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Economía

Las grandes empresas pagan solo un 8,9% de sus beneficios en España

Las grandes empresas tributan un 8,9% sobre su beneficio contable; el dato mejora frente a 2023, pero sigue lejos de los tipos de las pequeñas.

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Las grandes empresas tributan

Resumen

  • Las grandes empresas tributan un 8,9% sobre sus beneficios contables
  • El tipo efectivo sube dos puntos respecto a 2023, cuando rondaba el 6,9%
  • Las compañías pequeñas soportan porcentajes efectivos bastante más altos

Las empresas españolas que facturan más de 1.000 millones de euros al año tributaron en 2024 a un tipo efectivo del 8,9% sobre sus beneficios contables. La cifra dibuja una distancia considerable respecto al tipo nominal general del 25% del impuesto sobre sociedades y, también, frente al porcentaje que soportan muchas compañías de menor tamaño.

El dato tiene una letra pequeña importante, porque comparar directamente ese 8,9% con el 25% puede conducir a una conclusión demasiado rápida. El primero se calcula sobre el beneficio contable positivo; el segundo se aplica sobre la base imponible después de los ajustes previstos por la legislación fiscal. Entre una magnitud y otra aparecen exenciones, pérdidas de ejercicios anteriores, amortizaciones y deducciones. Ahí, en ese pasillo entre la contabilidad y Hacienda, se encuentra buena parte de la explicación.

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Hacienda sitúa en el 8,9% el tipo sobre los beneficios

La última estadística consolidada del impuesto sobre sociedades analiza tanto las empresas individuales como los grupos fiscales que presentan sus cuentas de forma consolidada. En el escalón más alto, el de compañías con una cifra de negocios superior a 1.000 millones de euros, aparecen 266 grandes empresas.

Ese grupo declaró alrededor de 132.205 millones de euros de resultado contable positivo. Sin embargo, la base imponible sobre la que finalmente se calcula el impuesto quedó en torno a los 57.000 millones. La cuota pagada alcanzó aproximadamente los 11.780 millones de euros.

Dicho de otra manera: sobre la base imponible, el tipo efectivo fue del 20,64%. Al comparar el impuesto desembolsado con el beneficio contable, baja al 8,91%. Son dos fotografías distintas de la misma factura fiscal, y conviene no mezclarlas.

De 132.000 millones de beneficio a 57.000 de base imponible

Ahí está el dato que explica casi todo. La legislación del impuesto sobre sociedades no grava sin más el beneficio que aparece al final de la cuenta de resultados. Antes se realizan numerosos ajustes fiscales que pueden aumentar o reducir la cantidad sometida efectivamente a tributación.

Uno de los principales mecanismos es la eliminación de la doble imposición. Una empresa puede recibir dividendos o beneficios procedentes de sociedades que ya han tributado por ellos. Si se volviesen a gravar íntegramente al llegar a la matriz, la misma renta soportaría impuestos sucesivos dentro del grupo. La normativa establece exenciones precisamente para evitarlo.

También pesan la compensación de bases imponibles negativas acumuladas en años anteriores, determinadas amortizaciones, ajustes por deterioros y deducciones reconocidas legalmente. No son, por definición, impuestos eludidos: forman parte del diseño del propio tributo. Otra discusión, política y económica, es si ese diseño distribuye de manera razonable la carga fiscal entre empresas grandes y pequeñas.

El tipo general del impuesto sobre sociedades es del 25%, pero se aplica a la base imponible, no directamente al beneficio contable. Por eso afirmar que una empresa debería pagar necesariamente 25 euros por cada 100 euros de beneficio contable sería incorrecto.

La diferencia tampoco convierte el 8,9% en un dato irrelevante. Al contrario: permite observar qué proporción del resultado empresarial termina realmente convirtiéndose en impuesto sobre sociedades. Las dos ratios sirven para mirar el mismo sistema desde ángulos distintos, algo imprescindible en una discusión fiscal donde un porcentaje aislado puede contar solo media historia.

Las empresas pequeñas soportan tipos efectivos más altos

La comparación por tamaño abre la parte más incómoda de la estadística. Para el conjunto de las sociedades españolas, el tipo efectivo medio alcanzó el 13,11% sobre el beneficio, por encima del 8,9% registrado entre las compañías de mayor facturación. Sobre la base imponible, la media fue del 21,78%.

La brecha aparece también cuando se observa el número de trabajadores. Las empresas con más de 5.000 empleados soportaron aproximadamente un 7,08% sobre sus beneficios, mientras las pequeñas compañías se situaron cerca del 18,8%. No significa que una pyme entregue necesariamente a Hacienda casi tres veces más dinero que una multinacional —en euros ocurre justamente lo contrario—, sino que el impuesto representa una proporción mayor de sus beneficios.

