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Tecnología

Emma Borghi controla un coche robot con el cerebro y una mano biónica

Emma Borghi presentó en Maker Faire Rome un casco neuronal para mover un coche robot, una mano biónica impresa en 3D y una torreta guiada por IA.

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controla un coche robot con actividad cerebral

Resumen

  • Emma Borghi convierte señales cerebrales en órdenes para un coche robot
  • También creó una mano biónica en 3D que replica movimientos humanos
  • Sus proyectos combinan EEG, visión artificial, robótica e IA

Un casco capaz de convertir la actividad eléctrica del cerebro en órdenes para mover un pequeño coche robot. No es telepatía ni una máquina que lea pensamientos: es un sistema que analiza señales obtenidas mediante electroencefalografía, identifica determinados patrones y los transforma en instrucciones de movimiento.

El prototipo es obra de Emma Borghi, una joven maker italiana que lo ha presentado en la Maker Faire Rome junto a otros dos proyectos: una mano biónica impresa en 3D capaz de reproducir movimientos humanos y una torreta Nerf que emplea inteligencia artificial y visión por computador para localizar y seguir objetivos en movimiento. Los tres dispositivos fueron diseñados y desarrollados por Borghi de forma autónoma cuando tenía 17 años.

La demostración forma parte de la Maker Faire Rome 2026, celebrada entre el 23 y el 25 de octubre en el Gazometro Ostiense de Roma, un encuentro dedicado a la robótica, inteligencia artificial y fabricación digital, además de otras tecnologías aplicadas.

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Un casco que convierte un electroencefalograma en movimiento

El proyecto más llamativo utiliza un electroencefalograma, o EEG, para registrar la actividad eléctrica cerebral. El software analiza esas señales, clasifica determinados patrones asociados a una intención o estado y los convierte en una instrucción que recibe el vehículo.

Dicho de una forma menos espectacular, pero bastante más exacta: el casco no sabe lo que está pensando una persona. Tampoco interpreta pensamientos complejos, palabras o imágenes mentales. Detecta variaciones en la señal eléctrica y utiliza un sistema previamente preparado para asociarlas a determinados comandos.

Ahí está precisamente la parte interesante. La interfaz establece un puente entre una señal biológica y una máquina: cerebro, sensores, software y robot quedan conectados dentro de un mismo sistema.

No es leer la mente, y esa diferencia importa

Hablar de coches controlados «con la mente» resulta tentador, pero puede dar una impresión equivocada de lo que hace realmente esta tecnología. Los electrodos del EEG recogen señales producidas por la actividad cerebral y el programa busca patrones reconocibles. Después llega la clasificación.

Si el sistema identifica el patrón que tiene asociado a una determinada acción, envía la orden correspondiente al coche robot. Es una interfaz cerebro-computadora, una tecnología que lleva años investigándose en laboratorios y universidades, aunque aquí se presenta en un formato pequeño y fácilmente comprensible para el público.

El resultado tiene algo de ciencia ficción doméstica: una persona con un casco, unos cuantos componentes electrónicos y un coche en miniatura que responde a las señales procesadas por un ordenador. Pero detrás no hay magia. Hay electrónica, programación y tratamiento de señales.

Una mano biónica impresa en 3D que imita movimientos humanos

El segundo desarrollo de Borghi cambia el cerebro por las manos y los músculos. Se trata de una mano biónica fabricada mediante impresión 3D que puede reproducir movimientos humanos prácticamente en tiempo real.

El sistema admite dos formas de controlar el dispositivo. Una utiliza una webcam y técnicas de visión por computador para reconocer la posición y los movimientos de una mano real. El programa interpreta lo que capta la cámara y envía la información necesaria para reproducir el gesto mediante la estructura robótica.

La segunda vía utiliza señales EMG, o electromiográficas, procedentes de la actividad eléctrica de los músculos. En este caso no es necesario limitarse a observar el movimiento desde una cámara: los sensores registran directamente señales musculares que posteriormente se procesan para controlar la mano artificial.

