Economía
Toblerone demanda a una firma de 10 empleados por su chocolate vegano
Toblerone lleva a los tribunales a Catherine’s Originals por la forma de su O’bar, una tableta vegana creada por una firma de diez empleados.
Imagen: Ashley Pomeroy, CC BY 3.0.
Resumen
- Toblerone ha demandado a Catherine’s Originals por la forma de su O’bar
- La firma británica sostiene que sus piezas son redondeadas, no triangulares
- El caso enfrenta a una empresa de diez empleados con el gigante Mondelēz
Toblerone ha abierto una batalla judicial contra Catherine’s Originals, una pequeña empresa británica de chocolate vegano con una plantilla de apenas diez personas. El motivo no está en los ingredientes ni en el nombre del producto, sino en algo bastante más elemental: la forma de una barrita de chocolate.
La sociedad Kraft Foods Schweiz Holding GmbH, vinculada a Toblerone y al grupo Mondelēz, presentó el 15 de octubre de 2026 una demanda ante el Tribunal Superior de Londres contra Catherine’s Originals. El litigio gira en torno a su O’bar, una tableta de 200 gramos dividida en porciones elevadas y redondeadas que, según la parte demandante, se aproxima demasiado a la silueta característica de Toblerone. El procedimiento permanece abierto y todavía no existe una resolución judicial sobre el fondo del caso.
Una demanda por la forma del chocolate
Mondelēz sostiene que la O’bar puede vulnerar los derechos vinculados a la conocida configuración de Toblerone. La demanda incluye acusaciones de infracción de marca y de passing off, una figura del derecho británico utilizada frente a presentaciones comerciales que pueden llevar al consumidor a relacionar un producto con otra empresa.
La diferencia visual entre ambos chocolates es precisamente el centro del conflicto. Toblerone está compuesto por sus reconocibles picos triangulares, mientras que Catherine’s Originals utiliza segmentos más redondeados, descritos como semióvalos o abombados.
La cuestión jurídica, por tanto, no consiste simplemente en decidir si dos chocolatinas se parecen. El tribunal tendrá que establecer hasta dónde alcanza la protección de la forma asociada a Toblerone y si el diseño de la O’bar entra dentro de ese terreno protegido.
La forma triangular forma parte de la identidad de Toblerone desde que Theodor Tobler y Emil Baumann crearon el producto en 1908. Más de un siglo después, ese perfil se ha convertido en uno de los elementos visuales más reconocibles de la marca y, por tanto, en un activo comercial que su propietario pretende proteger.
Catherine’s Originals sostiene que sus piezas forman una «O»
La pequeña empresa de Sussex niega haber copiado el diseño. Su fundadora, Catherine Dodd, defiende que los segmentos de la O’bar están inspirados en la letra O de Originals y forman parte de una identidad visual utilizada también en otros productos de la marca.
Dodd sostiene que sus piezas no son triangulares, sino redondeadas, y rechaza que exista una relación comercial o una posible confusión con Toblerone. La posición de la compañía es sencilla: la apariencia de la O’bar responde a un diseño propio y no pretende reproducir la conocida montaña de chocolate suizo.
La empresaria puso en marcha Catherine’s Originals en 2021, cuando tenía 18 años. Desde entonces, la compañía ha crecido dentro del mercado británico del chocolate de origen vegetal y ahora se encuentra ante un litigio con uno de los mayores grupos internacionales del sector.
No es una diferencia menor. Para Toblerone, el elemento determinante es la similitud del perfil segmentado. Para Catherine’s Originals, precisamente ahí está la diferencia: una sucesión de curvas no equivale a una sucesión de triángulos.
Diez empleados frente a uno de los gigantes del chocolate
El caso ha llamado especialmente la atención por la distancia entre las dos partes. Las cuentas empresariales disponibles señalan que Catherine’s Originals tuvo una media de diez empleados, incluidos sus directores, durante el último ejercicio conocido.
Al otro lado se encuentra Mondelēz International, propietario de marcas como Toblerone, Cadbury y Oreo y con decenas de miles de trabajadores repartidos por el mundo. El desequilibrio de tamaño no decide quién tiene razón jurídicamente, pero sí ayuda a entender por qué el litigio ha adquirido una dimensión que va bastante más allá de una disputa corriente entre fabricantes de chocolate.