Los grupos empresariales muestran una pauta parecida. Su tributación efectiva fue de alrededor del 9% sobre el resultado contable, frente a algo más del 18% de las sociedades individuales no integradas en grupos. El tamaño aporta economías de escala, pero en materia fiscal también ofrece una estructura mucho más compleja: filiales, inversiones internacionales, dividendos, pérdidas compensables y operaciones intragrupo. El pequeño negocio de una calle comercial juega, por decirlo suavemente, otro partido.

La banca queda entre los sectores con menor tipo efectivo

El contraste se vuelve especialmente visible en el sector financiero. Las entidades de crédito que tuvieron cuota positiva registraron un tipo efectivo cercano al 8% sobre sus beneficios, pese a contar con un tipo nominal superior al general.

Las 161 entidades de crédito que pagaron el impuesto obtuvieron alrededor de 43.267 millones de euros de beneficio y abonaron unos 3.448 millones. El porcentaje había sido mucho menor en 2023, de modo que 2024 supone un incremento notable de su tributación efectiva.

Otros sectores presentan porcentajes superiores. Las aseguradoras rondaron el 14,6% sobre beneficio, las empresas no financieras el 13,9%, la industria y la energía algo más del 13% y la construcción y las actividades inmobiliarias alrededor del 15%. Las diferencias no responden simplemente a que unas actividades tengan un tipo legal distinto, sino al efecto de los ajustes fiscales aplicables en cada caso.

El tipo efectivo sube dos puntos respecto a 2023

La fotografía de 2024 tampoco es idéntica a la del ejercicio anterior. Las compañías con más de 1.000 millones de facturación habían registrado en 2023 un tipo efectivo sobre sus beneficios cercano al 6,9%. Un año después alcanza el 8,9%, aproximadamente dos puntos más.

Parte del aumento está relacionado con las restricciones introducidas en la utilización de determinados créditos fiscales y pérdidas. Para las grandes empresas, la normativa ha establecido límites específicos a la compensación de bases negativas, especialmente a medida que aumenta la cifra de negocios.

La subida importa porque rompe parcialmente la tendencia de tipos extremadamente reducidos sobre el beneficio contable, aunque no elimina la brecha con las compañías pequeñas. El sistema recauda más cuando los resultados empresariales crecen, sí, pero el porcentaje que termina llegando a Hacienda sigue dependiendo mucho del tamaño y, sobre todo, de la arquitectura fiscal de cada empresa.

El mínimo global del 15% no convierte el 8,9% en ilegal

Hay otra aparente contradicción. España dispone de una normativa destinada a garantizar una tributación mínima global del 15% para determinados grandes grupos multinacionales y nacionales. Eso no significa, sin embargo, que cualquier porcentaje inferior al 15% publicado en las estadísticas del impuesto sobre sociedades suponga un incumplimiento.

La razón vuelve a estar en la base utilizada para hacer las cuentas. El impuesto complementario derivado de las reglas internacionales se aplica a grupos con ingresos consolidados de al menos 750 millones de euros, siempre que cumplan los requisitos establecidos, y calcula su tipo efectivo mediante una metodología propia. No consiste simplemente en tomar el resultado contable de estas estadísticas y aplicarle un 15%.

La norma busca que los grandes grupos no desplacen beneficios hacia territorios con tributación mínima o inexistente y establece, cuando corresponde, un impuesto adicional hasta alcanzar el umbral exigido. Mezclar ese porcentaje con el 8,9% calculado sobre beneficio contable sería, fiscalmente hablando, comparar kilos con kilómetros.

Una brecha fiscal que vuelve a poner el tamaño bajo la lupa

El dato del 8,9% no demuestra por sí solo que las grandes compañías estén incumpliendo sus obligaciones fiscales. Lo que demuestra es algo más preciso: el impuesto que finalmente pagan representa una porción relativamente pequeña de sus beneficios contables, bastante inferior a la que soportan muchas compañías de menor dimensión.

La estadística también muestra una mejora. El porcentaje ha aumentado desde el 6,9% del ejercicio anterior y el tipo sobre la base imponible supera el 20%. Pero permanece una distancia notable entre el beneficio que aparece en las cuentas, la cantidad que acaba sometida a gravamen y el dinero que finalmente entra en las arcas públicas.

Ahí está el verdadero debate. No tanto en repetir que el impuesto nominal es del 25%, porque eso dice poco por sí solo, sino en observar qué parte del beneficio termina gravada, qué ajustes explican la diferencia y quién dispone de mayor capacidad para utilizarlos. Las cifras vuelven a enseñar algo que el sistema fiscal español conoce desde hace tiempo: cuando una empresa crece, también crece el laberinto entre el beneficio y la factura tributaria.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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