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Economía

Cañizares recuerda el piso de Valencia que pasó de 180.000 € al millón

Cañizares recuerda la Valencia de 1998, cuando un piso de 180.000 euros podía rozar el millón, y el golpe familiar que marcó su visión del dinero.

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Cañizares en una mesa firma autografos

Foto: Francesc Fort, CC BY-SA 4.0.

Resumen

  • Cañizares recuerda un piso de 180.000 euros que terminó cerca del millón
  • El exguardameta sitúa la operación en la Valencia de finales de los 90
  • A los 22 años evitó con sus primeros ingresos la subasta de la casa familiar

Santi Cañizares ha vuelto a poner cifras a una época de Valencia difícil de reconocer desde el mercado inmobiliario actual. El exportero recuerda que, cuando llegó a la ciudad en 1998, encontró viviendas que le parecían sorprendentemente baratas y relata el caso de un piso de unos 150 metros cuadrados en la Gran Vía cuyo valor sitúa en el entorno de 180.000 euros y que, con el tiempo, terminó vendiéndose por una cantidad próxima al millón.

La declaración ha vuelto a circular con fuerza en los últimos días, aunque procede de una conversación anterior sobre las inversiones de los futbolistas. El episodio del pódcast en el que participó Cañizares fue publicado en mayo de 2025. El interés se ha reactivado en octubre de 2026 después de que varios medios recuperasen tanto aquella operación inmobiliaria como otro episodio mucho menos amable de su juventud: con 22 años empleó parte de sus primeros ingresos en Primera División para evitar que la vivienda de su familia terminara en una subasta.

La Valencia que encontró Cañizares en 1998

Cañizares llegó al Valencia CF en 1998, procedente del Real Madrid. Tenía 28 años y buscaba algo que en el conjunto blanco no tenía garantizado: ser titular y convertirse en una pieza central de un proyecto deportivo. El guardameta aceptó incluso unas condiciones económicas inferiores a la oferta de renovación madridista porque priorizó ese papel protagonista.

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Fuera del césped encontró también una ciudad en plena transformación. Según su recuerdo, la vivienda en Valencia le parecía casi una ganga comparada con las posibilidades económicas que empezaba a ofrecerle el fútbol de élite. De ahí una frase que ha vuelto a correr por titulares y redes: la ciudad, sostiene al recordar aquellos años, estaba prácticamente «regalada».

Uno de sus ejemplos es especialmente gráfico. Habla de una vivienda de 150 metros cuadrados en la Gran Vía de Valencia, una localización consolidada y céntrica. Cañizares sitúa su coste equivalente alrededor de los 180.000 euros y explica que aquel inmueble acabó vendiéndose por una cifra cercana al millón. No lo presenta como una fórmula secreta para hacerse rico, sino como la fotografía de una etapa en la que el ladrillo parecía subir casi por inercia.

Cuando comprar una vivienda parecía un negocio sencillo

La memoria del exguardameta encaja con un fenómeno económico mucho más amplio. España vivió entre mediados de los años noventa y 2007 un extraordinario ciclo expansivo de la vivienda, acompañado por abundancia de crédito, inversión residencial y fuertes incrementos de precios. Fueron años en los que comprar un piso dejó de verse únicamente como una forma de tener casa y pasó a considerarse, muchas veces, una inversión difícil de perder.

Las cifras de aquel periodo ayudan a entender por qué. Entre 1997 y 2005, el precio real de la vivienda en España aumentó alrededor de un 130%. Una subida de semejante calibre alimentó una sensación muy concreta: bastaba comprar, esperar y vender. Con el mercado empujando siempre hacia arriba, hasta una operación corriente podía parecer una jugada financiera brillante.

Cañizares lo resume desde una perspectiva mucho menos académica, la del vestuario y el patrimonio personal. Durante aquellos años vio propiedades revalorizarse y operaciones aparentemente sencillas convertirse en grandes beneficios. Pero también vio la otra cara. Porque cuando todo sube durante demasiado tiempo, es fácil confundir un mercado excepcionalmente alcista con una capacidad excepcional para invertir.

De los pisos que multiplicaban su valor a las fortunas en peligro

El exfutbolista sitúa alrededor de 2005 el momento en que comenzó a percibir que aquella facilidad tenía límites. Conviene precisar el calendario: el gran deterioro del mercado inmobiliario español se haría evidente más tarde, especialmente desde 2007 y 2008, pero Cañizares habla de su experiencia personal y de las decisiones financieras que veía entre compañeros.