Catherine’s Originals fabrica sus productos en West Sussex y ha ido ampliando su actividad desde sus comienzos en 2021, cuando la producción tenía una escala mucho menor. La empresa está especializada en chocolate de origen vegetal y comercializa buena parte de sus productos directamente a través de internet.
La O’bar es uno de sus productos centrales. Las tabletas pesan 200 gramos y parten de unas 9,20 libras, aunque algunas variedades superan las diez libras. No se trata, por tanto, de una imitación barata planteada únicamente para competir con Toblerone por precio.
Mondelēz asegura que intentó negociar durante meses
El propietario de Toblerone mantiene que acudir a los tribunales no fue su primera opción. Según su versión, durante varios meses intentó resolver directamente el conflicto con Catherine’s Originals, pero las conversaciones no permitieron alcanzar un acuerdo.
Mondelēz considera que tiene la obligación de proteger sus marcas y su propiedad intelectual y destaca el enorme reconocimiento adquirido por la silueta de Toblerone. Al existir ya un procedimiento judicial, el grupo ha evitado entrar en más detalles sobre los argumentos concretos que defenderá ante el tribunal.
La defensa de una forma mediante derechos de marca es un terreno particularmente delicado. Las compañías pueden proteger determinados elementos tridimensionales cuando estos han adquirido suficiente carácter distintivo, pero disponer de derechos registrados no implica automáticamente que cualquier producto con una estructura parecida constituya una infracción.
Ahí estará buena parte del interés del proceso. La justicia tendrá que bajar de las montañas suizas al terreno bastante menos romántico de las marcas, la semejanza entre productos y la percepción del consumidor.
Toblerone ya libró otra guerra por sus picos
El episodio tiene un precedente muy conocido en Reino Unido. En 2017, Mondelēz emprendió acciones contra la cadena Poundland por Twin Peaks, una tableta cuya apariencia recordaba a Toblerone.
La disputa retrasó el lanzamiento del producto durante varios meses y terminó con un acuerdo. Poundland modificó tanto la forma del chocolate como algunos elementos del envase antes de ponerlo finalmente a la venta.
Aquel caso dejó claro que Mondelēz considera la silueta de Toblerone un activo comercial que merece ser defendido incluso cuando el supuesto competidor no reproduce exactamente todos sus triángulos.
La O’bar plantea una versión distinta del mismo problema. Sus piezas son sensiblemente más redondeadas, mientras que Catherine’s Originals insiste en que todo el diseño procede de la letra O utilizada por la compañía.
Lo que tendrá que decidir el tribunal
El procedimiento está todavía en una fase temprana. No hay sentencia que declare que Catherine’s Originals haya copiado a Toblerone ni que haya infringido sus derechos. Por el momento existen alegaciones de una parte y una oposición frontal de la otra.
En términos prácticos, el litigio deberá abordar el grado de protección jurídica de la forma de Toblerone, la semejanza real entre ambas tabletas y la posibilidad de que el público pueda establecer una conexión empresarial entre los productos.
También importa el contexto. Los dos chocolates utilizan marcas, envases y posicionamientos distintos, algo que la defensa puede utilizar para sostener que un consumidor es capaz de diferenciarlos. Mondelēz, por su parte, dispone de décadas de reconocimiento internacional de una forma que prácticamente se ha convertido en una firma.
Cuando hasta una curva acaba en los tribunales
El enfrentamiento entre Toblerone y Catherine’s Originals muestra hasta qué punto el diseño de un alimento puede convertirse en propiedad comercial. En sectores saturados de productos similares, una forma reconocible puede terminar siendo casi tan valiosa como el nombre impreso en el envoltorio.
Para Catherine’s Originals, el asunto afecta directamente a uno de sus productos más reconocibles y enfrenta a una compañía de diez empleados con un grupo multinacional. Para Mondelēz, dejar pasar diseños que considere demasiado próximos podría debilitar uno de los elementos visuales más identificables de Toblerone.
Queda por determinar dónde traza el tribunal esa frontera. Entre el triángulo de Toblerone y la curva de la O’bar puede parecer que hay unos cuantos milímetros de chocolate. Jurídicamente, puede haber bastante más.
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