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Un misil hutí causa graves daños en la sede de Saudi Aramco en Dhahran

Saudi Aramco mantiene sus operaciones tras un ataque hutí que dañó varias plantas de su sede en Dhahran y elevó el riesgo sobre el petróleo.

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Lanzadera de misiles de los houti

Por U.S. Army - Pentágono, Dominio público, Wikimedia Commons

Resumen

  • Un misil hutí causó graves daños en la sede de Saudi Aramco
  • El fuego afectó varias plantas, pero no hubo víctimas
  • La producción continúa mientras crece la tensión sobre el petróleo

Un misil lanzado por los hutíes de Yemen alcanzó la sede de Saudi Aramco en Dhahran, en el este de Arabia Saudí, y provocó un incendio que se extendió por varias plantas del edificio. No se registraron muertos ni heridos, pero los daños resultaron considerablemente más importantes de lo que sugería la primera comunicación oficial saudí.

La compañía mantiene, pese al impacto, sus operaciones petroleras con normalidad. El proyectil golpeó un edificio del complejo corporativo y no una gran instalación de extracción, procesamiento o exportación. Esa diferencia resulta decisiva para entender tanto el alcance económico del ataque como la reacción del mercado: Aramco ha sufrido un golpe serio en su centro de mando, pero el flujo de petróleo no se ha detenido.

El misil alcanzó el complejo de Saudi Aramco en Dhahran

El ataque se produjo durante la noche del martes 13 de octubre. El Ministerio de Energía saudí informó inicialmente de un “incendio limitado” en un edificio administrativo de Aramco y confirmó que los servicios de emergencia habían logrado controlar la situación. La ausencia de víctimas fue uno de los primeros datos confirmados.

Con el paso de las horas apareció una imagen más grave. El fuego se inició en el ala sur y afectó a varias plantas del edificio, con especial incidencia entre los pisos sexto y décimo. Algunas zonas sufrieron techos hundidos, ventanas destrozadas y puertas arrancadas, mientras que las plantas superiores quedaron seriamente dañadas.

Entre los espacios afectados se encuentra la zona del edificio donde está el despacho del consejero delegado de Aramco, Amin Nasser. La petrolera pidió a parte de sus empleados que trabajasen desde casa y trasladó temporalmente determinadas funciones a otras oficinas internacionales.

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La escena tiene dos caras. Por un lado, un edificio central de una de las compañías más importantes del planeta con varias plantas dañadas. Por otro, la enorme maquinaria energética saudí funcionando. Esa combinación explica por qué el ataque tiene un enorme valor político y simbólico, aunque su impacto inmediato sobre la oferta de crudo sea limitado.

Aramco mantiene sus operaciones pese a los daños

La sede de Dhahran no es una simple torre administrativa. El complejo alberga un centro de operaciones desde el que Saudi Aramco supervisa campos terrestres y marítimos, refinerías, terminales de exportación y miles de kilómetros de oleoductos. Es, en buena medida, uno de los cerebros de la infraestructura energética saudí.

Aramco produjo durante el primer semestre de 2026 unos 11 millones de barriles equivalentes de petróleo diarios, de los que aproximadamente 9,1 millones correspondieron a líquidos. Una escala que ayuda a entender por qué cualquier ataque contra la compañía es observado desde Londres hasta Singapur con algo más que curiosidad.

Por el momento no hay indicios de una reducción de esa producción como consecuencia del ataque. Las operaciones continuaron y parte del trabajo administrativo se redistribuyó. El misil ha demostrado vulnerabilidad, sí, pero no ha sacado barriles del mercado.

Golpear una oficina no equivale a detener el petróleo

Para los mercados existe una diferencia enorme entre incendiar varias plantas de un edificio corporativo y dejar fuera de servicio una refinería, una terminal marítima o un centro de procesamiento. La producción no se ha interrumpido, y ese es el dato que separa por ahora un grave episodio de seguridad de una auténtica crisis de suministro.

Los operadores miran, por tanto, más allá de las imágenes del edificio dañado. Lo que puede alterar de verdad el precio internacional es la posibilidad de que los siguientes ataques alcancen instalaciones capaces de retirar producción o exportaciones del mercado. El petróleo suele tener esa costumbre: cotiza el daño, pero también el miedo al próximo golpe.

Los hutíes amenazan con nuevos ataques contra Arabia Saudí

Los hutíes han reivindicado una ofensiva en la que aseguran haber utilizado misiles balísticos, misiles de crucero y drones contra distintos objetivos saudíes. Entre los blancos mencionados se encuentran instalaciones de Aramco, infraestructuras de Riad y el aeropuerto internacional Rey Jalid.

El movimiento yemení, aliado de Irán, ha advertido de que pretende continuar atacando aeropuertos e instalaciones petroleras saudíes. También ha pedido a civiles, trabajadores y compañías que se mantengan alejados de posibles objetivos, una amenaza que eleva la presión sobre Riad mucho más allá de los daños sufridos en Dhahran.

