Cultura
David Bisbal cuenta cómo Rosanna Zanetti le ayudó a vivir con la fama
David Bisbal recuerda la etapa en la que evitaba salir de casa y explica cómo Rosanna Zanetti le ayudó a recuperar una vida más cotidiana y libre
Imagen: Junta de Andalucía / CC BY-SA 2.0.
Resumen
- Bisbal admite que durante años le costaba salir de casa por la fama
- Rosanna Zanetti le ayudó a recuperar hábitos cotidianos y hacer recados
- El cantante afronta ahora con más naturalidad fotos, saludos y miradas
David Bisbal ha contado cómo su relación con la fama ha cambiado hasta en algo tan aparentemente trivial como salir de casa y hacer la compra. El cantante almeriense, de 47 años, admite que hubo una época en la que le costaba tanto enfrentarse a la exposición pública que, según recuerda con humor, “había que sacarme con una espátula”. Hoy la situación es muy distinta y atribuye buena parte de esa transformación a su mujer, Rosanna Zanetti.
La confesión surge en una conversación en la que Bisbal habla de la presión de una carrera vivida durante más de dos décadas bajo una lupa enorme, pero también de esas pequeñas conquistas que para casi cualquiera carecen de importancia: entrar en un supermercado, pasear, mirar una tienda o comprar comida sin convertir cada salida en una operación especial.
De no querer salir de casa a aceptar que le pedirán una foto
La imagen de la espátula funciona porque resume bastante bien lo que Bisbal intenta explicar. No habla simplemente de timidez. Durante los años en los que su popularidad explotó, salir suponía asumir miradas, fotografías, conversaciones improvisadas y gente acercándose constantemente. La puerta de casa marcaba una frontera bastante cómoda.
Eso ha cambiado. Bisbal cuenta que ahora afronta esas situaciones con otra mentalidad: sale sabiendo que pueden reconocerle y que probablemente alguien terminará pidiéndole una fotografía. Ha dejado de plantearlo como una anomalía que arruina el paseo y lo integra, sencillamente, en su vida.
No siempre es fácil. Hay lugares donde la dimensión pública del cantante pesa más y la situación puede desbordarse. Pero ya no parece existir aquel reflejo automático de encerrarse para evitarlo. La fama sigue allí; quien ha cambiado su manera de convivir con ella es él.
Rosanna Zanetti y el cambio que Bisbal reconoce en su vida
En ese proceso aparece Rosanna Zanetti. Bisbal concede a su esposa un papel importante en la evolución de estos últimos años y explica que le ha ayudado a normalizar actividades que antes prefería evitar. No lo presenta como una gran revelación solemne. Habla de algo mucho más doméstico: salir, caminar, comprar, estar entre gente.
La pareja comparte desde hace años una vida familiar que ha servido al artista para levantar cierta separación entre David Bisbal, la estrella reconocible en casi cualquier esquina, y David, el hombre que simplemente necesita hacer recados. Dos planos que durante mucho tiempo resultaban difíciles de separar.
La anécdota de Mercadona ha terminado convertida en el elemento más llamativo de sus declaraciones. El fondo de lo que relata Bisbal es claro: ahora disfruta entrando en supermercados y haciendo la compra, algo que antes le resultaba mucho más difícil por la exposición que sentía cada vez que abandonaba la tranquilidad de casa.
El placer inesperado de hacer la compra como cualquiera
Hay algo paradójico en escuchar a un cantante acostumbrado a estadios y grandes giras hablar casi con entusiasmo de hacer la compra. Precisamente por eso la confesión resulta reveladora. La normalidad suele pasar inadvertida hasta que deja de estar garantizada.
Bisbal ha explicado que fuera de España encuentra en ocasiones un anonimato mayor. Puede caminar, entrar en una tienda o comprar comida sin que cada movimiento llame inmediatamente la atención. Durante unos minutos desaparece el personaje público. Luego alguien le reconoce, se acerca y la pequeña burbuja se rompe.
El propio cantante relata que alguna vez está tan tranquilo caminando que llega incluso a olvidarse de su condición de personaje famoso. Hasta que aparece una petición de fotografía. Ese instante resume una rareza difícil de imaginar desde fuera: acostumbrarse a ser observado y, pese a todo, conseguir olvidarlo durante un rato.
La Feria de Almería sigue siendo otra historia
Hay, por supuesto, límites. Bisbal pone como ejemplo la Feria de Almería, territorio especialmente complicado para alguien que no solo es famoso, sino que forma parte de la identidad popular de la ciudad. Allí pasar desapercibido pertenece prácticamente al terreno de la ciencia ficción.
Ha intentado acudir y reconoce que la situación puede complicarse. No es lo mismo cruzarse con varias personas que quieren una fotografía que entrar en un lugar abarrotado donde cientos saben perfectamente quién eres. En esos casos vuelve a aparecer la logística inevitable de la fama.
Ese contraste ayuda a entender mejor sus palabras. Bisbal no afirma haber recuperado un anonimato que sencillamente no existe. Lo que ha recuperado es algo distinto: las ganas de salir pese a no tenerlo.
Bisbal mantiene una intensa actividad musical
Las declaraciones llegan mientras David Bisbal continúa plenamente activo en la música. Su carrera se ha prolongado durante más de dos décadas y mantiene al cantante ligado a giras, grabaciones y grandes escenarios, justamente el reverso de esa tranquilidad cotidiana que ahora dice valorar mucho más.
La paradoja tiene su gracia: mientras celebra poder entrar con relativa tranquilidad en un supermercado, sigue siendo uno de los artistas españoles más reconocibles. Miles de personas acuden a sus conciertos, pero él encuentra cierto placer en algo tan poco espectacular como escoger qué comprar para la cena.
Su carrera nació precisamente en el extremo contrario de la discreción. Desde Operación Triunfo, a comienzos de los años 2000, Bisbal pasó en muy poco tiempo de cantar con la orquesta Expresiones a convertirse en una figura de enorme proyección internacional. Aquella aceleración profesional tuvo una consecuencia menos visible: la pérdida súbita de privacidad.
La normalidad también se aprende después de la fama
Más de dos décadas después de aquella explosión de popularidad, Bisbal parece hablar de la fama con menos solemnidad. No la niega ni pretende hacer creer que puede caminar siempre como un desconocido. Ha aprendido algo más sencillo: habrá fotografías, saludos y miradas, pero eso no obliga a vivir detrás de una puerta.
Ahí está el sentido de una historia que ha terminado resumida en un Mercadona y una espátula. Según su propio relato, Rosanna Zanetti le ayudó a recuperar esa vida cotidiana; lo demás ha consistido en acostumbrarse otra vez al ruido exterior. Para alguien cuya voz conocen millones de personas, la normalidad puede acabar siendo justamente eso: entrar en un supermercado, escoger qué llevarse para cenar y seguir caminando cuando alguien pronuncia su nombre.
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