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Telefónica, Orange, Vodafone y Deutsche Telekom desafían a Starlink

Telefónica, Orange, Vodafone y Deutsche Telekom se alían para impulsar una red móvil por satélite en Europa y plantar cara al avance de Starlink.

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el rival europeo de Starlink

Resumen

  • Cuatro grandes telecos europeas preparan una alternativa a Starlink
  • El plan busca conectar móviles por satélite cuando falle la cobertura terrestre
  • Las operadoras pujarían juntas por frecuencias y elegirían un socio espacial

Telefónica, Orange, Vodafone y Deutsche Telekom han dado un paso poco habitual entre rivales directos: unir fuerzas en las comunicaciones móviles por satélite. Las cuatro grandes operadoras europeas han firmado una carta de intenciones para estudiar una posible puja conjunta por las futuras frecuencias destinadas a estos servicios en Europa, con la vista puesta en llevar conectividad directamente desde el espacio hasta los teléfonos móviles.

El movimiento coloca sobre la mesa una alternativa europea a Starlink, aunque con un modelo diferente al desarrollado por SpaceX. Las compañías no pretenden construir por sí mismas una gigantesca constelación de satélites. Su papel estaría en las redes, los clientes, la infraestructura terrestre y la integración del servicio, mientras que un socio satelital todavía por elegir aportaría la parte espacial.

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Telefónica, Orange, Vodafone y Deutsche Telekom unen fuerzas

El acuerdo reúne a cuatro compañías acostumbradas a competir por tarifas, clientes, fibra y cobertura. Esta vez el terreno está varios cientos de kilómetros por encima de sus antenas. Su intención es estudiar una oferta conjunta en la futura asignación de espectro para los llamados Servicios Móviles por Satélite, conocidos internacionalmente como MSS.

La idea pasa por construir una plataforma europea capaz de ofrecer servicios Direct-to-Device o D2D, es decir, conexiones directas entre satélites y dispositivos móviles compatibles. En términos mucho más sencillos: que un teléfono pueda seguir comunicándose en determinados lugares incluso cuando desaparece la cobertura de las antenas terrestres.

El modelo planteado contempla, además, un acceso abierto y no discriminatorio para otros operadores móviles europeos. No se trataría, al menos según el planteamiento inicial, de un sistema reservado únicamente a las cuatro empresas impulsoras. La intención es reducir la fragmentación del mercado y facilitar que diferentes compañías puedan ofrecer servicios satelitales a sus propios clientes.

Las operadoras no construirán su propia constelación

Hay un matiz importante. Telefónica, Orange, Vodafone y Deutsche Telekom no planean invertir directamente en una constelación propia. Eso diferencia la iniciativa de Starlink, donde SpaceX controla tanto los satélites como buena parte de la infraestructura necesaria para prestar el servicio.

Las cuatro telecos prevén desplegar en Europa infraestructura terrestre clave, junto con sistemas de coordinación y supervisión. Los satélites serían aportados por una empresa especializada que todavía no ha sido seleccionada. La futura alianza combinaría así la experiencia comercial y de redes de los operadores con la tecnología espacial de ese socio.

Es un reparto bastante lógico. Fabricar, lanzar y mantener centenares o miles de satélites requiere inversiones gigantescas y una industria muy distinta de la telefonía tradicional. Las operadoras tienen, en cambio, algo igualmente difícil de construir: millones de clientes, redes móviles desplegadas y presencia comercial en buena parte del continente.

El móvil conectado al satélite cuando desaparece la cobertura

La tecnología D2D está empezando a borrar una frontera que durante décadas parecía evidente. Por un lado estaban las redes móviles terrestres. Por otro, los terminales satelitales, caros y especializados. Las nuevas generaciones de satélites y estándares móviles permiten que ambos mundos empiecen a mezclarse.

Una red de este tipo podría ampliar la cobertura en zonas rurales, carreteras aisladas, áreas marítimas o regiones montañosas donde desplegar antenas convencionales resulta complicado o poco rentable. También puede convertirse en una capa adicional de comunicaciones durante incendios, inundaciones, apagones o daños en las infraestructuras terrestres.

Eso no significa que el satélite vaya a sustituir al 5G, la fibra o las estaciones base urbanas. Su función es distinta. Una conexión desde el espacio puede rellenar los huecos del mapa y ofrecer una red de respaldo en lugares sin cobertura, pero las redes terrestres seguirán teniendo mucha más capacidad en las zonas densamente pobladas.

La batalla decisiva está en la banda de 2 GHz

Detrás del anuncio hay una palabra bastante menos vistosa que satélite, pero crucial: espectro. Sin frecuencias disponibles no hay red que valga, por muchos satélites que circulen sobre Europa.

La Comisión Europea prepara un nuevo marco para la banda armonizada de 2 GHz destinada a servicios móviles por satélite. Las autorizaciones actuales expiran en mayo de 2027 y Bruselas trabaja en un procedimiento europeo para decidir cómo se utilizará ese recurso durante la siguiente etapa.

Las frecuencias implicadas se encuentran en las bandas de 1980-2010 MHz y 2170-2200 MHz. Su interés ha aumentado por el desarrollo del Direct-to-Device y por la posibilidad de prestar comunicaciones de banda ancha o servicios críticos en áreas sin cobertura terrestre.

Telefónica, Orange, Vodafone y Deutsche Telekom quieren estudiar precisamente una puja conjunta por ese espectro. Obtenerlo permitiría integrar la conectividad satelital con las redes móviles existentes y ofrecer servicios de forma más homogénea en diferentes países europeos.

Starlink ha cambiado las reglas del negocio

El nombre que inevitablemente sobrevuela la operación es Starlink. La red de SpaceX convirtió en un producto comercial masivo una tecnología que durante años parecía reservada a gobiernos, ejércitos, barcos o usuarios dispuestos a instalar equipos especializados.

La siguiente frontera es conectar directamente dispositivos móviles. Starlink ha avanzado en ese terreno mediante acuerdos con operadores de telecomunicaciones y tecnologías capaces de ampliar la cobertura desde satélites en órbita baja. Ese cambio toca de lleno el negocio tradicional de las grandes telecos.

Para los operadores europeos existe un riesgo evidente: convertirse simplemente en clientes de infraestructuras espaciales controladas por terceros. La iniciativa conjunta busca mantener una parte esencial del sistema bajo gobernanza y control europeos, aunque la constelación sea proporcionada por un socio especializado.

Hay también una cuestión de escala. Ninguna de estas compañías, por separado, tiene fácil replicar el ecosistema creado por SpaceX. Juntas, sin embargo, suman una enorme base de clientes, redes en numerosos países y capacidad para negociar el uso de un activo estratégico como el espectro.

La soberanía tecnológica vuelve al centro del debate

La iniciativa no se entiende únicamente desde el negocio de la telefonía. Europa lleva años intentando reducir su dependencia exterior en áreas que van desde los semiconductores hasta la nube, la defensa o las comunicaciones espaciales. El satélite se ha añadido rápidamente a esa lista.

Una infraestructura capaz de mantener comunicaciones durante catástrofes, sabotajes o conflictos tiene un valor que va mucho más allá de poder enviar un mensaje desde una montaña. Por eso la Comisión Europea considera el espectro satelital un recurso estratégico tanto para servicios comerciales como para seguridad, defensa y resiliencia.

La guerra de Ucrania también dejó una imagen difícil de ignorar: las constelaciones privadas pueden convertirse en piezas fundamentales de las comunicaciones de un país. Cuando una red adquiere ese peso, saber quién controla los satélites, las frecuencias y las decisiones operativas deja de ser una discusión puramente empresarial.

No es IRIS², aunque comparte la misma preocupación europea

El proyecto de las cuatro operadoras no debe confundirse con IRIS², la constelación segura impulsada por la Unión Europea. Son iniciativas distintas, con estructuras, objetivos y participantes diferentes.

IRIS² responde a una estrategia institucional de conectividad segura europea, mientras que la alianza de Telefónica, Orange, Vodafone y Deutsche Telekom gira alrededor del mercado móvil, el espectro MSS y los servicios D2D. Aun así, ambas iniciativas reflejan la misma preocupación de fondo: Europa quiere disponer de más autonomía en una infraestructura que cada año resulta más decisiva.

La conectividad espacial ha dejado de ser un rincón exótico del sector tecnológico. Está entrando en el mismo terreno que durante décadas ocuparon las antenas, la fibra y las redes móviles. El cielo empieza a funcionar como una nueva capa de la red.

Europa quiere conservar una llave propia del espacio

Quedan muchas piezas por colocar. La carta de intenciones no equivale todavía a una red operativa, la futura asignación de espectro deberá avanzar y falta saber qué compañía proporcionará los satélites. Tampoco se han anunciado precios para los clientes, características comerciales concretas ni una fecha de lanzamiento del servicio.

Pero el movimiento sí modifica el tablero. Cuatro de las mayores compañías de telecomunicaciones del continente han decidido que la conexión directa entre satélites y teléfonos móviles es demasiado importante como para contemplarla desde fuera.

Starlink demostró que una constelación privada podía alterar en pocos años un mercado que parecía reservado a unos pocos especialistas. Europa prepara una respuesta diferente: operadores terrestres, espectro compartido, infraestructura propia y un socio espacial. Menos cohetes como espectáculo y más antenas, regulación y acuerdos entre antiguos rivales. Muy europeo, sí. Y precisamente por eso puede convertirse en una pieza relevante de la próxima generación de redes móviles.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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