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Historia

Hallan en Kazajistán un poblado fortificado con una figurilla de ave

Arqueólogos hallan en Kazajistán un asentamiento fortificado de los siglos VI y VII con murallas, restos de alimentos y una singular ave de cerámica

Publicado

el

poblado fortificado de hace 1.400 años

Resumen

  • Kalzhyr fue un asentamiento fortificado de los siglos VI y VII
  • El yacimiento conserva murallas, alimentos y huellas de un gran incendio
  • Una figurilla de ave con sonajero es la pieza más enigmática del hallazgo

Un equipo de arqueólogos ha sacado a la luz en el este de Kazajistán los restos de Kalzhyr, un gran asentamiento fortificado de los siglos VI y VII, levantado en una época decisiva para Asia Central: la formación del primer gran poder político de los pueblos túrquicos. El yacimiento supera las 25 hectáreas y conserva murallas, construcciones, cerámica, alimentos carbonizados y las señales de un incendio que arrasó buena parte de sus defensas.

Entre tierra quemada, suelos de barro y fragmentos de edificios apareció la pieza que más desconcierta a los investigadores: una pequeña figurilla de ave hecha en cerámica que contiene un sonajero en su interior. Su función todavía no está determinada. Pudo ser un juguete, un objeto ritual o algo bastante menos solemne de lo que nuestra imaginación arqueológica quisiera. Por ahora, sencillamente, no se sabe.

Una ciudad fortificada de hace unos 1.400 años

Kalzhyr se encuentra en la cuenca de Zaysan, entre las localidades de Kalzhyr y Boran, en Kazajistán Oriental. La expedición está dirigida por investigadores de la Universidad Nacional Kazaja Al-Farabi y estudia un territorio situado en uno de esos grandes corredores naturales de Asia Central que durante siglos comunicaron regiones, pueblos y rutas comerciales.

La datación no procede únicamente de una comparación visual de los materiales. Los arqueólogos han combinado los objetos recuperados con análisis de radiocarbono, que sitúan la ocupación investigada entre los siglos VI y VII de nuestra era. Los datos preliminares relacionan la construcción del recinto con el periodo del Primer Kanato Túrquico, nacido a mediados del siglo VI y convertido rápidamente en una potencia de enorme peso en las estepas euroasiáticas.

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Eso convierte el hallazgo en algo más que otra fortificación antigua marcada en un mapa. El yacimiento permite acercarse a la vida material de aquellas comunidades, tradicionalmente asociadas en el imaginario popular con jinetes, ejércitos y desplazamientos por la estepa. Aquí aparecen también edificios permanentes, almacenamiento de alimentos, decoración arquitectónica y defensas organizadas. Una sociedad bastante menos esquemática de lo que sugiere la vieja imagen del nómada pasando velozmente a caballo por el horizonte.

Murallas quemadas y edificios bajo la tierra

Los trabajos se han concentrado especialmente en la zona meridional del asentamiento. Allí aparecieron los restos de sus principales estructuras defensivas, una parte considerable de las cuales quedó destruida por un incendio. Los arqueólogos han identificado también elementos interiores de edificios, pavimentos de tierra apisonada y restos de construcciones realizadas con cañas y barro.

El fuego dejó una huella paradójicamente valiosa. Lo que destruyó el poblado también conservó pistas sobre sus habitantes. Entre ellas hay granos de trigo y legumbres carbonizados, junto con recipientes cerámicos. No permiten reconstruir todavía una dieta completa ni demostrar por sí solos qué cultivos se producían localmente, pero sí certifican la presencia y manejo de productos vegetales en el asentamiento.

También han aparecido fragmentos de enlucido con restos de ornamentación. Es un detalle pequeño, aunque revelador. Aquellos edificios no eran únicamente refugios levantados para resistir el frío o defender una posición. Al menos algunos espacios recibieron un tratamiento decorativo. Había una preocupación por el aspecto de las construcciones; quizá por su significado, por su prestigio o, simplemente, porque hace 1.400 años la gente tampoco quería vivir entre cuatro paredes desnudas.

La extraña ave de cerámica que suena al moverla

La pieza que inevitablemente concentra las miradas es una figura zoomorfa de cerámica. Representa un ave y alberga en su interior un elemento que funciona como sonajero. No es el tipo de objeto cotidiano que permite sacar conclusiones rápidas, precisamente por eso resulta tan interesante.

Su interpretación sigue abierta. El sonido puede sugerir un uso lúdico, ceremonial o simbólico, pero convertir cualquiera de esas posibilidades en certeza sería correr demasiado. La arqueología tiene esta costumbre poco espectacular y bastante saludable: una cosa es lo que un objeto permite imaginar y otra, mucho más exigente, lo que las evidencias permiten afirmar.

