Mundo
Un exmarine de EE. UU. reabre el debate sobre Israel y el sionismo
Un antiguo marine estadounidense vuelve a circular en redes por una entrevista de 2010 en la que criticó el sionismo y defendió a Palestina.
Resumen
- El vídeo viral de Kenneth O’Keefe procede de una entrevista de 2010
- El exmarine criticó el sionismo y defendió la resistencia palestina
- Su trayectoria incluye la flotilla de Gaza y fuertes polémicas posteriores
Un vídeo de Kenneth O’Keefe, antiguo marine estadounidense y veterano de la Guerra del Golfo convertido después en activista propalestino, ha vuelto a circular con fuerza en redes sociales por su contundente ataque al sionismo y su defensa del derecho de los palestinos a resistir. Hay, sin embargo, un detalle decisivo: las declaraciones no son nuevas. El fragmento procede de una entrevista concedida a BBC HARDtalk en junio de 2010, después del asalto israelí a la flotilla de Gaza del Mavi Marmara.
El corte viral recupera uno de los momentos más polémicos de aquella conversación. O’Keefe equiparó el rechazo de Hamás a reconocer a Israel con la negativa del Congreso Nacional Africano de Nelson Mandela a aceptar el apartheid sudafricano y sostuvo que Israel debería abandonar lo que él define como su “ideología del sionismo” para alcanzar una paz basada en la igualdad de derechos. Es una posición política de O’Keefe, no un hecho establecido, y la comparación entre Hamás, Mandela y el apartheid ha sido y sigue siendo profundamente controvertida.
El vídeo viral del exmarine es de 2010, no una declaración reciente
La antigüedad de las imágenes cambia bastante la lectura. El vídeo se comparte como si O’Keefe acabara de intervenir sobre la guerra de Gaza, cuando en realidad pertenece al clima político posterior a los acontecimientos del 31 de mayo de 2010, cuando fuerzas israelíes abordaron en aguas internacionales al Mavi Marmara, buque principal de una flotilla que pretendía romper el bloqueo de Gaza.
O’Keefe viajaba a bordo. Y no era un pasajero cualquiera. Durante el enfrentamiento reconoció haber participado en el desarme de militares israelíes que habían descendido sobre el barco. Una misión de investigación del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas determinó posteriormente que los primeros soldados que llegaron a la cubierta fueron reducidos por pasajeros y desarmados; también concluyó que las fuerzas israelíes emplearon munición real y una violencia que calificó de desproporcionada y excesiva. Nueve pasajeros murieron inicialmente por el ataque —una décima víctima falleció años después a consecuencia de las heridas— y decenas resultaron heridos.
Aquella operación dejó, además, versiones enfrentadas sobre cuestiones esenciales. La investigación impulsada por el Consejo de Derechos Humanos consideró ilegal el bloqueo en aquellas circunstancias y, por extensión, el abordaje; otro panel creado por el secretario general de la ONU, conocido como Informe Palmer, llegó posteriormente a una conclusión distinta sobre la legalidad del bloqueo naval. El episodio nunca fue precisamente terreno de consensos.
De marine estadounidense a activista propalestino
Kenneth O’Keefe había servido como marine de Estados Unidos y participó en la Guerra del Golfo de 1991. Años después se convirtió en un activista ferozmente crítico con la política exterior estadounidense. En 2003 estuvo vinculado a la iniciativa de civiles que viajaron a Irak para actuar como “escudos humanos” ante la invasión encabezada por Washington.
También protagonizó un largo enfrentamiento con su país de nacimiento. En 2001 trató de renunciar formalmente a la ciudadanía estadounidense y llegó a quemar su pasaporte, aunque la historia administrativa es bastante menos limpia que la versión resumida que suele circular por internet: Estados Unidos no aceptó inicialmente aquella renuncia, y años después todavía constaba que utilizaba documentación estadounidense. O’Keefe obtuvo, en cambio, la ciudadanía irlandesa por ascendencia familiar.
Su participación en la flotilla de Gaza terminó de convertirlo en una figura reconocible dentro del activismo propalestino. Y también en una personalidad extraordinariamente divisiva.
Lo que sostiene sobre sionismo, Israel y Palestina
En el fragmento recuperado, O’Keefe construye su argumento alrededor de dos ideas. La primera es que los palestinos poseen un derecho de resistencia y autodefensa frente a la ocupación y la violencia. La segunda, mucho más discutible en los términos que emplea, consiste en presentar el sionismo como el obstáculo ideológico central para una convivencia basada en los mismos derechos para israelíes y palestinos.
Conviene aquí limpiar el cristal, porque la palabra “sionismo” soporta una cantidad formidable de significados, interpretaciones y munición política. Históricamente designa el movimiento surgido a finales del siglo XIX que defendió la creación de un hogar nacional judío, proceso que desembocó en el establecimiento del Estado de Israel en 1948. Desde entonces engloba corrientes políticas muy diferentes, desde posiciones nacionalistas y religiosas hasta otras seculares o favorables a acuerdos territoriales con los palestinos. Reducir todo ese universo a una única doctrina cerrada sirve para la pelea política, pero explica poco.
