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Economía

Aceitunas Karina debe cinco nóminas y 30 empleados preparan demanda

Aceitunas Karina atraviesa una grave crisis laboral: cinco nóminas impagadas, producción detenida desde agosto y una demanda de sus trabajadores.

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Aceitunas Karina

Resumen

  • Aceitunas Karina debe cinco nóminas a una treintena de empleados
  • La fábrica de Alcantarilla permanece sin producir desde agosto
  • La plantilla prepara una demanda para reclamar salarios y derechos

La situación de Aceitunas Karina, histórica empresa alimentaria de Alcantarilla, ha entrado en una fase especialmente delicada. Una treintena de trabajadores acumula cinco nóminas sin cobrar, la fábrica lleva sin producir desde agosto y la plantilla prepara una demanda judicial ante la falta de una solución.

El problema ya no es únicamente un retraso salarial. Los empleados afrontan meses sin ingresos mientras la actividad permanece detenida y también existen pagos pendientes a proveedores. El escenario dibuja una empresa prácticamente paralizada en el terreno productivo, aunque la sociedad continúa figurando registralmente como activa. Dos realidades que, sobre el papel, pueden convivir; en la vida cotidiana de treinta familias, bastante menos.

Aceitunas Karina es una firma conocida en el tejido alimentario murciano. Su historia empresarial sitúa sus orígenes en 1975, ligada a la elaboración de aceitunas y encurtidos, y durante décadas ha comercializado diferentes variedades tanto en España como en mercados internacionales. La crisis actual rompe, por eso, con la imagen de una compañía asentada y con una larga trayectoria detrás.

Cinco salarios pendientes y una plantilla sin respuestas

Para los trabajadores el calendario se ha convertido en una cuenta bastante más amarga que cualquier balance empresarial. Cinco mensualidades pendientes significan alquileres o hipotecas, recibos, alimentación y gastos familiares que siguen llegando con puntualidad aunque el salario haya dejado de hacerlo.

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La treintena de empleados afectados se prepara para acudir a los tribunales. La fábrica, entretanto, no produce desde agosto, una circunstancia que agrava la incertidumbre porque no existe únicamente una deuda acumulada con la plantilla: tampoco hay una actividad industrial normal que permita vislumbrar una recuperación inmediata.

El problema alcanza igualmente a los proveedores. Cuando una industria alimentaria deja de producir, retrasa salarios y no atiende compromisos comerciales, la crisis deja de caber en una sola casilla. Se extiende por toda la cadena: trabajadores, suministradores, clientes y, finalmente, el propio futuro de la empresa.

Una fábrica parada desde agosto

El centro de producción de Aceitunas Karina se encuentra en Alcantarilla, Murcia, una localidad con una larga tradición industrial. Allí se elaboraban aceitunas verdes y negras, rellenas, deshuesadas y otros encurtidos destinados a distintos canales comerciales. La compañía se ha presentado durante años como fabricante y exportador del sector alimentario.

Pero una cosa es el catálogo y otra, bastante más incómoda, la puerta de una fábrica parada. Desde agosto no existe producción ordinaria y los trabajadores permanecen pendientes de saber cuál será su futuro laboral.

La imagen corporativa de la compañía continúa vinculada a conceptos como tradición, calidad y compromiso, propios de una empresa con medio siglo de historia. Frente a ella aparece otra fotografía mucho menos amable: una plantilla que asegura llevar cinco nóminas sin recibir.

Un cambio en la administración durante el mes del parón

Hay, además, un movimiento societario reciente que aporta contexto. El Boletín Oficial del Registro Mercantil recoge que Gloria Carmen Pujante Silla cesó como administradora mancomunada el 12 de agosto de 2026. La empresa había contado con ella y con Juan José Cánovas Sáez como administradores mancomunados y, tras aquel cese, los registros mantienen a Cánovas Sáez en ese cargo.

La coincidencia temporal resulta significativa porque se produce precisamente en el mes en el que la actividad industrial quedó detenida, aunque ese asiento registral, por sí mismo, no permite establecer una relación causal entre ambos hechos.