La combinación resulta especialmente interesante porque reúne en un prototipo conceptos utilizados en ámbitos mucho más serios que una demostración tecnológica: prótesis, rehabilitación, robótica colaborativa e interfaces entre seres humanos y máquinas.

No convierte automáticamente el dispositivo en una prótesis médica, claro. Entre un prototipo maker y un producto sanitario certificado hay una distancia enorme en seguridad, fiabilidad, ensayos y regulación. Pero el principio tecnológico permite entender cómo una señal producida por el cuerpo puede terminar controlando un mecanismo artificial.

Una torreta Nerf que reconoce y sigue objetivos con IA

El tercer proyecto tiene un tono bastante más lúdico. Borghi ha construido una torreta Nerf automatizada que emplea inteligencia artificial y visión por computador para detectar objetivos, seguirlos mientras se desplazan y orientar el dispositivo en su dirección.

El sistema está preparado para reconocer, rastrear y alcanzar objetivos dinámicos mediante técnicas de seguimiento visual, convirtiendo las imágenes captadas por una cámara en información que permite orientar automáticamente el mecanismo.

Aquí la inteligencia artificial tiene una función concreta y bastante menos misteriosa que la que suele atribuírsele en el discurso cotidiano: interpretar imágenes. La cámara proporciona información visual, el software identifica el objetivo y el sistema de control calcula cómo debe moverse la torreta para seguirlo.

Es, en pequeño, el mismo tipo de problema técnico que aparece en multitud de aplicaciones civiles: cámaras inteligentes, automatización industrial y robots móviles, además de sistemas capaces de mantener localizado un objeto dentro de una secuencia de vídeo.

Tres prototipos construidos fuera de un gran laboratorio

Los tres proyectos comparten una característica importante. Han sido creados combinando software accesible, electrónica, impresión 3D, inteligencia artificial y robótica sin necesitar la infraestructura de un gran centro de investigación.

Eso no significa que puedan equipararse a proyectos científicos sometidos a validaciones formales. Significa otra cosa: tecnologías que hace no tantos años estaban prácticamente reservadas a universidades y empresas especializadas están llegando a estudiantes y aficionados gracias al abaratamiento del hardware, las herramientas de código abierto y la fabricación digital.

El trabajo de Borghi combina áreas como inteligencia artificial, electrónica, open source, robótica y ciencia, pero también tiene una vertiente educativa evidente: permite experimentar con tecnologías complejas utilizando herramientas cada vez más accesibles.

Hay, además, un detalle que merece una precisión. Algunas informaciones publicadas durante la feria han presentado a Borghi como una expositora de 17 años. En realidad, los prototipos fueron desarrollados cuando tenía 17 años. La creadora se presenta actualmente como una maker italiana de 19 años y estudiante de Ingeniería Informática.

Esa diferencia no cambia demasiado la historia, pero sí cambia un dato. Y cuando la tecnología ya parece suficientemente sorprendente por sí sola, tampoco hace falta rejuvenecer a nadie dos años para mejorarla.

Cuando experimentar con el futuro cabe en una mesa

El casco neuronal, la mano biónica y la torreta con visión artificial son prototipos relativamente pequeños, pero sirven para mostrar algo bastante mayor: la distancia entre aprender una tecnología y empezar a construir con ella se ha reducido de forma radical.

Un EEG puede convertirse en la entrada de un robot. Una cámara doméstica puede alimentar un sistema de reconocimiento visual. Una impresora 3D permite fabricar piezas mecánicas que hace unos años habrían requerido herramientas bastante menos accesibles.

El trabajo de Emma Borghi reúne esas posibilidades en proyectos que se pueden ver funcionando. Y quizá ese sea su elemento más interesante. No promete leer pensamientos ni presenta una revolución inexistente: demuestra que señales cerebrales, músculos, algoritmos y componentes fabricados en casa pueden integrarse para controlar máquinas reales.

La tecnología avanzada sigue necesitando investigación, rigor y mucho trabajo antes de convertirse en algo fiable fuera de una feria. Pero la puerta de entrada se ha ensanchado. Bastante.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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