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Naturaleza

El Niño desarrolla un «segundo brazo» y aumenta el riesgo de extremos

El Niño se intensifica en el Pacífico con una nueva extensión de aguas cálidas que eleva el riesgo de calor extremo, lluvias e importantes sequías.

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calor extremo, inundaciones y sequías.

Resumen

  • El Niño desarrolla una nueva lengua de aguas cálidas en el Pacífico
  • El episodio eleva el riesgo de calor extremo, inundaciones y sequías
  • En España, su influencia es menos directa y no determina el tiempo

El Niño sigue ganando fuerza en el Pacífico y las últimas imágenes de temperatura del océano han añadido una anomalía llamativa: una extensa lengua de agua excepcionalmente cálida se ha prolongado hacia la costa de Chile y el sureste del Pacífico, dibujando lo que algunos meteorólogos describen gráficamente como un «segundo brazo». No es un nuevo fenómeno climático ni una segunda versión de El Niño, pero sí otra señal de hasta qué punto se está extendiendo el calentamiento del océano.

La imagen llega, además, en un momento delicado. El Niño de 2026 continúa intensificándose y los grandes organismos meteorológicos internacionales contemplan un episodio fuerte o muy fuerte durante los próximos meses. El escenario aumenta la probabilidad de temperaturas excepcionalmente altas y altera los patrones de lluvia a escala planetaria: donde unas regiones pueden recibir precipitaciones torrenciales, otras afrontan sequía. El clima, naturalmente, no reparte sus excesos con justicia geométrica.

El «segundo brazo» aparece en un Pacífico cada vez más cálido

La expresión procede de la comparación entre mapas recientes de temperatura superficial del mar. A finales de septiembre se observaba con claridad una gran franja de aguas cálidas frente a Ecuador y Perú. Dos semanas después, alrededor del 14 de octubre, esa anomalía se había extendido hacia el sur, siguiendo la costa de Chile y penetrando después en el Pacífico sudoriental.

El resultado visual recuerda a una bifurcación: de la principal masa cálida sale otra prolongación, de ahí el «segundo brazo». En algunos puntos de ese extenso sector del Pacífico las temperaturas superficiales superan ampliamente los valores normales para estas fechas.

Conviene ponerle freno a la metáfora antes de que eche a correr sola. «Segundo brazo» no es una denominación técnica oficial ni identifica un fenómeno independiente. Los meteorólogos no han descubierto una criatura climática nueva con tentáculos oceánicos. Lo que muestran los mapas es una expansión de las anomalías cálidas, coherente con un Pacífico oriental sometido a un calentamiento extraordinario.

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La señal importante está bajo la superficie

Lo que preocupa a los climatólogos no es únicamente el dibujo que forman las manchas cálidas en un mapa. A comienzos de octubre se registraron anomalías superiores a 4 ºC en algunas zonas del Pacífico ecuatorial oriental, mientras que las aguas situadas a cierta profundidad seguían mostrando un exceso de calor muy considerable.

Ese depósito térmico importa porque El Niño no depende simplemente de unos cuantos centímetros de agua caliente en la superficie. Es un fenómeno acoplado entre océano y atmósfera: cambian los vientos alisios, se modifica la distribución de las aguas cálidas, varía la convección tropical y esa gigantesca maquinaria termina alterando la circulación atmosférica mucho más allá del Pacífico.

Los principales índices utilizados para vigilar el fenómeno también han seguido subiendo. A comienzos de octubre, el índice Niño 3.4 alcanzaba +2,1 ºC, mientras Niño 3 llegaba a +3 ºC y Niño 1+2, la región más próxima a las costas de Perú y Ecuador, rozaba los +3,9 ºC. Son valores propios de un episodio que ya no tiene nada de discreto.

El Niño de 2026 apunta a un episodio excepcional

Las previsiones consideran probable que El Niño permanezca entre las categorías fuerte y muy fuerte durante el invierno boreal y mantienen una probabilidad superior al 83 % de que continúe en ese rango hasta el periodo enero-marzo de 2027. Para octubre-diciembre, los cálculos conceden igualmente una probabilidad muy elevada de alcanzar una magnitud histórica según algunos de los índices empleados para seguir el fenómeno.

Los modelos estacionales apuntan a que El Niño continuará intensificándose hasta aproximadamente diciembre y contemplan su persistencia durante buena parte del invierno boreal. Las proyecciones sitúan la anomalía del índice Niño 3.4 en niveles extraordinariamente elevados durante el trimestre octubre-diciembre, aunque las cifras de los distintos organismos no deben compararse de forma automática porque utilizan referencias climáticas e índices diferentes.

De ahí que expresiones como «el mayor El Niño en mil años», que han empezado a circular en algunos medios, necesiten bastante más cuidado. El registro instrumental fiable no permite ordenar alegremente un milenio de episodios como quien revisa una clasificación deportiva. Es más preciso hablar de un evento potencialmente situado entre los más intensos del registro moderno.

Más calor, pero también inundaciones y sequías

El Niño suele empujar al alza la temperatura media global porque facilita la transferencia hacia la atmósfera de una enorme cantidad de calor almacenado en el océano tropical. Esta vez el punto de partida es especialmente delicado: otros grandes sectores oceánicos presentan también temperaturas excepcionalmente elevadas.