Lo mismo ocurre cuando se confunden deliberadamente judaísmo, población judía, Estado de Israel, Gobierno israelí y sionismo. No son conceptos intercambiables. Hay judíos antisionistas, judíos críticos con distintos gobiernos israelíes y sionistas enfrentados entre sí sobre la ocupación, los asentamientos o el futuro de los territorios palestinos.
La comparación entre Hamás y Mandela
El tramo que más ha contribuido a que el vídeo sobreviva tantos años después es la comparación de O’Keefe entre Hamás y el Congreso Nacional Africano de Nelson Mandela. Su razonamiento consiste en recordar que movimientos posteriormente legitimados políticamente fueron considerados terroristas durante determinados periodos históricos y emplearon la violencia en sus luchas.
Pero la analogía tiene límites importantes. Hamás es un movimiento islamista palestino con una organización armada y está clasificado como organización terrorista por Estados Unidos y la Unión Europea, entre otros. Su trayectoria, sus objetivos políticos y sus métodos no pueden trasladarse mecánicamente a la historia del Congreso Nacional Africano sudafricano.
También envejeció parte del contexto utilizado en aquella entrevista. O’Keefe hablaba en 2010 del rechazo de Hamás a reconocer Israel. En 2017 la organización publicó un nuevo documento político en el que aceptaba la posibilidad de un Estado palestino sobre las fronteras de 1967, aunque mantuvo expresamente su negativa a reconocer la legitimidad de Israel. Fue una modificación relevante del lenguaje político, no el abandono del conflicto fundamental sobre la existencia y naturaleza del Estado israelí.
El pasado polémico del exmarine también forma parte de la historia
Presentarlo únicamente como un antiguo militar estadounidense transformado en pacifista deja fuera una parte incómoda de su trayectoria posterior. Organizaciones que en algún momento colaboraron con O’Keefe se distanciaron públicamente de él después de intervenciones que consideraron antisemitas. En 2016, el Peace & Justice Center de Vermont, que había copatrocinado una conferencia suya, publicó incluso una disculpa y rechazó expresamente sus ataques contra los judíos.
O’Keefe también ha sido cuestionado por organizaciones dedicadas a vigilar el antisemitismo y el extremismo por sus vínculos con figuras de la extrema derecha antisemita y por haber difundido teorías conspirativas, incluida la atribución de los atentados del 11 de septiembre de 2001 a Israel o al Mossad. Son afirmaciones para las que no existe evidencia fiable y que sitúan algunas de sus intervenciones posteriores muy lejos de una simple crítica política al Gobierno israelí.
Ese dato importa. Criticar las políticas de Israel, el comportamiento de sus gobiernos, la ocupación o determinados planteamientos sionistas entra plenamente en el debate político democrático. Convertir esa crítica en acusaciones colectivas contra los judíos o en teorías conspirativas es otra cosa. La frontera no siempre se respeta, y O’Keefe la ha cruzado en distintas ocasiones según organizaciones que incluso habían compartido previamente espacios con él.
Por qué una entrevista de 2010 vuelve a circular en 2026
El éxito renovado de esas imágenes tiene una explicación bastante menos misteriosa que los algoritmos que las empujan de pantalla en pantalla. Las palabras pronunciadas después de la flotilla de 2010 regresan a un ecosistema político marcado por años de guerra en Gaza, una devastación enorme y un debate internacional mucho más áspero sobre Israel, los derechos palestinos y los límites de la respuesta militar israelí.
El contexto actual continúa siendo extremadamente frágil. El alto el fuego iniciado el 10 de octubre de 2025 permitió liberaciones de rehenes y prisioneros e incrementó parcialmente la entrada de ayuda, pero un año después siguen sin resolverse cuestiones centrales como el desarme de Hamás, la retirada israelí o la reconstrucción de Gaza. Israel mantiene presencia militar en buena parte del territorio y la violencia no ha desaparecido.
Por eso una discusión televisiva grabada hace más de década y media parece, al deslizar el dedo por una pantalla, recién salida del estudio. Cambian la resolución del vídeo y el formato —vertical, subtitulado, comprimido hasta el golpe de efecto—, pero el conflicto que alimentaba aquella discusión continúa abierto.
Un vídeo antiguo que exige contexto antes que consignas
El fragmento del exmarine que vuelve a hacerse viral tiene interés porque condensa una discusión política que sigue atravesando el conflicto israelí-palestino: seguridad, ocupación, resistencia, igualdad de derechos y legitimidad del Estado. Lo que no hace es “destruir todas las mentiras del sionismo”, como proclaman algunos de los mensajes que lo acompañan. Esa es una valoración militante, no una descripción verificable de lo sucedido.
O’Keefe formula una crítica frontal al sionismo, defiende la resistencia palestina y cuestiona la narrativa israelí desde la experiencia de alguien que estuvo físicamente presente en uno de los episodios más controvertidos del bloqueo de Gaza. Eso explica la potencia de las imágenes. También arrastra comparaciones discutibles y procede de una figura cuya trayectoria posterior quedó contaminada por afirmaciones conspirativas y acusaciones de antisemitismo.
Y queda el dato más sencillo, el que fácilmente se pierde cuando un vídeo viejo vuelve vestido de novedad: las palabras que incendian las redes en 2026 fueron pronunciadas en 2010. Dieciséis años después, no son una nueva declaración del exmarine estadounidense. Son una vieja discusión que Oriente Próximo, trágicamente, todavía no ha conseguido dejar atrás.
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