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Character.AI quiebra tras perder 9 millones al mes y busca comprador

Character.AI se acoge al Capítulo 11 después de acumular pérdidas millonarias y busca una venta que permita mantener operativa la plataforma.

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Character.AI quiebra

Resumen

  • Character.AI se acoge al Capítulo 11 tras perder hasta 9 millones al mes
  • La computación consumió 56,1 millones de dólares entre enero y agosto
  • La empresa busca comprador y mantiene activa la plataforma durante el proceso

Character.AI, una de las compañías que mejor simbolizó el primer entusiasmo inversor por la inteligencia artificial generativa, se ha acogido al Capítulo 11 de la ley de quiebras de Estados Unidos. La empresa presentó el 12 de octubre su solicitud voluntaria ante un tribunal de Delaware y ha abierto un proceso de venta supervisado judicialmente. La plataforma continúa funcionando, pero su futuro depende de que aparezca una propuesta capaz de sostener el negocio.

Las cuentas explican buena parte del desplome. Character.AI estaba perdiendo aproximadamente entre 8 y 9 millones de dólares cada mes en agosto de 2026, incluso después de recortar costes, reducir plantilla, simplificar sus modelos y aumentar la publicidad. Entre enero y agosto gastó alrededor de 56,1 millones de dólares solo en capacidad de computación, mientras que sus ingresos mensuales totales llegaron a un máximo aproximado de 5,3 millones. Una aplicación utilizada por millones de personas podía ser extraordinariamente popular y, al mismo tiempo, convertirse en una máquina de quemar dinero.

De unicornio de 1.000 millones a acogerse al Capítulo 11

La historia tiene una velocidad muy propia de Silicon Valley. Character.AI fue fundada en 2021 por los antiguos investigadores de Google Noam Shazeer y Daniel De Freitas, especialistas en modelos de lenguaje y sistemas conversacionales. Su propuesta era sencilla de entender y tremendamente pegajosa: permitir al usuario crear personajes virtuales y mantener conversaciones prolongadas con ellos.

En marzo de 2023, cuando la fiebre por la inteligencia artificial acababa de desatarse, la compañía levantó 150 millones de dólares en una ronda de financiación que situó su valoración en 1.000 millones. Y eso pese a que todavía no generaba ingresos. Era la edad de oro de una idea repetida hasta el agotamiento en el sector tecnológico: primero conquistar usuarios; las cuentas, ya se cuadrarían después.

Y usuarios no faltaron. En enero de 2024, Character.AI aseguraba recibir alrededor de 3,5 millones de visitantes diarios. Sus personajes virtuales habían encontrado un público particularmente joven y dispuesto a pasar largos periodos conversando con ellos. El problema estaba escondido justo ahí: cada conversación tenía un coste. No era como servir una página web prácticamente idéntica a diez o diez millones de personas; cada respuesta exigía procesar información en servidores especializados.

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Cuanto más hablaban los usuarios, mayor era la factura

Ese detalle cambia por completo la economía del negocio. En una red social tradicional, un usuario que permanece dos horas mirando contenido puede multiplicar las oportunidades publicitarias a un coste marginal relativamente bajo. En una aplicación de IA generativa, dos horas de conversación implican también dos horas de inferencia, es decir, cálculos continuos ejecutados por chips caros en centros de datos igualmente caros.

La documentación presentada en el proceso concursal ofrece una fotografía bastante áspera. Durante los primeros ocho meses de 2026, aproximadamente el 45% de los gastos operativos de Character.AI correspondió a computación. Fueron 56,1 millones de dólares, unos siete millones mensuales de media. Los salarios y beneficios para empleados sumaron otros 19,7 millones durante ese mismo periodo.

La empresa consiguió reducir la factura respecto a ejercicios anteriores, pero lo hizo tomando decisiones que podían deteriorar precisamente aquello que había seducido a sus usuarios: modelos más sencillos, restricciones, anuncios y recortes internos. La paradoja es incómoda. Mejorar la rentabilidad exigía abaratar la experiencia, mientras que mantener un servicio tecnológicamente más sofisticado empujaba los costes hacia arriba.

Los ingresos crecieron, pero nunca alcanzaron el ritmo del gasto

Character.AI sí consiguió monetizar parte de aquella audiencia. Sus ingresos por suscripciones llegaron a alcanzar 2,8 millones de dólares mensuales, aunque en determinados momentos estuvieron por debajo del millón. Con publicidad y otras vías incluidas, la facturación mensual llegó a un máximo aproximado de 5,3 millones.

No era una cifra pequeña para una empresa relativamente joven. Simplemente quedaba demasiado lejos del dinero que salía por la otra puerta.

En agosto de 2026, la publicidad aportaba unos 2,5 millones de dólares mensuales, frente a aproximadamente medio millón en julio de 2025. Aun así, con una base aproximada de 12 millones de usuarios y una utilización muy intensa del servicio, los ingresos no compensaban el coste de mantener funcionando los modelos y el resto de la compañía.

Ahí aparece uno de los grandes problemas económicos de la actual carrera de la IA, sin necesidad de adornarlo con profecías apocalípticas: tener muchos usuarios no garantiza tener un buen negocio. Cuando cada nuevo usuario intensivo aumenta también la factura informática, crecer puede convertirse en algo bastante menos agradable de lo que luce en una presentación para inversores.

