Economía
EE UU plantea cobrar 200.000 dólares y restringir el aceite español
Washington estudia cobrar 200.000 dólares por viaje a buques españoles y limitar importaciones de aceite, cosméticos y cerámica procedentes de España.
Resumen
- EE UU propone cobrar 200.000 dólares por viaje a cada buque español
- La medida podría afectar al aceite, cosméticos, cerámica y confitería
- La propuesta aún no está en vigor y abre un nuevo frente comercial
Estados Unidos ha elevado de golpe la tensión comercial con España. La Comisión Marítima Federal estadounidense (FMC) propone cobrar 200.000 dólares por viaje a cada buque con bandera española que entre en un puerto de Estados Unidos y limitar la entrada de varias familias de productos españoles, entre ellas el aceite de oliva, los cosméticos y la cerámica. La medida, publicada formalmente este 15 de octubre, todavía no está en vigor: se trata de una propuesta normativa sometida a un periodo de comentarios públicos de 60 días.
El origen del choque está en la negativa española a permitir el atraque de varios barcos estadounidenses vinculados al tráfico marítimo con Israel. Tras una investigación abierta en diciembre de 2024, la FMC sostiene que España creó condiciones desfavorables para los buques de bandera estadounidense y que esas restricciones alteraron sus rutas comerciales. Madrid rechaza esa lectura y mantiene que sus decisiones responden al cumplimiento de las normas españolas, europeas e internacionales sobre material de defensa y productos de doble uso.
Una tasa de 200.000 dólares por cada viaje a Estados Unidos
El mecanismo planteado por Washington es especialmente contundente porque no establece una multa única. La propuesta contempla una tasa de 200.000 dólares por viaje, que se cobraría cada vez que un buque registrado bajo bandera española entrase en un puerto estadounidense procedente de un puerto o lugar extranjero. La factura, por tanto, podría repetirse tantas veces como escalas afectadas realizase el barco.
La propia FMC reconoce que actualmente son relativamente pocos los buques de pabellón español que hacen escala en Estados Unidos. Aun así, ha elegido esa cifra tomando como precedente un conflicto marítimo con Japón de 1997, cuando impuso una tasa de 100.000 dólares por viaje a determinados operadores japoneses. Los 200.000 dólares actuales representarían aproximadamente la actualización de aquella cantidad por la inflación acumulada.
El detalle jurídico importa. Si un buque español no pagase la tasa, el texto permitiría a la Comisión pedir al Departamento de Seguridad Nacional que le denegara la autorización de salida, e incluso actuar contra otros barcos españoles. No estamos, por tanto, ante un simple recargo portuario perdido entre columnas de una factura: la propuesta busca disponer de una capacidad coercitiva real.
El aceite de oliva, entre los productos directamente amenazados
El segundo frente resulta económicamente bastante más amplio. La FMC propone restringir determinadas importaciones procedentes de España y ha señalado cinco grandes categorías: perfumería y cosmética, aceites y grasas, cerámica, productos de piedra y azúcar y confitería. No ha fijado todavía qué volumen quedaría bloqueado ni si finalmente aplicará todas las categorías. Puede optar por restricciones generales, parciales o concentradas en determinados productos.
El aceite destaca con diferencia. Estados Unidos importó en 2025 alrededor de 1.150 millones de dólares en aceites y grasas españoles, según las cifras manejadas en el expediente. Dentro de esa partida, el aceite de oliva español alcanzó unos 836,9 millones de dólares. Es decir, no se ha escogido una mercancía testimonial para adornar la amenaza: se ha colocado sobre la mesa uno de los grandes productos españoles en el mercado estadounidense.
La perfumería y la cosmética sumaron cerca de 940 millones de dólares en importaciones estadounidenses desde España durante 2025, con casi 700 millones correspondientes a perfumes y aguas de tocador. La cerámica alcanzó unos 634,7 millones, de los cuales 523,7 millones correspondieron a baldosas y productos similares. Los artículos de piedra rondaron los 270,6 millones y el azúcar y la confitería, los 138,8 millones.
Hay también una selección deliberada de lo que Washington ha preferido dejar fuera. La FMC explica que no propone limitar dos partidas españolas que superaron los 1.000 millones de dólares: determinados medicamentos y los convertidores eléctricos y transformadores. En el primer caso invoca la salud de los ciudadanos estadounidenses; en el segundo, la escasez de transformadores que atraviesa Estados Unidos. El comercio castiga, sí, pero procura no dispararse en el pie.
