artificial está convirtiendo la energía en una de las grandes limitaciones del negocio digital. Los próximos centros de datos no dependerán únicamente de quién fabrique los chips más rápidos o programe el mejor modelo, sino también de quién consiga suficientes megavatios, redes capaces de transportarlos y contratos que garanticen el suministro durante décadas.

Los doce reactores de Indiana están todavía sobre el papel. Si terminan construyéndose, sumarán casi un gigavatio nuclear y estarán funcionando mucho después de que buena parte de las aplicaciones de IA que conocemos hayan desaparecido o cambiado de nombre. Ahí está quizá la imagen más reveladora del momento tecnológico: para acelerar el futuro digital, Amazon vuelve a una de las infraestructuras más pesadas y materiales que existen, una central eléctrica.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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