España
Los acampados de Sol retiran tiendas y preparan su salida gradual
Los acampados de la Puerta del Sol han retirado tiendas de Arenal y Preciados para aliviar las molestias al comercio y preparan una salida gradual.
Resumen
- La acampada de Sol retira tiendas tras las quejas de los comerciantes
- Los manifestantes negocian una retirada gradual, todavía sin fecha
- La protesta quiere trasladarse a los barrios y atender a personas sin hogar
La acampada de la Puerta del Sol de Madrid ha comenzado a retirar parte de sus tiendas de campaña para reducir las molestias a los comerciantes del centro de la capital. Los manifestantes han despejado espacios en las calles Arenal y Preciados después de las quejas de establecimientos que aseguran estar sufriendo una caída de las ventas. La decisión llega tras cuatro semanas de movilización por el derecho a la vivienda y mientras los participantes estudian cómo levantar progresivamente el campamento.
La retirada es, por ahora, parcial. Los organizadores de la Acampada 26S trabajan en un manifiesto que permita acordar una salida ordenada de la plaza, sin abandonar las reivindicaciones que dieron origen a la protesta. Su intención es trasladar la actividad del movimiento a los barrios de Madrid, aunque todavía no existe una fecha definitiva para el desmantelamiento.
El cambio supone un paso significativo para una movilización que comenzó el 26 de septiembre, después del desahucio de Maricarmen Abascal, una mujer de 87 años que falleció semanas después. Lo que empezó como una protesta contra la crisis de la vivienda se convirtió en un campamento permanente en uno de los espacios más transitados de Madrid. Los participantes afrontan ahora una cuestión distinta: cómo mantener la presión social sin prolongar indefinidamente la ocupación de la plaza.
Los acampados retiran tiendas de Arenal y Preciados
La comisión de Comunicación de la Acampada 26S ha confirmado que se han retirado tiendas instaladas en las calles Arenal y Preciados, dos vías comerciales que desembocan en la Puerta del Sol. La medida busca atender las reclamaciones de los negocios afectados por la presencia del campamento.
Los portavoces de la movilización han explicado que la decisión responde a la voluntad de «no molestar a los comerciantes». Durante las últimas semanas, distintos establecimientos de la zona han denunciado las consecuencias económicas de la protesta, especialmente por las dificultades para desarrollar su actividad habitual.
El impacto sobre el comercio se ha convertido en uno de los principales puntos de fricción. La Confederación de Comercio Especializado de Madrid ha cifrado en cerca de 25 millones de euros las pérdidas que atribuye a la acampada, mientras que algunos establecimientos han comunicado descensos de ventas de entre el 30 % y el 70 %. Son estimaciones y testimonios del sector, no un balance económico independiente que permita atribuir todas esas pérdidas exclusivamente a la protesta.
La retirada de tiendas en estas dos calles supone una primera respuesta a las reclamaciones comerciales, pero no implica el levantamiento completo de la acampada. La movilización continúa en la Puerta del Sol mientras sus participantes negocian los próximos pasos.
Una protesta que comenzó con el desahucio de Maricarmen Abascal
La movilización comenzó el 26 de septiembre de 2026, tres días después del desahucio de Maricarmen Abascal, una mujer de 87 años que llevaba alrededor de siete décadas viviendo de alquiler en el mismo domicilio del distrito madrileño de Retiro.
Su desalojo provocó una importante respuesta ciudadana. Miles de personas participaron en una manifestación para reclamar medidas contra los desahucios y mayores garantías de acceso a una vivienda digna. Al terminar la marcha, algunos participantes decidieron permanecer en la Puerta del Sol y montar las primeras tiendas de campaña.
La protesta creció durante los días siguientes hasta transformar la plaza en un asentamiento organizado mediante asambleas, comisiones de trabajo y espacios de convivencia. El fallecimiento de Maricarmen, dos semanas después de su desahucio, reforzó el carácter simbólico de una movilización que había convertido su caso en una denuncia de los problemas de acceso a la vivienda.
El campamento ha superado incluso la duración de la histórica acampada del 15-M de 2011, cuyos participantes permanecieron 28 días en la misma plaza. La comparación resulta inevitable, aunque los contextos políticos y las reivindicaciones no sean idénticos. Quince años después, Sol vuelve a ser escenario de una protesta prolongada, esta vez centrada especialmente en los alquileres, los desahucios y la crisis habitacional.
La movilización también ha tenido que afrontar dificultades propias de una ocupación tan prolongada. Las lluvias, el descenso de las temperaturas y la convivencia entre numerosos colectivos han complicado la organización cotidiana. A ello se suman las reclamaciones comerciales y las diferencias internas sobre cuánto tiempo debe continuar la protesta.
La acampada prepara una retirada gradual y consensuada
El futuro inmediato del campamento depende de las asambleas que celebran sus participantes. Desde hace más de una semana, los distintos grupos debaten cómo organizar una desacampada gradual, evitando que la retirada se interprete como una renuncia a sus reivindicaciones.
Para ello, las comisiones, los nodos y los colectivos vecinales trabajan en un manifiesto común. El documento debe establecer las principales demandas y definir cómo continuar la movilización cuando las tiendas desaparezcan de la Puerta del Sol.
No existe todavía un calendario definitivo. Algunos participantes consideran que la acampada ha conseguido situar la crisis de la vivienda en el centro del debate público y que ha llegado el momento de concentrar los esfuerzos en otras formas de protesta. Otros defienden mantener la presencia física en la plaza durante más tiempo.
Entre las próximas citas figura la huelga general convocada para el 11 de noviembre, una jornada en la que parte del movimiento quiere concentrar sus esfuerzos organizativos. La discusión consiste en determinar cómo puede contribuir la acampada a esa convocatoria y qué estructura conservarán los colectivos después de abandonar Sol.
La retirada tampoco será una operación sencilla. El campamento cuenta con numerosas tiendas, carpas, lonas y materiales acumulados durante cuatro semanas. Su desmontaje exige organizar la recogida, limpiar los espacios ocupados y decidir el destino de los suministros sobrantes, como alimentos, ropa de abrigo y herramientas.
La situación de las personas sin hogar complica la salida
Uno de los asuntos más delicados es el futuro de las personas sin hogar que han encontrado refugio en el campamento. Durante estas semanas, algunas han utilizado las instalaciones para dormir y acceder a alimentos, por lo que el levantamiento de las tiendas plantea un problema que va más allá de la organización de una protesta.
Los participantes han incluido esta cuestión entre los asuntos que deben resolverse antes de completar la retirada. El objetivo es buscar alternativas para quienes dependen temporalmente de los recursos disponibles en la plaza.
Por el momento, no se ha concretado públicamente una solución general para estas personas. La cuestión añade complejidad a las negociaciones internas y obliga a distinguir entre quienes pueden abandonar la acampada y regresar a sus domicilios y quienes carecen de esa posibilidad.
El movimiento quiere trasladar sus reivindicaciones a los barrios
La intención de los organizadores es que el final de la acampada no suponga la desaparición del movimiento. La propuesta que se debate consiste en trasladar la actividad a los barrios de Madrid, donde los colectivos puedan mantener reuniones, ampliar su organización y continuar reclamando soluciones a la crisis de la vivienda.
Ese cambio permitiría abandonar la ocupación permanente de la Puerta del Sol sin renunciar a la movilización ciudadana. También reduciría los problemas de convivencia y las molestias comerciales que una concentración de estas características genera en una zona de intensa actividad comercial y turística.
El desafío será mantener la participación fuera de un espacio tan visible como el kilómetro cero de Madrid. La presencia continuada de tiendas ha proporcionado a la protesta una exposición pública considerable, pero sostener esa estructura exige recursos y una dedicación que no todos los participantes pueden mantener indefinidamente.
La decisión de retirar las instalaciones de Arenal y Preciados refleja precisamente esa nueva etapa. Los comerciantes reclaman recuperar la normalidad, mientras los manifestantes buscan preservar sus reivindicaciones y evitar que el desgaste cotidiano eclipse el motivo original de la protesta.
Por ahora, la Puerta del Sol sigue acogiendo la acampada. Las tiendas retiradas son una primera señal de cambio, no el anuncio de que todo haya terminado. Las próximas asambleas deberán concretar cuándo se levantará el resto del campamento y cómo continuará una movilización que, tras cuatro semanas, comienza a preparar su salida de la plaza sin dar por resuelta la crisis de la vivienda.
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