El dinero de Google dio oxígeno, pero no resolvió el modelo

Character.AI ya había protagonizado una operación llamativa en 2024. Google firmó un acuerdo no exclusivo para licenciar su tecnología y contrató a Shazeer, De Freitas y otros miembros del equipo. Los fundadores regresaron así al gigante tecnológico del que habían salido para levantar la startup.

Aquello proporcionó financiación y redujo parte de la presión, pero también dejó una imagen curiosa: una compañía valorada como uno de los proyectos más prometedores de la nueva IA terminaba cediendo buena parte de su talento tecnológico más valioso a uno de los gigantes que, en teoría, debía desafiar.

Algo parecido volvió a ocurrir en 2026 con Disney. En septiembre, el entonces consejero delegado de Character.AI, Karandeep Anand, anunció su incorporación al grupo como máximo responsable tecnológico junto a otros integrantes del equipo. Apenas unas semanas después llegó el procedimiento concursal.

Disney ofrece 20 millones mientras Character.AI busca comprador

Dentro del proceso de venta, Disney ha presentado una oferta inicial de 20 millones de dólares por una licencia perpetua y no exclusiva de determinados activos de propiedad intelectual. Conviene precisar el detalle: no equivale, de momento, a comprar Character.AI completa por 20 millones.

La propuesta funciona como oferta de referencia dentro del procedimiento judicial y pueden aparecer otros interesados con condiciones superiores. Character.AI espera completar la venta hacia finales de noviembre o principios de diciembre. Mientras tanto, la aplicación permanece disponible y las suscripciones siguen activas.

El escenario menos agradable también está encima de la mesa. Si el procedimiento no produce una propuesta viable que permita seguir operando la plataforma, Character.AI podría cerrar el servicio. La continuidad depende, por tanto, del resultado de una venta que todavía no está resuelta.

Sus activos y pasivos han sido declarados en un rango de entre 50 y 100 millones de dólares. El concurso llega además después de meses de presión jurídica y regulatoria en Estados Unidos, con litigios relacionados con la seguridad de sus chatbots y su utilización por menores. La compañía identifica esas dificultades legales, regulatorias y operativas entre los factores que terminaron empujándola hacia el Capítulo 11.

La quiebra expone uno de los puntos débiles del negocio de la IA

Resulta tentador convertir Character.AI en la primera ficha de dominó de una gran burbuja de inteligencia artificial. La fotografía es más interesante cuando se evita ese atajo.

La quiebra no demuestra que todo el sector de la IA sea económicamente inviable. Empresas que venden software corporativo, servicios mediante API, infraestructura o herramientas especializadas tienen ingresos y costes muy diferentes. Tampoco puede compararse sin más una startup dependiente de financiación externa con compañías como Google, Microsoft o Meta, capaces de financiar inversiones gigantescas con beneficios procedentes de otros negocios.

Pero Character.AI sí deja una advertencia bastante limpia. En algunos servicios de IA orientados al consumidor, la distancia entre popularidad y rentabilidad puede ser enorme. Cuanto mejor funciona el producto, más se utiliza; cuanto más se utiliza, más capacidad informática consume. Si las suscripciones, la publicidad u otras vías de monetización no crecen al mismo ritmo, el éxito empieza a parecerse sospechosamente a un problema.

La factura del cómputo cambia las reglas habituales de internet

Durante décadas, buena parte del negocio digital se construyó sobre una característica maravillosa: copiar y distribuir software era baratísimo. Crear el producto podía costar mucho, pero servir una copia adicional apenas movía la aguja.

La IA generativa ha complicado esa ecuación. Cada consulta consume recursos. Cada imagen, cada conversación larga, cada personaje que responde durante horas tiene detrás GPU, electricidad y centros de datos. A gran escala, céntimos aparentemente insignificantes terminan formando montañas.

Character.AI es casi un ejemplo de laboratorio. Su audiencia era real, el producto generaba un uso intenso y la empresa consiguió ingresos relevantes. Nada de eso fue suficiente. En agosto seguía perdiendo entre ocho y nueve millones mensuales y, según las cifras conocidas de la compañía, aquello representaba incluso una mejora considerable frente al año anterior.

De promesa de la IA a prueba de realidad económica

Hace tres años, Character.AI podía presentarse ante los inversores sin ingresos y obtener una valoración de 1.000 millones de dólares. En octubre de 2026 está ante un tribunal intentando vender sus activos mientras busca la manera de que su plataforma no desaparezca.

Entre ambas imágenes no ha cambiado el interés por la inteligencia artificial. Tampoco desaparecieron sus usuarios. Lo que apareció, con una puntualidad casi cruel, fue la factura de mantener la IA funcionando.

La caída de Character.AI no basta para anunciar el estallido de una burbuja de la inteligencia artificial, pero sí rompe una fantasía que acompañó los primeros años de esta carrera: que una audiencia enorme terminaría convirtiéndose, casi por inercia, en un negocio enorme. La tecnología puede funcionar, gustar y crecer y aun así perder una fortuna. Character.AI acaba de ponerle números a esa contradicción.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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