También en marzo de 2026 había quedado inscrito el nombramiento de OMNIAUDIT SLP como auditor de Aceitunas Karina. Son movimientos societarios de un año especialmente complicado para una compañía que, pocos meses después, se encuentra con la producción parada y una parte esencial de sus obligaciones laborales pendientes.

La demanda judicial abre una nueva etapa

La decisión de los trabajadores de preparar acciones judiciales cambia el terreno del conflicto. Ya no se trata solamente de esperar un pago prometido o una eventual recuperación de la actividad, sino de reclamar formalmente las cantidades adeudadas y proteger los derechos derivados de la relación laboral.

El Estatuto de los Trabajadores contempla la falta de pago o los retrasos continuados del salario entre las causas que pueden permitir al empleado solicitar judicialmente la extinción de su contrato. La normativa establece determinados supuestos objetivos ligados a mensualidades adeudadas o retrasos reiterados, aunque será el juzgado quien deba valorar cada caso concreto.

Cuando esa extinción prospera por la vía prevista en el artículo 50 del Estatuto de los Trabajadores, el empleado puede acceder a la indemnización correspondiente al despido improcedente. No es un matiz menor cuando detrás del conflicto hay meses de salarios acumulados y, en algunos casos, años de antigüedad.

Qué ocurre si la empresa no puede pagar

Existe otro mecanismo relevante cuando una compañía acaba siendo declarada insolvente o entra en concurso: el Fondo de Garantía Salarial, Fogasa. Este organismo público asume, dentro de los límites establecidos legalmente, determinados salarios e indemnizaciones que una empresa insolvente no puede satisfacer.

Fogasa no funciona, sin embargo, como una caja automática a la que acudir cuando una nómina llega tarde. Para que intervenga deben concurrir los requisitos legales de insolvencia o procedimiento concursal y existen límites máximos tanto para salarios como para indemnizaciones.

Para los trabajadores de Aceitunas Karina esta vía podría adquirir importancia en función de cómo evolucione la situación financiera de la sociedad y del resultado de los procedimientos que puedan iniciarse. De momento, el elemento inmediato sigue siendo mucho más sencillo de explicar: hay cinco salarios pendientes.

Una marca histórica ante una crisis difícil de ocultar

Aceitunas Karina no nació ayer. La marca remonta su trayectoria a 1975 y ha pasado décadas vinculada a uno de los productos más reconocibles de la industria agroalimentaria española. Su catálogo ha incluido aceitunas rellenas, negras, gordales y deshuesadas, además de diferentes variedades de encurtidos, y la compañía desarrolló también actividad en mercados internacionales.

Precisamente esa trayectoria hace más llamativa la situación. Una empresa puede continuar figurando jurídicamente como activa mientras sus máquinas permanecen detenidas. Puede conservar una web, un catálogo y una historia corporativa de décadas. Lo que resulta bastante más difícil de conservar es la normalidad cuando treinta trabajadores llevan cinco salarios esperando.

La deuda con los proveedores añade otra señal de alarma. Una industria necesita materia prima, envases, transporte, energía y una extensa red de servicios para funcionar. Cuando esa cadena empieza a romperse, reiniciar la producción no consiste simplemente en pulsar un interruptor. Hace falta recuperar suministro, crédito y confianza.

Treinta familias pendientes del futuro de la empresa

El futuro inmediato de Aceitunas Karina queda condicionado por lo que ocurra en los tribunales, por la capacidad de la sociedad para atender sus deudas y, sobre todo, por la existencia o no de un proyecto capaz de reanudar la actividad industrial.

Para la plantilla, sin embargo, el problema es mucho menos abstracto. Son cinco meses de salario pendientes y una fábrica parada desde agosto. La demanda judicial que preparan los aproximadamente treinta trabajadores supone el paso más contundente hasta el momento en un conflicto que ha dejado de parecer una dificultad puntual de tesorería para convertirse en una crisis laboral y empresarial.

Después de décadas fabricando aceitunas y encurtidos en Alcantarilla, Aceitunas Karina afronta uno de sus momentos más comprometidos. La cuestión decisiva ya no es únicamente cuánto dinero se debe. Es si detrás de esas instalaciones industriales todavía existe una empresa capaz de volver a producir y responder ante sus trabajadores.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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