Síguenos

Mundo

Putin rechaza estar tras los disturbios y acusa a Europa de debilidad

Putin rechaza que Rusia provoque los disturbios europeos y acusa a sus dirigentes de eludir responsabilidades mientras crece la tensión social.

Publicado

el

Putin rechaza estar tras los disturbios

Imagen: Kremlin.ru / CC BY 4.0.

Resumen

  • Putin niega que Rusia esté detrás de los disturbios registrados en Europa
  • El Kremlin acusa a líderes europeos de eludir sus propias responsabilidades
  • No hay pruebas concluyentes de que Moscú haya organizado las protestas

Vladimir Putin ha rechazado que Rusia esté provocando las protestas y disturbios registrados en varios países europeos y ha respondido cargando contra sus dirigentes. El presidente ruso sostiene que responsabilizar a Moscú demuestra “debilidad” e incapacidad para asumir responsabilidades por los problemas internos que están sacando a miles de personas a las calles.

Putin hizo estas declaraciones en una entrevista con la televisión estatal rusa VGTRK difundida este domingo, 25 de octubre. Según su versión, atribuir a Rusia la movilización de manifestantes en grandes ciudades europeas supone un “exceso evidente” y desvía la atención de las causas sociales, económicas y políticas de las protestas.

El pronunciamiento llega en un momento particularmente delicado. Francia acaba de vivir otro fin de semana de movilizaciones masivas por el coste de la vida y el deterioro de los servicios públicos, mientras Italia también ha registrado protestas y enfrentamientos. En paralelo, gobiernos y organismos europeos analizan la actividad de redes vinculadas a campañas extranjeras de desinformación. Una cosa, conviene precisar, no equivale necesariamente a la otra.

Canal oficial
El Folio en WhatsApp
Recibe las noticias más importantes, alertas y última hora.

Putin acusa a los dirigentes europeos de buscar un culpable

El presidente ruso asegura que los gobiernos europeos están recurriendo a adversarios exteriores para explicar una crisis que, a su juicio, deberían afrontar internamente.

Putin afirmó que inicialmente le sorprendió que algunas críticas por la situación europea apuntaran hacia Estados Unidos y la Administración de Donald Trump, especialmente por su relación con movimientos políticos de derecha. Después, según el mandatario ruso, las acusaciones terminaron regresando a un terreno mucho más habitual para el Kremlin: Rusia.

Su argumento es que determinados dirigentes no estarían estudiando suficientemente las causas de las movilizaciones y preferirían trasladar la responsabilidad primero a Washington y después a Moscú.

No es precisamente una interpretación neutral. Forma parte también de la batalla política entre Rusia y una Unión Europea con la que las relaciones siguen profundamente deterioradas por la guerra en Ucrania, las sanciones y las acusaciones de injerencia, espionaje, ciberataques y manipulación informativa.

Qué se está acusando realmente a Rusia de hacer

Aquí está uno de los matices importantes de la polémica. No todas las autoridades europeas han acusado a Moscú de organizar las protestas desde cero.

El ministro francés de Exteriores, Jean-Noël Barrot, denunció que las manifestaciones estudiantiles habían sido explotadas mediante narrativas hostiles procedentes de Rusia, China, Irán y círculos vinculados al movimiento MAGA estadounidense. Su planteamiento apuntaba fundamentalmente a la utilización política y digital de un malestar que ya existía.

El propio Emmanuel Macron ha establecido una diferencia todavía más clara. El presidente francés aseguró que no existían pruebas de que potencias extranjeras hubieran provocado directamente los disturbios, aunque sí de que actores exteriores habían intentado aprovechar posteriormente la crisis informativa para impulsar sus propios relatos.

Italia investiga posibles interferencias

Italia ha adoptado una posición algo más abierta ante la posibilidad de una intervención exterior. Las autoridades han estudiado si actores extranjeros, entre ellos redes relacionadas con Rusia, pudieron desempeñar algún papel en la amplificación de las protestas violentas registradas en Milán y otras ciudades.

El ministro italiano de Defensa, Guido Crosetto, llegó a hablar de mecanismos propios de una “guerra híbrida”, mediante redes sociales y plataformas digitales. La investigación, sin embargo, no significa que se haya demostrado que Moscú organizara las movilizaciones.

