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Naturaleza

Terremoto de magnitud 7 en Japón: se siente en Tokio y no hay tsunami

El seísmo de magnitud 7 se produjo cerca de las islas Ogasawara, a 470 kilómetros de profundidad. Se sintió en Tokio y no generó alerta de tsunami.

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Resumen

  • Un terremoto de magnitud 7 ha sacudido las islas Ogasawara, en Japón
  • El temblor se ha sentido en Tokio, pero no hay alerta de tsunami
  • El foco estaba a 470 kilómetros de profundidad y no constan daños graves

Un terremoto de magnitud 7 ha sacudido Japón este domingo 25 de octubre de 2026, con epicentro en aguas próximas a las islas Ogasawara, situadas a unos 1.000 kilómetros al sur de Tokio. El movimiento sísmico también se ha sentido en la capital japonesa, aunque las autoridades han descartado el riesgo de tsunami y, por el momento, no se han comunicado víctimas ni daños materiales importantes.

La Agencia Meteorológica de Japón (JMA) ha situado el origen del seísmo a unos 470 kilómetros de profundidad, una circunstancia decisiva para explicar por qué un terremoto de semejante magnitud ha tenido consecuencias relativamente limitadas en superficie. El temblor alcanzó una intensidad máxima de 3 en la escala sísmica japonesa, que cuenta con siete niveles y mide los efectos reales del movimiento sobre el terreno.

El terremoto se produjo alrededor de las 11.09 horas de Japón, las 03.09 de la madrugada en la España peninsular. Las primeras evaluaciones descartaron que pudiera generar un tsunami, pese a tratarse de un movimiento sísmico considerable. La profundidad del foco y la distancia respecto a las principales zonas habitadas han contribuido a reducir su impacto.

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Dónde se ha producido el terremoto de magnitud 7 en Japón

El epicentro se localizó al oeste de las islas Ogasawara, también conocidas como islas Bonin, un archipiélago japonés situado en el océano Pacífico y administrativamente perteneciente a Tokio.

Según los registros de la Agencia Meteorológica de Japón, el seísmo tuvo su origen aproximadamente a 28 grados de latitud norte y 139,9 grados de longitud este. La profundidad calculada fue de unos 470 kilómetros, muy superior a la de numerosos terremotos que provocan daños graves en superficie.

El movimiento alcanzó una intensidad de nivel 3 en Chichijima y Hahajima, dos de las principales islas habitadas del archipiélago. También se registraron sacudidas de menor intensidad en otras zonas del territorio japonés.

El temblor también se ha sentido en Tokio

Aunque el epicentro se encontraba lejos de la capital, las ondas sísmicas llegaron a distintas regiones del centro y noreste del país.

Las observaciones oficiales registraron movimientos de intensidad 2 en puntos de Tokio, Chiba, Saitama, Kanagawa, Fukushima y otras prefecturas. En algunos municipios más alejados, como los situados en Shizuoka, la intensidad fue de nivel 1.

Esta distribución refleja una característica de los terremotos profundos: las ondas pueden recorrer distancias muy grandes y hacerse notar en lugares bastante alejados del foco original.

Conviene distinguir entre magnitud e intensidad sísmica. La primera expresa el tamaño del terremoto, mientras que la segunda describe cuánto se mueve el terreno en un lugar determinado. Por eso, un terremoto de magnitud 7 puede provocar sacudidas moderadas en superficie si se origina a centenares de kilómetros de profundidad.

Por qué no se ha activado la alerta de tsunami

La Agencia Meteorológica de Japón ha confirmado que no existe riesgo de tsunami asociado a este terremoto. Los servicios de vigilancia del Pacífico tampoco han identificado una amenaza que justifique emitir alertas para las zonas costeras.

La explicación está relacionada principalmente con la enorme profundidad del foco sísmico.

Los tsunamis más peligrosos suelen producirse cuando un terremoto submarino desplaza bruscamente grandes volúmenes de agua, generalmente porque una parte del fondo oceánico se eleva o desciende. Esto ocurre especialmente en terremotos relativamente superficiales que afectan a grandes fallas submarinas.

En el caso de las islas Ogasawara, la ruptura se produjo a unos 470 kilómetros bajo la superficie terrestre. A esa profundidad, el movimiento no genera normalmente una deformación significativa del fondo marino capaz de desencadenar un tsunami destructivo.

La magnitud, por sí sola, no determina el peligro de un maremoto. También importan la profundidad, el mecanismo de ruptura y el desplazamiento efectivo del lecho oceánico.

La diferencia entre la magnitud 7 de Japón y la 6,5 de Estados Unidos

Los organismos internacionales han publicado cifras diferentes para este mismo terremoto, algo que puede resultar confuso.

Mientras la Agencia Meteorológica de Japón ha calculado una magnitud de 7,0, el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) ha registrado una magnitud de momento de 6,5, con una profundidad aproximada de 492 kilómetros.

No se trata de dos grandes terremotos diferentes, sino de estimaciones del mismo episodio mediante procedimientos y escalas de magnitud distintos. De hecho, el análisis del momento sísmico de la propia agencia japonesa también arroja un valor de 6,5.

Estas diferencias no son necesariamente errores. Los organismos utilizan redes de estaciones, modelos de cálculo y parámetros que pueden producir resultados distintos, especialmente en las primeras horas posteriores a un seísmo.

En cualquier caso, ambos registros describen un terremoto profundo y de considerable energía, cuya repercusión en superficie ha sido mucho menor de lo que podría sugerir su magnitud.

Japón, uno de los países más expuestos a los terremotos

Japón se encuentra en el denominado Anillo de Fuego del Pacífico, una extensa región caracterizada por una actividad sísmica y volcánica especialmente intensa.

En esta zona confluyen varias placas tectónicas. Su movimiento continuo provoca terremotos de distintas magnitudes y profundidades, desde pequeños temblores prácticamente imperceptibles hasta grandes seísmos capaces de causar catástrofes.

El archipiélago de Ogasawara forma parte de un entorno tectónico especialmente activo, relacionado con la subducción de la placa del Pacífico bajo otra placa de la región. Este proceso permite que se produzcan terremotos a profundidades de varios centenares de kilómetros.

Japón cuenta con una de las redes de vigilancia sísmica más desarrolladas del mundo, además de normas de construcción destinadas a mejorar la resistencia de los edificios frente a los temblores.

Sin embargo, estas medidas no eliminan el riesgo. El impacto de cada terremoto depende de factores como su localización, profundidad y características del terreno, además de la vulnerabilidad de las infraestructuras.

Un terremoto de gran magnitud con efectos limitados

El balance inicial del terremoto del 25 de octubre resulta mucho menos grave de lo que podría hacer pensar una magnitud de 7. Las autoridades japonesas no han comunicado víctimas ni daños materiales importantes, y la ausencia de riesgo de tsunami ha evitado la necesidad de activar avisos de evacuación por ese motivo.

El episodio demuestra que la magnitud no basta para valorar la peligrosidad de un terremoto. En este caso, la gran profundidad del foco sísmico ha sido determinante para limitar sus consecuencias, pese a que el movimiento se ha percibido a una distancia considerable.

Japón continúa expuesto a una actividad tectónica intensa, pero el terremoto registrado junto a las islas Ogasawara deja, según la información disponible, un balance de sacudidas moderadas en superficie y ninguna amenaza de tsunami.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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