Las representaciones de aves aparecen en diferentes contextos culturales del mundo túrquico y centroasiático, y determinados pájaros adquirieron significados relacionados con el poder o el ámbito espiritual. Pero eso no demuestra que la figurilla de Kalzhyr fuese religiosa. El contexto preciso de la pieza, su fabricación y la comparación con futuros hallazgos serán determinantes para entenderla. Incluso la explicación más sencilla —un juguete que hacía ruido— permanece sobre la mesa.

Lo importante quizá no sea solo la figurilla

El pequeño pájaro es fotogénico, claro. Pero científicamente el conjunto puede decir bastante más. Un recinto de más de 25 hectáreas, con fortificaciones, edificios construidos con técnicas diversas, cereales, legumbres, cerámica y decoración ofrece información sobre cómo se organizaban las comunidades asentadas en esta región durante el nacimiento del poder túrquico.

Todavía no está claro qué función desempeñaba Kalzhyr. Con los datos disponibles no puede afirmarse si fue principalmente un puesto militar, un núcleo administrativo o un centro económico, o una población con varias funciones a la vez. Esa distinción importa: definir el papel del asentamiento permitiría entender mejor cómo se articulaban los territorios orientales de Kazajistán en los siglos VI y VII.

La fortificación, además, sufrió un incendio importante. Tampoco se conoce todavía su origen. No hay base para atribuirlo a una batalla o a una destrucción deliberada únicamente porque las murallas estuvieran quemadas. Un fuego accidental, un episodio bélico o cualquier otra causa necesitan evidencias específicas. Las ruinas, de momento, cuentan que ardieron; no quién encendió la primera llama.

Otro hallazgo lleva el lugar mucho más atrás en el tiempo

La expedición se encontró además con una sorpresa cronológicamente distinta. Los investigadores localizaron un kereksur, una estructura funeraria y conmemorativa de piedra perteneciente a la Edad del Bronce tardía. Es decir, mucho más antigua que el asentamiento relacionado con el Kanato Túrquico y perteneciente a otro contexto cultural.

Estos monumentos son particularmente conocidos en áreas de Mongolia y Xinjiang, en el noroeste de China. Su aparición en la cuenca de Zaysan amplía el conocimiento sobre el límite occidental alcanzado por este tipo de construcciones funerarias.

El dato dibuja una profundidad histórica considerable. Mucho antes de que se levantaran las murallas de Kalzhyr, otras poblaciones habían utilizado ese mismo paisaje y habían dejado allí sus muertos y sus monumentos. Siglos después llegaron otras comunidades, construyeron edificios, almacenaron trigo, fabricaron cerámica y fortificaron el terreno. La estepa aparentemente vacía resulta, al excavarla, bastante concurrida.

Drones y cámaras térmicas para reconstruir Kalzhyr

La investigación no depende únicamente del pico, la pala y el pincel. Los equipos participantes están utilizando fotografía aérea, levantamientos arqueológicos e imagen térmica para analizar el terreno y detectar estructuras que a ras de suelo pueden pasar inadvertidas.

El proyecto prevé convertir la información recogida en modelos digitales y un sistema de información geográfica de la región. Este tipo de herramientas permite cruzar sobre un mismo mapa las estructuras excavadas, la topografía, los monumentos funerarios y otros indicios del paisaje arqueológico. La idea no es estudiar una muralla aislada, sino entender cómo se ocupó y transformó la cuenca de Zaysan durante periodos muy diferentes.

En los trabajos participan, junto con investigadores y estudiantes de la Universidad Nacional Kazaja Al-Farabi, especialistas de la Universidad Técnica de Kazajistán Oriental D. Serikbayev y del Instituto de Arqueología A. Kh. Margulan.

Un pequeño pájaro dentro de una historia enorme

Kalzhyr aporta una fotografía todavía incompleta, pero especialmente sugerente, de Asia Central hace unos 1.400 años. Tras las grandes fechas y los nombres de gobernantes aparecen aquí las cosas que sostienen una vida: paredes, cereales, vasijas, decoración, defensas. Y fuego.

En medio de todo ello, una figurilla de barro que suena al agitarla. Todavía no sabemos qué significaba para la persona que la tuvo entre sus manos. Precisamente ahí reside parte del valor del hallazgo. La arqueología no siempre desentierra respuestas; a veces recupera una pregunta diminuta, hecha de cerámica, que llevaba catorce siglos esperando bajo tierra.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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