Algunos futbolistas, cuenta, llegaron a asumir deudas sobre activos cuyo valor parecía indiscutible. Terrenos valorados en millones podían dejar de encontrar comprador cuando el mercado cambiaba. La palabra económica para describir buena parte de aquel mecanismo es apalancamiento: invertir mediante deuda confiando en que el activo continuará apreciándose. Mientras el precio sube, todo parece perfectamente engrasado. Cuando gira, ocurre lo contrario: la deuda sigue allí.

Ese recuerdo matiza bastante la imagen del piso que pasó de 180.000 euros a casi un millón. No todo consistía en comprar barato y vender caro. Cañizares asegura haber visto a compañeros comprometer seriamente su patrimonio porque llevaron esa lógica demasiado lejos y dieron por hecho que los precios continuarían creciendo sin demasiadas interrupciones.

La casa familiar que estuvo a punto de perderse

Hay otro episodio anterior que explica mejor su cautela. Con 22 años, cuando comenzaba a cobrar sus primeros ingresos relevantes como futbolista de Primera, la única vivienda de su familia estaba amenazada por una subasta. Cañizares empleó aquel dinero para salvarla. Según ha contado, aquella experiencia le enseñó muy pronto que ganar mucho no significa necesariamente conservarlo.

La imagen resulta bastante distinta de la que suele acompañar al futbolista profesional. Antes de las inversiones inmobiliarias, los contratos importantes y sus diez temporadas en Mestalla, hubo una economía familiar vulnerable. Ese episodio, según su propio relato, influyó después en su tendencia a reservar dinero y buscar activos tangibles.

Su carrera terminó dándole margen de sobra para hacerlo. Cañizares defendió la portería del Valencia durante diez temporadas y participó en una de las etapas más exitosas de la historia reciente del club, con dos Ligas, una Copa de la UEFA y otros títulos. El dinero del fútbol llegó; la memoria de aquella subasta, por lo que cuenta, se quedó.

Valencia ya no es aquella ciudad «regalada»

La comparación con 2026 resulta inevitable, aunque debe hacerse con cuidado. No puede trasladarse el precio de aquella vivienda concreta al mercado actual como si fueran magnitudes directamente equivalentes: cambian el inmueble, su estado, las reformas, la inflación y hasta la forma de medir los precios. Pero la distancia entre ambas épocas es suficientemente amplia para entender el asombro que provoca el relato de Cañizares.

En septiembre de 2026, el precio anunciado de la vivienda en València rondaba los 3.473 euros por metro cuadrado, muy cerca de sus máximos históricos recientes. En L’Eixample, una de las zonas más caras de la ciudad, el indicador superaba los 5.100 euros por metro cuadrado. Son precios de oferta y no necesariamente el importe final de cada compraventa, pero sirven para medir la presión que soporta el mercado residencial.

Un piso de 150 metros cuadrados aplicado de forma puramente orientativa al promedio de la ciudad superaría los 520.000 euros; en determinadas áreas centrales, bastante más. No es una tasación del inmueble al que se refiere Cañizares ni pretende serlo. Sí permite entender por qué su recuerdo de la Valencia de 1998 suena casi como una postal de otra ciudad.

Un piso que retrata toda una época inmobiliaria

La historia que ha devuelto a Santi Cañizares a la conversación sobre la vivienda contiene dos fotografías casi opuestas. En una aparece el futbolista que llega a Valencia y contempla pisos céntricos cuyo precio le parece extraordinariamente bajo; en la otra, el joven de 22 años que utiliza sus primeros ingresos profesionales para evitar que la casa familiar se pierda en una subasta.

Entre ambas cabe buena parte de la relación española con el ladrillo durante las últimas décadas: precios disparados, crédito abundante y fuertes revalorizaciones, pero también inversiones excesivas y deudas que dejaron de parecer pequeñas cuando el mercado cambió de dirección.

El piso de la Gran Vía que Cañizares recuerda no demuestra que invertir en vivienda sea sencillo. Cuenta algo bastante más interesante: hubo un tiempo en que parecía sencillo. Y precisamente ahí estaba la trampa.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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