El problema saudí es geográfico además de militar. Proteger simultáneamente aeropuertos, refinerías, plantas petroquímicas, oleoductos, instalaciones de desalación y centros urbanos repartidos por un territorio inmenso obliga a dispersar los sistemas de defensa aérea. Los hutíes conocen esa dificultad y llevan años mezclando drones y distintos tipos de misiles para intentar atravesar las defensas.

La nueva oleada de ataques llega después del grave impacto registrado en el aeropuerto internacional de Riad, donde murieron 13 personas. Otros proyectiles han sido interceptados, aunque la caída de restos también ha provocado daños y heridos. Arabia Saudí se enfrenta así a una campaña que busca desgastar sus defensas y llevar la inseguridad a infraestructuras estratégicas.

Arabia Saudí responde con ataques sobre Yemen

El golpe contra Saudi Aramco forma parte de una secuencia acelerada de ataques y represalias. La coalición encabezada por Arabia Saudí ha atacado instalaciones de combustible en territorio controlado por los hutíes, incluida una instalación próxima a Saná, la capital yemení.

Riad sostiene que determinados emplazamientos civiles y energéticos son utilizados por los hutíes para mantener sus operaciones militares. Los rebeldes, en cambio, presentan los ataques contra Arabia Saudí como una respuesta a la ofensiva saudí. Entre ambas versiones queda una guerra que, en realidad, nunca terminó de desaparecer.

La tregua auspiciada por Naciones Unidas en 2022 redujo durante años la intensidad de los enfrentamientos directos, pero el tablero regional ha vuelto a calentarse. El conflicto de Yemen se cruza otra vez con la rivalidad entre Irán, Estados Unidos y sus aliados, y cada actor mueve sus piezas con intereses que van mucho más allá de la frontera yemení.

Para los civiles de Yemen, esas geometrías diplomáticas tienen una traducción mucho menos elegante. Hospitales sobrecargados, carreteras cortadas, dificultades para distribuir alimentos y cientos de miles de personas dependientes de una ayuda humanitaria que vuelve a quedar atrapada entre los frentes.

El ataque sacude a Aramco y al mercado saudí

La Bolsa saudí reaccionó con pérdidas. El principal índice retrocedió alrededor de un 1,7%, mientras que las acciones de Saudi Aramco cedieron aproximadamente un 1,6%. No es un desplome, pero sí una señal bastante clara de que los inversores están incorporando otra capa de riesgo a sus cálculos sobre el reino.

El mercado petrolero también permanece pendiente de la escalada. Mientras las instalaciones productivas continúen operativas, el impacto directo puede mantenerse contenido. El escenario cambiaría con rapidez si los ataques alcanzaran refinerías, centros de procesamiento, terminales de exportación o rutas marítimas esenciales para el transporte de crudo.

La proximidad del estrecho de Ormuz, una de las arterias fundamentales del comercio energético mundial, añade sensibilidad. En una región donde pasan millones de barriles cada día, basta que aumente el riesgo sobre barcos, puertos o cargamentos para que aseguradoras, navieras y operadores comiencen a recalcular costes.

También golpea la imagen económica de Arabia Saudí

Para Arabia Saudí existe un problema que no cabe en un barril. Mohamed bin Salmán ha construido buena parte de su proyecto económico alrededor de la idea de un reino seguro, abierto al turismo, las finanzas, los grandes congresos y la inversión internacional. Un misil contra Aramco introduce una grieta incómoda en esa imagen de estabilidad.

Algunos grandes encuentros empresariales han tenido que adaptar su organización ante el deterioro de la seguridad. La Future Investment Initiative, uno de los escaparates internacionales del reino, ha incorporado opciones de participación a distancia, mientras otros acontecimientos se han visto alterados por los problemas logísticos.

La presión alcanza así a Vision 2030, el enorme proyecto con el que Arabia Saudí pretende reducir su dependencia histórica del petróleo y atraer capital extranjero hacia sectores como turismo, tecnología, entretenimiento e infraestructuras. La geopolítica, como suele ocurrir, no acostumbra a respetar los calendarios de inversión.

El riesgo energético vuelve al corazón del Golfo

El ataque a la sede de Saudi Aramco no ha detenido el bombeo de petróleo ni ha causado víctimas, pero ha demostrado que los hutíes conservan capacidad para alcanzar objetivos de enorme valor económico y simbólico dentro de Arabia Saudí pese a las sofisticadas defensas del reino.

Dhahran se encuentra además en la Provincia Oriental, el corazón de la industria energética saudí. En esa zona se concentra una parte esencial de la infraestructura que sostiene el peso de Arabia Saudí dentro del mercado mundial. Golpear unas oficinas no equivale a paralizar esa red, pero acerca físicamente el conflicto a ella.

La cuestión decisiva será la continuidad de la campaña. Mientras los ataques provoquen daños sin reducir la producción, el impacto sobre el suministro mundial puede seguir siendo limitado. Si alcanzan instalaciones capaces de frenar exportaciones o procesamiento, la crisis dejaría de ser exclusivamente saudí y yemení: empezaría a notarse en el mercado internacional de la energía.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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