El origen del choque entre España y la Comisión Marítima
Los tres buques que están en el centro del conflicto
La investigación estadounidense se remonta a noviembre de 2024. La FMC identifica al Maersk Seletar, Maersk Denver y Maersk Hartford, tres barcos de bandera estadounidense incluidos en el Maritime Security Program, un programa estratégico de la Administración Marítima de Estados Unidos. Según el expediente, no pudieron realizar las escalas previstas en España y terminaron desviándose hacia Marruecos.
Los datos de seguimiento recopilados por el organismo muestran un cambio bastante visible después del enfrentamiento. Antes de noviembre de 2024, los buques de Maersk Line Limited registrados en Estados Unidos realizaban una media de 7,25 escalas mensuales en puertos españoles. Desde entonces, sostiene la Comisión, esas visitas se redujeron drásticamente y buena parte de la actividad se desplazó hacia Tánger. Durante 2026, hasta el momento analizado en el expediente, la flota estadounidense de la compañía apenas había realizado seis escalas en España.
Para la FMC, este desplazamiento demuestra que la política española no afectó únicamente a tres operaciones concretas, sino que modificó de forma duradera las condiciones comerciales de los buques estadounidenses. España ha defendido justamente lo contrario: que las actuaciones no discriminaban a los barcos por su bandera y respondían al control de determinadas mercancías relacionadas con Israel y material de defensa.
España lleva el conflicto comercial al terreno europeo
El Gobierno español está analizando las consecuencias de la propuesta y ha dejado claro un punto: las restricciones comerciales planteadas por Washington no son únicamente una cuestión bilateral entre España y Estados Unidos, porque la política comercial es competencia de la Unión Europea. Madrid ha defendido que sus intereses y los de las empresas españolas deberán abordarse en coordinación con la Comisión Europea y los demás Estados miembros.
Ese matiz puede acabar siendo decisivo. Estados Unidos está dirigiendo las medidas contra mercancías de origen español, pero España forma parte del mercado único y de la política comercial común europea. Una restricción efectiva a productos españoles abriría inevitablemente una negociación con Bruselas y convertiría un pleito nacido en los muelles en una disputa comercial de mayor escala.
Washington tampoco ha cerrado la puerta diplomática. La Comisión contempla que España pueda solicitar una audiencia formal y admite que un acuerdo político podría resolver el procedimiento. Hasta que eso ocurra, sin embargo, mantiene sobre la mesa sus dos principales instrumentos de presión: la tasa a los buques y las restricciones a las mercancías.
Las sanciones todavía no están en vigor
El matiz es esencial para entender el alcance real de la noticia. Estados Unidos no está cobrando todavía 200.000 dólares a los buques españoles ni ha prohibido la entrada de aceite de oliva, cosméticos o cerámica. Lo que existe es una propuesta formal de la FMC, con un procedimiento administrativo abierto antes de que las medidas puedan convertirse en definitivas.
El periodo de comentarios públicos permitirá que empresas, organizaciones y otras partes afectadas presenten argumentos sobre las medidas. A partir de ahí, la Comisión podrá mantenerlas, modificarlas o descartarlas. La amenaza es concreta y está cuantificada, pero todavía existe distancia entre el texto planteado por el regulador y una sanción efectivamente aplicada en los puertos estadounidenses.
Un conflicto portuario que puede alcanzar a miles de exportadores
El expediente nació con barcos, contenedores y permisos de atraque, pero ha terminado alcanzando sectores que poco tienen que ver con un puerto militar: una botella de aceite andaluz, una baldosa castellonense, un perfume fabricado en España. Ahí está precisamente el alcance económico de la propuesta estadounidense. Lo que comenzó como una disputa marítima amenaza con deslizarse hacia las exportaciones españolas y la relación comercial con Estados Unidos.
El texto contiene, además, una cláusula nada menor: si la Comisión concluyera que España responde con medidas de represalia contra navieras o exportadores estadounidenses, podría elevar la tasa y añadir nuevas categorías de productos españoles a las restricciones, siempre dentro de los límites legales de su autoridad. De momento es una previsión, no una sanción. Pero deja bastante claro hasta dónde puede escalar un conflicto que comenzó con tres buques estadounidenses a los que España no permitió realizar las escalas previstas.
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