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Piratas somalíes secuestran un pesquero iraní y temen nuevos ataques

Piratas somalíes toman un pesquero iraní con 23 personas a bordo. El barco se acerca a rutas comerciales y podría servir como buque nodriza.

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Piratas somalíes secuestran un pesquero iraní

Resumen

  • Piratas somalíes secuestran el pesquero iraní Azini con 23 personas a bordo
  • El barco se acerca a una ruta comercial y podría servir como buque nodriza
  • Atalanta investiga el caso mientras crece la alerta por piratería en Somalia

Piratas somalíes han secuestrado el pesquero iraní Azini, con 23 personas a bordo, frente a la costa nororiental de Somalia. El incidente ha activado una alerta marítima porque el barco se aproximaba a una importante ruta comercial y podría ser utilizado como buque nodriza para lanzar nuevos ataques contra cargueros y petroleros que navegan por el Índico occidental.

El Azini fue abordado el jueves 29 de octubre por un grupo armado. Según un responsable de seguridad marítima de Puntlandia, 12 piratas participaron en el asalto. A bordo viajaban 21 ciudadanos iraníes y dos guardias de seguridad somalíes. El estado de los tripulantes seguía sin conocerse este domingo, mientras la operación naval europea Atalanta investigaba el secuestro.

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El Azini se dirige hacia una ruta de tráfico comercial

El Centro de Seguridad Marítima del Océano Índico recibió información sobre el secuestro del pesquero, ocurrido aproximadamente a las 09.00 UTC del 29 de octubre frente al nordeste de Somalia. La embarcación había sido localizada inicialmente entre las localidades costeras de Bandar Bayla y Hafun, una zona vinculada a anteriores episodios de piratería.

La primera posición comunicada situaba al Azini en torno a los 09°42’ norte y 053°55’ este. Posteriormente, el centro actualizó sus coordenadas hasta los 09°47’ norte y 055°45’ este y advirtió de que el barco se estaba acercando a una vía utilizada por el tráfico marítimo internacional.

Ese movimiento es precisamente lo que preocupa a las autoridades navales. El secuestro de un pesquero relativamente pequeño no implica por sí mismo una amenaza directa para grandes cargueros, pero cambia bastante la situación si los piratas consiguen utilizarlo como plataforma desde la que operar a cientos de kilómetros de la costa.

Por qué un pesquero secuestrado puede convertirse en un buque nodriza

Los grupos piratas utilizan en ocasiones embarcaciones capturadas como bases flotantes desde las que transportan combustible, provisiones, armas y pequeñas lanchas rápidas. Así pueden ampliar considerablemente su radio de acción.

Esas lanchas son las que después se aproximan a los mercantes. Un barco nodriza permite permanecer más tiempo en alta mar y atacar en zonas donde un esquife salido directamente de la costa somalí difícilmente podría operar.

El riesgo no es teórico. En marzo de 2026, un grupo de piratas secuestró otro pesquero iraní, el Al Waseemi 786, con la aparente intención de utilizarlo de la misma manera. Llegó a situarse a cientos de millas de Mogadiscio antes de que la operación Atalanta localizase la embarcación, vigilase sus movimientos y, en coordinación con las autoridades somalíes, lograse liberar el barco y a su tripulación.

La operación Atalanta investiga el secuestro

La fuerza naval de la Unión Europea mantiene abierta la investigación sobre el Azini. El Centro de Seguridad Marítima del Océano Índico ha pedido a los barcos que navegan por la zona que extremen la vigilancia, apliquen las medidas internacionales de protección frente a la piratería y comuniquen inmediatamente cualquier actividad sospechosa.

El aviso resulta especialmente relevante porque el pesquero no estaría inmóvil junto a la costa. Su desplazamiento hacia una zona de tráfico marítimo aumenta las posibilidades de que el grupo trate de emplearlo para localizar o acercarse a otros buques.

Para los mercantes, algunas de las medidas habituales incluyen reforzar las guardias visuales, controlar mediante radar las embarcaciones pequeñas que se aproximan, mantener puntos de vigilancia elevados y preparar las medidas defensivas establecidas en las recomendaciones de seguridad marítima. No es precisamente una amenaza nueva en estas aguas, aunque había quedado muy reducida durante años.

La piratería somalí vuelve a ganar terreno en 2026

El secuestro del Azini llega después de varios meses de repunte de la piratería frente a Somalia y en el golfo de Adén. Los ataques han vuelto a producirse tanto cerca de la costa como a gran distancia de ella, precisamente gracias al uso de embarcaciones capaces de actuar como plataformas de apoyo.

A mediados de octubre, la operación Atalanta informó de la resolución de cuatro importantes incidentes ocurridos durante 2026: los relacionados con el petrolero Honour 25, el mercante Sward, el petrolero Eureka y el Sibu 1. Otro buque, el Asana, continuaba entonces bajo control de un grupo pirata dentro de aguas territoriales somalíes.

Uno de los casos más graves fue el del Honour 25, capturado en abril. Cinco miembros de su tripulación murieron durante la operación realizada por las fuerzas de Puntlandia para recuperar el petrolero a finales de septiembre y otros dos resultaron heridos. El episodio mostró que el regreso de la piratería ya no puede tratarse únicamente como una sucesión de incidentes menores.

También el Sibu 1 fue abordado en agosto por seis hombres armados cuando navegaba unas 136 millas náuticas al este de Al Mukalla, en Yemen. Los atacantes tomaron el control del petrolero y lo desviaron hacia Somalia. Fue recuperado posteriormente y las autoridades detuvieron a más de una veintena de sospechosos.

Una zona marítima sometida a varias amenazas al mismo tiempo

La reaparición de los grupos piratas se produce en un momento especialmente delicado para las rutas comerciales del océano Índico, el golfo de Adén y el mar Rojo. A los secuestros frente a Somalia se suman los riesgos derivados de los conflictos regionales y las amenazas contra la navegación en puntos estratégicos como Bab el Mandeb y el estrecho de Ormuz.

Para las compañías marítimas, cualquier aumento del riesgo se traduce en más vigilancia y seguros más caros, posibles cambios de ruta y mayores costes operativos. Cuando determinados corredores dejan de ofrecer suficientes garantías, algunos buques terminan realizando trayectos mucho más largos alrededor de África.

Somalia posee además una costa de más de 3.000 kilómetros. Vigilarla de forma permanente es complicado incluso con patrullas internacionales, medios aéreos y cooperación entre distintas fuerzas navales. Esa extensión facilita que pequeños grupos puedan salir al mar y buscar embarcaciones vulnerables antes de intentar operaciones de mayor alcance.

El Azini, bajo vigilancia mientras crece la amenaza

La incógnita inmediata sigue siendo qué pretende hacer el grupo que controla el Azini y en qué condiciones se encuentran las 23 personas que viajaban a bordo. La aproximación del pesquero a una ruta comercial ha elevado el nivel de atención, pero hasta el momento no se ha comunicado ningún ataque posterior lanzado desde la embarcación.

El precedente de otros pesqueros convertidos en bases de operaciones explica la cautela. Un barco secuestrado puede pasar rápidamente de ser el objetivo de un ataque a convertirse en la herramienta para preparar el siguiente. Y en una de las rutas marítimas más delicadas del planeta, esa posibilidad basta para poner en alerta a los buques que navegan por la zona.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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