Esa diferencia es esencial. Una operación de desinformación puede aprovechar una protesta real, exagerar imágenes, difundir vídeos fuera de contexto o alimentar posiciones enfrentadas sin haber creado originalmente la movilización.

Francia mantiene la presión en las calles

Las palabras de Putin se conocen después de una nueva jornada multitudinaria en Francia. El Ministerio del Interior francés calculó que 410.000 personas participaron el sábado 24 de octubre en las movilizaciones en todo el país, unas 110.000 en París. Los sindicatos elevaron considerablemente la estimación de asistencia.

El Gobierno movilizó alrededor de 70.000 policías y gendarmes para evitar una repetición de los graves saqueos y disturbios de la semana anterior. La mayoría de las marchas transcurrieron pacíficamente, aunque posteriormente se produjeron enfrentamientos en París, Marsella, Burdeos y otras ciudades. Hubo cientos de detenciones.

Las reivindicaciones son, de entrada, domésticas y bastante reconocibles: el aumento del coste de la vida, los salarios, las deficiencias del sistema educativo y la situación de los servicios públicos. Los sindicatos ya plantean nuevas movilizaciones y una huelga nacional para el 5 de noviembre.

Italia también registró este sábado manifestaciones contra la guerra y el aumento del coste de la vida. Hubo choques con la Policía en ciudades como Turín, Roma y Bolonia, aunque la jornada fue más tranquila en Milán y no se repitieron los saqueos generalizados de días anteriores.

Desinformación no significa organizar una protesta

La cuestión central detrás de las declaraciones de Putin es hasta dónde llega realmente la actuación rusa.

Las investigaciones conocidas hasta el momento sí han detectado redes de desinformación vinculadas anteriormente a intereses rusos difundiendo contenidos sobre los disturbios europeos. Algunas han utilizado vídeos descontextualizados o mensajes diseñados para aumentar la polarización social.

Pero no existe, por ahora, una prueba concluyente que permita afirmar que Rusia haya creado o dirigido las principales protestas registradas en Europa. Las propias autoridades comunitarias han diferenciado entre interferir en el debate público y ser responsable directo del origen de las movilizaciones.

El matiz puede parecer técnico, pero cambia bastante la historia. Las protestas pueden nacer de problemas reales —vivienda, inflación, educación, salarios o servicios públicos— y, al mismo tiempo, ser utilizadas después por gobiernos, grupos políticos o redes extranjeras para empujar una determinada interpretación de los acontecimientos.

Moscú convierte las protestas en argumento contra Europa

El Kremlin lleva varios días utilizando el descontento europeo para reforzar uno de sus mensajes habituales: que las democracias occidentales sufren una crisis política y social que sus dirigentes no quieren reconocer.

El portavoz presidencial, Dmitri Peskov, ya había calificado de “absurdas” las acusaciones sobre una participación rusa directa en los disturbios. Putin ha elevado ahora el tono y ha convertido esas sospechas en una acusación contra la capacidad de los propios gobiernos europeos.

Hay una evidente batalla narrativa. Moscú intenta presentar el malestar de las calles como consecuencia de decisiones internas europeas; algunos gobiernos europeos advierten de que Rusia y otros actores aprovechan esas mismas fracturas para profundizar la división y extender desinformación.

Las dos cosas, de hecho, no son incompatibles.

Las protestas tienen causas propias y una batalla exterior alrededor

Los disturbios europeos no pueden reducirse, con las pruebas disponibles, a una operación organizada desde Moscú. Francia vive una movilización social amplia, con reivindicaciones sobre precios, educación y servicios públicos, mientras protestas con demandas diferentes han aparecido también en Italia, España, Portugal, Bélgica y otros países.

Eso tampoco elimina el problema de la interferencia informativa. Actores vinculados a Rusia y a otros países pueden intentar explotar conflictos que no han provocado. Es precisamente ahí donde se libra buena parte de la llamada guerra híbrida contemporánea: no necesariamente fabricando una crisis, sino intentando sacar rendimiento político de una crisis que ya existe.

Putin rechaza las acusaciones y devuelve el golpe a los gobiernos europeos. La evidencia disponible hasta este 25 de octubre permite sostener que existen indicios de manipulación y aprovechamiento propagandístico, pero no pruebas concluyentes de que Rusia haya provocado las protestas que están agitando las calles europeas. Esa distinción, en medio del ruido político, es la parte que más importa.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído