Economía
Reemplazar a mayores de 45 despedidos cuesta 27.037 millones en España
Reemplazar a los mayores de 45 despedidos cuesta 27.037 millones a las empresas españolas por selección, formación y pérdida de experiencia.
Resumen
- Reemplazar a mayores de 45 despedidos cuesta 27.037 millones
- El 90% de los puestos eliminados termina cubriéndose de nuevo
- Perder experiencia eleva el gasto en selección, formación y adaptación
Prescindir de trabajadores con experiencia puede reducir una nómina durante un tiempo, pero la factura reaparece por otra puerta. El coste estimado de reemplazar a profesionales mayores de 45 años despedidos durante 2024 alcanza los 27.037 millones de euros, una cantidad que incorpora mucho más que la indemnización ligada a la salida.
Ese dinero refleja el impacto de volver a cubrir los puestos: búsqueda de candidatos, selección, contratación, formación y el periodo necesario hasta que el nuevo empleado alcanza un rendimiento comparable. La diferencia es importante. Una cosa es el coste del despido; otra, bastante más silenciosa, es reconstruir después el conocimiento que abandonó la empresa.
El problema gana tamaño porque los mayores de 45 años tienen cada vez más peso en el mercado laboral español. España envejece, también en las oficinas, fábricas y comercios, y la experiencia acumulada se ha convertido en un activo difícil de sustituir con rapidez, aunque rara vez aparezca con una cifra propia en el balance.
La factura de 27.037 millones va mucho más allá del despido
Del coste total calculado, unos 14.973,4 millones de euros corresponden al reemplazo de trabajadores de entre 45 y 54 años, mientras otros 12.063,2 millones se vinculan a profesionales de 55 años o más. Buena parte del gasto se concentra, por tanto, en personas que todavía pueden tener muchos años de carrera profesional por delante.
La estimación parte de que alrededor del 90% de los puestos eliminados termina cubriéndose de nuevo, mientras aproximadamente uno de cada diez desaparece del organigrama. Es precisamente ahí donde comienza la segunda factura: encontrar a alguien que ocupe la vacante no significa que pueda sustituir inmediatamente todo lo que hacía quien se marchó.
Un nuevo trabajador necesita conocer procedimientos, clientes, equipos y la peculiar cartografía interna de cada compañía. Hay cosas escritas en manuales y otras que solo se aprenden después de años: a quién llamar cuando falla un proceso, cómo tratar a un cliente delicado o dónde se atasca una decisión. Ese conocimiento informal, casi invisible mientras funciona, se vuelve evidente cuando falta.
Los puestos con equipos a cargo concentran el mayor coste
La diferencia se agranda en los empleos con responsabilidad. Cerca de 24.845,2 millones de euros del coste estimado corresponden a profesionales que dirigían equipos, frente a unos 2.181,4 millones asociados a trabajadores sin funciones de mando. Dentro del primer grupo, la alta dirección concentra alrededor de 3.524,4 millones.
Tiene lógica empresarial, aunque resulte incómoda. Cuanto más especializado y estratégico es un puesto, más complicado resulta introducir a otra persona y pretender que el lunes todo continúe exactamente igual. En determinados perfiles, los procesos de búsqueda, selección y desarrollo pueden representar entre 30.000 y 50.000 euros antes incluso de contabilizar la pérdida temporal de productividad.
El supuesto ahorro salarial puede acabar así convertido en una operación mucho menos limpia de lo que parecía en la primera hoja de cálculo. El salario del profesional veterano es visible; el precio de reemplazar su experiencia y autonomía, en cambio, suele aparecer después.
Más de 272.000 mayores de 45 años fueron despedidos en 2024
El volumen de salidas ayuda a entender la magnitud económica. Durante 2024 se registraron alrededor de 272.000 despidos de trabajadores mayores de 45 años en España. De ellos, 150.692 afectaron al tramo comprendido entre 45 y 54 años y otros 121.394 a personas de 55 años o más.
La tendencia tampoco se limita a un ejercicio concreto. Entre 2020 y 2024 fueron despedidos más de 1,13 millones de trabajadores mayores de 45 años. El tramo de 45 a 54 años reunió más de 642.000 casos y concentró algo más de la mitad de las salidas registradas entre los profesionales sénior.