Las previsiones estacionales favorecen temperaturas superiores a la media en extensas regiones del planeta durante los próximos meses. Eso no significa que cada jornada vaya a ser más cálida ni que desaparecerán los episodios fríos. Significa que la balanza estadística se inclina hacia el calor, aumentando las posibilidades de episodios extremos allí donde coincidan otros ingredientes meteorológicos.

Con la lluvia sucede algo todavía menos intuitivo. Un Niño fuerte no seca el planeta entero ni lo convierte en un gigantesco barrizal. Redistribuye las precipitaciones. Algunas regiones del Pacífico ecuatorial, América o África pueden recibir más lluvia de lo habitual mientras otras áreas tropicales se enfrentan a un déficit acusado.

Inundación y sequía pueden formar parte del mismo fenómeno, a miles de kilómetros de distancia. Esa aparente contradicción es precisamente una de las características de El Niño: altera las grandes circulaciones atmosféricas y desplaza las zonas donde el aire asciende, descarga humedad o, por el contrario, favorece condiciones más secas.

Un El Niño fuerte aumenta el riesgo, no dicta el tiempo

Aquí está una de las distinciones que suelen perderse cuando un mapa meteorológico salta a las redes sociales. El Niño modifica probabilidades; no escribe el parte meteorológico de cada ciudad con tres meses de adelanto.

Incluso durante episodios muy intensos puede haber regiones cuyo comportamiento se aleje del patrón típico. La atmósfera tiene más jugadores sobre el césped: temperatura del Atlántico, estado del océano Índico, circulación polar, oscilaciones atmosféricas, humedad del suelo, bloqueos anticiclónicos. ENSO inclina la mesa, pero no decide por sí solo hacia dónde rodará cada bola.

Por eso tampoco puede afirmarse que el nuevo «brazo» vaya a provocar directamente una inundación concreta o una determinada ola de calor. Su importancia es otra: confirma que las anomalías cálidas ocupan una superficie oceánica muy extensa mientras los indicadores principales de El Niño continúan fortaleciéndose.

Qué puede significar este El Niño para España

En España conviene resistirse a la traducción fácil de cualquier noticia del Pacífico. La influencia de El Niño sobre Europa existe, pero es mucho menos directa que en América, Oceanía o buena parte de los trópicos. Las llamadas teleconexiones pueden alcanzar Europa, especialmente durante determinados momentos del invierno, pero compiten con otros patrones de circulación del Atlántico Norte.

Eso significa que un El Niño excepcional no permite afirmar, por sí solo, que España tendrá un invierno de inundaciones, una sequía determinada o una sucesión inevitable de olas de calor. Sería meteorología de bola de cristal. Las condiciones del Atlántico y la circulación atmosférica regional tienen un peso decisivo sobre la Península.

Las previsiones estacionales sí apuntan a una probabilidad elevada de temperaturas superiores a lo normal en España durante el trimestre octubre-noviembre-diciembre de 2026. Para la precipitación, la señal favorece condiciones más húmedas en algunas áreas del noroeste, el centro peninsular y Extremadura, mientras que en otras zonas el escenario resulta menos definido.

No debe confundirse esa previsión con una consecuencia automática de El Niño. Coinciden varios factores y, conforme se acorta el plazo, los modelos regionales y las predicciones meteorológicas ganan relevancia frente a las grandes señales climáticas planetarias. El Pacífico marca el compás de fondo; el tiempo en España se decide mucho más cerca.

Los próximos meses pondrán a prueba las previsiones

El detalle del «segundo brazo» es fotogénico, incluso inquietante, pero el fondo de la noticia es más grande que esa forma dibujada en el Pacífico. El Niño de 2026 continúa fortaleciéndose, las aguas tropicales contienen una cantidad extraordinaria de calor y los modelos mantienen un episodio de gran intensidad durante los próximos meses.

A ello se suma un planeta que ya llega caliente a la cita. Las temperaturas oceánicas han permanecido en niveles excepcionalmente elevados en numerosas regiones y el calentamiento global proporciona un telón de fondo cada vez más cálido. Un Niño intenso actúa sobre ese escenario previo; no lo sustituye.

La diferencia es importante. El Niño es un fenómeno natural y recurrente, aparece cada pocos años y finalmente desaparece. El calentamiento global de fondo, impulsado por la acumulación de gases de efecto invernadero, permanece. Cuando ambos coinciden, el sistema climático dispone de más calor y las probabilidades de determinados extremos pueden aumentar.

Diciembre aparece, por ahora, como el periodo alrededor del cual El Niño podría alcanzar su máxima intensidad. Después debería comenzar a debilitarse progresivamente, aunque sus efectos atmosféricos pueden prolongarse bastante más que el pico de temperatura del Pacífico.

Hasta entonces, el «segundo brazo» sirve como una imagen muy visible de algo que los indicadores científicos llevan meses mostrando de manera menos cinematográfica: el Pacífico tropical está extraordinariamente caliente y El Niño todavía no ha terminado de crecer.

Eso no permite saber dónde caerá la próxima inundación ni qué región sufrirá la siguiente sequía. Sí deja una señal bastante más útil: durante los próximos meses habrá un potente factor climático empujando las temperaturas y las lluvias fuera de sus patrones habituales en numerosas regiones del mundo, sobre un océano que ya estaba demasiado caliente antes de que El Niño terminara de despertar.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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