Desde 2022, cuando el número de despidos de mayores de 45 años superó los 200.000 anuales, el fenómeno ha mantenido un peso considerable. Eso no permite afirmar que cada salida responda a discriminación por edad; cada caso tiene sus propias causas. Sí revela, en cambio, que la relación entre edad, coste salarial y reorganización empresarial afecta a una parte enorme de la población activa.
Sustituir experiencia necesita meses, no solo dinero
El coste de reemplazar una posición puede oscilar entre la mitad y cuatro veces el salario bruto anual del profesional que abandona la compañía, según la responsabilidad, la especialización y el conocimiento acumulado asociado a ese puesto.
En perfiles sénior, recuperar un nivel de rendimiento similar puede requerir entre 18 y 24 meses. No significa que un recién contratado necesite dos años para comprender las tareas básicas, sino que alcanzar la misma autonomía, criterio y red de relaciones internas lleva bastante más tiempo que aprender dónde está el escritorio.
Ese periodo tiene un coste que pocas veces aparece bajo una única partida. Se reparte entre departamentos, horas de compañeros, errores inevitables, formación y una productividad inicialmente menor. Son pequeñas fugas de dinero y conocimiento que, sumadas a escala nacional, explican cifras de miles de millones.
El conocimiento que se marcha no figura en la nómina
Una empresa sabe con bastante exactitud cuánto paga a un empleado cada mes. Resulta mucho más difícil calcular el valor de veinte años de experiencia, de una cartera de relaciones construida despacio o de cientos de decisiones tomadas después de haber cometido —y corregido— errores.
Cuando un profesional veterano sale, una parte de ese patrimonio se marcha con él. Contratar a otra persona cubre la vacante administrativa; reconstruir el mismo nivel de conocimiento requiere tiempo. De ahí la paradoja: determinadas empresas reducen plantilla buscando ahorro a corto plazo y posteriormente deben invertir para recuperar capacidades que ya estaban dentro.
Renovar una plantilla puede ser razonable e incluso necesario. Las organizaciones necesitan nuevas competencias, otros perfiles y relevo generacional. El problema aparece cuando la edad se utiliza como atajo para asociar automáticamente veteranía con coste elevado o menor capacidad de adaptación.
España depende cada vez más del talento sénior
La demografía convierte el asunto en estructural. Los trabajadores de más de 45 años representan ya más de la mitad de la población ocupada, mientras la entrada de generaciones más pequeñas obliga a las empresas a revisar una idea muy arraigada: siempre habrá jóvenes suficientes para reemplazar a quienes salen.
Durante la próxima década, las jubilaciones aumentarán con fuerza a medida que las generaciones más numerosas alcancen el final de su vida laboral. La presión será especialmente intensa en determinados sectores, donde encontrar empleados cualificados ya resulta complicado. Perder anticipadamente talento sénior puede agravar ese cuello de botella.
Al mismo tiempo, la automatización y la inteligencia artificial están modificando tareas y perfiles profesionales. El desafío no consiste simplemente en sustituir trabajadores de mayor edad por empleados más jóvenes, sino en actualizar competencias dentro de plantillas que serán, inevitablemente, más longevas.
La experiencia entra también en la cuenta de resultados
Los 27.037 millones de euros no deben confundirse con una montaña de indemnizaciones abonadas por las empresas. Son una estimación del coste asociado a reemplazar a quienes fueron despedidos, y precisamente por eso el dato resulta revelador: muestra lo caro que puede ser reconstruir algo que ya funcionaba.
Una plantilla no es únicamente una suma de salarios. También contiene memoria, especialización, relaciones, errores ya aprendidos y decisiones pequeñas que mantienen una compañía en marcha sin hacer ruido. Todo eso tiene valor económico, aunque no aparezca con una línea propia en las cuentas.
Despedir a un trabajador puede liberar una silla y reducir temporalmente determinados costes. Sustituir lo que sabía hacer es otra historia. Cuando salen años de experiencia por la puerta, recuperarlos puede costar mucho más de lo que sugería el ahorro inicial.
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